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viernes, 9 de noviembre de 2018

Incorporación de la perspectiva de género en la paz y la seguridad 6/13





1.          Los análisis realizados en entornos afectados por conflictos que carecen de una perspectiva de género son parciales y pueden dar lugar a un diagnóstico y una planificación equivocados, lo que a su vez puede tener repercusiones perjudiciales y duraderas para el conjunto de la sociedad. Incorporar una perspectiva de género en todas las políticas y los programas del sistema es un compromiso de larga data de las Naciones Unidas y exige a sus entidades asegurarse de que todas las actuaciones previstas incluyan evaluaciones específicas de las consecuencias para las mujeres y las niñas. Con ello se consigue que las mujeres y las niñas sean no solo beneficiarias por igual de la labor de las Naciones Unidas, sino también asociadas en pie de igualdad. Un análisis con perspectiva de género exige de nosotros que pongamos en tela de juicio y desenmascaremos la desigual dinámica de poder que pone de relieve las experiencias reales que viven las mujeres y las niñas, y la naturaleza específicamente de género de las diversas formas de discriminación, violencia y abuso.
2.          Desde el último año, las Naciones Unidas han reforzado su labor encaminada a ofrecer un análisis conjunto de los conflictos y las situaciones de crisis que sirva de base a los instrumentos de planificación estratégica, y yo personalmente he seguido pidiendo que se apliquen perspectivas de género en los debates de mi Comité Ejecutivo. Durante el período sobre el que se informa, con el liderazgo del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz y de ONU-Mujeres, se puso en marcha con carácter experimental una iniciativa conjunta sobre análisis de conflictos con perspectiva de género en contextos de transición. En los tres proyectos piloto iniciados en el primer semestre de 2018 —en Liberia, Haití y Darfur— todas las entidades participantes de las Naciones Unidas que operan en toda la gama de operaciones de mantenimiento de la paz realizaron un análisis conjunto con el fin de determinar opciones de planificación y resultados estratégicos para los procesos de transición, reducción de efectivos y parámetros conexos. Los resultados iniciales confirman que la capacidad de la Organización para realizar análisis de los conflictos con perspectiva de género ha sido desigual y escasa. Las principales enseñanzas extraídas incluyeron, en primer lugar, la necesidad de lograr que la igualdad entre los géneros y las prioridades en relación con la cuestión de las mujeres y la paz y la seguridad sean incorporadas al conjunto de procesos de análisis de los conflictos, y no se realicen como un proceso separado o paralelo; y, en segundo lugar, que la calidad de estos procesos depende directamente del grado de inclusión y participación de diversos asociados y beneficiarios, incluidas las organizaciones de mujeres y sus representantes.
3.          Un ejemplo reciente de análisis de conflictos con perspectiva de género por las Naciones Unidas, realizado por conducto de la misión de mantenimiento de la paz en la República Centroafricana, puso de manifiesto una amplia gama de cuestiones relacionadas con los derechos humanos y el empoderamiento de la mujer que son un obstáculo para la paz sostenible, entre ellas la marginación política como una de las causas fundamentales, el riesgo de quedar sin techo que corren las mujeres cuyos maridos las abandonaron o perdieron la vida durante el conflicto, el rechazo de las reclamaciones formuladas por viudas en materia de herencia de tierras, el creciente número de hogares encabezados por mujeres y la importancia de las organizaciones de mujeres como agentes de mediación en el nivel de la comunidad.
4.          La ejecución efectiva de los mandatos de la Organización en materia de paz y seguridad requiere inversiones en apoyo técnico específico de nivel superior y los necesarios conocimientos especializados en materia de género en todo el sistema. Como parte de mi propio compromiso, dentro de la Oficina Ejecutiva del Secretario General, he confiado a mi Asesora Especial sobre Políticas la orientación de nuestras iniciativas en materia de género y el programa relativo a las mujeres y la paz y la seguridad. Me preocupan los continuos recortes y la reclasificación a la baja de los ya limitados puestos de género dedicados a aportar esos conocimientos técnicos y servicios de asesoramiento, en particular en las misiones y en contextos frágiles, y pediré a mi personal directivo superior que también dé prioridad a este tipo de competencias especializadas.
5.          Para apoyar los esfuerzos de la Organización por promover la igualdad entre los géneros en las operaciones de paz, el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, el Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno y el Departamento de Asuntos Políticos siguen trabajando para mejorar la disponibilidad de asesores y expertos en cuestiones de género. Ello incluye las dependencias de género en la Sede y las misiones sobre el terreno, así como una red de coordinadores de cuestiones de género en todas las entidades que asumen responsabilidades a tiempo parcial relacionadas con el género y con la cuestión de las mujeres y la paz y la seguridad. En 2017, el Departamento de Asuntos Políticos contaba con un total de 25 asesores de género desplegados en 12 misiones sobre el terreno u oficinas de enviados especiales[1]. De ellos, 4 (el 16%) estaban en el nivel superior (P-5 y categorías superiores), 7 en la categoría P-4 (el 28%), y más de la mitad (el 56%) eran P-3 o categorías inferiores[2]. En cuanto al Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, de 15 misiones de mantenimiento de la paz 9 tienen dependencias de género, aunque solo 4 incluyen asesores superiores de género conforme a la recomendación de los exámenes de la paz y la seguridad de 2015. Además, hay 53 asesores y funcionarios de género en esas dependencias. También hay 12 agentes de policía que asesoran en cuestiones de género y violencia sexual y de género; 18 militares asesores en cuestiones de género y de protección; 2 equipos de la Policía de las Naciones Unidas especializados en violencia sexual y de género, desplegados en Haití y Sudán del Sur; y 21 asesores de protección de la mujer desplegados en 7 misiones (véase S/2018/250, párr. 4).

