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viernes, 1 de julio de 2022

. El empoderamiento es un proceso de cambio


 Un segundo rasgo esencial del empoderamiento es su carácter procesual: se trata de un proceso de cambio que no tiene meta final ya que nadie llega nunca a estar empoderado en un sentido absoluto. Es este sentido de proceso el que hace que “ningún otro concepto exprese tan claramente como el empoderamiento la progresión desde un estado (la desigualdad de género) a otro (la igualdad de género)” (Malhotra 2002).

 Hay consenso entre las feministas del desarrollo en que el empoderamiento de las mujeres es un proceso de largo plazo que va “de adentro hacia fuera” y “de abajo hacia arriba”, que se inicia en el ámbito personal mediante el desarrollo de una autoimagen positiva y confianza en las propias capacidades, continúa en el ámbito de las relaciones cercanas a través de la habilidad para negociar e influenciar las relaciones familiares, y se expande hacia una dimensión colectiva en la que las mujeres construyen estructuras organizativas suficientemente fuertes para lograr cambios sociales y políticos. 

Se trata, por tanto, de un proceso de auto-empoderamiento, individual y colectivo, que no puede ser otorgado por nadie externo, lo cual no quiere decir que determinados agentes externos no tengan ningún papel que cumplir. Diversas autoras han resaltado la importancia de las agentes de cambio a la hora de facilitar las condiciones que permitan a las mujeres iniciar sus propios procesos de cambio. Kabeer (1997) es una de las que ha señalado el positivo papel de las 13 organizaciones de base innovadoras que, creando espacios para escuchar las voces de las mujeres y utilizando metodologías participativas, ayudan a desafiar los estereotipos convencionales respecto a las necesidades de las mujeres, hacen visibles determinados intereses que permanecían ocultos y promueven estrategias innovadoras para involucrar a las propias mujeres en los procesos de cambio. León (1997) plantea, por su parte, que dado que la subordinación de las mujeres aparece naturalizada en las sociedades con dominio masculino, es poco probable que las propuestas de cambio aparezcan espontáneamente; más bien, estas deben inducidas a través de procesos de concientización que permitan a las mujeres modificar sus auto-imágenes y sus sentimientos de inferioridad, así como sus creencias sobre sus derechos y capacidades. En la inducción de estos procesos de reflexión crítica, las agentes externas, generalmente mujeres feministas profesionales del trabajo de promoción y educación popular, pueden desempeñar un importante rol catalizador ofreciendo a las mujeres elementos de análisis y alternativas prácticas a sus modos de vida. También Rowlands insiste en que las agentes de cambio deben estar entrenadas en el uso de metodologías que ayuden a las mujeres a “percibir las limitaciones que ellas se imponen como resultado de la opresión internalizada que cargan” y garanticen que estas actúan a partir de sus propios análisis y prioridades, y no en base a agendas externas. 

 Ahora bien, este papel de las agentes de cambio nada tiene que ver con lo que James (1999) ha denominado la “transferencia del empoderamiento”, una visión predominante en el pensamiento oficial del desarrollo según la cual el empoderamiento puede ser otorgado por las agencias, mediante la puesta en marcha de proyectos diseñados desde arriba y desde afuera de las destinatarias en los que, supuestamente, la simple participación de las mujeres en actividades específicas garantizaría como resultado final su empoderamiento. 

Un mecanismo de transferencia de poder de este tipo es incompatible con los objetivos del empoderamiento porque este no es un proceso lineal con un inicio y un final definidos de manera igual para todas las mujeres, sino que requiere que éstas libremente analicen y expresen sus propias necesidades y prioridades, sin que estas puedan ser predefinidas o impuestas por los planificadores. Sin duda, esto plantea problemas a las agencias de desarrollo porque la lógica de la planificación se ve afectada cuando no pueden establecerse metas concretas o resultados medibles para las actividades que promueven el empoderamiento; en este caso, los 14 cambios a lograr deben ser vistos como parte de un proceso en marcha más que como una meta prefijada para un distante futuro. 

 En conclusión, entender el empoderamiento como un proceso de abajo arriba implica que los organismos de desarrollo no pueden reclamar que empoderan a las mujeres. Las mujeres deben empoderarse ellas mismas. Sin embargo, el apoyo externo es importante para empujar y sostener los procesos de cambio y las agencias pueden jugar este papel generando condiciones para que las mujeres participen en todos los ámbitos, adquieran habilidades para tomar decisiones y controlar los recursos, y apoyando a las organizaciones de mujeres que trabajan contra la discriminación de género. 


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jueves, 30 de junio de 2022

Revisando el significado del poder

 


Históricamente, los movimientos feministas siempre han rechazado estas tres expresiones del poder “sobre” por considerarlas manifestaciones de un poder controlador que impide a quienes lo sufren identificar sus propios intereses, expresarlos abiertamente o aspirar a su realización. Y porque además, todas ellas son deudoras de una metodología de resolución de conflictos basada en la lógica de “suma cero”, según la cual si una persona gana poder es porque otra lo ha perdido en la misma proporción, ajena a la experiencia vital de las mujeres en sus relaciones familiares y más específicamente, en el ejercicio de la maternidad. Esta visión del poder como algo intrínsecamente malo y rechazable fue hegemónica en los movimientos feministas del Sur hasta mediados de los años ochenta, como quedó reflejado en las memorias de los tres primeros encuentros feministas de América Latina y el Caribe (1981-1985). Sin embargo, en el cuarto encuentro 10 celebrado en México en 1987, se hizo patente que las feministas comenzaban a replantear su idea de poder. La argumentación presentada para combatir el mito de que “a las feministas no nos interesa el poder” no deja lugar a dudas: “Si partimos de reconocer que el poder es fundamental para transformar la realidad, no es posible que no nos interese. Nosotras hemos visto a lo largo de nuestra militancia que a las feministas sí nos interesa el poder pero que, por no admitirlo abiertamente, no avanzamos en la construcción de un poder democrático y, de hecho, lo ejercemos de una manera arbitraria reproduciendo, además, el manejo del poder que hacemos en el ámbito doméstico: victimización y manipulación. Sí, queremos poder. Poder para transformar las relaciones sociales, para crear una sociedad democrática y participativa” (Vargas 1989). 

 Al asumir que el poder condiciona la experiencia de las mujeres en un doble sentido pues “es tanto la fuente de opresión en su abuso como la fuente de emancipación en su uso” (Rowlands 1997), las feministas pudieron ver a las mujeres no solo como individuas sometidas al poder masculino sino también como personas capaces de oponer resistencia, activa o pasiva, a las fuentes de poder. Considerar el poder como un recurso que las mujeres pueden utilizar para transformar su situación, y a estas como individuas dispuestas a ejercerlo colectivamente, les permitió reivindicar para las mujeres el ejercicio visible del poder para hacer avanzar sus reivindicaciones frente a otros actores sociales e institucionales. Así, desde mediados de los años ochenta, al tiempo que desarrollaban experiencias concretas de poder e influencia a nivel local, fue abriéndose paso en los movimientos de mujeres y feministas una visión del poder entendido más como capacidad de ser y hacer, que como dominio sobre otros; como algo que ocurre no sólo en las instituciones sino también en las vidas cotidianas (“lo personal es político”); como conocimiento-poder que opera a través de los discursos que enmarcan lo que es pensable y factible; como relaciones institucionalizadas que al convertirse en las reglas del juego, determinan el acceso de las personas y los grupos a los recursos vitales. 

Desde estas nuevas perspectivas, las feministas que trabajan en el campo del desarrollo han reivindicado abiertamente el poder para las mujeres. Así, por ejemplo, Batliwala (1997) ha definido el poder como “control sobre los bienes materiales (físicos, humanos o financieros), los recursos intelectuales  (conocimientos, información, ideas) y la ideología (habilidad para generar e institucionalizar creencias y valores que determinan cómo las personas perciben y funcionan en un entorno dado)” y ha sostenido que el empoderamiento de las mujeres debe medirse en términos de “cuánta influencia tienen estas sobre las acciones externas que afectan a su bienestar”. 

