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domingo, 22 de diciembre de 2013

LA PERFECTA CASADA: ENCERRADA EN SU CASA Y CERRADA SU BOCA


Las mujeres nos preguntamos porque ese menosprecio a nuestra persona, porque esos valores machistas que impregnan la sociedad? Porque ese pretender permanentemente pensar que somos menores de edad y negarnos el derecho a a gestionar nuestras vidas
La respuesta esta en la educación que se dio o se nos quito :

 Traemos de fray Luis de León  el ensayo La perfecta casada, dada la repercusión del mismo hasta entrados en el siglo XX. En un gran número de bibliotecas particulares se hallaba la obra como símbolo de identidad del modelo que la buena casada tenía que seguir:

Como son los hombres para lo público, así las mujeres para el encerramiento; y como es de los hombres el hablar y el salir a la luz, así dellas el encerrarse y encubrirse”.

 “así la buena mujer, cuanto para de sus puertas adentro, ha de ser presta y ligera, tanto para fuera dellas, se ha de tener por coja y torpe”.

“¿Por qué les dió a las mujeres Dios las fuerzas flacas, y los miembros muelles, sino porque los crió, no por ser postas, sino para estar en su rincón asentadas?”.[...] Y pues no las dotó Dios ni del ingenio que piden los negocios mayores, ni de fuerzas las que son menester para la guerra y el campo, mídanse con lo que son  y conténtense con lo que es de su suerte, y entiendan en su casa y anden en ella, pues las hizo Dios para ella sola”.

“Se desenfrenan más que los hombres y pasan la raya mucho más y no tiene tasa ni fin su apetito. Y [...] si comienza a destemplarse, se destemplan sin término, y son como un pozo sin suelo, que nada les basta, y como una carcoma, que de continuo roe, y como una llama encubierta, que se enciende sin sentir por la casa y por la hacienda, hasta que la consume. [...] si dan en golosear, toda la vida es el almuerzo y la merienda, y la huerta y la comadre, y el día bueno; y, si dan en galas, pasa el negocio de pasión y llega a increíble desatino y locura, porque hoy un vestido y mañana otro, y cada fiesta con el suyo; y lo que hoy hacen, mañana lo deshacen, y cuanto ven, tanto se les antoja. [...] y todo nuevo, y todo reciente, y todo hecho de ayer, para vestirlo hoy y arrojarlo mañana”.
“Lo que aquí decimos mujer de valor; y pudiéramos decir mujer varonil, como Sócrates acerca de Jenofón, llama a las casadas perfectas, así que esto que decimos varonil o valor [...] Quiere decir virtud de ánimo y fortaleza de corazón, industria y riqueza, y poder y aventajamiento, y finalmente, un ser perfecto y cabal en aquellas cosas a quien esta palabra se aplica. Y todo esto atesora en sí la que es buena mujer, y no lo es si no lo atesora”.
“Y pues no las dotó Dios ni del ingenio que piden los negocios mayores, ni de fuerzas las que son menester para la guerra y el campo, mídanse con lo que son y conténtense con lo que es de su suerte, y entiendan en su casa y anden en ella, pues las hizo Dios para ella sola.
Los chinos, en nasciendo, les tuercen a las niñas los pies, por que cuando sean mujeres no los tengan para salir fuera, y porque, para andar en su casa, aquellos torcidos les bastan. Como son los hombres para lo público, así las mujeres para el encerramiento; y como es de los hombres el hablar y el salir a la luz, así dellas el encerrarse y encubrirse”.
“Así como la Naturaleza [...] hizo a las mujeres para que encerradas guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca. Y como las desobligó de los negocios y contrataciones de fuera, así las libertó de lo que se consigue a la contratación, que son las muchas pláticas y palabras. Porque el hablar nace del entender[...]; por donde, así como a la mujer buena y honesta la naturaleza no la hizo para el estudio de las ciencias ni para los negocios de dificultades, sino para un solo oficio simple y doméstico, así les limitó el entender, y por consiguiente, les tasó las palabras y las razones. [...] Su hermosura es el hablar escaso y limitado [...] Cuenta Plutarco que Fidias, noble escultor, hizo a los elienses una imagen de Venus que afirmaba los pies sobre una tortuga, que es animal mudo y que nunca desampara su concha; dando a entender que las mujeres, por la misma manera, han de guardar siempre la casa y el silencio”.
 “El aderezo de la mujer y su hermosura es el hablar escaso y limitado. [...] El estado de la mujer, en comparación del marido, es estado humilde, y es como dote natural de las mujeres la mesura y vergüenza”
“Por más áspero y de más fieras condiciones que el marido sea, es necesario que la mujer le soporte y que no consienta por ninguna ocasión que se divida la paz. ¡Oh, que es un verdugo! ¡Pero es tu marido! ¡Es un beodo! Pero el ñudo matrimonial le hizo contigo uno. ¡Un áspero, un desapacible! Pero miembro tuyo ya, y miembro el más principal. [...] naturaleza y estado pone obligación en la casada, como decimos, de mirar por su casa y de alegrar y de cuidar continuamente a su marido, de la cual ninguna mala condición dél la desobliga”.

“El ser honesta [...] es como el ser y la substancia de la casada. Porque si no tiene esto, no es ya mujer, sino alevosa ramera y vilísimo cieno, y basura la más hedionda de todas y la más despreciada. [...] Porque no es honesta la que no lo es y parece”. (P. 90-91) Pero esto no basta: “A la castidad cristiana no le basta ser casta, sino parecer también que lo es”

 “Que sean prudentes [...] y que sean honestas, y que amen a sus maridos, y que tengan cuidado de su casa”

 “No sé yo si hay cosa más monstruosa y que más disuene de lo que es, que ser una mujer áspera y brava. [...] Mire su hechura toda, y verá que nació para la piedad. [...] Y no piensen que las crió Dios y las dio al hombre sólo para que le guarden la casa, sino también para que le consuelen y alegren. Para que en ella el marido cansado y enojado halle descanso, y los hijos amor, y la familia piedad, y todos generalmente acogimiento agradable”.

“Mucho se engañan las que piensan que mientras ellas [...] duermen y se descuidan, cuidará y velará la criada, que no le toca y que al fin lo mira todo como ajeno. Porque si el amo duerme, ¿por qué despertará el criado? Y si la señora, que es y ha de ser el ejemplo y la maestra de su familia, y de quien ha de aprender cada una de sus criadas lo que conviene a su oficio, se olvida de todo, por la misma razón, y con mayor razón, los demás serán olvidadizos y dados al sueño [...] ha de entender [la casada] que su casa es su cuerpo, y que ella es el alma dél, y que, como los miembros no se mueven si no son movidos del alma así sus criadas, si no las menea ella, y las levanta y mueve a sus obras, no se sabrán menear”.

“Tomen la rueca y armen los dedos con la aguja y el dedal, y cercadas de sus damas, y en medio dellas, hagan labores ricas con ellas, y engañen algo de la noche con este ejercicio, y húrtense al vicioso sueño, para entender en él, y ocupen los pensamientos mozos de sus doncellas en estas haciendas, y hagan que, animadas con el ejemplo de la señora, contiendan todas entre sí, procurando de aventajarse en el ser hacendosas”.