6.          Más allá de las operaciones de mantenimiento de la paz, distintos miembros de los equipos de las Naciones Unidas en los países y, en particular, ONU-Mujeres, siguieron prestando apoyo específico para el cumplimiento de los compromisos relativos a las mujeres y la paz y la seguridad. ONU-Mujeres mantuvo una presencia en un total de 82 países, entre ellos 28 países en situaciones de conflicto y posteriores a conflictos[3], y siguió llevando a cabo una serie de iniciativas de paz, seguridad y acción humanitaria en 65 países.
7.          Nuestro análisis también debe ir más allá de los factores que generan conflictos e incluir los factores que promueven la paz y la estabilidad. Un análisis de los conflictos y la paz de carácter inclusivo y con perspectiva de género debe desempeñar un papel esencial en la determinación de las capacidades y funciones nacionales y locales existentes en materia de políticas públicas inclusivas, consolidación de la paz, desarrollo y acuerdos de paz y seguridad, y contribuir a sentar las bases para la estabilidad y la paz duradera. Sobre la base de la iniciativa experimental, aliento a que se adopten requisitos mínimos para que el sistema de las Naciones Unidas realice de manera sistemática análisis políticos y de conflictos que sean de calidad, específicos de cada contexto e inclusivos, y que sitúen en el centro de sus actividades las prioridades en materia de género. Aliento a todas las entidades a que se sumen a esta iniciativa experimental, y a que integren un análisis de género de calidad en sus propias iniciativas en este ámbito como requisito mínimo en todas las etapas de la planificación y la ejecución.



      [1] En el presente informe, solo se ha recibido información sobre las misiones políticas especiales con una dotación de personal mínima de diez funcionarios de categoría profesional. De las 17 misiones, 3 carecían de asesores en cuestiones de género a tiempo completo en 2017: la Oficina del Coordinador Especial de las Naciones Unidas para el Proceso de Paz del Oriente Medio, el Centro Regional de las Naciones Unidas para la Diplomacia Preventiva en Asia Central y la Oficina del Asesor Especial del Secretario General sobre Chipre.
      [2] Cuatro funcionarios de categoría P-3, tres funcionarios de categoría P-2, y los siete restantes en las categorías P-1 o G.
      [3] A los efectos del presente informe, esto incluye los temas que se hallan actualmente sometidos al Consejo de Seguridad y que fueron examinados por el Consejo en una sesión oficial durante el período comprendido entre el 1 de enero de 2017 y el 31 de diciembre de 2017; los países con operaciones de mantenimiento de la paz o misiones políticas especiales en 2017, y los países que recibieron fondos programáticos del Fondo para la Consolidación de la Paz en 2017.