 También han realizado críticas interesantes a las concepciones hegemónicas sobre el poder. Hayward (1998) ha señalado que la pregunta central de los debates sobre el poder (¿Qué quiere decir que A tiene poder sobre B?) se basa en el supuesto de que es posible diferenciar los actos libres de los actos determinados por el poder de los otros, pero este supuesto es erróneo ya que ignora que la dimensión del poder está presente en todas las relaciones sociales, llegando incluso a conformar la propia identidad de las personas. Según esta autora, en lugar de pensar el poder en términos de los instrumentos que agentes poderosos usan para impedir que los no poderosos actúen libremente, sería más útil pensarlo como “las fronteras sociales que definen los campos de acción para todos los actores y facilitan u obstaculizan lo que es considerado posible”. 

 Estas fronteras sociales están constituidas por las leyes, normas, costumbres e identidades sociales que enmarcan y restringen las actuaciones de las personas. Al definir el poder como “la red de límites sociales que define los campos de acción”, Hayward reformula la pregunta sobre el poder: la cuestión no es ya cómo este se distribuye o cómo hace A para tener poder sobre B, sino más bien “cómo los mecanismos del poder definen lo (im)posible, lo (im)probable, lo natural, lo normal, lo que cuenta como problema”. 


Por tanto, más que buscar cómo las acciones de unas personas son limitadas por otras, habría que analizar las diferencias significativas que existen en las titularidades sociales y en las restricciones, y ver qué tan fijas e inmutables son estas diferencias. El empoderamiento de una persona empieza cuando esta analiza cómo los límites sociales restringen su capacidad para definir cómo quiere vivir y para llegar a disfrutar de las condiciones para vivir como desea, y avanza mediante la identificación crítica de cómo funcionan estas restricciones a su libertad, hasta llegar a definir estrategias para cambiarlas.

 Mosedale (2003) se ha basado en estos planteamientos para construir una definición de poder que tiene importantes consecuencias en el análisis de los procesos de empoderamiento de las mujeres. Si tomamos en cuenta que el hecho  de pertenecer a un grupo social (por ejemplo, el colectivo genérico femenino) establece unos ciertos límites a la libertad de las personas y que tales fronteras son socialmente construidas y modificables, el empoderamiento que esta autora reclama para las mujeres es el que tiene como objetivo cambiar radicalmente las relaciones opresivas de género, en tanto estas constituyen las fronteras sociales que restringen su libertad de elección.

 El poder que interesa, dice Mosedale, es el que permite a las mujeres construir su propia capacidad para cambiar los límites sociales que definen lo que es posible para ellas. Y la pregunta que importa es si las intervenciones de desarrollo que buscan que las mujeres se empoderen, logran efectivamente ayudarles a cambiar tales límites.


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miércoles, 29 de junio de 2022

El empoderamiento de las mujeres. Marco de igualdad

Longwe y Clarke Asociados (1997) han elaborado un marco de análisis sobre el empoderamiento de las mujeres que desarrolla de manera muy consistente sus características de proceso. Consideran que el desarrollo es ante todo un proceso que permite obtener y mantener mayor acceso a recursos y bienestar y que requiere el involucramiento de los grupos objetivo en la tarea de reconocer y superar sus propios problemas. En cuanto al empoderamiento, estos autores lo definen como un proceso de desarrollo de las mujeres que se logra mediante la superación de las desigualdades existentes entre los hombres y las mujeres. Se trata de un proceso que no es lineal sino circular, y que discurre a lo largo de cinco niveles de igualdad que ascienden progresivamente hacia cuotas superiores de empoderamiento y desarrollo: 

Nivel uno: el bienestar, en áreas como la salud, el acceso a alimentos o los ingresos. La brecha de género en este nivel se mide por las disparidades en las tasas de mortalidad o de desnutrición, y se deriva directamente de la desigualdad en el acceso a los recursos. Las acciones que buscan mejorar el bienestar de las mujeres deberán llevarles a un mayor acceso a los recursos. 

 Nivel dos: el acceso a los recursos para la producción (tierra, créditos, servicios), a la educación, el empleo remunerado y la capacitación. La brecha de género en este nivel se refiere tanto a los recursos como a las oportunidades. Las acciones que buscan mejorar el acceso de las mujeres acarrearán su toma de conciencia sobre la situación diferencial existente y su acción para reclamar la parte justa y equitativa de los diversos recursos disponibles en el hogar y en los servicios públicos. 

Nivel tres: la toma de conciencia sobre la desigualdad de género. En este nivel se sitúan las creencias sobre el carácter natural de la posición inferior de la mujer y la división genérica del trabajo. Empoderamiento significa cuestionamiento de tales creencias y reconocimiento de que la subordinación de las mujeres no es parte del orden natural de las cosas sino impuesto por un sistema de discriminación socialmente construido y que puede ser cambiado. En este nivel el desarrollo es visto también como superación de las desigualdades estructurales y la igualdad entre mujeres y hombres se plantea como una meta del desarrollo. La conciencia de género es considerada el elemento central del proceso de empoderamiento y alimenta la movilización respecto a los asuntos de desigualdad. 


Nivel cuatro: la participación en el proceso de desarrollo. La brecha de género en la participación es visible y fácilmente cuantificable, y se expresa en términos de desigual participación en la toma de decisiones. Las acciones que buscan igualdad en este nivel propiciarán que las mujeres participen activamente en la identificación de las necesidades comunitarias, la planificación y evaluación de las intervenciones. Si se requieren movilizaciones de las mujeres para lograr su mayor presencia en tales espacios, estas serán tanto un resultado del poder adquirido como una contribución hacia un mayor empoderamiento. 

Nivel cinco: el control sobre los factores de producción para asegurar acceso igualitario a los recursos y a la distribución de los beneficios. Es la mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones la que conduce a una situación de igualdad en el control, caracterizada por un equilibrio de poder entre mujeres y hombres, de modo que ninguna parte se coloca en una posición de dominación. Para que las mujeres avancen en su empoderamiento han de superarse las inequidades en cada uno de estos niveles. El avance se da precisamente en el paso de un nivel al otro: las mujeres adquieren poder cuando las dificultades en el acceso a los recursos les motivan a una mayor concientización, cuando ésta da el impulso para una mayor participación en la toma de decisiones, cuando un mayor control sobre los recursos del desarrollo sienta las bases para más bienestar material, etc. 

Aunque cada nivel de igualdad puede ser una puerta de acceso al proceso de empoderamiento, Longwe y Clarke resaltan que la toma de conciencia  sobre el sistema de desigualdades entre hombres y mujeres es la clave para el cambio. Este esquema, conocido como el “Marco de igualdad y empoderamiento de las mujeres”, se inscribe en los enfoques “de abajo hacia arriba” del desarrollo pues son las propias mujeres las que han de reconocer sus intereses estratégicos y movilizarse por ellos, en lugar de esperar a que investigadores/as y agencias de desarrollo identifiquen sus problemas y realicen acciones para resolverlos. Ha sido usado por UNICEF como una herramienta para incorporar la perspectiva del empoderamiento en sus procesos de programación, y sustenta el Paquete de Capacitación que este organismo utiliza para formar a su personal en asuntos de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres.


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domingo, 26 de junio de 2022

Las mujeres en la guerra, las mujeres en la construcción de la paz

 




Recientemente Hortencia Hernández, feminista, pacifista, activista, editora, escritora y amiga, republicó el basto artículo que Carmen Magallón publicara en 2014, sobre la labor que realizaron en 1915 un grupo de mujeres pacifistas en contra de la Primera Guerra Mundial, y que hoy se hace tan necesario leer o releer como un recordatorio de la importancia de sumarnos a la acción por el desarme y la paz.

