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martes, 9 de julio de 2024

La dura vida femenina en las alturas de México

 


Cursaba el sexto año de primaria cuando un día la maestra Blanca nos leyó una historia, se trataba de personas que vivían en lo alto de las montañas a veces llenas de verdor y en el invierno cubiertas de blanca nieve, oí por primera vez de familias de mujeres y niñas que se reunían para caminar y subir juntas hasta el manantial del que traían agua a sus chozas, lo mismo se juntaban para bajar al río a lavar la ropa y bañarse.

En mi mente de hija única y solitaria niña de ciudad, aquel relato lleno de abuelas madres hijas hermanas tías primas y amigas me fascinó, pareciéndome algo realmente romántico femenino y mágico. Por supuesto nada más alejado de la triste y dura realidad que viven cada día las mujeres y las niñas en las montañas de cualquier parte del mundo.

Aunque es verdad que a esas alturas y en posición de pobreza la vida tampoco es fácil para hombres y niños, sin embargo, es innegable que para ellas física, biológica y culturalmente el grado de dificultad y sufrimiento que padecen en su condición de mujeres, es enormemente mayor que el de ellos.

Para empezar, nos encontramos con el hecho de que en esos inhóspitos lugares , el agua no abunda y la que hay no es de fácil acceso, lo que representa un grave problema para la privacidad y la higiene femenina especialmente durante el periodo menstrual, el embarazo, el alumbramiento y las semanas posteriores al parto.

En relación a esto, de acuerdo con informes de la Organización de las Naciones Unidas y del Banco Mundial, en 6 de cada 10 países más del 75% de las mujeres no tiene acceso a agua y jabón, mientras que 500 millones de mujeres en todo el mundo  no cuentan con un baño dentro del sitio en el que viven.

Y es aquí en donde empezamos a hablar de estructuras patriarcales, machismo y desigualdad, de violación de derechos humanos, de derechos sociales y de derechos de las mujeres y niñas. 

A menudo, por no decir siempre, las tradiciones, usos y costumbres de los pueblos originarios van de la mano con la violencia de género.  “Es peor en la montaña, en las zonas rurales y en las marginales donde mujeres y niñas somos maltratadas también por ser indígenas y pobres”, fue el comentario que me hizo el viernes pasado la artesana Azucena Ramírez perteneciente al pueblo purépecha de Michoacán, México.

Una muestra más esclarecedora del uso y abuso de ciertas herencias culturales, es la situación en las montañas de Guerrero México, pobladas de comunidades indígenas predominantemente pobres y carentes de agua potable, en las que es tradición que las mujeres sin importar su edad ni estado de salud, sean las que provean de agua a sus familias realizando para esto peligrosas y agotadoras caminatas de hasta tres o cuatro horas, cargando en las manos o en la espalda pesadas cubetas, de ahí que se den frecuentes abortos espontáneos a consecuencia de este esfuerzo y de lass constantes caídas que sufren.

El abuso sexual en la infancia y/o adolescencia, la prohibición para estudiar, matrimonio infantil, embarazo obligado, violencia conyugal e institucional, falta de atención médica son sólo algunas formas más de las violencias de que son víctimas estas mujeres, pero también cuando por necesidad de trabajo, por voluntad propia o ajena bajan de lo alto de la montaña migrando hacia algún pueblo o ciudad.

Cabe mencionar que en el Estado de Guerrero, el 68.8% de las mujeres ha sufrido violencia psicológica, física, sexual, económica o patrimonial, reporta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). A lo que se le suma que en el 2023 en este estado los feminicidios se incrementaron un 33%,  además de que continúan las desapariciones y la venta de niñas y mujeres indígenas.

Estas luchadoras de la vida no sólo recorren cada día a pie enormes distancias en busca de agua y muchas en busca de trabajo, sino también tienen que trasladarse a lugares lejanos cuando precisan de un médico, así como para poder denunciar los abusos de que son objeto ya que únicamente en 8 de los 85 municipios de Guerrero existen unidades de atención a la violencia de género. Las mujeres víctimas buscan justicia, pero el 99% de los casos no son investigados y los culpables no reciben nunca ninguna sentencia.

