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viernes, 24 de abril de 2026

¡Feliz Día del Libro!



 La llegada del 23 de abril siempre me emociona, es la fecha en que los libros a mi alrededor parecen adquirir tonalidades más fuertes para celebrar su día. Debe ser obra del espíritu de las ninfas dríades de los árboles que moran en el papel de sus páginas, esas pequeñas y hermosas criaturas mágicas del bosque de las que nos habla la mitología griega.

Mis libros y yo, en esa preciosa soledad de la lectura nos acompañamos mutuamente. Sus páginas llenas de múltiples vidas, épocas, lugares existentes, desaparecidos o imaginarios me habitan y las habito. Un reencuentro de letras afortunado  continuo y fantástico a través del espejo, al más puro estilo de Alicia en el país de las maravillas.

Estoy convencida de que la lectura es un acto de libertad, de placer, y de aprendizaje también, cuando leo un libro escogido y esperado por mi, pero sobre todo cuando es uno que me llegó inesperadamente, sé que en algún párrafo encontraré una frase reveladora, intuyo hojas enteras escritas exclusivamente para mi; tal como si la persona que escribió ese libro me hubiera presentido, y desde otro tiempo y desde otro lugar, extendió su pluma para enseñarme algo que yo desconocía o que había olvidado acerca de mi misma. 

La revelación de verdades, la identificación con sus personajes, y la inyección sensorial de vida y creatividad diversa, son algunos de los tesoros que en una conversación íntima nos ofrecen las buenas novelas y los cuentos bien contados, grandes verdades emanadas desde la ficción.

Quienes amamos la literatura, sabemos que ella en su amplio abanico de géneros, nos abre la mente al conocimiento de la historia en general y por consiguiente a la conciencia crítica,la categoría ensayística, por ejemplo.

Sabemos también, que la variedad de lectura nos aumenta el vocabulario para nombrar el mundo, y de igual forma nos enseña a vivirlo de una mejor manera. En el lenguaje de los buenos libros vamos encontrando sentido a los diferentes aspectos de la vida…al existir de las cosas, y nuestro espíritu se alimenta de palabras.

Si hablamos de los grandes clásicos de los autores clásicos y de los grandes clásicos de las autoras clásicas, tenemos que desde su atemporalidad son viejos sabios atravesando el tiempo para regalarnos invaluables manuales de vida.

En un mundo que por momentos parece estar perdido, leer libros es también una acción política de resistencia, es detener el tiempo, es silenciar el aturdiente mundanal ruido, es construir un callado y sereno refugio personal donde sobrevive y aflora la imaginación. Es entrar en una historia con temblorosa pesadumbre y salir de ella rebosando vida, fuerza  y esperanza.

 Leer no es escapar de la realidad, es para mi, como para millones de lectores y lectoras, una hermosa forma  de aprender a mirar con otros ojos el lado oscuro de la luna.

Este 23 de abril celebremos a los libros, a quienes los escriben, editan,  traducen, publican, y venden; pero también celebremos a quienes los leen y se rodean de ellos, a quienes los subrayan, doblan esquinas de páginas,  escriben notas en los márgenes, y ponen pegatinas de colores en la orilla; festejemos a quienes viajan, se enamoran, sueñan,  ríen o lloran en cada lectura.

Felicitemos a quienes han logrado entender que un libro no es un objeto, sino un viaje seguro alrededor del mundo, un amigo fiel, un compañero, nutrición pura para la mente, el corazón y el alma, pero sobre todo…los libros son la mejor universidad para aprender el difícil arte de vivir.

Termino mi homenaje a estos entrañables seres de tinta y papel citando a uno de los más grandes!

“No voy a buscar en la vida lo que leí en los libros, voy a inventarme una vida con lo que aprendí leyendo”. Alonso Quijano (Don Quijote de La Mancha). 


Galilea Libertad Fausto.


Créditos de la ilustración a quien corresponda.

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