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jueves, 8 de noviembre de 2018

Poner fin a la explotación y los abusos sexuales, y al acoso sexual 5/13




15.          Sigo empeñado en poner fin a todas las formas de explotación y de abuso sexual dentro de la Organización. En mi informe más reciente sobre las medidas especiales de protección contra la explotación y los abusos sexuales (A/72/751 y A/72/751/Corr.1) figura un resumen general de las medidas adoptadas por la Organización y datos sobre las denuncias e investigaciones realizadas. En 2017 se formularon 62 denuncias contra funcionarios desplegados en 10 operaciones de mantenimiento de la paz y una misión política especial[1]. Además, hubo 75 denuncias comunicadas por el personal desplegado por otras entidades de las Naciones Unidas, y una denuncia se refería a un miembro de una fuerza internacional no perteneciente a las Naciones Unidas que operaba bajo un mandato del Consejo de Seguridad.
16.          Junto con mi Coordinadora Especial para Mejorar la Respuesta de las Naciones Unidas a la Explotación y los Abusos Sexuales, la Defensora de los Derechos de las Víctimas, y los Estados Miembros, seguiré actuando en múltiples niveles, adoptando todas las medidas apropiadas para prevenir y responder a la explotación y los abusos sexuales y defender los derechos de las víctimas. A fin de fomentar un entorno de trabajo seguro e inclusivo, también he dado prioridad a la lucha contra el acoso sexual y, junto con el personal directivo superior, me he comprometido a adoptar un criterio de tolerancia cero en los casos de acoso[2].
17.          Exhorto a los Estados Miembros a que apoyen nuestras iniciativas encaminadas a abordar las causas fundamentales y los factores de riesgo, incluida la adopción de medidas para poner fin a las culturas de la impunidad, el abuso de poder y la desigualdad entre los géneros. También reitero mi llamamiento a los Estados Miembros para que procedan al despliegue rápido de oficiales de investigación nacionales con conocimientos especializados apropiados para examinar las denuncias, velen por que las investigaciones se ajusten a las normas internacionales, convengan en realizar investigaciones conjuntas con las Naciones Unidas, enjuicien a los presuntos autores cuando haya pruebas verosímiles, y sancionen a los autores de acuerdo con la gravedad del delito. Además, exhorto a los Estados Miembros a que garanticen la seguridad, la dignidad y el bienestar de las víctimas y les ofrezcan reparación.



      [1] Los pormenores de cada denuncia pueden consultarse en https://conduct.unmissions.org/.
      [2] Nota a los corresponsales sobre la reciente reunión de la Junta de los Jefes Ejecutivos (Nueva York, 4 de mayo de 2018).

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miércoles, 7 de noviembre de 2018