Mirando hacia el norte de México nos encontramos con nuestras hermanas que viven en la Sierra de Chihuahua, y nadie mejor para hablarnos de ellas que la periodista, activista por los derechos humanos y feminista mexicana Abril de la Fuente que no sólo las conoce de cerca, sino que les da asesoría y acompañamiento en diferentes procesos legales, ante las instituciones que constantemente ignoran sus demandas.

“En la Sierra de Chihuahua viven mujeres de grupos originarios rarámuri, odami, warijio y o'oba, así como mujeres mestizas. Para todas la vida aquí es complicada, algunas viven en pueblos o ciudades, otras en lo más intrincado de la Sierra” me comienza diciendo Abril en una entrevista reciente . Y continúa…”Para las mujeres serranas la vida es dura, las mujeres mestizas que lograron  estudios viven en condiciones más favorables que las que no tuvieron la oportunidad de estudiar”. (Esta activista ha promovido diversos programas educativos para ellas, motivándolas siempre a continuar estudiando).

Cuando le pregunté por los tipos de violencias que sufren estas mujeres y niñas indígenas, su respuesta sonó cargada de dolor cuando por mencionar a algunas habló de las mujeres  rarámuri, de esas niñas que en su mayoría no asisten a la escuela y desde temprana edad trabajan en el campo,

Igualmente hizo mención de la enorme violencia intrafamiliar que diariamente sufren las esposas al interior de su casa siendo golpeadas por sus maridos (terminando muchas de ellas asesinadas junto con sus hijos), y de la forma en que son rechazadas por el ministerio público cuando acuden a denunciar los delitos de que son víctimas.

Otra violencia a la que esta periodista y activista le pone luz y de la que poco y nada se habla es la práctica incestuosa:

“En las comunidades indígenas se da mucho el incesto, infinidad de niñas son violadas por sus hermanos, tíos o primos”…”Es muy común que haya hijas embarazadas de sus propios padres o abuelos, y muchas de ellas pierden la vida por estas prácticas horribles”, dijo y concluyó con tristeza Abril de la Fuente a la que agradezco mucho esta entrevista.

Es demasiado lo que falta por decir de la difícil e inaceptable situación  que viven sobre todo en las alturas las mujeres y niñas indígenas, de igual manera es demasiado lo que falta por hacer a favor de sus derechos  en general, desarrollo y bienestar integral, pero como no existe lo que no se nombra habría que empezar por legalizar el nombre y apellido de cada una de ellas.

No es posible que los gobiernos estatales continúen negándoles el derecho a ser reconocidas y debidamente registradas, como toda persona ciudadana deben contar con su acta de nacimiento y con todas las otras identificaciones oficiales que les permitan existir legalmente, y así poder tener acceso a escuelas, atención médica, programas de ayuda social, empleo, representación jurídica y todo lo demás que les es negado por no tener documentos de identificación.

Es urgente e imprescindible que desde diversas plataformas gubernamentales se trabaje con las mujeres y niñas indígenas víctimas de tanta violencia patriarcal y machista, sin embargo, es necesario ir más allá de la impartición de talleres artísticos y de manualidades, es vital que las registren y escolaricen para que salgan de la invisibilidad, el analfabetismo, la extrema pobreza y el abuso constante en el que viven, necesitan capacitación en oficios que les permita obtener empleos bien remunerados.

Del mismo modo ocupan de mujeres feministas que les hablen de todos sus derechos y de las leyes que las protegen, que les digan que las violencias que viven y sufren cotidianamente no son normales ni son mandato divino, precisan de una paciente pero ininterrumpida enseñanza sobre patriarcado machismo y feminismo, para que puedan ir a su propio paso creando conciencia de su personal situación y desarrollando una mente crítica y por consiguiente con perspectiva de género.

Y por último pero no menos importante, desde el movimiento feminista debemos continuar presionando a gobiernos y  autoridades municipales, para que terminen con el pacto de impunidad que tienen con los hombres que abusan golpean violan venden trafican y asesinan a mujeres y niñas indígenas o no indígenas en las ciudades, pueblos y montañas de México!


Galilea Libertad Fausto.

Créditos de la ilustración a quien corresponda.

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