Acerca de nosotras ·

lunes, 9 de octubre de 2017

Feminismo 2/17



Conocer el pensamiento feminista no sólo es importante para entender las aspiraciones del movimiento más importante del siglo XX, sino para comprender el rol que ha desempeñado el derecho en la mantención y reproducción de la ideología y estructuras que conforman el Patriarcado. Además, el feminismo es un rico instrumento para llenar de contenidos más democráticos los valores que podríamos querer preservar. Es decir, conociendo el pensamiento feminista, podriamos  mantener —dándoles otro contenido— los principios e instituciones que el mismo derecho nos ha enseñado a valorar para así poder lograr más justicia y armonía en nuestras sociedades.  

El pensamiento feminista es desconocido por la gran mayoría de los y las juristas latinoamericanos, por lo que no es de extrañar que esté ausente en la enseñanza del derecho. Es más, dado que el poder de definir y atribuir significados a los conceptos es una de las prerogativas del poder masculino, no es de extrañar que los diccionarios definan el feminismo restrictivamente, como “una doctrina social que concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que a los hombres.”4 Con esta definición se ignora la variedad de explicaciones que, desde múltiples disciplinas sociales, dan cuenta de la subordinación de las mujeres, el impacto que ésta tiene en todas las estructuras sociales, políticas y económicas y el potencial transformador de las teorías y prácticas feministas.  

De acuerdo a Castells5 “entenderemos por feminismo lo relativo a todas aquellas personas y grupos, refexiones y actuaciones orientadas a acabar con la subordinación, desigualdad, y opresión de las mujeres y lograr, por tanto, su emancipación y la construcción de una sociedad en que ya no tengan cabida las discriminaciones por razón de sexo y género.” Es una ideología plural y diversa con un solo objetivo político: transformar la situación de subordinación de las mujeres en todo el mundo. La teoría feminista es a su vez,  la producción teórica que se enmarca dentro del contexto feminista y que tiene como característica principal ser comprometida. Es decir, “quiere entender la sociedad con el objeto de desafiarla y cambiarla; su objetivo no es el conocimiento abstracto sino el conocimiento susceptible de ser utilizado como guia y de informar la práctica política feminista”6 

Vemos así que la definición que da el diccionario patriarcal no es correcta. En primer lugar, el feminismo es mucho más que una doctrina social; es un movimiento social y político, es también una ideología y una teoría, que parte de la toma de conciencia de las mujeres como colectivo humano subordinado, discriminado y oprimido por el colectivo de hombres en el patriarcado, para luchar por la liberación de nuestro sexo y nuestro género. El feminismo no se circunscribe a luchar por los derechos de las mujeres sino a cuestionar profundamente y desde una perspectiva nueva, todas las estructuras de poder, incluyendo, pero no reducidas a, las de género. De ahí que, cuando se habla de feminismo, se aluda a profundas transformaciones en la sociedad que afectan necesariamente a hombres y mujeres. Las feministas pensamos que los hombres que pertenecen a colectivos subordinados, oprimidos y discriminados por su raza, etnia, clase, edad, orientación sexual, discapacidad, etc. podrían enriquecer su accionar político a partir de un análisis feminista de sus privilegios de género para entender cómo y cuánto éstos contribuyen a la mantención del poder de unos cuantos hombres sobre la mayoría de los seres humanos.   
En segundo lugar, el feminismo no “concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que a los hombres". Al contrario, partiendo de su diferencia y porque ésta no ha tenido lugar en el mundo, cuestiona profundamente todas las estructuras e ideologías que han mantenido al hombre como central a la experiencia humana. El feminismo lucha precisamente contra esa forma androcéntrica de ver el mundo, que considera que el hombre es el modelo de ser humano y por ende, que la suprema mejora de la mujer es elevarla a la categoría de los hombres (que desde el punto de vista patriarcal es sinónimo de elevarla a la categoría de ser humano). Desde el feminismo la singularización del genérico femenino en “la mujer” y la pluralización de “los hombres” dan cuenta de la estrategia de naturalización y homogenización del sistema de dominación masculina para meter dentro de un mismo saco a todas las mujeres independientemente de sus diferencias. 

En tercer lugar, es difícil hablar de “feminismo” en singular ya que existen distintas corrientes. Es precisamente su pluralidad ideológica y de prácticas la que permite comprender cómo y qué tan profundamente la ideología patriarcal permea todas las cosmovisiones, el conocimiento y hasta nuestros sentimientos más íntimos. En el marco de esta diversidad hay consensos y disensos al igual que en cualquier otra corriente de pensamiento. Entre los elementos o principios comunes que compartimos todas las feministas destacamos los siguientes:       

a) La creencia de que todas las personas --mujeres y hombres--  valemos en tanto seres humanos igualmente diferentes e igualmente semejantes, tanto dentro de cada uno de estos dos grandes colectivos humanos, como entre el colectivo de hombres y el de mujeres. Es decir, si bien somos todos seres humanos, a la vez somos diferentes en términos de individualidades y en términos de colectivos. Sin embargo estas diferencias no deben significar una mayor valoración de un grupo en desmedro de otro, menos aún cuando se trata de diferencias que no dependen de adscripciones sino que de condiciones del ser. Subvalorar por razones de sexo, etnia, raza, etc. es rechazar la totalidad humana de una persona y el feminismo es, por sobre todas las cosas, humanista. 

Así, el embarazo, el parto, la menstruación, el climaterio, etc. no son los causantes de "problemas jurídicos" como generalmente se nos ha dicho. Son realidades que dan cuenta de las diferencias actuales entre mujeres y hombres. El derecho, sin embargo, los ha convertido en "problemas" al calificarlos de situaciones especiales o fuera de lo común, !a pesar de que son vividos por más de la mitad del género humano! El derecho parte del punto de vista masculino, los intereses y necesidades de las mujeres que nacen de esas diferencias, son vistos como extraordinarios o particulares a un sector de la población. Es decir, como cuestiones a las cuales el derecho debe dar un trato “especial” por no ser necesidades del género humano. Más aun, el derecho da respuesta exclusivamente a los intereses de los hombres y trata dichas necesidades como universales al ser humano y no como propias de una mitad de los sujetos del derecho. Si el derecho fuese realmente neutral, tendría que tratar las necesidades exclusivas de cualesquiera de los sexos
como situaciones que requieren de un trato especial.  Mientras las de los hombres se equiparen a las necesidades humanas y las de las mujeres sean tratadas como “específicas”, el derecho seguirá siendo androcéntrico, que es lo mismo que decir no objetivo, no neutral y definitivamente parcial al sexo masculino. 

Tomemos un ejemplo para clarificar lo anterior. El derecho reconoce y proteje la necesidad que tienen los hombres de tener certeza sobre la paternidad biológica. Para ello, es necesario activar mecanismos de control sobre la sexualidad y capacidad reproductiva femenina, y por extensión controlar la reproducción humana.  Esto último a pesar de que es en el cuerpo de las mujeres que se realiza esta importante función. Así, el derecho pretende pasar por universal una necesidad que es de los varones y que además repercute en la restricción del ejercicio de autonomía sexual y reproductiva de las mujeres. Es el caso de la prohibición del aborto o de la diferencia que existía entre el adulterio de un hombre (amancebamiento) y el de una mujer. 

La impotencia de los hombres en relación a la reproducción humana es la que está en la base de la legislación y doctrina familiar. Por ejemplo, todavía existen artículos en muchos códigos civiles o de familia que prohiben a las mujeres divorciadas volver a contraer nupcias hasta no parir o hasta que hayan pasado trescientos y tantos días que verifican la paternidad ante un eventual embarazo. Es obvio que ésta no es una necesidad de las mujeres y, sin embargo, esta situación es regulada por el derecho como si fuera una necesidad de la humanidad toda. Peor aún, es regulada en detrimento de la libertad de las mujeres de contraer o no nuevas nupcias. Los legisladores no consideran más relevante, por ejemplo, que esa certeza se dirija a darle un padre y una madre a la niña o niño y que la sociedad asuma su responsabilidad en la crianza y desarrollo de ellos. Un derecho con estas características podría contribuir a llenar una necesidad social que involucra a las mujeres y de paso promovería el ejercicio de una paternidad responsable más alla de factores biológicos.   

Esta calificación de “especiales” a las necesidades de las mujeres generalmente se traduce en derechos de menor valor o cuya eficacia merece dudas. Es el caso de las pensiones alimenticias o de los fueros maternales y de sus consecuencias para que las mujeres consigan empleos. 

b) El segundo principio es que todas las formas de discriminación y opresión son igualmente oprobiosas; descansan las unas en las otras y se nutren mutuamente. Por eso, la mayoría de las corrientes feministas no exige simplemente más derechos para las mujeres sino que cuestiona cómo se van a ejercer esos derechos y a quiénes van a beneficiar. Cierto es que a veces la estrategia del feminismo es apoyar ciertas reformas legislativas que, al principio, probablemente sólo beneficiarán a las mujeres de clase media alta, pero se apoyan estas iniciativas con la esperanza de que transformen las relaciones de poder, y no porque se crea que con darles derechos a 
las mujeres de clase media se logra la eliminación de la subordinación de todas las mujeres. 

Desafortunadamente, el derecho no hace las conexiones necesarias entre las distintas discriminaciones que prohibe sino que las trata como si fueran fenómenos aislados.  Peor aún, en muchos casos trata la discriminación basada en  el sexo o el género como algo natural al cual el derecho no debe dar solución y más bien debe reforzar. Así por ejemplo, hasta mediados de este siglo, nuestros códigos civiles reservaban a la mujer la calidad de "relativamente" incapaz juridicamente en razón de su natural incapacidad para actuar en la vida jurídica, homologándola a los menores adultos. También se autorizaba al marido a corregir moderadamente el actuar de sus subordinados en el núcleo familiar ya que se le debía obediencia a cambio de la protección y provisión que éste brindaba.   

c) El tercer principio tiene relación con el sentido de la existencia humana. Las teorías feministas parten de que la armonía y la felicidad son más importantes que la acumulación de riqueza a través de la producción, el poder y la propiedad. Las personas somos parte de una red humana interdependiente en la que lo que afecta a una también afecta a la otra. Así como la oprimida es deshumanizada, el opresor también pierde su pertenencia a la humanidad en cuanto oprime otra vida. El feminismo se opone al poder sobre las personas y propone a cambio el poder de las personas.  