La guerra siempre ha sido y es un monstruo devorador que en su aplastante destrucción no hace distinción ni de sexo ni de nada, sin embargo, no podemos negar que el padecimiento es en muchos aspectos más terrible para las mujeres que para los hombres, por lo tanto en mi opinión, no podemos hablar de historia bélica sin hablar del sufrimiento en la historia de la vida de las mujeres acrecentado con mayúsculas en tiempos de guerra, tampoco podemos hablar de lograr la paz mundial sin hablar primero de lograr la igualdad real y la eliminación de la violencia de género.

Las mujeres desde finales del siglo diecinueve y principios del veinte estaban muy conscientes de que la falta de presencia femenina en los puestos del poder político (lo que hoy llamamos falta de paridad), no abonaba a la formación de organizaciones internacionales anti guerra, a este respecto y sobre cómo a partir de entonces las mujeres se han ido organizando para promover la paz, fue que en 2020 Carmen Magallón y Sandra Blasco publicaron un libro valioso y necesario, lectura simplemente imprescindible para las feministas pacifistas de hoy: Feministas por la paz La Liga Internacional de Mujeres por la paz y la libertad en América Latina y España.

De un modo o de otro el sexo femenino siempre resulta mayormente afectado a causa de la guerra, de acuerdo con información de La Organización de las Naciones Unidas (ONU), en zonas de conflicto armado las niñas tienen un 90% menos probabilidades de asistir a la escuela que los niños.

Esta desventaja educativa me lleva a pensar no sólo en las consecuencias negativas en el desarrollo intelectual, social y económico de niñas y mujeres, sino también en la dificultad que esta implica en la construcción de la igualdad, la libertad y la paz.

Virginia Woolf en su ensayo Tres Guineas publicado en 1937, respondió a la pregunta que cierto hombre le había formulado acerca de que podría hacerse a fin de evitar la guerra?, para Virginia la solución estaba precisamente en que hombres y mujeres tuvieran igualdad en su formación académica y en el ámbito profesional, la cual permitiría a mediano y largo plazo el desarrollo de una sociedad capaz de resolver los conflictos pacíficamente sin recurrir a las armas.

En el sistema patriarcal las acciones por la paz siempre han ido de la mano de la guerra, no así para el feminismo pacificador. La naturaleza, la experiencia y el conocimiento que tenemos las mujeres pueden ser altamente aprovechados para un futuro sin armas… “las mujeres naturalmente amamos la paz como condición de la vida humana sin más, no como ausencia de guerra”…

Históricamente la guerra ha sido de los hombres, pero las mujeres aún sin buscarlo y sin quererlo siempre hemos estado ahí de muchas maneras, aunque en la invisibilidad o el desprestigio a la hora de hacer el recuento de los daños, otorgar créditos y recibir medallas, esta realidad fue plasmada desde la guerra más famosa de la literatura universal (la de Troya), pasando por conquista de Tenochtitlán y de todo el nuevo mundo, la revolución mexicana, las dos guerras mundiales, la guerra civil en España, las guerrillas en Latinoamérica y muchas otras, llegando hasta la guerra actual entre Rusia y Ucrania.

«Las que restañaron la sangre de las heridas y embalsamaron a los muertos, las que dentro y fuera de los muros proveyeron de vestido y alimento a los combatientes, las mismas que fueron presa, botín y moneda de cambio, todas a quienes opacó el vacuo fulgor de los héroes y silenció la ciega y salvaje masculinidad de la batalla... La guerra de Troya fue siempre la guerra de las mujeres.»…nos dice la escritora británica Pat Barker en su maravilloso libro: El silencio de las mujeres.

En todos los tiempos y en todas las guerras las mujeres han sido y son tan protagonistas como los hombres, sólo que sin derecho de aparecer en las grandes y heroicas marquesinas, sin embargo, antes y ahora están presentes como hijas, esposas, madres, cuidadoras, proveedoras, trabajadoras, enfermeras, pero también, y hay que decirlo como combatientes al frente de batalla.


La periodista y escritora bielorrusa Svetlana Aleksievich en su investigación para su libro: La guerra no tiene rostro de mujer (1985); constata la participación armada de cerca de dos millones de mujeres en la Segunda Guerra Mundial, y comienza diciendo que ya desde la antigua Atenas y Esparta hay evidencia de la participación femenina en las guerras griegas.

El mérito ha sido siempre otorgado a los hombres por obra de ellos mismos que han sido los que han escrito la historia, no obstante, las cosas están empezando a mostrarse al mundo de otra forma: Olena Zelenska, actual primera dama de Ucrania afirmó recientemente …” la actual resistencia y futura victoria ante Rusia tiene también un rostro particularmente femenino”…

Cada quien tiene su propia ideología y su propia manera de tratar de evitar la guerra, para muchas el camino es por la vía pacífica mediante el diálogo, mientras que para otras la solución está en la lucha armada.

Sin embargo y a pesar de lo admirable y heroico que es la fuerza, la valentía y la determinación de las mujeres que deciden tomar las armas y combatir, la realidad es que no creo que ninguna de nosotras quisiéramos por gusto vernos ni ver a nuestras madres, hijas, hermanas,amigas etc. sufriendo los horrores de la guerra, siendo separadas de nuestras familias, capturadas, encarceladas, violadas, vendidas, explotadas sexualmente, torturadas y asesinadas.

La paz a costa del sufrimiento, el sometimiento y la vida de millones de hombres y mujeres no es paz, es tan sólo la perpetuidad del sistema de dominación en el orden mundial.


Las feministas pacifistas en la actualidad nos unimos al pensamiento de mujeres como Jane Adams (1860-1935) Emily Greene (1867-1961) Rosa Luxemburgo (1871-1919) Clara Zetkin (1857-1933) Helen Keller (1880-1968) Virginia Woolf (1882-1941) Teresa de Calcuta (1910-1997) Rigoberta Menchú (1959) Concepción Picciotto (1936-2016) Marcela Lagarde (1948) entre muchas otras.

Apoyamos y aportamos cada una y en colectivo, la creación de nuevas economías que erradiquen la desigualdad y la pobreza a nivel mundial, renovados sistemas de salud integral e incluyente, eficientes programas sociales, educación con perspectiva de género, respeto político internacional a la autonomía de pueblos y naciones, el control de armas y la eliminación de armamento nuclear, y todo lo que sea necesario hacer para evitar la guerra.


“No hay caminos para la paz, la paz es el camino”

Mahatma Gandhi


Galilea Libertad Fausto

Foto: portada del libro de Carmen Magallón y Sandra Blasco
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sábado, 25 de junio de 2022

“ EL NORTE DE LA VIDA”

   La sabiduría es como un río que corre a través de la historia ,enriqueciéndose con las aportaciones de los distintos pueblos y culturas a lo largo de todos los tiempos. En la búsqueda de esa sabiduría han tenido mucho que ver las mujeres.Mujeres que han sabido conciliar,integrar,armonizar, generar lo que actualmente se llama, cultura de paz.Mujeres que por distintos motivos he conocido y de las que tanto he aprendido y continúo aprendiendo.Mujeres que sin preparación académica y habiendo vivido en esa época oscura de la posguerra, han sido capaces de ver, para nosotr@s ,hijos e hijas, que el horizonte tendría más luz,si estudiábamos y  alcanzábamos la tan ansiada y determinante independencia económica.

Estas mujeres,promovieron que seamos la generación de hombres y mujeres profesionalmente más preparadas de la historia deste país.Somos la generación del cambio a la democracia, de la mayor participación y responsabilidad en los distintos estamentos de la actual vida civil.Para esas mujeres tan decisivas ,infinito agradecimiento,mucha atención,mucho cariño,mi cariño.