La paridad de género en la paz y la seguridad 4/13




9.          La representación de la mujer en las iniciativas de paz y seguridad es una medida esencial de los compromisos relativos a la cuestión de las mujeres y la paz y la seguridad, en particular la representación y la participación significativa de las mujeres en las operaciones de paz. Hace un año puse en marcha mi estrategia de paridad de género en todo el sistema, con especial hincapié en las operaciones de paz. Es en esos contextos donde la representación de mujeres es particularmente baja, los cambios son más lentos y los posibles efectos en nuestra eficacia y credibilidad siguen siendo decisivos. Me complace informar de que se han hecho progresos en los niveles superiores[1]. Este año se alcanzó la paridad de género en el Grupo Superior de Gestión[2] y entre nuestros Coordinadores Residentes. Estos avances se han realizado al mismo tiempo que se cuestionaban las percepciones respecto de los papeles tradicionales de la mujer. En marzo de 2018, nombré a la primera jefa del Departamento de Asuntos Políticos, y al mes de septiembre de 2018, las mujeres representaban el 41% de los jefes y jefes adjuntos de las misiones dirigidas o codirigidas por el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz y el Departamento de Asuntos Políticos. En la categoría D-2, el número de mujeres pasó del 17% al 24% en el último año.
10.          Estoy decidido a combatir la falta de avances en el nombramiento de mujeres para funciones relacionadas con la mediación y los buenos oficios. Recientemente he nombrado a mujeres para varios puestos, como mi Enviada Especial para Myanmar, la Representante de las Naciones Unidas en las Deliberaciones Internacionales de Ginebra, y la consultora especial temporal sobre Chipre. Estos progresos ponen de manifiesto que hay mujeres disponibles para puestos de liderazgo y que es posible lograr rápidamente una mejor representación de las mujeres mediante un auténtico compromiso y voluntad política.
11.          Sin embargo, la realidad de nuestras operaciones de paz es que el número de mujeres en todos los niveles se ha estancado, y hay riesgo de que disminuya en los próximos años habida cuenta de la inminente reducción de personal en varias misiones. En la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en el Afganistán, por ejemplo, en diciembre de 2017 las mujeres representaban apenas el 32% del personal de contratación internacional, el 38% de los Voluntarios de las Naciones Unidas, el 11% de los funcionarios nacionales del cuadro orgánico y el 7% del personal de contratación local (véase A/72/888-S/2018/539, párr. 54). En respuesta a esta situación, la Misión ha adoptado medidas especiales para hacer frente a los obstáculos que enfrentan las mujeres en la contratación nacional reduciendo el número de años de experiencia exigidos por categoría respecto de los tres años anteriores. Acojo favorablemente la adopción de esas medidas. Ante los problemas planteados, he pedido a mi personal directivo superior que establezca de inmediato un grupo de trabajo sobre medidas de emergencia para la aplicación de la estrategia de paridad de género en las operaciones de paz. Se trata de una emergencia que afecta a la credibilidad y la eficacia de las Naciones Unidas y exige la adopción de medidas enérgicas. Espero contar con el apoyo de nuestros Estados Miembros mientras hacemos frente a este desafío.
12.          El personal de las operaciones de mantenimiento de la paz y el personal uniformado siguen siendo los representantes más visibles de las Naciones Unidas, pues trabajan directamente con las comunidades cada día. Aunque ha aumentado el número de mujeres desplegadas como comandantes de contingentes y varias misiones tienen ahora redes de mujeres policías y militares de mantenimiento de la paz, así como asesores de género para el personal militar y de policía, las cifras globales siguen siendo persistente e inaceptablemente bajas: la representación de mujeres entre los efectivos militares y agentes de policía era del 4% y el 10%, respectivamente, en diciembre de 2017. En julio de 2018, 3 de 16 (el 19%) componentes de policía tenían jefas[3] y solo había una comandante de la fuerza militar[4]. Iniciativas específicas, como el curso dirigido por la Policía de las Naciones Unidas para mujeres oficiales superiores de policía con el objetivo de aumentar la participación de mujeres en altos cargos policiales en operaciones de mantenimiento de la paz y misiones políticas especiales de las Naciones Unidas, así como el curso de capacitación de mujeres oficiales militares, dirigido por la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU-Mujeres) siguen siendo mecanismos importantes para mejorar esas cifras. Acojo con beneplácito el liderazgo innovador de la Iniciativa Elsie del Gobierno del Canadá para acelerar nuestros esfuerzos en relación con la participación significativa de la mujer en las operaciones de paz, incluso incentivando un mayor número de despliegues de conformidad con la resolución 2242 (2015) del Consejo de Seguridad. Las Naciones Unidas esperan con interés colaborar en esta iniciativa, en particular por medio del nuevo fondo fiduciario de asociados múltiples que se acaba de establecer.
14.          El logro de la paridad entre los géneros también requiere esfuerzos que van más allá de las cifras para transformar la cultura institucional y profesional de la discriminación y los prejuicios de género en todas sus formas, incluidas las políticas y prácticas institucionalizadas y los sesgos tanto conscientes como inconscientes en el plano individual[5]. Debemos actuar de forma holística y basarnos en las pruebas[6] para hacer frente a las prácticas de exclusión más evidentes, así como a las prácticas que debilitan silenciosamente a las mujeres que ocupan cargos en todos los niveles y que contribuyen a crear condiciones propicias para el acoso sexual, la explotación y el abuso sexuales, y otros abusos de autoridad. Estoy convencido de que, mediante enfoques integrales de la paridad de género, directrices claras para todos los altos dirigentes y personal para que actúen como defensores de la igualdad entre los géneros, y los correspondientes cambios en la incorporación de la perspectiva de género que se describen a continuación, las Naciones Unidas estarán en mejores condiciones de ayudar a los Estados Miembros a cumplir sus compromisos en relación con la cuestión de las mujeres y la paz y la seguridad, y lograrán transformar las arraigadas relaciones de poder en función del género y la cultura institucional de la Organización.