“Plutarco escribe que en Roma a todas las mujeres, por más principales que fuesen, cuando se casaban y cuando las llevaba el marido a su casa, a la primera entrada della y como en el umbral, les tenían, como por ceremonia necesaria, puesta una rueca, para que lo primero viesen al entrar de su casa, les fuese aviso de aquello en que se habían de emplear en ella siempre”.

La mujer es necesaria para el trabajo y el incremento del patrimonio del marido. ¿Con quién es equiparada de acuerdo con el desempeño de su trabajo, de sus funciones?: “Por donde dice bien un poeta que los fundamentos de la casa son la mujer y el buey: el buey para que are y la mujer para que guarde”. (P. 93) Este destino de la casada es repetido en muchos momentos: “El fin para que ordenó Dios la mujer, y se la dió por compañía al marido, fue para que le guardase la casa”. (P. 158) La buena guarda de la casada y madre se concreta en dos recomendaciones: que sea hacendosa y que no sea costosa. La esposa perfecta ha de ser hacendosa para que su producción sea abundante:

“De lo que en ella [su casa] parece perdido hace dinero, y compra lana y lino, y junto con sus criadas lo adereza y lo labra, y verá que, estándose sentada con sus mujeres, volteando el huso en la mano y contando consejas [...] se teje la tela, y se labra el paño, y se acaban las ricas labores, y cuando menos pensamos [...] sale de allí el abrigo para los criados, y el vestido para los hijos, y las galas suyas, y los arreos para el marido, y las camas ricamente labradas, y los atavíos para las paredes y salas, y los labrados hermosos, y el abastecimiento de todas las alhajas de casa, que es un tesoro sin suelo. [...] [La] buena casada no encomendó este cuidado a alguna de sus sirvientas y se queda ella regalando con el sueño de la mañana descuidadamente en su cama, sino que se levantó la primera, y que ganó por la mano al lucero, y amaneció ella antes que el sol, y por sí misma y no por mano ajena, proveyó a su gente y familia, así en lo que habían de hacer como en lo que habían de comer”. (Pp. 108-109)[5]

La esposa perfecta habrá de incrementar el patrimonio del marido a través de su propia laboriosidad. Desde el punto de vista de la moralidad, se hace una apología de las labores como sello de la identidad femenina frente a la ociosidad, madre de todos los vicios, que se prolongará hasta finales del siglo XIX y comienzos del XX.[6] Por otra parte, las casadas habían de servir de modelo de virtud a la clase menos privilegiada; tampoco podían ser costosas, de ahí que se les solicite la restricción del consumo:

“No ha de ser costosa ni gastadora la perfecta casada porque no tiene para qué lo sea [...] porque lo que toca al comer, es poco lo que les basta, por razón de tener menos calor natural, y así es muy feo en ellas ser golosas o comedoras. Y ni más ni menos, cuando toca el vestir, la naturaleza las hizo por una parte ociosas, para que rompiesen poco, y por otra aseadas, para que lo poco les luciese mucho. [...] que aunque el desorden y demasía, y el dar larga rienda al vano y no necesario deseo es vituperable en todo linaje de gentes, en el de las mujeres, que nacieron para sujeción y humildad, es mucho más vicioso y vituperable”. (Pp. 94-95)

Más adelante, fray Luis de León recurre a la autoridad de Dios para su propósito de convencer:

 “Señala aquí Dios vestido sano, más no dice los bordados que se usan agora, ni los recamados, ni el oro tirado en hilos delgados. Dice vestido, más no dice diamantes ni rubíes; pone lo que se puede tejer y labrar en casa, pero no las perlas que se esconden en el abismo del mar. Concede vestidos, pero no permite rizos, ni encrespos, ni afeitados”. (Pp. 84-85)


La restricción en el consumo se extiende también a lo relacionado con el arreglo personal y al ocio. Tres cosas son exigidas a la mujer: que sea trabajadora, que vele y que hile. La ociosidad ha de ser evitada, ya que esta la conduciría a cuanto se quiere evitar: “Si la casada no trabaja, ni se ocupa en lo que pertenece a su casa, ¿qué otros estudios o negocios tiene en que se ocupar? [...] Forzado es que  [...] dé en ser ventanera, visitadora, callejera, amiga de las fiestas [...] parlera, chismosa”. (P. 118) Otra de las consecuencias de que la mujer no esté ocupada en las tareas de la casa es que pierda el tiempo en adornarse y pintarse, actividades radicalmente condenadas por nuestro escritor, quien dedica gran número de páginas a tratar de convencer a las mujeres de que han de desterrar estos vicios de sus vidas: “Grandes vicios son los del comer y beber; pero no tan grandes, con mucha parte, como la afición excesiva del aderezo y el afeite. [...] el afeitarse y el hermosearse hace a las mujeres rameras y a los hombres hace afeminados y adúlteros”. (P. 138, 140) Finalmente recurre a la autoridad del Señor: “porque sin duda le ofenden las que se untan con unciones de afeites, las que se manchan con arrebol sus mejillas...” (P. 141)

M. Ángeles Cantero Rosales
(Universidad de Granada)
 http://www.um.es/tonosdigital/znum14/secciones/estudios-2-casada.htm
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sábado, 21 de diciembre de 2013

¿Cómo se nos ha educado a las mujeres ??


Las mujeres nos preguntamos porque ese menosprecio a nuestra persona, porque esos valores machistas que impregnan la sociedad ? Porque ese pretender permanentemente pensar que somos menores de edad y negarnos el derecho a a gestionar nuestras vidas
La respuesta esta en la educación que se dio o se nos quito :

“Toda la educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres. Complacerles, serles útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarlos de jóvenes, cuidarlos de mayores, aconsejarles, consolarles, hacerles la vida agradable y dulce: he aquí los deberes de las mujeres en todos los tiempos y lo que se debe enseñar desde la infancia”.
Jean Jacques Rousseau

ROUSSEAU Y  LA SUJECCIÓN EN SOFÍA

En relación a las claves de marginación que hallamos presentes en El pacto social de Rousseau, se comprueba la coexistencia paradójica del desarrollo de los ideales ilustrados –libertad e igualdad- y, paralelamente, la quiebra muy significativa de su discurso político en un sentido claramente patriarcal. Dicho de otro modo, en su filosofía podemos constatar dos principios enfrentados entre sí y falsamente universales: de un lado, el principio universalista que sostiene que todo individuo es detentador de derechos; y del otro, un principio universal también, que afirma que la diferencia entre los sexos sitúa a la mujer junto a la Naturaleza, relegándola al espacio del hogar y lo privado, en oposición al hombre, al cual le corresponde el espacio público.