Desde el derecho, sin embargo, se han reproducido históricamente relaciones de poder sobre otros, y en particular sobre todas las mujeres. El deber de obediencia de la mujer a su marido, la obligación de seguirlo a su lugar de residencia, la pérdida de apellido cuando se casaba, la no criminalización de la violencia sexual en el matrimonio, etc. son algunos ejemplos de cómo ha operado el derecho y en beneficio de quién. Es reciente el cambio en nuestros códigos civiles por estatutos más igualitarios y aún presentan deficiencias. En efecto, cuando se trata de cambiar una concepción sobre las relaciones entre hombres y mujeres, debe abordarse el problema integralmente y debe buscarse en todo el tramado jurídico normativo las expresiones de dicha desigualdad. No siempre se ha operado así en las reformas realizadas y por ejemplo subsisten normas penales discriminatorias con normas civiles igualitarias o viceversa. 

d) Lo personal es político. Esta afirmación es precisamente lo que amplía el análisis sobre el poder y el control social a aquellos espacios tradicionalmente excluidos de este tipo de análisis. En efecto, el patriarcado distingue dos esferas de acción y producción simbólica totalmente separadas e independientes entre sí. Una, la pública, es reservada a los varones para el ejercicio del poder político, social, del saber, económico, etc.; y la otra es para las mujeres quienes asumen subordinadamente el rol esposas y madres. Por supuesto esta distinción sólo es aplicable a las mujeres, puesto que los hombres transitan y en definitiva gobiernan ambas esferas.   

 Los valores democráticos deben vivirse tanto en la esfera pública como en la privada:  

De esta manera, el feminismo critica la tendencia a ofrecer una serie de valores que deben guiar las interacciones en lo personal o lo privado, y otra serie de valores que deben guiar las interacciones en el mundo público de la política y el poder. La empatía, la compasión y los valores orientados hacia la persona, son los que deben ser valorados y afirmados no sólo en la familia y el hogar sino también en el diseño de políticas, en la diplomacia y en la forma en que se practica la política.7 

Que lo personal es político también se refiere a que las discriminaciones, opresiones y violencia que sufrimos las mujeres no son un problema individual, que sólo concierne a las personas involucradas, sino que la expresión individual de esa violencia en la intimidad es parte de una estructural que por tanto responde a un sistema y a las estructuras de poder. Se trata entonces de un problema social y político que requiere de soluciones en ese nivel. Así, el silencio de las mujeres frente a la violencia es parte de la conducta esperada de parte del patriarcado; es la respuesta para la cual todo el aparato estatal y la sociedad en su conjunto, está preparada, mientras que la denuncia da cuenta de la incapacidad de dichas estructuras para asegurar el ejercicio de los derechos humanos tan universalmente planteados. 

En el derecho la distinción público/privado cruza todo el entramado normativo y responde a los parámetros que definen ambas esferas en las sociedades patriarcales. En efecto, las mujeres son tratadas explícitamente a propósito de la familia o de la sexualidad, es decir en relación a ámbitos propios de lo privado, a la par que son excluidas del ámbito público como lo demuestra su reciente conquista (menos de 100 años en Europa y menos de 50 años en muchos países latinoamericanos) del voto. Por otra parte, si bien se castiga la violencia sexual ejercida por extraños, no se penalizaban tradicionalmente conductas como la violación o el maltrato del marido a la mujer. Se trataba de una esfera gobernada por el jefe del hogar en la que el derecho actuaba como consagrador y legitimador de dicho poder.  

Una tercera y última dimensión de "lo personal es político" dice relación con la necesaria integración del discurso y la práctica y viceversa.  

e) Un quinto elemento, común o de consenso entre las feministas es que la subordinación de las mujeres tiene como uno de su objetivos el disciplinamiento y control de nuestros cuerpos. Toda forma de dominación se expresa en los cuerpos ya que son éstos en última instancia los que nos dan singularidad en el mundo. En el caso de las mujeres, el disciplinamiento ha sido ejercido por los hombres y las instituciones que ellos han creado, la medicina, el derecho, la religion, con el fin de controlar la sexualidad y la capacidad reproductiva de las mujeres, expresión de la diferencia sexual. 

En el derecho, son muchas las manifestaciones de este control. Por una parte, la heterosexualidad impuesta como requisito de la esencia para constituir familia a través del matrimonio. Por otra, el que dentro de la institución matrimonial patriarcal sea el marido el que tiene la autoridad, reflejada hasta hace poco por el deber de obediencia de la mujer y por su incapacidad para actuar por sí misma en el ámbito público jurídico, es expresión de este control. Más aún, el que durante más de un siglo se tolerara la violación conyugal y la violencia física dentro del ámbito familiar también da cuenta de hasta dónde el derecho ha legitimado al varón en el uso de la fuerza sobre nuestros cuerpos para dominarnos.   

f) El género es una categoría social como lo es la raza, la clase, la edad, etc. que atraviesa y es atravesada por todas las otras categorías sociales. Tiene su base material en un fenómeno natural, de nacimiento que es el sexo, cuya desaparición no depende de la desaparición de las diferencias sexuales así como la desaparición del racismo no depende de la eliminación de las distintas etnias. La perspectiva de género (feminista) por su parte, permite visibilizar la realidad que viven las mujeres así como los procesos culturales de socialización que internalizan y refuerzan los mecanismos de subordinación de las mujeres. En este sentido, la perspectiva de género no sólo analiza la relación de subordinación entre las mujeres y los varones sino que también las relaciones entre mujeres y la funcionalidad de sus prácticas con el sistema patriarcal. No entraremos a profundizar en este punto pues es el que se desarrolla a continuación.


http://repositorio.ciem.ucr.ac.cr/jspui/handle/123456789/122



Leer más...

domingo, 8 de octubre de 2017

En Rebeldía. Narraciones femeninas en el mundo árabe en el IVAM

Leila Alaoui | Place Jemaa El Fnaa #3, Marrakech, serie Les Marocains, 2011


Hemos criticado en muchas ocasiones el abandono del arte de las mujeres en el Instituto Valenciano de Arte Moderno por lo que en este caso debemos agradecer esta exposición y alegrarnos por haber hecho  un lugar para este grupo de mujeres más abandonadas aún. 


En Rebeldía. Narraciones femeninas en el mundo árabe
FECHA DE INAUGURACIÓN
14 Septiembre 2017
FECHA DE CLAUSURA
28 Enero 2018

Esta exposición indaga en las realidades del mundo árabe desde la década de los noventa, vistas a través de las distintas perspectivas de artistas mujeres. También se incluyen algunas obras que reflexionan sobre la construcción de la feminidad realizadas por hombres.




Mediante el uso de dispositivos como la fotografía y el vídeo, queda de manifiesto la capacidad política de transformación de las mujeres en tanto que agentes sociales.
Randa Maddah | Light horizon, 2012 |

Cuatro son los ejes conceptuales de este proyecto: Espacios privados, ámbitos personales; el cuerpo, el deseo, la sexualidad; lugares y símbolos de lo público, y finalmente, la historia, sus pliegues y conflictos. Entre las artistas participantes hay obras de Nadia Benchallal, Mona Hatoum, Ghada Amer, Nermine Hammam, Zohra Bensemra, Diana El Jeiroudi, Farida Hamak, Amal Kenawy, Tamara Abdul Hadi, Zineb Sedira, Raeda Saadeh, Ahlam Shibli, Mohammed Soueid, Akram Zaatari, Leila Alaoui, Rana El Nemr, Rula Halawani, Randa Maddah y Nidaa Badwan. Imágenes de archivo de la Arab Image Foundation y de la American University in Cairo.

Raeda Saadeh | Who will make me real?, 2003 |

Leer más...

sábado, 7 de octubre de 2017

FEMINISMO, GENERO Y PATRIARCADO por ALDA FACIO MONTEJO 1/17


Conceptualmente, las diferencias entre los sexos no implican desigualdad legal. Es posible concebir a mujeres y hombres como legalmente iguales  en su diferencia mutua.  Pero ese no ha sido el caso, al menos en los últimos 5 o 6 mil años. Desde el punto de vista histórico, las diferencias entre los sexos y la desigualdad legal están estrechamente ligadas. ¿Por qué?  Porque la diferencia mutua entre hombres y mujeres se concibió como la diferencia de las mujeres con respecto a los hombres cuando los primeros tomaron el poder y se erigieron en el modelo de lo humano. Desde entonces, la diferencia sexual ha significado desigualdad legal en perjuicio de las mujeres.  Esta desigualdad podría haberse dado en contra del sexo masculino si el parámetro de lo humano hubiese sido a la inversa. Pero, está empíricamente probado que la jerarquización se hizo y se hace a favor de los varones. Es más en todas partes y en la mayoría abrumadora de las culturas conocidas, las mujeres somos consideradas de alguna manera o en algún grado, inferiores a los hombres. Cada cultura hace esta evaluación a su manera y en sus propios términos, a la vez que genera los mecanismos y las justificaciones necesarias para su mantenimiento y reproducción.  

Sin embargo, a pesar de que en cada cultura el grado de inferioridad de las mujeres con respecto a los hombres y los argumentos para justiciarla pueden ser distintos, todas las culturas conocidas tienen algunos rasgos comunes. Janet Saltzman ha identificado tres de éstos: 1) una ideología y su expresión en el lenguaje que explícitamente devalúa a las mujeres dándoles a ellas, a sus roles, sus labores, sus productos y su entorno social, menos prestigio y/o poder que el que se le da a los de los hombres;
2) significados negativos atribuidos a las mujeres y sus actividades a través de hechos simbólicos o mitos (que no siempre se expresan de forma explícita); y 3) estructuras que excluyen a las mujeres de la participación en, o el contacto con los espacios de los más altos poderes, o donde se cree que están los espacios de mayor poder tanto en lo económico y lo político como en lo cultural. Nosotras agregaríamos una cuarta característica: 4) el pensamiento dicotómico, jerarquizado y sexualizado, que lo divide todo en cosas o hechos de la naturaleza o de la cultura, y que al situar al hombre y lo masculino bajo la segunda categoría, y a la mujer y lo femenino bajo la primera, erige al hombre en parámetro o paradigma de lo humano, al tiempo que justifica la subordinación de las mujeres en función de sus pretendidos “roles naturales.  