La mujer que hoy me cuenta aspectos de su vida,la tengo escuchado mucho y no me canso de escucharla.Está al día en todo.Es una mujer que siempre está,siempre la encuentras y” dispone” dese tiempo que no” mide” tanto para escuchar como para acompañarte.Cuando te acompaña, tanto se adapta a tu gente ,como te presenta la que ella conoce .Tiene amplia capacidad de relación,muy querida por familia y amig@s.Es hospitalaria,su casa siempre fue de puertas abiertas ,hizo suya la expresión : “de puertas adentro todas son camas” .Democrática, ha favorecido reuniones, anima a la participación cívica, sabe ir con los tiempos. Se adapta a múltiplas circunstancias ,tanto va de compras como al teatro,a una exposición o compra una tela y hace su traje. Podría haber sido arquitecta, ha dirigido varios proyectos y planes de rehabilitación de casas.Todos los días sigue los informativos, lee y es una fiel seguidora de Informe Semanal.

Carmen Martínez Piñeiro, tiene una vida intensa que trascurre  desde que nace en Sisán (Ribadumia 1927 ) en donde empieza su etapa escolar,que continuará en Barrantes, ya que sus padres se trasladan  a vivir a San Martín  (Meis).Conoce la escuela de la República ,el dolor de la época de la guerra a la que obligatoriamente va su padre, a quien tanto quería.Vive la escased de la posguerra,aunque reconoce que su condición era favorable.Dice: había escasez de todo,nosotros nunca pasamos hambre,podíamos comprar tela para hacer la ropa,venía la modista a casa ,me fijaba como cosia y así di mis primeros pasos cosiendo a máquina,también a ganchillar y a calcetar que lo hacía con clavos e hilo de saco.Los zapatos ,teníamos un par para el año,que solo se ponían los domingos y días de fiestas.Mi padre era ganadero,cuando vino de la guerra yo tenía 12 años.Tenían que llevar los bueyes a Caldas,quise ir y para no ir descalza,hice mis zapatillas y  a partir de ahí ya dejé de ir a la escuela.No iba a estudiar,siendo hija única,pensaban mis padres! Así fue como empecé a ir con mi padre alas ferias : a Mosteiro, a Pontevedra, a Padrón ..eso me gustaba.Teníamos fincas,también aprendí a trabajar en el campo y a cuidar de los animales..a cocinar.Los domingos ,íbamos al cine,al baile..A comprar íbamos a Cambados, a Pontevedra,a Villagarcía..

Con 22 años ,se casa con Pepito,que es patrón de pesca  y se traslada a vivir a Cambados.Es así como inicia su “propia” vida y en común con su marido.Sigue contando: Pepito , iba a la mar, yo en la tienda ,he comprado,vendido ,un poco de todo..Además le pagaba alos marineros, a las atadoras,iba a la lonja  y controlaba las ventas de nuestros barcos..La vida del mar es dura e incierta, no sé como me iba acostumbrando..De llevar la casa,hablar con los profesor@s …me ocupaba yo ,pero Pepito estaba al corriente de todo y para los estudios de los hij@s, nunca puso pegas.Hablábamos y acordábamos  todo entre los dos y cuando los hij@s se fueron haciendo mayores también contamos con ellos  y así aprendimos unos de los otros .Trabajamos mucho..pero yo hasta ahora me siento bien.

CUATRO HIJ@S,MUCHAS EXPERIENCIAS..

Carmen, es una mujer entusiasta,vitalista ,que alumbra con luz propia,una persona que  infunde seguridad ,transmite confianza y firmeza.Un privilegio conocerla y disfrutarla .Yo la tengo de norte ,incluso en mi trabajo.Cuando le pregunto de que aspecto de su vida está más contenta, contesta rápido :” Estoy contenta de todo lo que hice en cada época de mi vida,todas son bonitas ..ya vas haciendo en la medida que puedes..Ahora no puedo hacer lo mismo que cuando tenía 30 ó 40 años ,pero no importa, ya lo tengo hecho..De lo que más satisfecha me siento ,es de haber hecho todo lo posible para que mis hijas e hijo estudiaran y lo que les gustaba  y saber que ahora están a gusto ,trabajando en lo que han elegido y para lo que se han preparado. Me agrada que sean buenos profesionales ,pensando siempre en hacer el bien y que nunca se olviden de sus raíces.

Carmen, tiene cuatro hijos ,tres mujeres y un hombre. Todos hicieron carrera y tienen trabajo.Carmen ,sabe y opina de los trabajos y de los problemas y alegrías que dan los hijos…

Le pregunto:

1- Si le ha compensado..cuatro hij@s ,tanto trabajo..

Contesta de inmediato: SI, si .a mi si.He tenido los hijos convencida.

2- Continúo, ahora ,harías lo mismo?

Son otros tiempos,entiendo a las mujeres actuales,preparadas,independientes.Son más libres para decidir como enfocar su vida así como tener o no hij@s.La felicidad no está en casarse,tener o no hij@s-Si, está en saber lo que quieres ,cumplir con tus obligaciones e intentar hacerlo bien…Ahora que si tienes hijos ,tienes que atenderlos ,dedicarle tiempo,hablarles,escucharles..Deben saber lo que hay y no darle más de lo que se puede ,más bien menos.Es mejor que sientan la necesidad de algo y no que les sobre.Es muy importante que estudien ,que colaboren y sepan compartir y que aprendan a responsabilizarse de sus obligaciones.Deben ir aprendiendolol desde pequeños.

Toda una filosofía ,una lección aprendida en los libros de la vida.Carmen es una mujer sencilla,austera, ha aportado sabiduría a nuestra historia a mi vida .GRACIAS MAMÁ, por tanta generosidad, dedicación y cariño.Mil GRACIAS POR TODO.


 HISTORIAS EN FEMENINO 4 / Voz de Galicia 24-6-2010:

 POR : M Carmen Durán Martínez


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lunes, 13 de junio de 2022

«Sepa por qué usted es machista» por María Elena Walsh


Nuestra querida y admirada Maria Elena Walsh escribió este texto hace años pero su inteligencia se adelanto en el tiempo y aunque habla para Argentina, tomamos su mensaje con la idea de conseguir justamente "Que  ni usted ni nadie sea  machista" 


«Sepa por qué usted es machista»

1. Porque le falta el principal de los sentidos: el del humor.

2. Porque se siente Dios, aunque no sea Ministro.

3. Porque cree todo lo que le dicen los medios (o miedos) de difusión de la Argentina actual, y ya tiene el cerebro más lavado que mate cebado por un polaco.

4. Porque su mamá es una santa, por lo tanto las demás mujeres son unas brujas

5. Porque su mamá es una bruja, por lo tanto las demás mujeres también.

6. Porque no tiene mamá y no consigue quien lo mime.

7. Porque en realidad le gustan más los hombres, aunque no ejerza.

8. Porque quiere hacer mérito ante los centros de poder, exclusivamente masculinos: empresariado, Fuerzas Armadas, animadores de TV, deporte, sindicatos, clero, pompas fúnebres, etcétera.

9. Porque todo ese asunto de la gestación y el parto le da miedo y asquete, como la educación sexual al Ministro de Educación.

10. Porque usted tiene los mismos atributos de Woody Allen pero no le dan el mismo resultado.

11. Porque no soporta la idea de un rechazo sexual hacia usted o hacia otro, y cree que la bella siempre debe estar a disposición de la bestia.

12. Porque usted no vive en el presente (y para eso lo ayudan mucho) sino en la prehistoria mental, y se da manija con tangos del 40.

13. Porque usted es burro y en lugar de corregirlo con tiempo y esfuerzo lo disimula con agresividad.

14. Porque usted es culto pero culturiza fuera de la maceta, y leyó a Julián Marías y no a Simone de Beauvoir.

15. Porque en el fondo es antisemita, antinegro, antiobrero, antijoven, pero como eso ya no corre se desquita con la misoginia, que aquí y ahora viene con premio (pero no se descuide: por poco tiempo más).