      [1] Véase www.un.org/gender/.
      [2] En la actualidad, 26 de los 45 miembros son mujeres.
      [3] Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur, Fuerza Provisional de Seguridad de las Naciones Unidas para Abyei y Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre.
      [4] Organismo de las Naciones Unidas para la Vigilancia de la Tregua.
      [5] Estrategia para todo el sistema sobre la paridad de género (2017), págs. 4, 10, 19 y 25.
      [6] Ibid., pág. 4.

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martes, 6 de noviembre de 2018

Contra las violencias machistas. En Madrid. No te la pierdas !!


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Las mujeres y la paz y la seguridad para la prevención y la paz 3/13




7.          Una parte de la prioridad que asigno a la prevención consiste en situar la igualdad entre los géneros y la participación significativa de las mujeres en el centro de todas las iniciativas dirigidas a prevenir los conflictos y sostener la paz. Las investigaciones siguen demostrando que existe una relación directa entre la igualdad de género, por una parte, y la resiliencia ante los conflictos y la prevención de estos, por otra (véase S/2017/861, párr. 1). La violencia contra la mujer puede no solo servir como señal de alerta temprana respecto de la violencia[1], sino que también puede indicar la probabilidad de que se cumplan obligaciones jurídicas internacionales más amplias; los mayores niveles de violencia contra las mujeres van asociados a un menor grado de cumplimiento[2]. Además, los países donde el respeto de las normas de derechos humanos, incluida la igualdad de género, es menos riguroso, tienen más probabilidades de padecer conflictos interestatales militarizados y violentos[3].
8.          Casi dos decenios de aplicación del programa sobre las mujeres y la paz y la seguridad han dado lugar a gran cantidad de políticas y opciones de programación que contribuyen de forma directa a la prevención de conflictos y crisis. Sin embargo, en la etapa actual, esas iniciativas requieren un apoyo político y una financiación mayores, innovadores y sostenidos. También requieren la aplicación de las recomendaciones pertinentes de los exámenes de la situación de la paz y la seguridad de 2015. Estoy seguro de que si los Estados Miembros y las Naciones Unidas pueden estar a la altura de la tarea y realmente cumplir los compromisos en materia de mujeres y paz y seguridad, hay un enorme potencial para la paz.



      [1] Thomas Graham Jr. y otros, “Putting women in their place,” Baker Center Journal of Applied Public Policy, vol. I, núm. 1 (2007); y Naciones Unidas y Banco Mundial, Pathways for Peace, pág. 116.
      [2] Valerie Hudson y otros, Sex and World Peace (Nueva York, Columbia University Press, 2012); y Naciones Unidas y Banco Mundial, Pathways for Peace, pág. 116.
      [3] Siân Herbert, “Links between gender-based violence and outbreaks of violent conflict” (Birmingham, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Centro de Investigaciones sobre la Gobernanza y el Desarrollo Social de la Universidad de Birmingham, 2014).