La universalidad de la subordinación femenina, el hecho de que exista y que involucre los ámbitos de la sexualidad, la afectividad, la economia y la política en todas las sociedades, independientemente de sus grados de complejidad, da cuenta de que estamos ante algo muy profundo, e historicamente muy enraizado, algo que no podremos erradicar con un simple reacomodo de algunos roles en lo sexual o social, ni siquiera con reorganizar por completo las estructuras económicas y políticas. Instituciones como la familia, el Estado, la educación, las religiones, las ciencias y el derecho han servido para mantener y reproducir  el estatus inferior de las mujeres.   En particular y por ser el derecho, en definitiva, la materia que nos ocupa en esta publicación, cabe señalar la importancia que éste tiene en el mantenimiento y reproducción de un sistema que trivializa la vida y experiencias de la mitad de la humanidad. La función social del derecho es regular la convivencia de hombres y mujeres en una sociedad determinada con el fin de promover la realización personal y colectiva de quienes hacen parte de una comunidad, en paz y armonía.  Si ésto es cierto, cabe decir que el derecho no ha cumplido con esta finalidad. Leyes que esclavizan a las mujeres, que  restringen de diferentes modos de acuerdo a su clase, etnia, raza, edad, habilidad, etc.,  sus posibilidades de ser y actuar en el mundo, que otorgan más poder económico, político y sexual a los hombres, sólo pueden profundizar una convivencia basada en la violencia y en el temor.  

Por ello, repensar el derecho y su función social, es un desafío que va más alla de contar con “buenas leyes” o con “buenas resoluciones judiciales” para las mujeres. Significa hacer de esta disciplina un instrumento transformador que desplace los actuales modelos sexuales, sociales, económicos y políticos hacia una convivencia humana basada en la aceptación de la otra persona como una legítima otra y en la colaboración como resultante de dicho respeto a la diversidad.        

El concepto, teorías y perspectivas de género, así como el moderno entendimiento de lo que conforma el patriarcado o el sistema de dominación patriarcal son  producto de las teorías feministas, es decir, de un conjunto de saberes, valores y prácticas explicativas de las causas, formas, mecanismos, justificaciones y expresiones de la subordinación de las mujeres que buscan transformarla. El género y el concepto de patriarcado, se enriquecen dinámicamente, en el marco del desarrollo de opciones políticas de transformación de las relaciones entre los sexos en nuestras sociedades, que plantean los diversos feminismos.  Así, el interés por la “problemática” de género es más que académico. Involucra un deseo de cambio y la emergencia de un orden social y cultural en el cual el desarrollo de las potencialidades humanas esté abierto tanto a las mujeres como a los hombres. Se trata, en definitiva, del cambio de una forma de vida y de la ideología que la ha sustentado por miles de anos.  Una ideología es un sistema coherente de creencias que orientan a las personas hacia una manera concreta de entender y valorar el mundo; proporciona una base para la evaluación de conductas y otros fenómenos sociales; y sugiere respuestas de comportamiento adecuadas. Una ideología “sexual” sería, entonces, un sistema de creencias que no sólo explica las relaciones y diferencias entre hombres y mujeres, sino que toma a uno de los sexos como parámetro de lo humano.  Basándose en este parámetro, el sistema especifica derechos y responsabilidades, así como restricciones y recompensas, diferentes e inevitablemente desiguales en perjuicio del sexo que es entendido como diferente a....el modelo.  Además, el sistema justifica las reacciones negativas ante quienes no se conforman, asegurándose así el mantenimiento del estatus quo .

Es éste el caso de las ideologías patriarcales que no sólo construyen las diferencias entre hombres y mujeres, sino que las construyen de manera que la inferioridad de éstas es entendida como biológicamente inherente o natural. Aunque las diversas ideologías patriarcales construyen las diferencias entre los sexos de manera distinta, en realidad este tipo de ideologías sólo varían en el grado en que legitiman la desventaja femenina y en el número de personas que comparten un consenso sobre ellas.

Las ideologías patriarcales no sólo afectan a las mujeres al ubicarlas en un plano de inferioridad en la mayoría de los ámbitos de la vida, sino que restringen y limitan también a los hombres, a pesar de su estatus de privilegio. En efecto, al asignar a las mujeres un conjunto de características, comportamientos y roles “propios de su sexo”, los hombres quedan obligados a prescindir de estos roles, comportamientos y características y  a tensar al máximo sus diferencias con ellas. Como dice Marcela Lagarde, de seguir por esta senda ideológica: la dominación patriarcal se agudizará y se ampliará la brecha entre mujeres y hombres, aumentarán la feminización de la pobreza, la marginación de las mujeres, el femicidio (individual o tumultuario).  Aumentará también la disputa patriarcal entre los hombres, crecerá la expropiación de millones de ellos realizada por cada vez menos hombres y sus poderosos mecanismos e instituciones, y con el neoliberalismo se agudizarán el machismo y la violencia de unos hombres contra otros.

 Si no enfrentamos con eficacia y efectividad el sentido patriarcal de la vida, cada año y cada día que pasen, en lugar de aminorar, los sexismos se sumarán a otras formas de dominación nacional, de clase, etnocida.  Los sexismos, como hasta ahora, serán atizados y usados como combustible para los neofacismos, la fobia a los extranjeros, a las personas de otras opciones políticas, de otras creencias y prácticas religiosas o mágicas, sexuales, estéticas. La fobia a los otros, a las otras, se reproduce por el fomento de la desidentificación entre personas diferentes. Esta creencia dogmática, refuerza la tesis de que sólo pueden identificarse positivamente, entre sí, las personas y grupos semejantes. La fobia al otro, como sustrato cultural y de la autoidentidad llega al extremo cuando el horror, el rechazo y el daño se legitiman y abarcan a cualquiera.3

En otras palabras, la ideología patriarcal no sólo explica y construye las diferencias entre mujeres y hombres como biológicamente inherentes y naturales, sino que mantiene y agudiza otras (todas) formas de dominación. Fue gracias a la distinción entre sexo y género que hicieron varias cientistas sociales, que las feministas logramos develar la falsedad de las ideologías patriarcales. Realizada esta tarea, el feminismo se abocó a develar el sexismo presente en todas, o casi todas, las estructuras o instituciones sociales. Las teorías y perspectivas de género y la elaboración posterior de la teorías sobre el sistema de sexo-género son parte del legado teórico del feminismo. Es más, estas teorías han logrado un nivel tal de aceptación política e intelectual, que no es posible desconocerlas en el mundo de la producción de saberes, incluido el derecho.  

En las secciones que siguen, procuraremos dar cuenta de la riqueza teórica del feminismo y de sus aportes al mundo del derecho. En primer lugar, presentaremos sintéticamente un conjunto de elementos o principios que compartimos la gran mayoría de las feministas latinoamericanas, luego desarrollaremos algunos conceptos fundamentales sobre las que se basa la teoría feminista, las principales instituciones de reproducción y mantención de la subordinación de las mujeres, entre ellas, el derecho.

En definitiva, las y los invitamos a reflexionar en lo que han sido nuestras actuales formas de convivencia, sus resultados, y a imaginar otras que permitan el pleno desarrollo de todas las potencialidades humanas para hombres y para mujeres, así como para todas las criaturas vivas que habitan este planeta en conjunto con nosotras/os. Para construir una convivencia humana basada en el respeto a la diversidad tenemos que conocer mejor y más profundamente cómo y qué efectos tiene en nuestras vidas y en nuestra manera de entender el mundo, la construcción social de los géneros y la forma cómo ésto nos hace ver y sentir la realidad.

http://repositorio.ciem.ucr.ac.cr/jspui/handle/123456789/122


Leer más...

viernes, 6 de octubre de 2017

Como mujer marroquí, nada deseo más…



Nada deseo más que ningún marido, padre, hermano o imán imponga a ninguna mujer el velo.

Nada deseo más que muchos imanes dejen de engañar a los hombres diciéndoles que son malos musulmanes, si las mujeres “a su cargo” no llevan el velo. Es falso. Ellos NO son malos musulmanes si nosotras no llevamos velo.

Nada deseo más que muchos imanes dejen de decirle a la mujer que llevar velo es de buena musulmana. Mujer, puedes ser buena musulmana y no llevar velo. Hay miles de buenas musulmanas que no llevan velo. El velo no es señal de ser buena musulmana.

Nada deseo más que el musulmán que quiera diferenciarse visualmente del no musulmán se ponga lo que quiera, en vez de forzar a la mujer a llevar velo como seña de identidad musulmana.

Nada deseo más que el hombre no se interponga entre la mujer creyente y Allah. El Corán habla directamente a la mujer. El hombre no pinta nada ahí. Que se calle. Que se quite. Que se vaya.

Nada deseo más que los hombres musulmanes sean hombres de verdad. Un hombre de verdad no restringe la libertad de su mujer, sino que se la da a manos llenas por amor. Mujer, que no te engañen.

Nada deseo más que musulmanes y musulmanas dejen de criticar, despreciar e insultar a las que no llevan velo, llegando a llamarlas prostitutas. Las prostitutas no tienen nada que ver con el velo. Ni el velo con las prostitutas.

Nada deseo más que los musulmanes sean hombres de verdad, que sean caballeros con las damas. No dueños. No posesores. No usuarios. ¿Quién les da derecho? ¿El Corán? ¿Un imán? ¡Mentira!

Nada deseo más que muchos musulmanes dejen de convertirse en lobos en cuanto ven a una mujer sin velo. Lobos, sí, lobos.

Nada deseo más que deje de decirse que hay que llevar velo para no excitar al hombre, sobre todo en los países no musulmanes, donde una mujer sin velo no excita a nadie. ¿Lo oís, mujeres? No excitáis a nadie si no lleváis velo. Y si los musulmanes se excitan al veros sin velo, entonces sabed que el problema no es el velo sino de los hombres que se excitan.

Nada deseo más que no volver a ver ninguna niña pequeña ya con el velo puesto. Dan pena. Ya como en la cárcel. Ya sin niñez.

Nada deseo más que el mundo entero se dé cuenta de que el velo no es un problema tanto femenino, como masculino.

Nada deseo más que muchos musulmanes resuelvan SU problema con el velo y que dejen de pagar su incapacidad para resolverlo con la mujer a la que obligan a llevarlo. Así no lo solucionan. Lo agravan.

Nada deseo más que las mujeres no se pongan velo porque les resulta más fácil encontrar trabajo en ciertas empresas o cargos y sueldo en ciertas asociaciones, organizaciones y partidos políticos. Deseo que encuentren trabajo, pero no que tengan que ponerse velo para ello.