En Rousseau existe una concepción esencialista de la naturaleza humana en tanto que sostiene que las diferencias sociales entre hombres y mujeres son consecuencia de las diferentes subjetividades, que a su vez vienen marcadas por la naturaleza diferente de los sexos. Porque en el ginebrino, la creencia de que cada sexo posee rasgos esenciales origina la idea de que la naturaleza femenina es inferior a la masculina. En esta línea de pensamiento, Rousseau idea dos modelos de personas, Emilio y Sofía, representantes respectivos del género masculino y femenino, los cuales, a través de la educación, llegarán a alcanzar los valores necesarios para ser protagonistas del contrato social. En consecuencia, la naturaleza y la educación se convierten en ejes primordiales de su pensamiento en este sentido; si bien -sostiene Rosa Cobo-, el paso de la naturaleza a la educación femenina es analizado por Rousseau con una gran falta de rigor, ya que, primero afirma que lo único que diferencia a los sexos es la diferencia sexual, dando por sentado que la diferencia solo afecta a la mujer, pero, a continuación se contradice: “Una mujer perfecta y un hombre perfecto no deben asemejarse más en el espíritu que en el rostro”.
Por tanto, la naturaleza de la mujer es definida por Rousseau a partir exclusivamente de su principio sexual, esto es, como sujeto factible de procrear. Toda la subordinación deriva de este hecho. A partir del mismo, el filósofo construye la socialización femenina. Su noción de género parte de esta diferencia sexual.
Entre los sexos, la diferencia es enorme, tanto desde el punto de vista de su naturaleza como desde su proyección social: Emilio recibe una educación para la autonomía moral, y Sofía es orientada a la dependencia y sujeción a Emilio. Esto es, mientras la educación, al primero lo conduce a la libertad, a la segunda la dirige a la sujeción. La igualdad y la libertad son las características sobre las que se construye el modelo político rousseauniano, y Emilio, moralmente autónomo, es el sujeto que representa dicho modelo. La educación impartida a Emilio tiene por finalidad la construcción de la subjetividad del ciudadano protagonista de El contrato social.
A Sofía, por su parte, se le asigna el espacio de lo doméstico, lugar que le deviene del estado presocial, en el que el salvaje salía a cazar y buscar alimentos en tanto que la mujer tenía hijos y cuidaba de la choza. A la mujer le es atribuida la misma función en el estado de naturaleza que en el social. Emilio representa el proceso de individualización, una forma de subjetividad, de acceso a la autonomía moral. Frente a él, Sofía representa un modelo de naturaleza femenina aderezado de nuevas cualidades todas orientadas a una domesticidad que acarrea la represión de sus deseos, la privación de su autonomía y el constreñimiento de su subjetividad.
El pensamiento de Rousseau se sustenta en las siguientes oposiciones: naturaleza/cultura, apariencia/ser, instinto/razón, oposiciones que son concebidas desde sus inicios con un valor jerarquizado, dado que el primer término, que es adjudicado a la mujer, está menos valorado y subordinado al segundo, que es atribuido al hombre. A pesar de que Rousseau se propone recuperar la unidad del individuo, esto solo lo va a conseguir en apariencia. El contrato social no es posible si previamente las mujeres no se supeditan al contrato sexual; y el espacio público –en tanto que espacio de libertad y de autonomía moral- no puede existir sin el espacio privado. El equilibrio psíquico del varón rousseauniano depende de que las mujeres interioricen la sujeción propuesta por los varones.
A través de Sofía, el filósofo ginebrino efectúa una redefinición de la esfera privada, de la familia y de los géneros. Este ideal responde a la necesidad social de un nuevo modelo de mujer burguesa: aquella que ha sido instruida en conocimientos prácticos. Rousseau no presta atención a las mujeres campesinas que están obligadas a trabajar debido a su limitada economía. El centro de su reflexión es la nueva mujer de la burguesía, a quien trata de imponer su nuevo ideal doméstico, como habían hecho y seguirían haciendo otros tantos moralistas de la época, anteriores y posteriores.
Este nuevo ideal doméstico le es fundamental a Rousseau para la reconstrucción de su modelo de sujeto -que en su mente no es sino el varón, pero para cuya realización plena en el apartado no social, el familiar, necesita la colaboración de la mujer. Claramente es observable en el modo como concibe la formación del conocimiento en la mujer. En el nuevo ideal femenino cabe el cultivo de la inteligencia, pero solo en aquellas cosas que a la mujer “le conviene saber”, y que no es sino solo y exclusivamente lo que tiene relación con los hijos y el marido. Dado que las mujeres no disponen de una inteligencia abstracta y dotada para la teoría, él aconseja que se orienten a lo práctico:

“La investigación de las verdades abstractas y especulativas, de los principios, de los axiomas en las ciencias, todo cuanto tiende a generalizar las ideas no es de la pertenencia de las mujeres, cuyos estudios deben todos relacionarse con la práctica; a ellas corresponde realizar la aplicación de los principios hallados por el hombre, y también hacer las observaciones que conducen al hombre al establecimiento de los principios. [...] en cuanto a las obras de la inteligencia, éstas las exceden; ellas no poseen la suficiente justeza y atención para lograr éxito en las ciencias exactas”.

Para el pensador ginebrino, es conveniente que el hombre se busque para sí a una esposa de educación semejante, pero de ninguna forma ha de ser una mujer sabia; la mujer literata o de gran formación es ridiculizada, rechazada como “la gran plaga de su marido”:

“No conviene, pues, a un hombre que tenga educación tomar a una mujer que no la tenga, ni como consecuencia en  un plano social en el que se desestime. Pero preferiría cien veces más una joven sencilla y vulgarmente educada, que una mujer sabia y espiritual, que llegase a establecer en mi casa un tribunal de literatura del que se haría la presidenta. Una mujer de esa clase es la plaga de su marido, de sus hijos, de sus amigos, de sus criados, de todo el mundo”.

¿Por qué este rechazo visceral a las mujeres de gran formación, a las mujeres cultas? He aquí su respuesta:

“Desde la sublime elevación de su destacada inteligencia, ella desdeña todos sus deberes de mujer, y comienza siempre por hacerse hombre [...] es siempre ridícula y muy justamente criticada, porque no puede evitar el serlo desde el momento en que se sale de un estado y no se está formando para aquel que se pretende adquirir. [...] Toda esta charlatanería es indigna de una mujer honesta. Aunque ella poseyera verdaderos talentos, su pretensión los envilecería. Su dignidad es ser ignorada; su gloria está en la estimación de su marido. Sus placeres están en la dicha de su familia”.


En definitiva, como alternativa a las mujeres “bachilleras”, Rousseau propone que la educación de Sofía sea “ni brillante, ni descuidada”, posea “el gusto sin estudio, los talentos sin arte, el juicio sin conocimientos”. Su espíritu no ha de saber, “pero está cultivado para aprender. [...]No ha leído jamás otro libro que Barrême y Telémaco, que le cayó por casualidad en las manos; pero una joven capaz de apasionarse por Telémaco, ¿es un corazón sin sentimiento y un espíritu sin delicadeza?”
El filósofo finalmente nos descubre sus verdaderos planteamientos: “¡Oh, la amable ignorancia! ¡Dichoso aquel que sea destinado a instruirla! Ella no será el profesor de su marido sino su discípulo; lejos de querer someterle a sus gustos, ella adquirirá los suyos. Valdrá más para él que si fuese sabia, y tendrá el placer de enseñárselo todo”. Por consiguiente, queda bien patente que la educación de Sofía -la mujer ideal buscada para Emilio, el varón ideal del Contrato social- no persigue el fin de alcanzar la realización personal de ella, sino  conseguir el pleno desarrollo de Emilio.
En esta línea, como ya subrayara fray Luis de León y los moralistas de esta vertiente siglos antes, el ideal de toda mujer pasa por el dominio de las labores: “Lo que mejor sabe hacer Sofía, y lo que se le ha hecho aprender con mayor cuidado, son las labores de su sexo, incluso aquellas que no son corrientes, como cortar y coser sus vestidos”. A estas labores debe agregársele el conocimiento prioritario del gobierno de su casa, como esposa y madre de familia: “Sabe de cocina y de servicio de mesa; conoce el precio de los artículos y las cualidades, [...] Formada para ser un día madre de familia ella también, al dirigir la casa paterna, aprende a gobernar la suya”.