16. Porque usted ama el orden por sobre todo, y cada cosa en su lugar las mujeres en la cocina (o en cueros en tapas de revistas), y Pinochet, Castro y García Meza en el poder.

17. Porque cree que la inepcia es cuestión de sexo, que es como creer en la cigueña o en elecciones inminentes.

18. Porque teme que las mujeres hagamos rancho aparte, y no piensa que son los hombres quienes lo inventaron y perpetúan. (Ver punto 8.)

19. Porque supone que la mujer quiere imitar al varón, y no sabe que antes muerta que imitar a semejante fabricante de desastres, desde la guerra atómica hasta el IVA.

20. Porque le gusta que al mundo lo manejen los colectiveros.

21. Porque tiene mucha paciencia para dejarse pisar la cabeza por cualquier matón y muy poca para comprender errores de mujeres, que al fin y al cabo son, históricamente, debutantes en la mayoría de las profesiones.

22. Porque teme que las mujeres “pierdan la femineidad”, cosa imposible de perder, salvo que usted llame así a cosméticos y pilchas.

23. Porque usted teme que le roben algo y no sabe bien qué, a pesar de que a diario lo saqueen y basureen, y no precisamente las mujeres.

24. Porque es sincero, y vale más machista recuperable que “feminista” patrocinante como un papito que a las pretensiones femeninas dice que sí PERO…

Ahora ya sabe. Con estos 24 puntos usted ahorra años y fortunas en psicoanálisis. Usted puede ser hombre o mujer, el machismo tampoco es cuestión de genes: poca gente más machista que algunas mujeres, sólo que ellas lo son por instinto de conservación, por despiste, por imitar a los hombres, por comodidad o porque así las dejan hablar por TV. Usted también lo es por todas estas razones pero además porque se cree superiorcito: hace unos 10.000 años que le pasan el aviso y claro, usted sigue comprando un producto inexistente. Ahora puede seguir siendo machista, pero con apoyo logístico. No se trata tampoco de ejercer la represión desde estas páginas. Es posible que la perseverancia le acarree aplausos y sensación de deber cumplido, amén de las palmadas de la patota. Pero ojo que no hay premio mayor que saberse persona inteligente y civilizada. Si no opta por eso, estará contribuyendo a la contaminación mental, que es la que nos mata. Y no la humedad. Estará inflando la maquinaria del prejuicio y la prepotencia y al fin se va a quedar solo como un ciempiés, de luto, convertido en drácula de utilería y en hazmerreír de las criaturas primaverales.


Fuente: Cosecha Roja 



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viernes, 3 de junio de 2022

Condenamos los 129 feminicidios en Francia desde el ultimo Festival de Cine de Cannes


Un  grupo de mujeres  manifestantes irrumpieron en la alfombra roja del Festival de Cine de Cannes  el 22 de mayo protestando contra la violencia machista  desplegando  una pancarta y lanzando dispositivos de humo negro y levantando los puños.

La pancarta presentaba una lista  con el nombre de  las 129 víctimas de los  feminicidios desde el último festival de Cannes', 



Las manifestantes feministas llamaron la atención de los medios de todo el mundo sobre la situación de vulnerabilidad de la mujer en Francia, cuestionando las medidas que se toman en busca de la igualdad entre los sexos, que no evitan ese elevado numero de mujeres asesinadas, para verguenza de las autoridadeds francesas y tristeza de todas las personas comprometidas con la igualdad.



https://www.dailymail.co.uk/news/article-10842821/Protesters-storm-red-carpet-Cannes-Film-Festival-unfurl-banner-condemning-129-femicides.html

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miércoles, 1 de junio de 2022

Las mujeres pacifistas y la I guerra mundial 3/3

 

Reflexiones sobre la guerra y el Congreso de La Haya de mujeres españolas

La Gran Guerra estaba muy presente en la sociedad española, dividida entre francófilos y germanófilos, dando lugar a polémicas encendidas, que podían darse por ser España un país neutral, al decir de un escrito de la época:  “Nuestra neutralidad ha sido política en el orden internacional. En cambio, literariamente, la lucha de ideales o de intereses no ha cesado en los periódicos, en las revistas y en los libros… Unos hablan del derecho y otros de la fuerza. Como no nos cohíbe la censura ni la misma neutralidad, España es donde más sinceramente se ha escrito acerca de la guerra europea.[13]

Mientras se está celebrando el Congreso de Mujeres de La Haya, el periódico ABC[14] se hace eco de él en una amplia noticia, donde dice que España está entre los países representados en el mismo. En realidad, la única asistente de aquí fue “Madame J.M. Gay”[15], de Barcelona, que lo hizo a título individual.

La Condesa Pardo Bazán no creía que los acuerdos del Congreso de La Haya fueran a alcanzar un resultado práctico; compartía el contenido de las resoluciones y la crítica a la locura de la guerra pero terminaba afirmando que la guerra iba a traer beneficios a las mujeres, porque están ejerciendo oficios que antes no hacían y “… porque la guerra es, ante todo, dinámica y para la mujer, lo peor es la estática[16]Sabemos que este argumento no acaba de sostenerse, que el supuesto avance de las mujeres en las guerras, su entrada en nuevas profesiones, por ejemplo, no siempre se consolidó tras la guerra, más bien cuando volvieron los hombres del frente las mujeres fueron empujadas de nuevo hacia las tareas domésticas.

A lo largo del XIX y principios del XX, distintas mujeres escribieron sobre la guerra en España. Josemi Lorenzo Arribas ha identificado algunas de ellas[17], destacando a Carmen de Burgos y María Lejárraga que, dice, aportaron “las reflexiones más sistematizadas sobre el tema”, la primera en Guerra a la guerra y la segunda en Feminismo, feminidad, españolismo y Cartas a las mujeres de España.[18]  En una de las publicaciones mencionadas, María Lejárraga[19] incluye varias crónicas del Congreso de La Haya, con fragmentos de los discursos que se dieron en él y de las lecciones aprendidas por las mujeres. A saber:

Los hombres tienen casi toda la culpa de la guerra; pero las mujeres tampoco estamos exentas de responsabilidad; hemos faltado a nuestro deber de dos maneras: Primera: Consintiendo que se eduque a nuestros hijos en una falsa idea del heroísmo y de deber patrio. Hasta ahora mismo se ha glorificado en las escuelas el valor militar, las hazañas de sangre, la injusticia de la conquista, el egoísmo colectivo; se ha hecho de la bandera un símbolo, no de patriotismo, sino de imperialismo… Segunda: Por temor al ridículo, hemos dejado de poner en nuestras reivindicaciones todo el empeño necesario. El día en que las mujeres intervengan en la gobernación de los pueblos en número igual al de los hombres, la guerra habrá concluido de una vez para siempre; esto lo sabemos y lo sentimos”.[20]

Para Lejárraga, el que llama Congreso de las mujeres pacifistas en La Haya, tal vez haya tenido poco impacto práctico pero

“Su significación moral es, sin embargo, interesante, porque afirma una vez más el decidido propósito de las mujeres de no consentir que sigan arreglándose los asuntos de interés general para la vida de los pueblos sin intervención suya, como representantes que son de más de la mitad del género humano. Una vez más las mujeres levantan la voz para pedir la paz…”.[21]

Carmen de Burgos y Sofía Pérez Casanova, nuestras primeras reporteras de guerra, que veían lo que sucedía en los frentes y en la retaguardia, el sufrimiento de la población civil, fueron abiertamente anti-guerra.[22]

Virginia Woolf plasmó sus reflexiones sobre la guerra desde las vidas de las mujeres en el imprescindible Tres Guineas. Sobre su pensamiento, escribió Elena Grau:

 “Virginia habla muy poco de la experiencia, de las consecuencias y del horror de la guerra porque parte de una idea, nunca la guerra, y no necesita argumentarla. Yo diría que ella pone la guerra como medida de todas las acciones humanas. Su esfuerzo es medir la acción humana, de mujeres y hombres, en presencia de este horizonte. Y al poner la guerra como medida, o como horizonte de nuestra acción, trasciende la idea de guerra como hecho bélico y se interesa por todo aquello que en nuestro hacer apunta en última instancia a sostener unas relaciones, una cultura y un mundo simbólico que albergan la violencia y conducen a la guerra”.[23]  

De modo diferente, escribe Josemi Lorenzo, que cita también el análisis de Elena Grau, las escritoras españolas pusieron el acento en el sufrimiento y el dolor que provocan las guerras.  Con todas las distancias, concluye, por la singularidad y brillantez de la inglesa, esto puede ser debido a que, en las distintas guerras que vivió España –con sus consiguientes levas y muertes de jóvenes varones- las españolas, a diferencia de la Woolf, la sufrieron en carne propia: “Las continuas sangrías humanas que supusieron las guerras a las que se aferraba el estamento militar y político, el injusto sistema de recluta, el dolor multiplicado en familiares y amistades de los soldados ... no podían dejar indiferentes a estas mujeres intelectuales…”.[24]

Núcleos del feminismo pacifista en España: su relación con WILPF

Los tres núcleos de mujeres organizadas que hemos podido identificar en relación con las mujeres del Congreso de La Haya y WILPF, se configuraron en Valencia, Barcelona y Madrid.

En Valencia, en el núcleo feminista pacifista destacaron las hermanas Ana y Amalia Carvia Bernal. Formaban parte de la Asociación General Femenina (AGF), que abogaba por un feminismo laicista y librepensador, defendía la importancia de la instrucción de las mujeres a todos los niveles y estaba al tanto de cómo se organizaban las feministas ‘en los países europeos más avanzados’.[25] En 1915, las hermanas Carvia fundaron la Asociación Concepción Arenal y la revista Redención que defendía el sufragio, la laicidad y el librepensamiento, presentándose como pacifista y feminista.  En el informe del Congreso de WILPF celebrado en Viena en 1921, en la sección de saludos recibidos se incluye uno de la Asociación Concepción Arenal en el que esta asociación muestra su adhesión a los acuerdos del congreso anterior, celebrado en Zurich, en 1919.[26]

En Barcelona, Carme Karr Alfonsetti (1865-1943), escritora, reformadora social y feminista, integrante del Comité Internacional de la Liga de los Países Neutrales, en octubre de 1915,  fundó el Comité Femení Pacifista de Catalunya (CFPC) que recibió la adhesión de personalidades y entidades y se propagó a otras ciudades de Catalunya. La idea había sido de la pintora Antonia Ferreras y su presentación se hizo en el Ateneo de Barcelona. El CFPC se proponía “recullir un a un aquells sentiments qui sens dubte bateguen en el cor de les dònes d’Espanya, sentiments de germanor per el dolor d’aquelles dònes espartanes (voluntaries ó nó) qui veuen desertes y enrunades les llars familials, morts ó matant, els esposos, els fills, ells germans… (uniéndose al anhelo de paz de) aquelles nombroses agrupacions femenines pacifistes de l’extranger, qui escampen pel món llurs manifests, y alhora a les dònes d’Espanya, ens demanem amargament el per què nostra veu no s’ha alçat ja demanant el fi de la tragedia, com si no existís en tota Espanya una sola dòna amant de la Pau…”.[27]

Entre las iniciativas que lanzó el CFPC destacó la campaña de la Postal de la Pau, una postal ilustrada por el dibujo que resultara premiado por un jurado, simbolizando los horrores de la guerra y conteniendo un pensamiento en los idiomas de los países beligerantes. La postal era para enviarla a los jefes de Estado y a personas que pudieran influir en poner fin a la guerra.[28] La revista Feminal (1907-1917) que dirigía Karr difundió esta y otras iniciativas y dio cabida a las polémicas que se fueron dando en relación con la paz.

En 1929, en Madrid, mujeres del Lyceum Club fundaron la Liga Femenina Española por la Paz,[29] que mantuvo lazos y colaboración con WILPF. Su presidenta, Isabel Oyarzábal, así como Clara Campoamor,   conocía a las mujeres de WILPF a través de su pertenencia común a la Alianza por el Sufragio. También a través de la Federación Internacional de Mujeres Universitarias y de las reuniones de la Liga de las Naciones. 

En 1930, en Barcelona, se fundó la Lliga catalana per la pau i la llibertat. Presidida por Montserrat Graner, la Lliga fue una organización vinculada a WILPF, con la que colaboró de manera destacada en la campaña por el desarme de 1932. Su revista Evolució, en el corto periodo de su existencia, apenas un año, proclamó esa vinculación y difundió los objetivos de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.  

 Epílogo

 

Las mujeres que se reunieron en el Congreso de La Haya constituyeron una voz disidente con voluntad de incidir en la política internacional. Fueron pioneras en muchos aspectos, también en su desempeño académico y profesional. Eran mujeres ideológicamente dispares, unidas por su rechazo a la guerra y la reclamación del voto. En la encrucijada de la guerra, eligieron seguir organizadas por la paz y la libertad, opción que dividió al movimiento sufragista. La división de las sufragistas ante la I Guerra Mundial puso de manifiesto, una vez más, que no todas las mujeres son pacifistas, que optar por la paz no es algo ‘natural’ en ellas. Como tampoco lo es la guerra o la violencia en los hombres. Tanto para mujeres como para hombres, optar por la paz es una opción libre.

Como movimiento de mujeres, el feminismo fue y es una fuerza importante contra la guerra y contra la violencia pero tampoco todos los feminismos son pacifistas. Existe consenso en el rechazo de la violencia contra las mujeres, pero el debate sobre la legitimidad o no del recurso a la fuerza sigue dentro del movimiento. Tampoco todos los feminismos se han expresado como defensa de intereses exclusivos de las mujeres como grupo excluido. El feminismo internacionalista pacifista del Congreso de La Haya es una expresión de que la política de las mujeres, como escribió Alexandra Bochetti, es la política.

Erosionar la idea de que es glorioso morir por la patria, que tan a menudo ha supuesto en la práctica morir para defender los intereses de las élites dominantes, costó muchas décadas. Pero aún hay culturas en las que los hombres se ven impulsados a inmolarse en defensa de algún paraíso prometido. En la nuestra, ya no es así. Es posible que morir por la patria se haya sustituido por vivir para consumir, pero el desapego del pedestal de la muerte es una resistencia que está afirmando que la muerte, ‘morir por’, ya no es un valor. Crece la convicción de que es mejor ‘vivir por’. La vida es lo que tenemos. Las mujeres conscientes, el feminismo pacifista, siempre han puesto la vida y su sostenibilidad, no la muerte ni bienes de otro rango, en el centro de los valores. La corriente feminista pacifista que nació en La Haya sigue empujando en esa dirección. En abril de 2015, en los mismos días que hace cien años, el mismo número de mujeres de todo el mundo, 1136, nos reuniremos de nuevo en un Congreso en La Haya: todavía no hemos logrado erradicar la guerra, en sus múltiples rostros.   

Carmen Magallón (2014) “Una voz disidente en la I Guerra Mundial: el Congreso de La Haya y WILPF”, Mientras tanto, Nº. 122-123, pp. 57-71.

13] Álvaro Alcalá Galeano (1916) España ante el conflicto europeo, 1914-19, Madrid, 1916, 4ª ed., pp. 212-213.

[14] “Por la Paz. El Congreso Internacional feminista”, ABC, 1º de mayo de 1915, p. 8.

[15] No conocemos datos de ella, sólo que vivía en Claris, 102 de Barcelona, dato recogido en el Informe del Congreso: http://www.ub.gu.se/kvinn/portaler/fred/samarbete/pdf/congores_varouwen.pdf, p. 11.