Nada deseo más que la comunidad musulmana deje de ningunear a toda mujer sin velo ante cualquier situación. Si una mujer con velo es acosada o discriminada, es una gran ofensa, pero si no llevaba velo, se lo merecía, lo iba buscando, da igual.

Nada deseo más que las mujeres comprendan no es posible ser musulmana y feminista, que la mujer que se diga “feminista musulmana” o no sabe bien qué es el feminismo o no sabe bien qué es ser musulmana o miente descaradamente.
Zubaida Boughaba Maalem
http://www.correodiplomatico.com/2017/09/05/como-mujer-marroqui-nada-deseo-mas/
https://www.cdiscount.com/maison/cuisson/plat-a-tajine-traditionnel-oulja-30-cm/f-117890504-auc2009937622932.html

Leer más...

jueves, 5 de octubre de 2017

LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN EN APOYO A LAS MUJERES DE HONDURAS DEFENSORAS DE LOS DERECHOS HUMANOS





CARTA PÚBLICA / Se agrava situación de represión y criminalización contra movimientos sociales, organizaciones y mujeres defensoras de derechos humanos en Honduras

FORMULARIO DE ADHESIÓN ABIERTO A ORGANIZACIONES INTERESADAS EN SUSCRIBIR LA CARTA PÚBLICA (FECHA LÍMITE: 3 DE OCTUBRE)

Mesoamérica, 2017 – A poco más de 18 meses del todavía impune asesinato de nuestra compañera Berta Cáceres la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras), integrada por más de 800 defensoras de derechos humanos de El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua, la Red Nacional de Defensoras de DDHH en Honduras y demás organizaciones firmantes expresamos nuestra preocupación ante el cada vez más grave contexto de represión y criminalización que enfrentan movimientos sociales, organizaciones de derechos humanos y, particularmente, las mujeres defensoras de derechos humanos.

Consideramos que el pasado viernes 8 de septiembre la situación llegó a su límite cuando las fuerzas de seguridad del Estado hondureño, tras reprimir con lujo de violencia y detener arbitrariamente a dieciséis integrantes del Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) que mantenían una manifestación pacífica en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras-CU, interceptaron, zarandearon con una grúa y tiraron gases lacrimógenos al interior del bus facilitado por el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) para que defensores y defensoras de derechos humanos acudieran a observar y documentar la situación. En el bus se encontraban Hedme Castro, directora de la Asociación por una Ciudadania Participativa (Aci-Participa) y Tommy Morales, comunicadora y parte de la Asociación por la Democracia y los Derechos Humanos de Honduras, ASOPODEHU y la Red Nacional de Defensoras de DDHH en Honduras. Ambas defensoras tuvieron que ser hospitalizadas por los efectos en su salud de los gases lacrimógenos y Tommy Morales quedó sujeta a un proceso de judicialización.

El ataque directo contra quienes llevan a cabo la labor de acompañar y vigilar el cumplimiento de las obligaciones del Estado en materia de derechos humanos es una expresión del cierre del espacio cívico, la regresión autoritaria y el incumplimiento flagrante de los tratados internacionales de derechos humanos suscritos por el Estado de Honduras. Agresiones como esta tienen el objetivo de inhibir la protesta social y la labor de defensa de derechos humanos y allanar el camino para nuevos y más graves actos de represión.

Este ataque no es un hecho aislado, sino solo una expresión más de una progresiva escalada de violencia y represión contra defensoras de derechos humanos en Honduras que deja a la ciudadanía en una situación de extrema vulnerabilidad. En tan sólo 3 meses, desde junio de 2017, desde la IM-Defensoras hemos emitido catorce Alertas Urgentes por agresiones sufridas por mujeres defensoras, sus organizaciones y comunidades:


Movimiento estudiantil de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH):
-Agresión, detención arbitraria y criminalización contra las defensoras Hedme Castro y Tommy Morales durante desalojo UNAH (12/09/2017)
-Detención arbitraria con uso excesivo de fuerza contra estudiantes de UNAH (08/09/2017)
-Desalojo policial con violencia al campamento de estudiantes de UNAH en huelga de hambre (16/08/2017)
-Agresión, detención y criminalización a estudiantes de la UNAH-CU durante toma pacífica (17/06/2017)


Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH):
-Criminalización de Miriam Miranda, coordinadora general de OFRANEH (06/09/2017)
-Criminalización de defensoras garífunas del territorio integrantes de OFRANEH (06/08/2017)
-Amenazan con clausurar la Radio Comunitaria Garífuna Waruguma en Trujillo (27/08/2017)


Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ):
-Detenciones arbitrarias de defensoras del derecho al agua en Pajuiles (15/08/2017)
-Detención arbitraria de Angélica Recinos e integrantes del campamento Digno por el Agua y por la Vida en Pajuiles (10/08/2017)


Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH):
-Atentado contra Bertha Zuniga, hija de Bertha Cáceres y actual coordinadora del COPINH (02/07/2017)
-Criminalización a integrantes de comunidad “La Jarcia”, miembra de COPINH (19/06/2017)


Otras defensoras del territorio:
-Criminalización, difamación y estigmatización contra Dinia Yasmin Sarmiento Suárez y Suany Ibeth Sánchez Argueta de la Empresa Asociativa Campesina Palos Verdes (07/08/2017)
-Detención, trato cruel e inhumano y criminalización contra Cristian Marisol Hernández, defensora en Villa de San Francisco (30/08/2017)
-Amenazas, criminalización y represión contra defensoras del derecho a la salud y el territorio de Villa San Francisco (28/08/2017)


La mayoría de estas agresiones han sido perpetradas por agentes del Estado, concretamente por fuerzas de seguridad, y casi todas incluyen uso excesivo de la fuerza, detención arbitraria y/o judicialización. En los casos en los que los agresores no fueron agentes estatales, las autoridades correspondientes no hicieron nada para asegurar la seguridad y acceso a la justicia de las defensoras afectadas, ni aplicaron la Ley de Protección para las y los Defensores de Derechos Humanos, Periodistas, Comunicadores Sociales y Operadores de Justicia.

Especialmente preocupantes son las agresiones que han sido dirigidas contra defensoras que anteriormente han sido objeto reiterado de ataques, como en los casos de Miriam Miranda, coordinadora de la OFRANEH, o Madeline Martina David, integrante de la misma organización. Cabe recordar que el asesinato de Berta Cáceres vino precedido de una serie de agresiones con un perfil y un patrón no muy diferentes al de Miriam Miranda, quien pese a su reconocimiento internacional sigue siendo objeto de persecución y judicialización como una forma de coartar su ejercicio como defensora.

Todo ello configura un panorama muy preocupante, en el que vemos como pese a los reiterados llamados de la comunidad internacional para que se respeten los derechos humanos en Honduras, persiste y se afianza la política activada a partir del Golpe de Estado de 2009 de persecución y represión sistemática contra los movimientos sociales y contra quienes defienden derechos humanos, poniendo muchas veces a las instituciones públicas de seguridad y justicia al servicio de terratenientes o empresas privadas, nacionales o trasnacionales, con el fin de proteger sus intereses económicos en detrimento de los derechos colectivos e individuales de los y las hondureñas.

Para las mujeres defensoras de derechos humanos el panorama es aún más preocupante, pues la discriminación y la violencia de género generan riesgos adicionales para las mujeres activistas, quienes juegan un papel cada vez más preponderante y visible al frente de los diversos movimientos sociales o en la primera línea de las luchas por el territorio. Las mujeres defensoras realizan su trabajo en un contexto de misoginia plasmada en los intolerables índices de femicidio y violencia contra las mujeres, o en las políticas públicas que restringen el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y su sexualidad. Entre 2012 y 2016 la IM-Defensoras ha documentado 1,128 agresiones y 13 asesinatos de defensoras de derechos humanos en el país.

Ante ello, desde la IM-Defensoras y la Red Nacional de Defensoras de DDHH en Honduras hacemos un llamado a la opinión pública y a las organizaciones e instancias internacionales de derechos humanos para que mantengan su atención en la situación de Honduras y se unan a la exigencia de que el Estado cumpla con su obligación de garantizar el derecho a defender derechos y la seguridad e integridad de quienes lo ejercen.

A tal fin es indispensable que el Estado hondureño ponga fin a la impunidad en la que siguen los asesinatos de mujeres defensoras y asegure el acceso a la justicia de las que han sido víctimas de agresiones; que se abstenga de difamar y criminalizar a las mujeres defensoras y asegure las condiciones necesaria para fortalecer la participación política de las mujeres y su imprescindible contribución a la justicia y la igualdad.


Leer más...

miércoles, 4 de octubre de 2017

Aculturación feminista, por Marcela Lagarde 4/4


Retos culturales feministas
Los retos impostergables en la aculturación feminista se refieren al desarrollo de la pedagogía feminista, la autorización de las experiencias y los saberes feministas, y la legitimidad del tránsito personal y de las acciones feministas colectivas. Por ello, nuestras necesidades son de: Espacios sóricos de formación académica y política ilustrada feminista.
Espacios feministas de resignificación identitaria individual y colectiva. Espacios de confluencia política de la diversidad posicionada de los grupos, los movimientos y las personajas feministas. Desarrollar una ética y una estética del orgullo feminista.
Requerimos actuar feministamente entre nosotras y en los espacios mixtos, para que las mujeres dejemos la subordinación jerarquizada y la periferia material y simbólica, y construyamos diversas centralidades paritarias.
La cultura feminista es la más prodigiosa creación cultural de las mujeres. Para lograr que sea imprescindible en el bagaje paradigmático del siglo XXI y del Tercer Milenio, para evitar pérdidas culturales irremediables y consolidar lo que hemos creado y lo que somos, necesitamos legitimar, autorizar y hacer universalmente necesaria la cultura feminista al mostrarla como fuente indispensable de la cultura del desarrollo y la convivencia democrática basada en la igualdad y la libertad humanas.