Su primer cometido es profundizar en el conocimiento de su marido y de los hombres a los que está sujeta por ley y opinión, para complacerlos, educarlos mejor y proporcionarles felicidad:

“De la buena constitución de los padres depende en principio la de los hijos; de la preocupación de las mujeres depende la primera educación de los hombres; de las mujeres dependen también sus costumbres, sus pasiones, sus gustos, sus placeres, su misma felicidad. Teniendo esto presente toda la educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres. Complacerles, serles útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarlos de jóvenes, cuidados de mayores, aconsejarles, consolarles, hacerles la vida agradable y dulce: he aquí los deberes de las mujeres en todos los tiempos y lo que se debe enseñar desde la infancia. En tanto que no nos remontemos a este principio, nos apartaremos del objetivo y todos los preceptos que nos den no servirán de nada para su dicha ni para la nuestra”.

La noción de esposa en Rousseau ya no es la de criada del esposo; en su concepción de familia introduce el amor y la virtud. En las relaciones entre ella y el esposo no domina la fuerza, sino el consentimiento. El sometimiento, la obediencia de la esposa al marido es porque lo ama y porque persigue ser virtuosa. A ella corresponde saber penetrar en el mundo interior de los hombres de su casa, para conseguir sus objetivos y para ofrecerles lo que ellos necesitan:

“La mujer, que es débil y que no ve nada del exterior, aprecia y considera los móviles que puede poner en obra para suplir su debilidad, y estos móviles son las pasiones del hombre. Su mecánica es más fuerte que la nuestra, todas las palancas van a quebrantar el corazón humano. Todo aquello que su sexo no puede hacer por sí mismo, y que le es necesario o agradable, es necesario que ella tenga el arte para hacérnoslo querer; por tanto, es preciso que estudie a fondo el alma del hombre, no por abstracción el espíritu del hombre en general, sino el espíritu de los hombres que lo rodean, el espíritu de los hombres a los que está sometida, sea por la ley, sea por la opinión. Se impone que ella aprenda a penetrar sus sentimientos por sus palabras, por sus acciones, por sus miradas, por sus gestos. Se impone que por sus palabras, por sus miradas, por sus gestos, ella sepa darles los sentimientos que a él le placen, sin siquiera parecer que piensa en ellos”.

De nuevo su teoría sobre la necesidad de la complementariedad entre hombre y mujer, cuya finalidad no es otra que llevar a su máxima realización a uno de los sexos, al varón. Rousseau cree en la complementariedad de los sexos como camino que posibilita la coexistencia del matrimonio. Si en un hogar existiese igualdad, se abriría una grieta, los conflictos cuestionarían el esquema doméstico y político patriarcal. Pero para esta complementariedad, necesita la colaboración de la mujer, que será la encargada del mantenimiento de la familia, “ella sirve de enlace entre ellos [los hijos] y su padre, ella los hace amarle y darle la confianza de llamarles suyos. ¡Cuánta ternura y preocupación le es necesaria para mantener la unión en toda la familia!”  Por ello, para el desarrollo del individuo y la culminación del contrato social, el filósofo necesita asegurar previamente el contrato sexual, que se concreta en que la mujer guarde extrema fidelidad al marido y en que cultive la castidad como virtud fundamental:

“La castidad debe ser sobre todo una virtud deliciosa para una bella mujer que posee alguna elevación del alma”.
“La mujer infiel [...] disuelve la familia y rompe todos los lazos de la naturaleza; dándole al hombre hijos que no son de él traiciona a los unos y a los otros y añade la perfidia a la infidelidad. [...] Si existe un estado espantoso en el mundo, es el del desgraciado padre que, sin confianza en su mujer [...] duda al abrazar a su hijo, de si está abrazando al hijo de otro, a la prenda de su deshonor, al ladrón de los bienes de sus propios hijos”.

La mujer no solo ha de ser virtuosa sino que tiene que aparentarlo. Ser y apariencia son requerimientos fundamentales en ella, aunque no exigidos al hombre, dadas sus configuraciones naturales diferentes:

“Importa [...] no solamente que la mujer sea fiel, sino que sea considerada como tal por su marido, por sus familiares, por todo el mundo; importa que sea modesta, atenta, reservada, que lleve a los ojos de los demás, como a su propia conciencia, el testimonio de su virtud. Importa, en fin, que un padre ame a sus hijos, que él estime a su madre. Tales son las razones que colocan la misma apariencia en el número de los deberes de las mujeres, y les hacen no menos indispensables que la castidad, el honor y la reputación.
[...] Por la misma ley de la naturaleza, tanto en lo que a ellas se refiere como en lo que se refiere a sus hijos, están a merced del juicio de los hombres: no bastan [sic] con que sean estimables, es necesario que sean estimadas; no les es suficiente con ser bellas, es necesario que agraden; no les basta con que sean prudentes, es preciso que sean reconocidas como tales; su honor no está solamente en su conducta, sino en su reputación, y no es posible que la que consiente en pasar por infame pueda ser reconocida jamás como honesta”

La vida del hombre, en cambio, es una lucha constante en defensa de su conciencia como guía de conducta pública y privada, conciencia que es equivalente a “sentimiento interior”. La existencia social de las apariencias, en opinión de Rousseau, asociada al varón, tiene una valoración de indiferencia o negatividad; pero se transforma en un objetivo crucial en la vida de las mujeres. El criterio del varón para cualquiera de sus actos ha de ser incuestionable para sí mismo y para la sociedad y, por tanto, estar por encima de toda opinión pública; pero cuando lo que está en entredicho es la virtud de la mujer, la opinión pública cobra absoluta relevancia:

“El hombre, en su actuación, solo depende de él y puede desafiar el juicio público; pero la mujer al actuar bien solo ha cumplido la mitad de su misión y lo que se piense de ella no le importa menos que lo que en efecto sea. Esto quiere decir que el sistema de su educación debe ser a este respecto contrario al de la nuestra: la opinión es la tumba de la virtud entre los hombres, y su trono para las mujeres”.