[16] La Condesa de Pardo Bazán (1915) “La vida contemporánea”, La Ilustración Artística, nº 1764, 18 de noviembre de 1915, p. 686.

[17]“Emilia Serrano, baronesa de Wilson; Concepción Arenal; Doñeva de Campos;…Carmen de Burgos, Colombine; Teresa de Escoriaza; María Lejárraga; Blanca de los Ríos y Sofía Pérez Casanova. Además de estos nombres propios,… aparecen mujeres puntuales anónimas, ya en prensa firmando artículos, ya participando en acciones de calle. Mujeres del pueblo, que nos aportan el contrapunto necesario para no confundir el sentir de las mujeres burguesas, que tienen acceso a los medios escritos, con el del común de sus congéneres que no tenían tal privilegio”. Cfr.: Lorenzo Arribas, Josemi (2007) “Tensiones militarismo/ antimilitarismo” en Asunción Bernárdez Rodal (Dir.) Escritoras y periodistas en Madrid (1876-1926), Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 125- 162, p. 135.

[18] Ibídem, p. 136.

[19] María Lejárraga firmaba casi siempre con el apellido del marido, Martínez Sierra, y a menudo también con su nombre, Gregorio.

[20]G. Martínez Sierra (1917) “Lecciones de la guerra. Opiniones de algunas de las feministas que han concurrido al Congreso de La Haya en favor de la paz” en la publicación de la misma autora Feminismo, feminidad y españolismo, Madrid, Renacimiento, 181-192, p. 182. La cursiva está en el original.

[21] G. Martínez Sierra (1917 “El Congreso de las mujeres pacifistas en La Haya”, en la publicación de la misma autora Feminismo, feminidad y españolismo, Madrid, Renacimiento, 231-240, p. 233-234.

[22] Carmen de Burgos ya cubrió la guerra de Marruecos y en ese tiempo, entre otros escritos, escribió la novela En la guerra (1909). Sobre Casanova, véase: Bernárdez Rodal, Asunción (2013) “Sofía Casanova en la I Guerra Mundial: una reportera en busca de la paz de la guerra”, Historia y Comunicación Social, Vol. 18 (2013), 207-221.

[23] Elena Grau (2000) “Sentada en mi lado del abismo. Sobre Tres Guineas de Virginia Woolf”, En pie de paz, nº 52, 40-47, p. 43. Cita incluida en Carmen Magallón (2006) Mujeres en pie de paz, Madrid, Siglo XXI, pp. 215-216.

[24] Josemi Lorenzo Arribas, Op. Cit., p. 158.

[25] Luz Sanfeliu (2011) “Instrucción y militancia femenina en el republicanismo blasquista (1896-1933)”, en Ana M. Aguado, Teresa María Ortega López (coords.) Feminismos y antifeminismos: culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX, Valencia, PUV, 45-70, p. 64.

[26] “The Society "Arenal", Barcelona (sic), wrote accepting with enthusiasm the resolutions adopted by the Congress (at Zurich) which expressed their aspirations as well as those of the whole feminist movement. In Valencia, Barcelona and Madrid, which are the centres of Spanish feminism, the society is zealously working to reform the laws that depress the condition of the women of Spain, and to obtain the vote. In working for universal peace they wish to give an example of the civic virtues, to promote the welfare of the Women's International League and to secure universal disarmament.” WILPF, Vienna Congress Report, 1921, pp. 155-156.
 

[27] “La dona y la pau. El Comité Femení Pacifista de Catalunya”, Feminal, 103, 31 octubre 1915, pp. XVI-XVII.

[28] Colombine (1915) “Femeninas. Cosas de actualidad”, 29 noviembre 1915, p. 1.

[29] Sobre la Liga Femenina Española por la Paz y el feminismo pacifista: Carmen Magallón (2012) Contar en el mundo. Una mirada sobre las Relaciones Internacionales desde las vidas de las mujeres, Madrid, horas y Horas.

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martes, 31 de mayo de 2022

Las mujeres pacifistas y la I guerra mundial 2/3

 


Las Resoluciones del Congreso La Haya, 1915 [8]

El resultado de los debates se plasmó en 20 resoluciones, agrupadas en torno a siete apartados: 

I. Las mujeres y la guerra; 

II. Acciones hacia la paz; 

III. Principios de una paz permanente; 

IV. Cooperación internacional; 

V. Educación de los niños y niñas; 

VI. Las mujeres y la Conferencia de paz y 

VII. Acciones a tomar. Incluyo un extracto de las mismas.


En primer lugar, la protesta: “Nosotras, las mujeres reunidas en este congreso internacional… protestamos contra la locura y el horror de la guerra, que lleva consigo un sacrificio irresponsable de la vida humana y la destrucción de tantas cosas que la humanidad ha tardado siglos en construir (Resolución 1)…protestamos contra las odiosas agresiones de que son objeto las mujeres en tiempo de guerra, especialmente contra la violación, presente en toda guerra” (Resolución 2).

El llamamiento a poner fin a la matanza: “Este Congreso Internacional de mujeres de diferentes naciones, clases, creencias y partidos… expresa su simpatía con el sufrimiento de todos… ( y puesto que la mayoría piensa) que están luchando, no como agresores sino en defensa propia y de la existencia de su país, no puede haber diferencias irreconciliables entre ellos, y sus ideales comunes proporcionan una base sobre la que puede construirse una paz magnánima y honorable. El Congreso, por consiguiente, urge a los Gobiernos del mundo a que pongan fin a este baño de sangre y empiecen negociaciones de paz. Demandan que la paz sea permanente y por tanto basada en principios de justicia, incluidos los establecidos en las resoluciones adoptadas por este congreso… (Resolución 3) 

La demanda de poner en marcha una mediación: “Este Congreso resuelve pedir a los países neutrales que den pasos de manera inmediata para crear una conferencia de naciones neutrales que debería, sin demora,  ofrecer una mediación permanente” (Resolución 4).

Los principios para el logro de una paz permanente, que a su entender son: El reconocimiento del derecho de los pueblos al autogobierno, la integridad territorial, la autonomía y  un parlamento democrático (Resolución 5); la urgencia de que  los gobiernos de todas las naciones acuerden someter las futuras disputas internacionales a la conciliación y el arbitraje  (Resolución 6) y (acuerden también) unirse para ejercer presión social, moral y económica sobre cualquier país que recurra a las armas (Resolución 7); que la Política Exterior se someta a control democrático ya que la guerra no responde a la voluntad de la mayoría sino a intereses particulares y (teniendo en cuenta que) sólo se puede reconocer como democrático un sistema que incluya una representación igualitaria entre hombres y mujeres… que se otorgue el voto a las mujeres (Resoluciones 8 y 9). Este último principio, que une el sufragio femenino a una paz permanente, es expresado así:

“puesto que la influencia combinada de mujeres de todos los países es una de las fuerzas más potentes para prevenir la guerra, y puesto que las mujeres sólo podrán tener plena responsabilidad y una influencia efectiva cuando tengan iguales derechos políticos que los hombres, este Congreso Internacional de Mujeres reclama su derecho al voto.” (Resolución 9).