Notas
1.Sobre la escisión vital o genérica como experiencia subjetiva, véase Lagarde 1990 y como experiencia producida por el sincretismo de género que realiza cada mujer moderna, véase Lagarde 1996
2.En el sentido común, compartido incluso por feministas con poca información histórica, el feminismo es confundido con algunos movimientos muy recientes de la segunda mitad del siglo XX; ubicado en algunos países metropolitanos, las expresiones feministas de otros sitios son vistas como productos de segunda debido a la moda, a la influencia artificial y sin relación con la sociedad; el feminismo es reducido a lo que yo sé aunque lo ignore casi todo; el feminismo es confundido y restringido a las feministas que conozco o de las que oí, o el feminismo son unas cuantas imágenes documentales sobre los años sesenta, alguna manifestaciones o luchas particulares como la del aborto. Es decir, la mayoría de las personas y de las mujeres en particular conoce fragmentos reducidos y no tiene una visión amplia histórica del conjunto de procesos que han conformado la cultura feminista.
3.En su historia genealógica feminista, Celia Amorós (1998) considera a Sor Juana sólo como precursora porque no incluyó la concepción de igualdad entre mujeres y hombres, y para Amorós el hito definitorio del feminismo es la igualdad. María Milagros Rivera (1994) asigna, en cambio, una relevante importancia a la conciencia de la especificidad femenina, a la asunción del valor y la autoridad de las mujeres y a la construcción de un orden simbólico, tal como me parece que hizo Sor Juana. "... la producción de pensamiento de las mujeres ha sido precedida por un proceso de crisis personal y de autoconciencia. En este proceso se revela... que la subordinación de las mujeres a los hombres es de carácter social, no natural como tantos sabios han querido a lo largo de la historia, se revela seguramente, que son posibles una práctica de vida y un discurso femenino con autoridad, porque se vislumbra que autoridad y poder son dos cosas distintas desde su origen"
4.Luisa Muraro (1994:140) considera que "El amor y la necesidad son potencias creadoras de simbólico y potencias no desconocidas para los sin poder constituido, tanto más cuanto que su funcionamiento está inscrito en cierto modo en cada uno/a por la antigua relación con la madre".
5.Basaglia (1983), analiza las bases del amor femenino y considera que "Valores como feminidad, receptividad, han sido enfatizados como elementos sobre los cuales debe fundarse la vida de las mujeres, pero nunca han sido elementos vitales para ellas, sino válido como instrumentos para la seducción del hombre o para la reproducción".
6.De ahí la enorme política amorosa del feminismo contemporáneo que impulsa el desarrollo de la autoestima en las mujeres como prioridad para lograr su participación política, tanto como la reparación del daño que ocasiona en la subjetividad de las mujeres ser colocadas en segundo plano en sus atenciones, cuidados y preservación, vivir volcadas amando a los otros de quienes se depende y a quienes se está subordinada, y no recibir el mismo tipo de amor en reciprocidad.
7.La epistemofilia es un concepto de Mabel Burin (1987) cuyo contenido es el deseo de saber y de poder generados en el deseo hostil.
8.Lo más sofisticado está para Francoise Collin y Celia Amorós (1998) en la valoración que hacen filósofos posmodernos como Derrida de "lo femenino sin las mujeres". "... una nueva edición del despotismo ilustrado... Femenino, sí, feminista, no".
9.Nosotras, en la dimensión del sujeto colectivo de género en construcción. Cuando prevalece se potencia todo cuanto cada una es y la acción colectiva frente a los otros y al mundo. Luce Irigaray (1992) hace depender el nosotras de la conciencia de la diferencia, la del reconocimiento del orden simbólico femenino y materno, y del reconocimiento de la otra.
Bibliografía
Amorós, Celia. 1994. Feminismo, Ilustración y posmodemidad. Notas para un debate, En: Celia Amorós, (coord.), Historia de la teoría feminista, pp. 339-352, Madrid: Universidad Complutense de Madrid. Amorós, Celia. 1997. Tiempo de feminismo. En: Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad. Madrid: Cátedra. Basaglia, Franca. 1983. Mujer, locura y sociedad. Puebla: Universidad Autónoma de Puebla. Burin, Mabel. 1987. Estudios sobre la subjetividad femenina. Mujer y salud mental. Buenos Aires: Grupo Editorial Latinoamericano. Lagarde, Marcela. 1990. Los cautiverios de las mujeres: madre esposas, monjas, putas, presas y locas. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
— -1996. Género y feminismo, desarrollo humano y democracia. Madrid: horas y HORAS.
— -1998. Identidad genérica y feminismo. Sevilla: Instituto Andaluz de la Mujer. Muraro, Luisa. 1994. El orden simbólico de la madre. Madrid: Editorial horas y HORAS, Colección Cuadernos inacabados. Rivera, María-Milagros. 1994. Nombrar el mundo en femenino. Barcelona: Icaria. Valcárcel, Amelia. 1997. La política de las mujeres. Madrid: Cátedra.   Marcela Lagarde es etnóloga; doctora en Antropología; profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; coordinadora de los Talleres Casandra de Antropología Feminista; asesora de diversos organismos internacionales y de organizaciones de mujeres de América Latina y de España; autora del libro «Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas», Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1990, y de múltiples trabajos de investigación sobre la condición de la mujer y la situación de las mujeres, así como sobre política y género.
Texto publicado en "Género en el Estado. Estado en el género". Ediciones de las mujeres No 27, Isis Internacional. Artículo proporcionado por Modemmujer (México): modemmujer@laneta.apc.org
Leer más...

martes, 3 de octubre de 2017

#MariaNoSeVa CONCENTRACIÓN: La Justicia uruguaya pone en riesgo a una niña de 5 años



Este martes 3 de octubre a las 18.00 horas nos concentramos frente a la Suprema Corte de Justicia para mostrar apoyo a María y reclamar que se revea la decisión de enviar a su hija de cinco años a España, país en el que está su padre violento y abusador sexual.



Alerta y preocupación por decisión de la justicia uruguaya que pone en riesgo a una niña de 5 años: 

La Intersocial feminista y la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual expresa su repudio y su más profunda indignación con el sinsentido del fallo judicial de la justicia uruguaya que pone en riesgo y vulnera los derechos de una niña de 5 años víctima de abuso.  Es fuera de toda lógica que una misma institución actúe de forma tan radicalmente opuesta ante una misma situación.

Por un lado, hay una justicia uruguaya que entiende que el padre es una amenaza real para la seguridad e integridad de la niña – así como para la de su mamá - y ha dispuesto de custodia policial las 24 horas para ellas en Uruguay.

Y hay otra justicia que decide desproteger a esa misma niña y obligarla a regresar a España, país donde madre e hija fueron violentadas, tomando una decisión que pone en riesgo a la niña condenándola a revivir situaciones de revictimización, inseguridad, violencia o abuso.

Esta decisión se toma a espaldas de la batalla judicial que la madre de la niña está librando en Uruguay y España para hacer justicia y proteger a su hija del abuso que sufrió por parte de su propio padre.  

Provoca, entonces, un enorme estupor, dolor e incertidumbre la reciente decisión que tomó la justicia uruguaya de denegar el recurso interpuesto por la defensa de la madre ante el juzgado uruguayo, obligando con esta decisión al regreso de ellas a España. El fallo judicial no pone en primer lugar el bienestar, la felicidad y la integridad de la niña, porque no evalúa daños y riesgos que puede generar esto para el presente y el futuro de la pequeña.

Es importante recordar que en diciembre del 2016 el Tribunal de Apelaciones de Uruguay impuso que una vez que madre e hija llegaran a España, el hombre no puede acercarse a ambas "en un radio de 500 metros". También dicho tribunal determinó que será la madre de la niña "quien ejercerá la tenencia provisional". El fallo de diciembre también indicaba que el padre debe levantar una denuncia penal que había presentado contra su expareja y que la madre y la niña deberán irse de Uruguay solamente cuando estas medidas estén garantizadas por parte de la Justicia española.

¿Qué sucedió? Debido a que el padre de la niña se negó ante la justicia española a cumplir con las medidas cautelares interpuestas por el Tribunal de Apelaciones de Uruguay, para así poder dar el cumplimiento a la restitución y en reiteradas ocasiones violó  la prohibición judicial de comunicarse con ellas, la justicia española decidió archivar el caso.

Con estupor y rechazo vemos cómo la justicia uruguaya se aparta de las recomendaciones establecidos en los propios peritajes del Poder Judicial.



Comunicado de la Intersocial Feminista y la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual

#MaríaNoSeVa

Leer más...

lunes, 2 de octubre de 2017

Jornada en Malaga. 6 y 7 de Octubre


Leer más...

domingo, 1 de octubre de 2017

Aculturación feminista, por Marcela Lagarde 3/4


El capital simbólico, humano, específico de las feministas es el feminismo.