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lunes, 5 de noviembre de 2018

Seguimiento de los tres exámenes de la situación de la paz y la seguridad 2/13




4.          Durante el último año, la comunidad internacional siguió enfrentándose a un mundo en el que la violencia, la desigualdad y la injusticia impiden la paz. La cantidad de países afectados por algún tipo de conflicto violento fue mayor que en ningún otro momento de los últimos 30 años[1]. Por quinto año consecutivo, las guerras, la violencia y la persecución impulsaron los desplazamientos forzados en todo el mundo hasta un nuevo máximo: 68,5 millones de personas desplazadas a finales de 2017[2].
5.          Incluso en los lugares donde los impresionantes avances en pro de la paz han ido acompañados de los consiguientes e impresionantes esfuerzos e inversiones en igualdad de género, se han producido brotes de violencia de género nuevos y específicos, favorecidos por la erosión de la gobernanza, la seguridad y los sistemas de apoyo social, y por la división tanto de los fondos como de la atención política y de los medios de comunicación. Por ejemplo, en Colombia, donde el acuerdo de paz de 2016 y sus actividades de seguimiento sirven de inspiración por medio de un firme discurso de igualdad de género y la participación de las organizaciones de la sociedad civil de mujeres, las amenazas contra los defensores de los derechos humanos, que han llegado al asesinato, han aumentado desde entonces[3], al igual que el número de nuevos grupos armados y de casos de feminicidio. Al mismo tiempo, las crisis y los conflictos congelados y prolongados siguen requiriendo nuestra atención y nuestro compromiso sostenidos. En la República Democrática del Congo, por ejemplo, donde siguen existiendo persistentes y complejas crisis humanitarias y de paz y seguridad, la ayuda proveniente de los países pertenecientes al Comité de Asistencia para el Desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) para promover la igualdad de género fue de apenas ocho dólares de los EE. UU. per cápita[4]. Las Naciones Unidas también han documentado más de 800 casos de violencia sexual relacionada con conflictos durante 2017, lo que supone un aumento del 56% desde 2016 (véase S/2018/250).


6.          Sigo preocupado por la falta de avance en la mayoría de los compromisos más fundamentales en relación con la paz y la seguridad, los derechos humanos y la igualdad entre los géneros. La búsqueda de enfoques sostenibles respecto de los problemas señalados en el presente informe exigirá nuestra creatividad y nuestro compromiso a largo plazo con el propósito de no limitarnos a los enfoques basados en proyectos puntuales en la cuestión de las mujeres y la paz y la seguridad, a fin de lograr cambios estructurales y en el nivel del sistema. Como prefacio del informe, destacaré cuatro esferas clave, a las que he dado y seguiré dando prioridad.




      [1] Naciones Unidas y Banco Mundial, Pathways for Peace: Inclusive Approaches to Preventing Violent Conflict (Washington D.C., Banco Mundial, 2018), pág. 12.
      [2] Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Global Trends: Forced Displacement in 2017 (Ginebra, 2018).
      [3] En Colombia, en agosto de 2018, 14 defensoras de los derechos humanos y defensores de los derechos de la mujer habían sido asesinados; 3 de las víctimas pertenecían a la comunidad de personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales.
      [4] Comité de Asistencia para el Desarrollo de la OCDE, datos correspondientes a 2012-2013.