Dos rasgos dominan la naturaleza femenina: la maternidad y el sometimiento al esposo; la primera es no solo un componente importante sino que se convierte en destino. Naturaleza y razón han de guiar la conducta de las mujeres, pero Rousseau se pregunta si las mujeres son capaces de sólidos razonamientos y subraya los excesos a que ha conducido un mal enfoque y entendimiento de este tema: unos han hecho de la mujer una sirvienta del hombre, y otros, su igual:

“¿Son capaces las mujeres de un sólido razonamiento? ¿Importa que ellas lo cultiven? ¿Lo cultivarán con éxito? Esta cultura ¿es útil para las funciones que le son impuestas?; ¿es compatible con la sencillez que les conviene?
Las diversas maneras de enfocar y de resolver estas cuestiones hacen que, dando en los excesos opuestos, los unos limiten a la mujer a coser e hilar en su hogar, con sus sirvientes, no haciendo de ella otra cosa que la primera sirviente del señor; los otros, no contentos con asegurar sus derechos, les hacen aún usurpar los nuestros; pues dejarlas sobre nosotros en las cualidades propias de su sexo, y hacerla nuestra igual en todo lo demás, ¿qué otra cosa es transportar a la mujer a la primacía que la naturaleza ha dado al marido?”

Como se desprende de las últimas líneas del texto, Rousseau no ha dejado un resquicio de duda: la naturaleza ha otorgado la primacía al varón sobre la mujer, es el derecho del más fuerte.
A partir de los planteamientos expuestos se concluye que con el varón se refuerza la familia patriarcal, que, desde la perspectiva económica, ejerce un dominio exclusivo sobre los hijos, y desde la perspectiva política,  puede dedicarse por completo al ejercicio de lo público y la ciudadanía. Solo a través del matrimonio alcanza el varón la plenitud moral. Por ello es considerado Rousseau el creador del ideal de familia patriarcal.
Gracias a esta sujeción al varón, las mujeres liberan a los varones de las tareas de reproducción y del mantenimiento y cuidados de la familia. La madre que cuida y da amor a sus hijos se erige en arquitecta de la vida emocional de estos. Así mismo, exalta y cultiva el “nosotros” a través de sus hijos, y con el desempeño de esta función, está abandonando la idea de “amor a sí”; pone por delante la idea del “nosotros” antes que la idea de desarrollo y conservación de su individualidad. Con ello está inculcando en sus hijos un concepto de moralidad: el dominio de la piedad. Si ella se negara a desempeñar este rol de esposa y madre asignado por la naturaleza, disolvería la familia. La familia rousseauniana es el soporte del Estado, y la mujer, la transmisora de los valores políticos y morales patriarcales a los hijos, que ejercerán en el futuro la ciudadanía. La piedad es un componente fundamental, piensa Rousseau, para que la mujer sea merecedora de la tarea de educar a los hijos. Más tarde será la educación pública quien complete la educación de la madre.
Las esposas y madres facilitan a los varones el alcance de la autonomía como sujetos políticos del contrato social. Precisamente es este nuevo esquema de feminidad y domesticidad el referente que atraviesa los diferentes estratos sociales que van de la aristocracia al pueblo llano. Libros de moralidad y conducta transmiten este modelo de feminidad requerido para los hombres de todos los niveles sociales, concretado en castidad y modestia, domesticidad y sujeción a la opinión. Tales son los tres ejes que articulan la educación de Sofía, la mujer ideal proyectada por Rousseau para Emilio, el modelo de varón por excelencia.
M. Ángeles Cantero Rosales
(Universidad de Granada)
http://www.um.es/tonosdigital/znum14/secciones/estudios-2-casada.htm
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viernes, 20 de diciembre de 2013

EL MUNDO COMO SUPERMERCADO



Tanto Kaufman como Raewyn Connell, otro referente en el estudio de las masculinidades, coinciden en que el capitalismo consuma el modelo patriarcal. La concepción de consumo, oferta y demanda hace trizas cualquier intento de desarmar el sistema patriarcal desde lo masculino. Proveer sigue siendo la principal demanda hacia el hombre. “Cuando vos le preguntás a algunos hombres si quieren que la mujer trabaje te dicen que sí, pero para poder tener sus ‘cositas’. Y en 2001, quienes sacan adelante los hogares son ellas, el hombre se deprime terriblemente y se siente menos hombre. El valor del trabajo en un mundo con poco trabajo sigue siendo deteriorante. Y esto es muy complicado porque incluso en el campo popular hay mujeres que bajan a sus compañeros del lecho sexual porque perdieron sus trabajos y eso es demoledor para ellos. Y por otra parte es una confirmación de que la virilidad está puesta en la proveeduría única”, dice Huberman y ofrece la encuesta Images, dependiente del Proyecto Masculinidades, Equidad de Género y Políticas Públicas, coordinado por el Instituto Promundo y The International Center for Research on Women (ICRW), un enorme trabajo conjunto realizado en Brasil, Chile y México con más de tres mil varones donde tres de cada diez reportaron haber violentado físicamente alguna vez a una pareja y ponen en riesgo la salud de las mujeres, niñas y niños y de otros hombres con comportamientos como el bajo uso de preservativo, el consumo excesivo de alcohol, el uso de armas y el uso de violencia. La mayoría asegura que la equidad de género fue alcanzada pero los bajos niveles de cuidado doméstico y su nula participación pública en esta dirección indican lo contrario. 
Algunas de las cifras más drásticas de esta encuesta realizada en distintos sectores socioculturales y en todas las franjas etarias desde la adolescencia: en Chile, el 46 por ciento de los hombres dice que jamás tendría un amigo homosexual, en Brasil el 50 por ciento jura que los hombres necesitan más sexo que las mujeres y en México el 56 por ciento asegura que el rol más importante de la mujer “es cuidar de su hogar y cocinar para su familia”.
Flor Monfort
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-8104-2013-06-21.html
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jueves, 19 de diciembre de 2013

La situación de las mujeres en el sistema del arte en España


Traemos parte del informe presentado por MAV en enero de 2013 que sigue visibilizando su idea previa de inequidad en el arte : "El objetivo de excelencia artística, común a todos los profesionales, es imposible de alcanzar en España mientras el conjunto de nuestro sistema del arte esté atenazado por la discriminación sexista y la falta de igualdad de oportunidades "


Llevar traje pantalón, corbata y pintarse bigote es lo único que les queda ya a comisarias y conservadoras para llegar a dirigir un centro de arte en España. Con o sin buenas prácticas para la selección del cargo de dirección, el techo de cristal pesa como una losa: actualmente solo el 22% de mujeres dirige hoy en día un museo o centro de arte contemporáneo en nuestro país, pero si eres hombre, tienes el cuádruple de posibilidades.


Ya que el porcentaje se invierte hasta el 81% si hablamos de conservadoras de departamentos, jefas y coordinadoras de exposiciones temporales. Es decir, ellas lo trabajan y ellos lo dirigen.



La exclusión de mujeres de los cargos de dirección es implacable, a pesar de que con pruebas objetivas, mediante oposiciones en convocatoria pública, hayan demostrado que están mejor preparadas: el porcentaje del 67% de conservadoras en museos de titularidad pública explica que coloquialmente a este cuerpo facultativo se le llame “la cuerpa”...




Apuntar como experiencia personal la total frustración sobre el IVAM , al que he dejado sucesivas quejas a las que amablemente responden pero dejan clara en sus respuestas, sin quererlo, lo que es evidente en las quejas , Las mujeres están olvidadas. En diciembre había una colectiva mixta (mujeres y hombres) frente a 3 de titularidad masculina y otra de titularidad de conjunta 2 hombres.