  Resistencias clasistas. El clasismo es parte de la conciencia moderna del orden social. Al convertirse en una ideología que permea la percepción social, totaliza la condición de clase como absoluta y prioritaria, y al naturalizar la condición de género de las mujeres, la anula y no cuenta en el análisis de las relaciones de poder. Entre el clasismo y el naturalismo de género, mujeres con conciencia de clase participan a favor de todos, menos de ellas y de su género. La ceguera política de género o la creencia en que la violencia es un asunto fuera de lo político, la inconsciencia sobre la discriminación, o la creencia que si se tienen derechos, recursos o poderes no se vive opresión, confluyen con el clasismo y optan por los pobres, los desaparecidos, los niños de la calle, los trabajadores, y no por las mujeres.
Hay feministas que optan por las pobres, las marginadas, las campesinas, las prostitutas y no por las ricas, las que sí tienen trabajo, las ilustradas, las teólogas. Se aplica el análisis de clase y no el de género a la situación vital de las mujeres. Se combina el clasismo con todo tipo de sectarismos ideológicos y políticos para decidir quiénes son las elegidas de la causa. El logro patriarcal consiste en alejar a cada mujer de sí misma y de las mujeres más próximas o con quienes tiene más semejanzas. Al luchar y participar por las otras, cada mujer se resiste a hacerlo para sí misma y para las próximas, y se mantiene intocada por el feminismo en su autoidentidad. A pesar de ello, aun a través de ideologías que niegan la impronta de género, las mujeres van desarrollando conciencia de semejanza y conciencia de sí mismas. En procesos políticos y en experiencias personales de anulación de lo específicamente femenino, se ha gestado el deseo y la necesidad del yo y se ha politizado. Ha surgido la mismidad como una dimensión formidable de la aculturación feminista. El contacto con textos, experiencias, organizaciones, movimientos o con mujeres feministas, permite a muchas irse colocando como centro y sentido de su vida tras procesos de resignificación de su pasado, de sus expectativas y de su presente. La mismidad es una de las dimensiones del capital simbólico del feminismo.
  Resistencias misóginas. Identificarse con el feminismo y con las feministas conlleva una transgresión: incumplir la norma de buen comportamiento en la república patriarcal, que exige a las buenas mujeres hacer muestra pública y privada de su desvalorización de lo femenino, y su repudio (hostilidad, rivalidad, desconfianza) a las mujeres, sus acciones y sus creaciones. Norma moral patriarcal que exige sólo aceptar a quienes cumplen con el (mi) orden. Esta tendencia se combina y potencia con todos los sexismos de género (lesbofobia, célibefobia, juvenilismo, esteticismo) y con los nacionalismos, clasismos y exclusivismos religiosos o políticos. Cualquiera identidad particular se perfila como obstáculo infranqueable para la identificación positiva. Entre las feministas este mal reúne la sofisticación de todas las resistencias. La paradoja clave de las feministas está en la misoginia. Sólo ahora ha sido posible para las feministas mirarla de frente y construir la autoestima de género de cada mujer y crear la autoridad para sí misma.
En el proceso de aculturación feminista, algunas feministas que se esfuerzan por construir los derechos y la autoridad de las mujeres en la sociedad, no reconocen ni los derechos, ni la autoridad de otras mujeres. Los experimentan de acuerdo con la mecánica patriarcal: los derechos de una mujer quitan algo a otra mujer o se apoyan en su falta de derechos. La autoridad es vivida como autoritarismo o discriminación por superioridad y, como se carece de experiencia de autoridad no autoritaria, la autoridad de las mujeres produce disminución en quien así se posiciona. Si algunas mujeres destacan o son reconocidas, eclipsan a las otras. En cambio, cuando se avanza en la aculturación feminista la autoridad de unas se traslada a las otras, unas pueden sentirse orgullosas de los logros de otras, hacerlos suyos y elevar la autoestima y conseguir la estima social de las mujeres. El reconocimiento mutuo entre feministas incide en la autoridad pública y la valoración de la causa de las mujeres, disminuye y anula ataques misóginos y además permite interlocuciones amplias con otros grupos y organizaciones. La autoridad se convierte así en estímulo personal y colectivo y agrega valor simbólico y político a las acciones de las feministas.
La autoridad es una clave de la aculturación feminista. Como atributo de autoidentidad es la expresión de valores, recursos, capacidades y habilidades específicos. Reconocer la autoridad significa un esfuerzo de compensación frente a lo que desvaloriza, significa poseer autonomía de juicio y fórmulas de ponderación propias. Sólo así puede aceptarse la autoridad propia y de otras, funcionar activamente en la construcción del poder propio y el de las otras, permite incrementar el poder de género de todas: la autoridad de género. Reconocerse en mujeres con autoridad conduce a la autoafirmación y al fortalecimiento de género de las mujeres y les permite empoderarse (cargarse de poderes de afirmación). En este paso, la autoridad sirve como protección, defensa y poder positivo a las mujeres para enfrentar el mundo, ocupar espacios, tomar la palabra, establecer condiciones, negociar, acceder a recursos y oportunidades. Autorizar a las mujeres es uno de los logros concretos en la aculturación feminista.

Discontinuidad en la transmisión y la comunicación feministas
El feminismo no cuenta con suficientes canales institucionales para su transmisión. Está en esos espacios de prestado, marginalmente o tolerado, no tienemediosdecomunicación poderosos para educar. Por el contrario, se difunde, se desarrolla construye alternativas en una profunda confrontación político-cultural y en la política de ocupación y apertura de espacios y posiciones, deambula y circula o sobrevive en instituciones académicas, políticas, religiosas, gubernamentales hegemónicamente patriarcales. Esta cultura empieza a crear espacios pedagógicos reducidos y marginales, pero potenciados en las redes feministas. Sin embargo, las feministas todavía no han estado en condiciones de crear sus propias instituciones educativas, formativas, de comunicación. Muchos de los espacios que utilizan fueron creados en poderosos movimientos culturales que requirieron espacios pedagógicos e ideológicos.
Las feministas avanzan en las instituciones, ocupan espacios, los resignifican y desde ahí renombran el mundo. Con altibajos, son toleradas y hay quienes creen que aplicar el enfoque de género consiste en usar un lenguaje supuestamente no sexista (compañeras y compañeros, ciudadanas y ciudadanos), la arroba en la escritura, o no hacer comentarios misóginos delante de feministas. Nada apoya a las feministas ni a sus acciones, ni siquiera el lenguaje. El feminismo se abre camino en un altisonante y omnipresente imaginario que exalta el orden moderno patriarcal, sus valores y estereotipos. Los espacios abiertos a la enseñanza del feminismo han sido parte de la construcción real de alternativas y de la aculturación feminista con enorme desventaja. Los esfuerzos, los cursos, diplomados, seminarios, talleres, círculos de lectura, los movimientos públicos y visibles, las acciones políticas exitosas y los logros jurídicos y políticos, resultan insuficientes para difundir el bagaje cultural del feminismo, en un ambiente cultural saturado simbólicamente de patriarcalismo.
Cada segundo, los medios de comunicación, la mayoría de las escuelas y de las iglesias, y desde luego las familias, difunden los valores, las interpretaciones y el sentido de la vida patriarcal. Cada hecho refuerza lo aprendido. Millones de mujeres son actualizadas de manera permanente en creencias y visiones misóginas y machistas. La pedagogía patriarcal no sólo se concreta en consensos parciales pero funcionales, sino que impacta las identidades genéricas, la autoconciencia y la visión de la vida de las mujeres.
Las feministas sabemos que los logros históricos nos llegan con enormes pérdidas culturales. No hay un piso mínimo de valores de igualdad del cual partir. Siempre es preciso volver a empezar, siempre algo se rompe en la transmisión entre las mujeres. La mayoría no ha tenido contacto, no ha oído o leído o no se ha interesado. Y esto no sucede sólo con las nacidas hace décadas; mujeres jóvenes tienen creencias tan arcaicas como si no fueran ni jóvenes ni modernas.
En breve tiempo las niñas han incorporado la cultura que las definirá como el niño, las volverá invisibles y sólo las aceptará sumisas, educadas, estudiosas, obedientes, trabajadoras, buenas y bellas. Ellas son las más inaccesibles: atrapadas entre la familia, la escuela, la iglesia y la televisión concatenadas, y sin contactos posibles con la cultura feminista que circula por otros caminos. A menos que en esos espacios estén en contacto con feministas, los cuales en todo caso se dan en minoría.
El feminismo siempre es tardío. Todavía no es lengua materna, ni cultura básica escolar, ni pensamiento universitario formativo. Cada una debe hacer su experiencia personal a contracorriente y tras haber vivido un trecho largo de vida y experiencias patriarcales marcadoras.
La situación política de la cultura feminista obliga a su descubrimiento tras vencer prejuicios y resistencias. Luego viene el arduo camino de la reeducación crítica marcado por crisis identitarias. Si no fuera por los placeres de la mismidad, la sororidad y la solidaridad, y por el goce de intervenir en la propia vida y en el mundo positivamente -que se generan en la experiencia feminista- nadie persistiría.
La cultura feminista beneficia a las mujeres y a los hombres. Lo hace como contención de oprobios, remedio a males y daños, reparación a estados lamentables, como redefinición de caminos individuales y colectivos. Por ello exige de cada quien una doble disposición de vida: vivir lo posible en sintonía y desplegar un esfuerzo agregado por ser compatibles sólo con fragmentos de discursos y procesos, de personas y hechos contradictorios, por convivir con quienes reivindican todo, pero el feminismo...
Cada mujer precisa de su ingenio y su amor para tejer la urdimbre inexistente. Se trata de una revolución amorosa porque las mujeres como género hemos sido construidas, según Franca Basaglia, como ser para otros5 y el amor a los otros ha sido una vía de expropiación del yo misma a las mujeres. Por ello, el amor redefinido desde la ética feminista es clave en el trastocamiento del orden simbólico, al legitimar la prioridad del amor a mí misma6 como fundante de la mismidad y como hito en la redefinición de las relaciones con los otros. La única trama posible en el telar feminista es la propia vida que emana del amor de cada mujer a sí misma, el amor a las otras y los otros como seres equivalentes, semejantes y diferentes, y de la pasión por vivir en correspondencia con un mundo que realice los valores feministas.
El deseo feminista es amoroso y es epistemofílico, no sólo es el deseo de ver y aprehender, es la pasión por saber y descubrir, por interpretar el mundo y descifrar para crear, inventar y mostrar en la cotidianidad que es posible. Está también el hondo deseo por suturar la profunda escisión genérica interna de cada una y el deseo de aliviar la enajenación con los hombres y con el mundo. El deseo feminista de sintonizar con un mundo que nos coloca en la periferia, nos trata como extranjeras non gratas o nos reconoce sólo si lo complacemos cosificadas y enmudecidas, trabajadoras y bien portadas. Peor aún cuando se idealiza lo femenino, pero no a las mujeres o se roba el feminismo sin siquiera dialogar con las feministas.
El deseo de sintonía ha hecho que muchas mujeres no aceptemos el destino patriarcal y decidamos transformar el mundo cada día para lograr que mujeres y hombres convivamos como equivalentes, que cada quien logre su desarrollo con la convocatoria y el sustento de los otros y en el que pueda prodigarse la pluralidad.
La transmisión de la cultura feminista implica múltiples retos en dimensiones convergentes y divergentes. Después de tres siglos, cada feminista se inserta en espacios simbólicos particulares no siempre relacionados y no se identifica con lo que otras hacen en otros espacios. Somos semianalfabetas en feminismo a la vez que hemos creado perspectivas complejas. Comenzarnos a ampliar la influencia feminista, a compartir un lenguaje, interpretaciones, conocimientos y dudas, y a delinear propósitos articulados de manera integral: campañas, agendas, plataformas y ritos públicos.
La conciencia feminista avanza de manera fragmentaria para la mayoría de las mujeres y remite a la particularidad. Lejos estamos de transmitirnos las experiencias e identificarnos con fluidez, de apropiarnos de una cultura básica feminista y de hacer nuestra la política feminista.

https://docs.google.com/document/d/1WZB_R3Y29EohT_xCfcRQisMx_XvqJgoAlrCgG7r7GKQ/edit

Leer más...

viernes, 29 de septiembre de 2017

Aculturación feminista, por Marcela Lagarde 2/4


Claves feministas
El feminismo surgió en Occidente y se ha ampliado a todo el mundo. Sus claves políticas son la democracia, el saber y la igualdad tanto como la autonomía y la diversidad. Por ello, acceder al feminismo contiene la posibilidad de afinidad con el pensamiento occidental y con otras tradiciones culturales que reivindican el principio de equivalencia humana. En la alternativa que busca eliminar la geografía excluyente por una que incluya todas las tierras y culturas, las feministas han contribuido a que sea éticamente positiva la visión incluyente, igualitaria y respetuosa de la diversidad en todo el mundo, aun en Occidente.
La filosofía política feminista contribuye a la democracia porque desmonta privilegios, purezas, supremacías y el derecho a la dominación, que han sido claves de política la cultura occidental y de otras culturas. El paradigma feminista reivindica hechos del mundo real para convertirlos en derechos universales: la diversidad, la pluralidad y la posibilidad de convivencia entre seres de tiempos, espacios y tradiciones diferentes. El tejido que une la diversidad es el reconocimiento de las semejanzas y la aceptación de las diferencias en pos de convivir y reconocer la equivalencia humana, el derecho a tener derechos específicos, a la equidad y la igualdad de oportunidades para el desarrollo.

