Ser hispana y vivir en Estados Unidos, me ha hecho estar más familiarizada con la historia, la situación actual y el feminismo de las mujeres latinas y estadounidenses, un poco menos con la de las europeas, y bastante menos con la de otras, entre ellas las mujeres árabes sobre todo en sus países de origen.
Sin embargo, me he ido acercando a estas últimas, a la diversidad y complejidad de las sociedades en las que ellas viven, a través de la voz escrita de intelectuales como Nawal El Saadawi, la activista política y feminista más reconocida de Egipto, Fatema Mernissi, socióloga, historiadora y feminista, Leila Ahmed, historiadora del islam, del género, y primera profesora de estudios de la mujer y religión en la Universidad de Harvard.
En el occidente, el uso del velo y todo lo relacionado con su mundo genera grandes debates políticos religiosos y feministas, en los que por desconocimiento a menudo se generaliza como si todas las mujeres árabes fueran harina de un mismo costal, un grupo homogéneo con una única realidad islámica, y una sola perspectiva desde la cual ellas la piensan y la viven.
En lugares como Egipto, Siria, Yemen y Arabia Saudita, la violencia hacia las mujeres y las niñas es algo que raya en lo inhumano y requiere la intervención urgente de organismos internacionales, pero recordemos que existen más de veinte países árabes con diferentes marcos legales, tradiciones, historias políticas, prácticas culturales y diversas interpretaciones del islam, distintos sistemas políticos y niveles de secularización. Cabe mencionar que no todas las mujeres árabes son musulmanas, también hay cristianas, drusas, y judías.
En cuanto al velo, es una prenda que bien puede simbolizar libertad rebeldía y resistencia, obediencia religiosa y sumisión, o imposición y sometimiento. Esto es que muchas lo usan por decisión personal como protesta política e identidad cultural, otras como muestra de fe, y otras más lo portan no por voluntad propia sino por imposición legal religiosa y social. Hay muchas mujeres musulmanas que en contextos de libertad, y en base a su propia interpretación del corán deciden no usarlo.
Regresando a la literatura, las autoras árabes en sus novelas, ensayos, memorias y poesía denuncian el patriarcado, el colonialismo, el fanatismo religioso, el orientalismo, y ciertos feminismos occidentales que hablan en nombre de ellas, pero sin conocer a fondo sus individualidades y perspectivas.
En este sentido la literatura es un puente entre razas, creencias, culturas, estilos de vida y feminismos que nos permite dialogar, reconocer diferencias y respetar límites. A la vez podemos encontrar puntos de conexión en asuntos como la autonomía, el cuerpo y la sexualidad de las mujeres, derechos reproductivos. el acceso a la educación, la violencia de género, los feminicidios, la impunidad, el matrimonio, y la maternidad.
Para mi acercamiento a esta otra parte del universo femenino, me han sido de gran ayuda libros como Mujer en punto cero, y La cara oculta de Eva (Nawal El Saadawi), Marruecos a través de sus mujeres y Sueños en el umbral (Fatema Mernissi), Correos electrónicos de Scheherazade (Mohja Kahf), América Árabe Género, Política Cultura y Activismo (Nadine Naber), Una revolución silenciosa: El resurgimiento del velo, desde Oriente Medio hasta América (Leila Ahmed), La chica de la bufanda anaranjada (Mohja Kahf) Yo maté a Sherezade (Joumana Haddad), y Una Revolución (Noor Ammar Lamarty).
Es verdad que estas escritoras y sus obras no representan la voz de todas las mujeres árabes, pero sí la de muchas del mundo islámico. La mayoría habla en primera persona de abusos sexuales, matrimonios infantiles, mutilación genital femenina, prostitución, asesinatos por "honor”, persecución, encarcelamiento, y exilio entre otros muchos horrores.
Pero también, algunos de estos textos desafían los estereotipos sobre las mujeres árabes, reinventan figuras femeninas de la literatura clásica el Antiguo Testamento y la tradición islámica; otros, a partir de la investigación abordan temas de etnia, género, identidad musulmana, diversidad religiosa, racismo, inmigración, y feminismo árabe en Estados Unidos y España.
Algo que he aprendido leyéndolas, es que quieren construir su emancipación desde sus propias sociedades creencias y tradiciones, rechazan ser una copia de los modelos feministas europeos o estadounidenses. Por otro lado, demandan dejar de ser vistas como víctimas-objetos, requieren que se les reconozca como sujetos políticos activos, dueñas de sus pensamientos decisiones y acciones. Quieren que su persona, su identidad y su trabajo sea apreciado en toda su individualidad y autenticidad.
En este sentido, viene mucho a colación lo dicho por la psiquiatra, ginecóloga, escritora, feminista y activista política Nawal El Saadawi, quien en varias entrevistas y artículos expresó que le molestaba el mote de la "Simone de Beauvoir árabe". De entrada, rechazaba el sesgo colonial implícito en el apodo, argumentando que las pensadoras del sur global egipcio y de otras regiones no necesitaban ser validadas ni medidas bajo el estándar de figuras occidentales.
“Yo soy mucho más libre" decía, refiriéndose a la dependencia emocional que la filósofa francesa tenía hacia su pareja, y continuaba…”Simone de Beauvoir estaba celosa y obsesionada con Jean-Paul Sartre”, "Soy mucho más radical que ella, me divorcié de tres esposos cuando éstos intentaron coartar mi libertad”.
Consideraba además, (y con razón) que su feminismo iba un paso más allá. Y es que definitivamente no es lo mismo hacer teoría feminista desde la comodidad intelectual de los cafés y departamentos de París, como lo hacía Simone de Beauvoir, que hacer práctica feminista desde la vivencia propia, el trauma de la mutilación genital, las amenazas de muerte, la familia en riesgo, la persecución, la cárcel y el exilio.
Me parece que el papel de nosotras las feministas occidentales, no es hacer comparaciones ni explicar la situación de las mujeres árabes desde nuestra propia historia y perspectiva, tampoco querer cambiarla a nuestro parecer, sino crear los espacios y las condiciones necesarias para que ellas hablen y sus voces literales y literarias sean escuchadas, leídas, entendidas, respetadas y respaldadas sin arrogancias, generalizaciones, juzgamientos ni estereotipos.
Leer literatura feminista árabe, nos acerca a la vida de estas extraordinarias mujeres, pero también, aporta a la interseccionalidad siendo un modo de articular y fortalecer el movimiento feminista a nivel global.
Cada vez hay más feministas árabes escribiendo, y cada vez habemos más feministas lectoras aprendiendo de ellas!.
Galilea Libertad Fausto.
Créditos de la ilustración a quien corresponda.