Acciones:


1.Creemos  que compete a la Secretaria de Estado de Cultura velar por el fomento de la difusión de las aportaciones de las mujeres al ámbito del arte y de la cultura.

2. Continuar con la publicación de estudios periódicos que informen y divulguen los progresos  de  la  integración  de  las  mujeres  en  la  cultura  en  España,  con  el  fin de difundir los resultados estadísticos más significativos.

3.Difundir los informes de la Unidad de Género del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, cuya obligatoriedad anual se prescribe en el I Plan de Igualdad entre mujeres y hombres en la Administración General del Estado y en sus Organismos Públicos.

4.Continuar ampliando el portal Mujeres y Cultura en la web de la Secretaría de Estado de Cultura; y diseñar y llevar acabo otras acciones positivas para la difusión del legado y el presente artístico en femenino.

5.Continuar con boletines bibliográficos de publicaciones en el ámbito del arte y del a cultura desde la perspectiva de género, editados y difundidos por la Secretaríad e Estado de Cultura.


http://www.mav.org.es/

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miércoles, 18 de diciembre de 2013

La trampa del privilegio masculino


“El privilegio masculino no deja de ser una trampa y encuentra su contrapartida en la tensión y la contención permanentes, a veces llevadas al absurdo, que impone en cada hombre el deber de afirmar en cualquier circunstancia su virilidad [...] La virilidad, entendida como capacidad reproductora, sexual y social, pero también como aptitud para el combate y para el ejercicio de la violencia (en la venganza sobre todo), es fundamentalmente una carga. Todo contribuye así a hacer del ideal imposible de la virilidad el principio de una inmensa vulnerabilidad” (Bourdieu, 2007: 69).


“Los hombres somos como archipiélagos, islas separadas por aquello que nos une: la masculinidad” (D. Leal, P. Szil, J. A Lozoya, L. Bonino, 2003)1.

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martes, 17 de diciembre de 2013

Observatorio de Mujeres Indígenas Contra la Violencia

 Queremos sumarnos al trabajo de las mujeres indígenas, difundiendo su comunicado, que sabemos representa el sentir de todos los días del año.

''Mujeres indígenas, Construyendo nuestra autonomía por una vida libre de violencia''

Hoy,  25 de Noviembre, fecha en que se conmemora el Día de la NO Violencia contra las Mujeres, desde el Foro Internacional de Mujeres Indígenas-FIMI nos unimos a seguir luchando contra todo tipo de violación a nuestros derechos humanos individuales y colectivos.


Como mujeres indígenas, reafirmamos nuestra lucha histórica por una vida sin violencia y condenamos la discriminación y el racismo, la violencia contra la Madre Tierra, los desplazamientos forzados, la violencia sexual, la violencia en nombre de la tradición, la violencia familiar, la violencia espiritual, violencia por las instituciones estatales y todo tipo de manifestaciones que violan nuestros derechos individuales y colectivos.


Hoy también es un día para recordar a grandes lideresas indígenas que a través de su lucha nos abrieron el camino para cuestionar las desigualdades y alcanzar, hoy por hoy, más consciencia de nuestros derechos y la necesidad del trabajo como movimiento.


Desde hace varios años, las mujeres indígenas comenzamos a reflexionar sobre la problemática de la violencia que vivimos y cuestionamos la forma de conceptualizarla desde el exterior de nuestras comunidades.


En este sentido, FIMI viene acompañando los procesos para conformar el Observatorio de Mujeres Indígenas contra la Violencia cuyo objetivo es  monitorear y visibilizar la situación de violencia contra las mujeres indígenas en todas sus manifestaciones y niveles promoviendo el cumplimiento de compromisos internacionales de derechos humanos.


Finalmente, desde FIMI reiteramos nuestro compromiso a  seguir acompañando procesos de organización, fortalecimiento de liderazgos y articulación de agendas para erradicar la violencia contra las mujeres, pero sobre todo, reafirmamos nuestro compromiso a seguir trabajando sin descanso, con firmeza, dignidad y alegría.

https://www.facebook.com/pages/Foro-Internacional-de-Mujeres-Indigenas/130945820519
http://myemail.constantcontact.com/--Mujeres-ind-genas--Construyendo-nuestra-autonom-a-por-una-vida-libre-de-violencia--.html?soid=1102622079035&aid=eM3BRlzpxak
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lunes, 16 de diciembre de 2013

#PACTOENTREMUJERES




PACTO ENTRE MUJERES POR LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS Y DE LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO
Ante el anuncio del Gobierno de España de  reformar  la actual Ley orgánica 2/2010 de Salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, las organizaciones de mujeres abajo firmantes apelamos:
A los valores de la libertad y la igualdad recogidos en la Constitución Española así como al Pacto entre mujeres tal y como lo entendieron las Parlamentarias de la legislatura Constituyente cuando se negaron a avalar con su voto la discriminación por razón de sexo en la sucesión a la Corona.
Apelamos a la Libertad de decidir de las mujeres sobre nuestra vida y la autonomía en relación a nuestros derechos sexuales y reproductivos. Recortar estos derechos significaría tutelar a las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Sin libertad para decidir no hay igualdad. Sin igualdad no hay democracia.
Apelamos a la Igualdad que garantiza la actual ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, reconociendo el derecho de las mujeres a ser atendidas en el sistema de sanidad público cuando decidan interrumpir su embarazo.
Apelamos al Pacto entre mujeres, porque solo a nosotras nos concierne decidir sobre nuestro embarazo, tanto si queremos ser madres como si no queremos serlo.
Apelamos a las Parlamentarias para que hagan efectivo el Pacto porque ellas son la voz y el voto de sus representadas, son la voz y el voto de las mujeres en el Parlamento.
Por todo ello:
Pedimos a nuestras Parlamentarias que suscriban un Pacto entre mujeres que garantice los derechos sexuales y reproductivos y la interrupción voluntaria del embarazo, haciendo valer su condición de Parlamentarias, ejerciendo como nuestras legítimas representantes y oponiéndose a cualquier reforma de la actual ley que signifique un retroceso en los derechos adquiridos por las mujeres. Pedimos que se pacte entre mujeres derechos que solo conciernen a las mujeres y por ello apelamos a su condición de mujeres por encima de cualquier ideología.
Hacer realidad este Pacto significa garantizar la igualdad y la libertad y con ellas la democracia.




Si estan de acuerdo con lo que se dice en él, no duden en suscribirlo. Lo pueden hacer a título individual (nombre, apellidos y ciudad) o como colectivo si tuvieran la aprobación del mismo para hacerlo en el e-mail pactomujeres@gmail.com 
Este Pacto que lanza la Plataforma Feminista de Alicante y en el que hace tiempo venimos trabajando con la Campaña Caputxetes Ferotges (Caperucitas Feroces), pueden ver los vídeos que les enlazaré al final del post, quiere ser, pretende ser un PACTO ENTRE MUJERES por encima de cualquier ideología, un PACTO que no sea ya de la Pataforma Feminista de Alicante si no de todas las Plataformas, Organizaciones, Asociaciones, Mujeres, que estén de acuerdo en que el Derecho a decidir sobre la vida de las mujeres solo les corresponde a las mujeres, y por tanto a decidir sobre su embarazo.
Todas las adhesiones que recibamos serán presentadas el próximo martes 17 de diciembre a las 10.00h en la Sala Clara Campoamor del Congreso de los Diputados en una reunión que mantendremos con las Diputadas de todos los grupos políticos del Congreso. Donde expondremos el PACTO y las razones que nos mueven a firmarlo y a solicitar de nuestras representantes que lo suscriban.



http://sinpensarlodosveces.wordpress.com/2013/12/14/pacto-entre-mujeres/






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domingo, 15 de diciembre de 2013

De la violencia a las mujeres en el proceso de acumulación del capital

 

La violencia laboral y la violencia doméstica cada vez se hacen más visibles en nuestra vida cotidiana por las denuncias y resistencias a las mismas.