Aculturación feminista e identidad
La conciencia feminista reverbera e incide en la memoria a través del viaje histórico de rediseño genealógico y la necesidad de hacer historia de filiación femenina al establecer nexos y conexiones entre las mujeres, sus movimientos y sus logros al valorar el pequeño gesto, el cambio imperceptible pero fundamental. En ese sentido, el feminismo valora a las mujeres y a lo femenino (aun al reconocer sus enajenaciones y al intentar cambios en las mujeres y en lo femenino) y valora lo feminista.
De ahí que los procesos de aculturación feminista que conducen a construir nuestra memoria exigen desmontar la misoginia en la cultura y la subjetividad de cada mujer, para valorar a las mujeres y a lo femenino. Sólo entonces es posible sentir cercanas a mujeres distantes en el tiempo o en el espacio y a su historia como mi historia. Concluir yo soy una mujer y considerar como lo hace María Milagros Rivera, "la historia de las mujeres es la historia" (op. cit.).
El placer está presente en la aculturación feminista. La búsqueda tópica de sentido es la gran experiencia de goce erótico, intelectual y afectivo de mujeres sabias, concienzudas intelectuales (aun aquellas que se definen como manuales) cuya habilidad ha sido develarse y mirar desde otro sitio y en un tiempo comprimido de siglos.
En tanto cultura política, el feminismo reúne infinidad de experiencias político existenciales de mujeres en resistencia, en rebeldía, subversivas o transgresoras (Lagarde, 1998). La mayoría de ellas no ha sido intelectual, no ha sido ilustrada ni siquiera letrada o alfabeta. Por eso, el sentido de su experiencia adquiere trascendencia política cuando se la ilumina desde la perspectiva feminista.
La cultura feminista ha sido creada y vivida por millones de mujeres de carne y hueso de otras generaciones y contemporáneas, aisladas unas, cautivas otras, emancipadas y libertarías otras más. La mayoría no tuvo conocimiento unas de otras o no se reconoció en las otras, y muchísimas no han tenido conciencia identitaria feminista. Desconocemos sus recorridos de vida porque los recursos de la memoria no las registraron, pero las adivinamos porque sabemos que cada lucha, convocatoria o movimiento se sostiene en decenas de miles, sumergidas e invisibles, que viven hasta en sin palabras lo que otras significan. Pero todas son mujeres que al vivir han abierto brechas, cambiado normas y subvertido su mundo inmediato. Con sus acciones cotidianas o excepcionales, trastocan el mundo de la mayoría.

Transmisión y prejuicios
Cada día, las mujeres enfrentamos la problemática de transmitir la experiencia cultural feminista en un mundo hegemónicamente androcéntrico y antifeminista. La formación cultural de la mayoría de las mujeres está basada en la cultura dominante que privilegia las acciones y los hechos masculinos y legitima el patriarcado, que es sesgada e inequitativa al omitir hechos y aportes a la vida social y a la cultura que realizan las mujeres. La formación escolar y universitaria está estructurada en tomo a una visión de la historia y de la ciencia que repite esta concepción genérica mutilante.
La mayoría de las mujeres aprende primero antifeminismo dogmático y desarrolla prejuicios, rechazo, hostilidad y temor ante el feminismo. Por eso, es común que algunas desvaloricen a otras y a lo femenino, o que consideren folclóricas las luchas por la emancipación o propias de otras generaciones. Hay quienes se asumen avanzadas y creen que nunca han sido discriminadas y por ello los afanes feministas no son parte de su universo. El feminismo es rechazado como parte de una cultura particular con afanes hegemonistas o como práctica neocolonial o neoliberal; es dejado atrás también como gran relato y utopía finiquitados en el horizonte posmoderno.
Qué paradoja. El feminismo permite enfrentar el sexismo machista, misógino, homófobo y lesbófobo de la modernidad patriarcal. Sin embargo, ahí están el prejuicio, el pensamiento dual, la lógica formal que antagonizan. Es la hegemonía de la cultura patriarcal a través de filosofías, cosmologías, mitologías e ideologías arcaicas y contemporáneas, sus rituales y su parafernalia. Esta cosmovisión patriarcal está instalada en la cultura y en la subjetividad de cada mujer en grados variados. Sin embargo, las mujeres, objeto de misoginia, no enfrentamos nuestra subjetividad misógina o inventamos cauces excluyentes entre nosotras. La sororidad y el affidamento son planteados como excluyentes, en lugar de concebirlos como una de las dimensiones más radicales del feminismo: la que plantea la equivalencia real entre las mujeres, la valoración y el reconocimiento de la autoridad de cada una. Las resistencias en la aculturación feminista Incluso entre mujeres que se asumen feministas hay resistencias de diversa índole:
  Resistencias antiintelectuales. Se expresa como un desplante de ignorancia de género que reivindica lo empírico y lo pragmático frente al estudio, el análisis, la reflexión y el pensamiento crítico. Con ello, aun sin saberlo, quienes se esfuerzan por ser feministas, niegan el saber, la cientificidad, la historicidad y sus conocimientos no dogmáticos imprescindibles, pilares de la cultura feminista. Reivindican, en cambio, otros saberes producto de la observación, la práctica, el empirismo, y reconocen como opuestos y alternativos a saberes tradicionales y esotéricos -dotándolos de mayor valor- y consideran al sentido común como buen sentido. Llega incluso a valorarse en oposición al feminismo la ignorancia convertida en virtud femenina.
La condición ilustrada del feminismo es tan importante que sin ella no sería posible pensar el mundo ya no sólo en femenino, sino en feminista. Tampoco se habría dado la fenomenal confrontación crítica ilustrada con las ideas, las normas, las leyes y la política patriarcales, deconstruidas por las feministas con códigos y lenguajes letrados científicos y filosóficos, y sólo entonces políticos. No habría sido posible guardar y conservar el saber y la historia de las mujeres y menos las historias de la emancipación femenina. La construcción del paradigma teórico-político y ético del feminismo es impensable sin la condición ilustrada de las feministas y de sus obras, sus propuestas, sus agendas políticas, sus leyes. Sin el pensamiento, la sensibilidad y el imaginario moderno no existiría la veta fundamental del feminismo que es la concepción de libertad que sustenta la aculturación feminista.
  Resistencias antipolíticas. Su expresión es la reafirmación de género de apoliticidad que apela a una moral femenina virtuosa no contaminada con la política. Abarca a quienes desconfían y recelan de la política por ser ámbito de recreación de dominio, quienes asumen la política como masculina y de los hombres, ajena a las mujeres, hasta quienes la llaman participación social y la consideran mejor que la participación política. La incursión política de las feministas es compleja y se mueve, en efecto, en una dimensión no sólo patriarcal sino masculina. En ocasiones es idealizada por ser política de mujeres, se la supone mejor, éticamente positiva y no peligrosa. Sin embargo, sujetas a jerarquías y poderes idealmente disminuidos y prácticamente reforzados, los enfrentamientos políticos en que se ven envueltas las feministas siguen los cánones de exclusión, rivalidad, y exclusivismo.
Al superarse los conflictos políticos de jerarquía, control, obediencia y otros más, es posible que la política implique la alianza, la suma, la colaboración. A pesar de lograrlo, el mundo y la participación de las feministas en otros espacios produce jerarquías y superioridades entre ellas. Hacer política requiere de las feministas realizar permanentes traducciones, acciones positivas, compensaciones y ajustes entre ellas; establecer mecanismos de confluencia y disidencia, para reconocerse, otorgarse autoridad; y asociarse y aliarse para lograr avances de género y porque reconocen un interés cultural común: contribuir en el desarrollo, el fortalecimiento y la preservación de la cultura feminista.

https://docs.google.com/document/d/1WZB_R3Y29EohT_xCfcRQisMx_XvqJgoAlrCgG7r7GKQ/edit

Leer más...