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domingo, 4 de noviembre de 2018

Informe del Secretario General sobre las mujeres y la paz y la seguridad 1/13



I. Introducción


1.          Este informe se presenta de conformidad con lo dispuesto en la declaración de la Presidencia de fecha 26 de octubre de 2010 (S/PRST/2010/22), en la que el Consejo de Seguridad solicitó que se le presentaran informes anuales sobre la aplicación de la resolución 1325 (2000) y la resolución 2122 (2013), en la que el Consejo solicitó información actualizada sobre el progreso, los retos y las deficiencias en todos los aspectos de la agenda sobre las mujeres y la paz y la seguridad. Sin dejar de destacar los notables logros y tendencias observados a lo largo del año pasado, en el informe se da cuenta de la persistente falta de cumplimiento de los compromisos fundamentales y se señalan los aspectos estancados o en retroceso. El informe muestra que sigue habiendo importantes dificultades para que las mujeres participen de forma efectiva en la solución de conflictos. Seguimos siendo testigos de devastadoras faltas de respeto de las normas internacionales de derechos humanos y el derecho humanitario en los distintos conflictos, en particular en lo que se refiere a las violaciones graves de los derechos humanos de la mujer. En muchos contextos, la justicia, las vías de recurso y la reparación siguen siendo inalcanzables. Las mujeres y las niñas también siguen sin tener acceso a servicios esenciales o a oportunidades de subsistencia, lo que las expone a mayores riesgos y compromete la resiliencia de las comunidades a corto y a largo plazo. Esta situación, junto con las crecientes amenazas contra las defensoras de los derechos humanos y los defensores de los derechos humanos de la mujer, socavan fundamentalmente los esfuerzos mundiales encaminados a prevenir los conflictos y sostener la paz.


2. En 2020, las Naciones Unidas, los Estados Miembros, las organizaciones regionales y la sociedad civil celebrarán el vigésimo aniversario de la aprobación de la resolución 1325 (2000). Los preparativos de este hito, así como el aniversario propiamente dicho, ofrecen importantes oportunidades en las que destacar y evaluar los progresos realizados y revisar las estrategias para obtener resultados antes y después de 2020. Con arreglo a mi compromiso del año pasado (véase S/2017/861), y en preparación para 2020, en el presente informe se presta atención especial a la participación y la representación efectivas de las mujeres en los procesos de paz y la aplicación de los acuerdos de paz. Se ofrecen detalles sobre las tendencias, las buenas prácticas y las dificultades en este ámbito y se ofrecen recomendaciones para hacer frente a la persistente falta de representación adecuada de la mujer en las iniciativas encaminadas a resolver conflictos. A continuación, el informe presenta información actualizada y sobre los progresos realizados en los distintos indicadores relativos a las mujeres y la paz y la seguridad, así como las recomendaciones de los tres exámenes de la situación de la paz y la seguridad de 2015, incluidos el estudio mundial sobre la aplicación de la resolución 1325 (2000)  y la resolución 2242 (2015) del Consejo de Seguridad. 



3. El informe se basa en los datos y análisis proporcionados por entidades del sistema de las Naciones Unidas, entre ellas las operaciones de paz y los equipos en los países; en las contribuciones de Estados Miembros, organizaciones regionales y la sociedad civil, y en análisis de otras fuentes de datos reconocidas a nivel mundial. 


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sábado, 3 de noviembre de 2018

RECOMENDACIONES


 • Llevar a cabo evaluaciones de los riesgos de género que tengan en cuenta el contexto específico, y analizar los factores de exclusión y desventaja de las mujeres en los actuales regímenes de protección social
Definir el acceso a las obras públicas como un derecho individual para garantizar que las mujeres puedan beneficiarse de esas oportunidades
Crear, con base en los programas selectivos, otros de carácter universal. Estos últimos tienen mayores probabilidades de evitar las exclusiones erróneas y el estigma, sobre todo para las mujeres pertenecientes a grupos pobres y marginados
Evitar condicionar las transferencias monetarias a factores que vengan a sumarse a la carga que supone para las mujeres el cuidado no remunerado, e integrar elementos sensibles al género, como guarderías, en los programas de obras públicas
 • Estudiar la posibilidad de recurrir a medidas afirmativas para promover los derechos de las mujeres y las niñas a través de la introducción de cuotas en los programas de obras públicas y de transferencias que incentiven a las niñas a asistir a la escuela secundaria
 • Fomentar el empoderamiento de las mujeres, vinculando para ello los programas de transferencias monetarias a servicios como la formación profesional, el cuidado infantil y la asistencia a las sobrevivientes de la violencia doméstica
Garantizar la aplicación de medidas con perspectiva de género a través de mecanismos eficaces de supervisión y reclamación, incluidas auditorías sociales con participación de organizaciones de mujeres
Abandonar los enfoques reduccionistas sobre la protección social, integrando para ello las transferencias básicas en un paquete de políticas sociales y económicas más amplio dirigido a crear más y mejores puestos de trabajo para las mujeres y a reducir y redistribuir el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado
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viernes, 2 de noviembre de 2018