En varias oportunidades caracterizamos el fenómeno que se observó con el desarrollo de la industria moderna con el reemplazo de la fuerza de trabajo masculina por la de mujeres y niños. Esta elección, en parte tuvo que ver con los cálculos relativos al coste de la fuerza de trabajo, las mujeres se asociaban a la fuerza de trabajo barata y la ubicación en ciertos lugares de poca jerarquía, considerados apropiados para el sexo.

Los orígenes de la incorporación de las mujeres al trabajo previo a la gran industria,  se realizaron bajo una trama violenta en las luchas entre la aristocracia y la burguesía ascendente, entre el siglo XIV y el XVII,  en la que ciudades y pueblos fueron reducidos a cenizas. Así como eran visibles los  mendigos vagabundos, las mujeres solas fueron lanzadas al mercado de trabajo.

Analizando el proceso de acumulación del capital, en el capítulo la acumulación originaria[1], Carlos Marx señala: el poder del capitalista sobre la riqueza toda del país es una completa revolución en el derecho de propiedad, y ¿qué ley o qué serie de leyes la originó?, repite la pregunta de una obra anónima y se contesta: Mejor habría sido decir que las revoluciones no se hacen con leyes.

Para ubicarnos en el tema, el autor señala que:

Las diversas etapas de la acumulación originaria tienen su centro, en un orden cronológico más o menos preciso, en España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra. Es aquí en Inglaterra donde a fines del siglo XVII se resumen y sintetizan sistemáticamente en el sistema colonial, el sistema de la deuda pública, el moderno sistema tributario y el sistema proteccionista. En parte, estos métodos, se basan,  como ocurre con el sistema colonial, en la más avasalladora de las fuerzas. Pero todos ellos se valen del poder del Estado, de la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, para acelerar pasos agigantados el proceso  de transformación del régimen feudal de producción en el régimen capitalista y acortar los intervalos. La fuerza es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva.



Alexandra Kollontai[2] (1921) concibiendo que el papel de las mujeres en la sociedad y sus derechos dependían de su posición en la producción, describe ese período, señalando quiénes eran y en qué condiciones se insertaban al trabajo:

 las mujeres de artesanos arruinados, campesinas que procuraban sustraerse a las cargas demasiado pesadas de los señores, viudas innumerables de innumerables guerras civiles y nacionales, sin olvidar la cohorte hormigueante de los huérfanos, las mujeres hambrientas obstruyeron las ciudades donde se refugiaron en masa. La mayor parte de ellas se hundieron en la prostitución, mientras que las otras ofrecieron sus servicios a los maestros artesanos con tesón que se ha vuelto inhabitual en nuestros días. (…) Eran frecuentemente viudas o hijas de viudas que, por su destreza en el trabajo o por su astucia contaban con encontrar en el taller un marido a su conveniencia. La oleada de las fuerzas de trabajo baratas en los talleres era tal en el siglo XIV y a principios del siglo XV que las corporaciones, para poner freno a la competencia femenina, fueron obligadas a reglamentar su acceso a los oficios artesanales. Ciertas corporaciones disuadieron a sus maestros de que contrataran mujeres como aprendiza. Se llegó incluso hasta prohibir a las mujeres el ejercicio de ciertos oficios [3].


El cuadro se completaba que ante el hambre, la pobreza y la ausencia de vivienda, muchas de las mujeres se refugiaron en los conventos. Se registra también, que las mujeres de alta condición  también se retiraron a los conventos para escapar al despotismo de su marido o de su padre.[4]

A lo largo del siglo XV y XVI las mujeres se agruparon en diversas asociaciones para luchar contra sus condiciones de trabajo.

El surgimiento del “trabajo a domicilio” fue paralelo a la producción artesanal promovida por los nuevos empresarios, quienes intermediaban en el mercado, comprando la fuerza de trabajo y las primeras víctimas fueron las mujeres. Estas perdieron parte de su beneficio y se vieron obligadas a aumentar la productividad.  Esta modalidad laboral representaba una forma transitoria entre la artesanal y el trabajo asalariado.

Entre las afectadas se encontraban las campesinas, quienes lo consideraban un aporte económico ante las exigencias de los terratenientes. Una manera de extorsionarlas, eran amenazar a las prófugas con entregarla a su señor o denunciar a la ciudadana abandonada por prostitución y vagabundeo, lo cual implicaba para ella sanciones severas y humillantes.

Teniendo en cuenta estas situaciones, A. Kollontai, concluye: “Es por eso que las obreras a domicilio y más tarde las asalariadas de las manufacturas aceptaron las condiciones dictadas por ese chupador de sangre que fue el intermediario.”

Las interminables jornadas de trabajo y la baja retribución llevaron a muchas mujeres a vender su cuerpo abiertamente y la prostitución[5] se propagó masivamente.

Las mujeres adineradas también fueron perjudicadas, tal es así, que las riquezas acumuladas no podían ser divididas entre numerosos herederos, por eso las hijas perdieron su derecho a la herencia. En la época de la caballería, la mujer había sido propietaria legal de su dote.

En la nueva legislación de los siglos XIV y XV, la mujer como en el pasado, fue considerada como un ser de poca importancia y dependiente del hombre. Comparada con los usos y costumbres de la Edad Media , la posición de la mujer se había más bien agravado en el transcurso del Renacimiento.

El matrimonio seguía siendo un asunto comercial, un simple asunto de dinero.

Sintetizando, con un juego de palabras, la autora citada, señala:

De un lado –el de la luz- resonaban las risas y los gorjeos de las bellas ataviadas de seda y de piedras preciosas, en busca de diversiones. Del otro lado –el de a sombra- en las capas más desfavorecidas de la población, las campesinas y las obreras a domicilio llevaban una vida mísera, encorvadas bajo el peso de un trabajo excesivo.


Estas diferencias se desplegaban en una época de gran creatividad en diversas disciplinas y las mujeres gozaban de cierto reconocimiento, así como de ciertas libertades.



El protagonismo de las mujeres durante la revolución francesa

Diversas fuentes dan cuenta del protagonismo del proletariado femenino en las vísperas de la revolución francesa en las calles de París, con presencia de mendigos y prostitutas, de una multitud de mujeres sin trabajo y en la participación de los motines de julio de 1789, manifestándose contra la explotación de los ricos. Una de las peticiones, clamaba: “Si buscamos trabajo, no es para liberarnos de los hombres, sino para edificarnos una existencia propia en un ámbito modesto”.