jueves, 28 de septiembre de 2017

Aculturación feminista, por Marcela Lagarde 1/4


La aculturación feminista es una reflexión antropológica sobre una de las entretelas más importantes de nuestro tiempo: la transmisión de las concepciones, los valores, los conocimientos, las prácticas y la experiencia de las feministas en condiciones de hegemonismo patriarcal.
El intercambio cultural feminista concita la imaginación y está marcado por la pasión del descubrimiento, la invención y la sintonía. Es, a la vez, conflictivo ya que las mujeres participan en minoría, ilegitimadas y desautorizadas en la creación de un paradigma histórico deconstructivo a la vez que alternativo.
La aculturación feminista parte desde las vivencias individuales y colectivas de las mujeres y los hombres comprometidos en ese sentido, y conduce a la construcción de un orden simbólico. Implica fenómenos tan complejos como la resignificación subjetiva personal -intelectual y afectiva- y su implantación en la experiencia vivida, la elaboración teórico-política de la experiencia, la generación de conocimientos, la construcción de representaciones simbólicas, códigos y lenguajes propios, así como los mecanismos pedagógicos, de difusión y comunicación para transmitir descubrimientos y elaboraciones.
La aculturación feminista conlleva la expresión pública de la disidencia y la enunciación afirmativa de las alternativas, la discusión de los supuestos patriarcales filosófico-políticos y prácticos explícitos en la vida diaria y en la confrontación ideológico-política. Su sentido se concreta en acuerdos y pactos para establecer normas de equidad, derechos, políticas públicas y privadas, acceder a recursos y oportunidades, transformar valores, mentalidades y modos de vivir desde la perspectiva feminista de género.
Desde luego, la aculturación feminista dimensiona a cada mujer y a los movimientos, acciones y organizaciones de mujeres y feministas. Y, aunque no lo deseen, las feministas son convertidas en referencias estereotipadas. Con esos ropajes son descifradas sus acciones y omisiones Es evidente que las feministas buscan la creación de sentido, del encuentro y la interlocución. Al hacerlo, producen ligas y relaciones entre las cuales destacan las siguientes:
  El proceso personal de cada mujer, interno y subjetivo en la formación conciencial feminista identitaria y cotidiana.
  La transmisión de los discursos y las alternativas feministas por las mujeres y sus organizaciones hacia la sociedad y sus instituciones, incluyendo otros movimientos, la sociedad civil y la sociedad política, es decir, el Estado, los organismos internacionales, los medios de comunicación. La transmisión personal y mediada de los discursos y las alternativas feministas entre las mujeres: entre sus organizaciones y movimientos específicos.
  La comunicación interactiva entre las feministas en los espacios -cotidianos o excepcionales- mixtos, femeninos y feministas.
  La transmisión de las feministas a los hombres afines o interlocutores.
  La transmisión entre hombres de los discursos y las alternativas feministas.
  La transmisión de la cultura feminista Para la antropología, los procesos culturales no son progresivos ni lineales, suceden con rupturas y avances, son discontinuos, generan intermitencia ¿Cómo se transmiten las concepciones, las experiencias, los conocimientos, las teorías, entre las feministas? ¿Cómo se enseñan unas a otras las maneras, los mecanismos para concretar las alternativas? ¿Qué obstaculiza o favorece las confluencias entre las feministas y entre ellas y sus interlocutores? Son sólo algunas reflexiones sobre la aculturación feminista. Veamos.
Si el feminismo es una cultura y no sólo un movimiento, es un conjunto de procesos históricos enmarcados en la modernidad, abarca varios siglos y se ha desplegado en diversos ámbitos y geografías. Ha sido vivido, defendido y desarrollado por mujeres diversas en cuanto a sus circunstancias y culturas propias. Sus particularidades han sido franqueadas. Algunas han enfrentado mundos conservadores y otras han vivido en sociedades favorables al adelanto de las mujeres. Unas han sido aisladas o perseguidas y otras han experimentado éxito y acogida a sus propuestas.
Mujeres hablantes de decenas de idiomas han dicho, sentido, comprendido y vivido el feminismo y lo han leído en un puñado de idiomas hegemónicos. La diversidad histórico-cultural de las mujeres feministas y de sus feminismos permite comprender la complejidad de su apropiación individual y colectiva.
El feminismo es la creación interactiva, intersubjetiva y dialógica de mujeres excluidas -por principio- del pacto moderno entre los hombres. Mujeres que, debido a las formas patriarcales de organización social, han sido colocadas en la premodernidad y exigidas de una modernidad sólo accesible a jirones para unas cuantas. Por ello, en su asunción utópica de la modernidad, el feminismo es una crítica a su andamiaje androcéntrico y patriarcal, a través de la acción, la experiencia y la subjetividad de las mujeres. Es asimismo la alternativa práctica de vida igualitaria y equitativa de mujeres y hombres.

Implicaciones subjetivas
Asumir el feminismo como pensamiento crítico y acción alternativa, significa para cada mujer comprometerse en varios procesos:
  La propia experiencia, base imprescindible que sustenta la subjetividad feminista (Lagarde, 1998). A partir de ella se produce asombro, no aceptación y rechazo de hechos injustos o dañinos, y se recurre al movimiento para enfrentarlos a la vez que se ponderan derechos, recursos, poderes y experiencias positivas y se busca preservación.
  La participación social que permite el desarrollo de la conciencia al compartir experiencias con otras mujeres y aprender que es posible intervenir en el sentido de las cosas con acciones prácticas concretas.
  La formación en el pensamiento y la política modernos -y por ende ilustrados y el asombro asintónico frente a ese pensamiento y esa política por su androcentrismo.
  La formación en el pensamiento feminista, el aprendizaje y la internalización del sentido de la vida y la ética feministas, y, en lo posible, de los conocimientos, entendimientos y saberes generados en la experiencia feminista.
El feminismo no se reduce a una ruptura epistemológica frente al pensamiento moderno del que surge y se retroalimenta. Implica cambios culturales, normativos, simbólicos y lógico-políticos. Uno de sus presupuestos indispensables es la superación por cada mujer del orden lógico binario que antagoniza y opone polos de un orden dual. Sólo así es posible el desarrollo del pensamiento complejo y dialéctico para aprehender la complejidad genérica.
Como percepción crítica de la cultura, el feminismo confronta a las mujeres con su cultura tradicional, sus valores, creencias y anhelos, y con sus formas de sentir, descifrar e interpretar la vida y el mundo. Conduce a cada una a la crítica develadora e iluminadora de su mundo y de su autoidentidad: su manera de ser mujer y su estilo o modo de vida, y el conjunto de sus relaciones, funciones, actividades y poderes de género. En esta dimensión, la aculturación feminista conlleva al descubrimiento de lo enajenante de lo propio, del grado de opresión de género en que cada mujer ha vivido y también a la valoración positiva de sus avances genéricos.
Por eso, vivencias personales feministas, conducen a la conciencia de no sintonizar con sustratos del mundo y de una misma. C ada mujer enfrenta disyuntivas si no cambia, reproduce el orden con el que no sintoniza. La asintonía puede ser dolorosa, exige de cada mujer aprender a ser diferente; en rebeldía, produce orgullo y es argamasa política en los cambios de las mujeres y en su identificación transgresora.
El autoconocimiento reflexivo generado por la aculturación feminista crea desconcierto y colorea crisis identitarias. La experiencia subjetiva estalla internamente con los seres importantes de la vida; se produce un extrañamiento y luego una resignificación simbólica. Toca a cada mujer en territorios de la propia biografía. Ahí el extrañamiento precede a la autoconciencia y a la aceptación resignificada de lo conocido, sentido y hecho cuerpo y subjetividad: mi cuerpo, mis afectos, mis deseos y mis espacios, mis acciones, los sucesos y aconteceres en el camino de mi vida. Todo es tocado.
Porque el feminismo es en primera persona y construye (reconstruye, restaura, inaugura) la primera persona en un mundo que prohibe a las mujeres el yo misma. En él, el yo femenino es tabú y condición para el yo-contigo patriarcal, o mejor dicho el contigo-yo. Es una dimensión subsidiaria, satelital del yo que, en las mujeres modernas coexiste con una dimensión del yo afirmada, autónoma, centrada y empoderada. Esa convivencia antagónica en la misma mujer produce la escisión vital1 la partición en movimiento. Y ese movimiento permite la conexión con la alternativa feminista.
La metamorfosis cultural conduce a la construcción difícil pero gozosa y placentera de la centralidad del yo de cada mujer en su propia vida. En la experiencia vivida por las feministas sobresalen algunos hitos y se atenúan otros. Pero siempre es una marca de la aculturación feminista.
Cuando las feministas colocan esos hitos como contraseña en su comunicación, en sus encuentros y en la transmisión de la cosmovisión feminista, y reconocen su diversidad, logran mayores puntos de conexión e identificación.

El viaje feminista
La magnitud del viaje feminista es inimaginable para quienes no ven al feminismo una cultura.
2 Por eso ha sido una constante desde hace siglos la búsqueda histórica feminista sobre la historia para abatir su sentido y contenido androcéntrico y, significativamente sobre la historia de las mujeres, de lo femenino y del feminismo.
Hoy hacemos la historia y la genealogía feministas e incluimos a quienes no se pensaron feministas Sor Juana, conciencia temprana de percibir y nombrar formas específicas de exclusión y subordinación de las mujeres, y reindivicadora del valor específico de las mujeres y lo femenino, y de la completud femenina en la radicalidad de la diferencia.
3 Millones de mujeres buscan día a día afirmarse, tener razón, ser legítimas, acceder a la justicia personal de género y, al hacerlo, dan valor a lo femenino y a cada una como mujer. Su enunciado no contiene afirmaciones de género porque su horizonte es sólo personal. Otras, dan valor, afirmación y derechos a otras mujeres en quienes ven carencia, discriminación, violencia. Algunas más, actúan para que cada mujer se afirme y valore, acceda a espacios y recursos, y despliegue poderes para la vida Asumen que es posible lograr contrapunto entre cada una y las otras, entre las mujeres y su género.
Las manifestaciones de conciencia de género no sólo se corresponden con feministas cuya situación vital les permite afinidad filosófica. En cada mujer se encuentran procesos definidos por una de las perspectivas o por la combinación de varias, por eso es posible la sintonía con signos de otros tiempos y lugares, por la afinidad y la empatía aun con mujeres desconocidas.

Impureza occidental
En un mundo cuya geografía política es producto de encuentros, desencuentros, guerras y hegemonías, el feminismo tiene marca de origen y de identidad occidental. Para quienes tienen filiación positiva occidental, el feminismo es propio por autoctonía, sus códigos suenan a notas conocidas y es parte de la historia. Para mujeres que no son occidentales y han vivido colonización, imperialización o globalización, la relación feminismo-occidente requiere su propia orfebrería.
Hay quienes objetan la marca occidental del feminismo, como si fuera una más de las políticas de dominación. Y hay mujeres para quienes es aceptable como piso cultural de género común a mujeres occidentales y no occidentales (mujeres del norte y del sur, indígenas, morenas, negras, amarillas, blancas). Sin embargo, las ideologías antioccidentales están en boga en Occidente y la descalificación encuentra suelo fértil. Sucede también que se asocia el feminismo con la clase y se considera que proviene de mujeres que no sufren opresión sino que manipulan a otras mujeres y las orillan a traicionar su mundo, su cultura y sus seres entrañables No se sabe que el feminismo no es patrimonio de mujeres de una clase, sino de mujeres ilustradas, las cuales, en sociedades con movilidad social provienen de diversas clases y grupos sociales. Por eso, los procesos de aculturación feminista avanzan en los lugares más disímiles -no sólo en Occidente- y entre mujeres diversas: de clase media, campesinas, empleadas, trabajadoras, amas de casa, políticas, burócratas, artistas, estudiantas. Ellas entran en contacto con la cultura feminista en procesos de participación social y política, de educación y formación Así, llegan a la fuente feminista mujeres en capacitación técnica, en organización gremial o productiva, mujeres en procesos de concientización para la salud o electoral y, desde luego, a través de la formación específica de género.
Leer más...