LAS ORGANIZACIONES DE MUJERES RECIBIMOS CON CAUTELA LA DECISIÓN DEL MINISTERIO DE TRABAJO DE DEJAR EN MANOS DE LA FISCALÍA LA IMPUGNACIÓN DE LOS ESTATUTOS DEL SINDICATO DE PROXENETAS





La Comisión de Investigación de Malos Tratos a Mujeres y la Plataforma 8 de Marzo de Sevilla, integrantes de la Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres por la Abolición de la prostitución hemos recibido con cautela la noticia del Ministerio de Trabajo en la que expresa su voluntad de que los Estatutos del Sindicato “Otras” sean impugnados por la Fiscalía General del Estado.

En el transcurso de estos casi tres meses, es decir, desde que el pasado 4 de agosto se publicara la inscripción del sindicato OTRAS, el Ministerio se ha caracterizado por una gestión errática, variando la versión cada vez que se le ha interpelado al respecto, y ahora deja la responsabilidad en la Fiscalía General del Estado,

Esperamos, que la voluntad expresada en este momento sea la definitiva y que la Fiscalía esté en sintonía y se adhiera a la petición de impugnación y nulidad de los Estatutos, realizada por el movimiento feminista.

Las organizaciones de mujeres hemos desplegado, en estos meses, todos los esfuerzos posibles para parar lo que es un atropello a la dignidad, a la igualdad  y a los derechos humanos de las mujeres; por ello hemos presentado tanto la nulidad de pleno derecho en vía administrativa, como la correspondiente demanda ante la Audiencia Nacional.

Todo ello ha supuesto una inversión de recursos y esfuerzos, que se hubieran podido evitar si se hubiera actuado con diligencia desde el Ministerio y el Gobierno.

30 de octubre  de 2018



DECLARACIONES PRENSA

P. OOMM por la Abolición de la Prostitución –

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jueves, 1 de noviembre de 2018

Promoción de un cambio transformador y duradero para las mujeres



Pese a que la integración del género en los programas clave de protección social puede ser de gran ayuda, para que el cambio sea realmente transformador y duradero se necesitan políticas que aborden de forma integral el bienestar y la seguridad de los ingresos de las mujeres. Además, los pisos mínimos de protección social resultan particularmente eficaces cuando forman parte de un paquete de políticas más amplio y orientado al desarrollo sostenible e igualitario desde el punto de vista del género. La importancia de mejorar la incorporación de la perspectiva de género a los pisos mínimos de protección social no debería ocultar el hecho de que el empleo remunerado sigue constituyendo la principal fuente de ingresos para la mayoría de las personas adultas en edad activa y para la familia. Dado que la responsabilidad del cuidado y el trabajo doméstico no remunerados recae de manera desproporcionada en las mujeres y esto limita sus posibilidades de empleo remunerado, resulta crucial reducir y redistribuir esas funciones a través de inversiones en paralelo en infraestructuras y servicios que permitan ahorrar tiempo, como cuidado infantil e infraestructuras de transporte, abastecimiento de agua y saneamiento. Además de los esfuerzos destinados a crear más y mejores puestos de trabajo para las mujeres, esas inversiones pueden contribuir a derribar una de las principales barreras para la seguridad de sus ingresos y a mejorar los niveles globales de bienestar, mediante el incremento del tiempo del que disponen y una menor exposición a la carga de trabajo no remunerado.

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