Hay un llamamiento a la cooperación internacional, entendida como continuidad de los trabajos de las anteriores conferencias de paz gubernamentales,  instando a que “tras la guerra, se convoque de manera inmediata la tercera Conferencia de La Haya” (Resolución 10); a que las naciones sigan construyendo una arquitectura internacional sobre la base de una paz constructiva, para lo que se propone: a) Como un desarrollo de la Corte de Arbitraje de La Haya, la creación de una Corte Permanente de Justicia Internacional, “para plantear cuestiones o diferencias de carácter justiciable, tales como las que surgen en la interpretación de los derechos de los tratados o de las leyes de las naciones; b)  Como un desarrollo del trabajo de la Conferencia de La Haya, la creación de “una Conferencia Internacional permanente que tenga reuniones regulares, en las que las mujeres deben tomar parte, para tratar no las reglas de la guerra sino propuestas prácticas para una Cooperación más extensa entre los Estados…formular y hacer cumplir aquellos principios de justicia, equidad y buena voluntad … ajustados gradualmente por una opinión pública internacional ilustrada. Esta Conferencia Internacional designará: un Consejo permanente de Investigación y Conciliación para la resolución de las diferencias internacionales que surjan de la competición económica, la expansión del comercio, el aumento de la población y los cambios de los estándares políticos y sociales.” (Resolución 11)

La reclamación del desarme universal, que sólo se puede asegurar mediante un acuerdo internacional, por lo que se urge a los países a terminar con la producción de armas y municiones de guerra y a controlar el tráfico internacional de las mismas, ya que “en los beneficios privados derivados de las grandes fábricas de armamento anida un obstáculo poderoso para la abolición de la guerra.” (Resolución 12).  

 La libertad de comercio, mares y rutas de comercio abiertas en condiciones de igualdad a los cargamentos de todas las naciones, y  “dado que la inversión por parte de los capitalistas de un país en los recursos de otro y las reclamaciones que surgen de ahí son una fuente fértil de complicaciones internacionales…  insta a (que se imponga el principio de) que tales inversiones se hagan a riesgo del inversor, sin reclamar la protección oficial de su gobierno.” (Resolución 13).

 El Congreso Internacional de Mujeres aboga por la transparencia, que los tratados secretos sean declarados nulos y que para la ratificación de los futuros  se exija la participación de, al menos, el poder legislativo de cada gobierno. Así mismo, recomienda que se creen Conferencias Internacionales y Comisiones Nacionales para el estudio científico y la elaboración de los principios y condiciones de una paz permanente, lo que podría contribuir al desarrollo de una Federación internacional (Resolución 14).

Por supuesto, el congreso “declara que es esencial poner en práctica nacional e internacionalmente el principio de que las mujeres deben compartir todas las responsabilidades y derechos civiles y políticos, en las mismas condiciones que los hombres (Resolución 15), así como “la necesidad de que se oriente la educación de los niños y niñas para que sus pensamientos y deseos se dirijan hacia el ideal de construir la paz” (Resolución 16).  

La reclamación del voto y la participación de las mujeres en todos los niveles del Acuerdo de Paz, “Para los intereses de la civilización y una paz duradera la Conferencia que estructure el acuerdo de paz después de la guerra habrá de aprobar una resolución afirmando la necesidad de que todos los países extiendan el voto a las mujeres” (Resolución 17);  además en la conferencia de paz habrán de tomar parte los representantes del pueblo, con las mujeres incluidas en ellos (Resolución 18).[9]

Entre las acciones a tomar, se propuso una que ha sido una norma de actuación en WILPF y que distintos movimientos sociales pusieron en práctica mucho más tarde: la organización de cumbres paralelas a las gubernamentales para incidir en las mismas: “Este Congreso Internacional de Mujeres resuelve que se organice un encuentro internacional de mujeres en el mismo lugar y al mismo tiempo que la Conferencia de las potencias que ha de estructurar los términos del acuerdo de paz después de la guerra, con objeto de presentar propuestas prácticas a la Conferencia” (Resolución 19).  

Y finalmente, tras un largo debate, se aprobó la propuesta de Rosika Schwimer de enviar delegaciones a los gobernantes de las naciones beligerantes y neutrales de Europa y al Presidente de los Estados Unidos, con objeto de comunicarles las Resoluciones del Congreso e instarles por esta vía personal a llevarlas a la práctica (Resolución 20).

Se decidió también crear una estructura organizativa que en el futuro siguiera trabajando por los objetivos acordados. El nombre de la nueva organización daba cuenta del principal, pues se llamó Comité Internacional de Mujeres por una Paz Permanente. Sería en 1919, al acabar la guerra, en el segundo congreso celebrado en Zurich, cuando la organización que nació en La Haya pasaría a llamarse Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF en sus siglas en inglés)[10].

Para cumplir lo acordado, dos delegaciones del congreso recorrieron Europa, visitando tanto los países neutrales como los beligerantes, de modo que estas mujeres que no podían votar, en la práctica ejercieron de embajadoras de la paz, siendo recibidas y escuchadas por los líderes de catorce capitales, Primeros Ministros y Ministros de Asuntos Exteriores, entre ellos, el Rey de Noruega, el Papa y el Presidente de los EEUU. Jane Addams, Emily G. Balch y Alice Hamilton, que habían formado parte de las delegaciones a los gobiernos, escribieron una crónica de estas visitas[11]. El informe de las delegaciones fue más optimista de lo que la realidad posterior mostró. [12] La influencia que tuvieron las mujeres de La Haya, por otra parte difícil de calibrar, no llegaría de manera inmediata.  Su apuesta más decisiva para terminar con la guerra, la puesta en marcha de una mediación inmediata -que ellas proponían que fuera llevada a cabo mediante una diplomacia no convencional, involucrando a personas de prestigio con experiencia internacional: científicos, economistas e intelectuales de las letras y las artes- no llegaría a realizarse: los países neutrales, que tendrían que haber organizado la Conferencia, no llegaron a convocarla.

Entre julio y diciembre de 2015, con el ánimo de empujarle a que liderara la mediación, Jane Addams visitó a Woodrow Wilson hasta seis veces. No consiguió su propósito. Pero estas entrevistas, en las que conversaron no sólo sobre la mediación sino del resto de acuerdos de La Haya, dejaron un poso en el presidente. Nueve de sus famosos catorce puntos fueron tomados de las resoluciones del congreso internacional de mujeres. También la creación de la Liga de las Naciones supuso avanzar en la línea de construir un entramado legal internacional que permitiera resolver de otro modo las disputas entre países.

El informe final del Congreso de La Haya incluía las intervenciones de las madres fundadoras, el relato del desarrollo y las resoluciones consensuadas, el nombre de todas las delegadas participantes, así como las adhesiones enviadas por organizaciones de todo el mundo. Fue redactado en los tres idiomas oficiales y por deseo de las congresistas se envió a los gobiernos de los países europeos que se posicionaron contra la guerra y a favor de la reconstrucción de Europa, así como a las bibliotecas de los Estados Unidos de América y Europa, por lo que tuvo repercusión mediática internacional.

 Tomado del articulo de Carmen Magallón (2014) “Una voz disidente en la I Guerra Mundial: el Congreso de La Haya y WILPF”, Mientras tanto, Nº. 122-123, pp. 57-71.

[8]La versión original, en inglés, de estas resoluciones puede leerse en la página de WILPF Internacional: http://www.wilpfinternational.org/wp-content/uploads/2012/08/WILPF_triennial_congress_1915.pdf

[9] Esta resolución es precursora de la que muchos años después, en el 2000, aprobaría el Consejo de Seguridad: la resolución 1325 sobre Mujeres, paz y seguridad, una importante herramienta para potenciar la voz de las mujeres en los procesos y negociaciones de paz.

[10] Sobre la historia de WILPF: Gertrude Bussey and Margaret Tims (1980) Pioneers for Peace. Women’s International League for Peace and Freedom 1915-1965, Oxford, Alden Press; y Catherine Foster (1989) Women for All Seasons: The Story of the Women's International League for Peace and Freedom, Athens, The University of Georgia Press.

[11]Jane Addams, Emily G. Balch & Alice Hamilton (1915) Women at The Hague. The International Congress of Women and Its Results (Introduction by Harriet Hyman Alonso). Urbana and Chicago, University of Illinois Press, 2003;.

[12] El comunicado oficial de las delegadas, tras sus visitas, “Manifesto issued by Envoys of the International Congress of Women at The Hague to Governments of Europe and the President of the Unites States”, puede leerse en Bussey and Tims, Op. Cit., pp .22-24

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