La  libertad de trabajo era reclamada por varones y mujeres, significando la eliminación definitiva del feudalismo, la consolidación y el predominio de la burguesía y la liquidación del privilegio de las corporaciones.

Se vivía una profunda crisis económica y social y el reclamo de pan cobraba cierta envergadura porque según Eric Hobsbawm (1962) “en 1788 y en 1789, una mayor convulsión en el reino, una campaña de propaganda electoral daba a la desesperación del pueblo una perspectiva política al introducir en sus mentes la tremenda y trascendental idea de liberarse de la opresión y de la tiranía de los ricos. Un pueblo encrespado respaldaba a los diputado del tercer estado.” [6]



 ¿Cuáles eran las peticiones de los burgueses?


Según el autor “las peticiones del burgués de 1789, están contenidas en las famosas Declaraciones de los derechos del hombre y del ciudadano. Este documento es un manifiesto contra la sociedad jerárquica y los privilegios de los nobles, pero no a favor de una sociedad democrática o igualitaria. (…) “oficialmente, dicho régimen no expresaría sólo sus intereses de clase, sino la voluntad general ‘del pueblo’ al que se identificaba de manera significativa con la ‘nación francesa’.

¿Cuáles eran los fundamentos para definir los derechos del hombre y no de las mujeres? Sobre esta cuestión indaga Joan W. Scott[7] (2012) cuando analiza los fundamentos en que se basó la Declaración de los Derechos del hombre, desde la perspectiva de las mujeres en el período 1789-1944.

Para sustituir el Antiguo Régimen, en  los debates parlamentarios, predominó la necesidad de un gobierno basado en la soberanía del pueblo y el “orden natural de las cosas”.

Esta elección excluyó de la ciudadanía a las mujeres, los esclavos y los hombres de color libre, en la constitución sancionada en 1791. Esta declaración de soberanía, dice Scott, “no era consistente con la negación de la ciudadanía a las mujeres”.

Desde esa visión política se equiparaba individualidad con masculinidad, por lo tanto los derechos humanos naturales y universales (a la libertad, la propiedad, la felicidad) “daban a los hombres un común derecho a los derechos políticos del ciudadano”

Uno de los que reconocía esta inconsistencia era Condorcet, al señalar que “el concepto de igualdad política era en sí mismo paradójico, ya que necesariamente ignoraba las diferencias que al mismo tiempo debía reconocer para declararlas irrelevantes.”

La diferencia se explicaba en función del género, “a veces idealizado en términos de una división funcional del trabajo reproductivo y otras, como la expresión natural y por lo tanto incuestionable del deseo heterosexual.”

Para resumir las nociones que subyacían en la declaración de principios, quedaba reducida a una diferencia sexual:

-         masculinidad equivalía a la individualidad

-         feminidad a alteridad, en una oposición fija, jerárquica e inmóvil.

La oposición a esta visión

Un verdadero desafío fue el accionar de Olympe de Gouges quien en 1791, publicó la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, mientras se discutía el texto constitucional, proponiendo que se lo adoptara como complemento.

Denunciaba el carácter incompleto de la declaración de principios, sosteniendo que por naturaleza tienen los mismos derechos que los hombres.

¿Cómo lo hacía? Fundamentalmente como oradora, desde el podio de varios clubes e incluso una vez en la Asamblea Nacional , dónde asistía para seguir sus sesiones. También solicitaba la abolición de la esclavitud y los derechos de los hijos ilegítimos, el veto real y los hospitales de maternidad, reivindicaciones que con frecuencia cubrían los muros de la ciudad de París. En 1788, en un panfleto propuso la formación de un fondo patriótico para resolver la crisis financiera, con contribuciones de todos los ciudadanos.

Es importante reconocer que Olympe de Gouges, fue una figura pública con cierta visibilidad y debemos considerarla como emergente de aquellos ideales de libertad e igualdad y de la presencia de numerosas mujeres en la producción desde finales del siglo XVIII y el inicio del  reconocimiento de la necesidad de la fuerza de trabajo femenina.

La guillotina fue su destino. Después de enfrentarse con Robespière fue arrestada y luego condenada a muerte.[8]

Después de este recorrido podemos afirmar que la violencia en la sociedad burguesa  y que oprime a la mujer está producida en parte por la contradicción entre el capital y el trabajo. Decimos en parte, porque la opresión a las mujeres era preexistente al surgimiento de la burguesía y del sistema capitalista.

Temas en debate  –  Ayer y hoy

 Aunque las penurias sufridas por las mujeres en los inicios del sistema capitalista se han superado por el protagonismo de éstas,  junto a las exigencias del movimiento obrero, por cambiar las condiciones de vida,  persiste una tendencia en la brecha salarial y obstáculos en el acceso a tareas de mayor cualificación, así como la imposibilidad de decidir sobre nuestro cuerpo, reflejando la discriminación  que existe entre varones y mujeres en esta sociedad.

La intervención estatal, con políticas que no resuelven ni previenen: la desnutrición infantil, el trabajo precario, la desocupación, la subocupación, la carencia de viviendas,  la muerte de mujeres por aborto clandestino, la creación de instituciones de crianza de la primera infancia, así como la trata de personas, también reflejan intereses que no son precisamente los populares.

Ayer

Los debates acerca de la significación de la “cuestión de las mujeres” y la intervención de destacadas personas y organizaciones giran alrededor de la relación de su accionar con el contexto. En este sentido, considero valiosa la reflexión de A. Kollontai, cuando refuta este argumento:

Las mujeres habrían empezado a organizarse y a defender sus intereses y, a todo lo largo del siglo XIX, habrían  arrancado un derecho tras otro mediante una lucha encarnizada.

Esta concepción  es totalmente falsa. La historia de la liberación de la mujer transcurrió verdaderamente de una manera diferente.

Las feministas combativas –como Olympe de Gouges en Francia, Abigail Smith Adams en América o Mary Wollstonecraft en Inglaterra- pudieron formular la “cuestión de las  mujeres”  de manera tan precisa únicamente porque numerosas mujeres trabajaban a finales del siglo XVIII en la producción y porque la sociedad empezaba a reconocer como necesaria su fuerza de trabajo. (…)

Debido a sus posiciones iniciales diferentes, las mujeres llegaron también a soluciones diferentes sobre la contradicción entre el papel de la mujer en la producción y sus derechos en el estado y la sociedad. Pero pueden reagruparse bajo un denominador común: el derecho al trabajo. Este derecho al trabajo equivalía, en aquella época, a la victoria de la revolución. Se trataba entonces de liquidar definitivamente el feudalismo y sentar las bases de un nuevo sistema económico. Por eso, del mismo modo que para la conquista del derecho al trabajo para la mujer, había que asegurarse el poder político. Es por eso que las feministas burguesas cometieron un error enorme al intentar demostrar que la lucha de las mujeres por la igualdad de derechos y su conciencia creciente de su derecho a la dignidad humana les permitirían acceder a la vida profesional. La historia demuestra exactamente lo contrario[9] (…).



Hoy, siglo XXI, reiteramos la pregunta ¿es posible la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres en el ámbito laboral en una sociedad desigual?

Una pregunta con respuesta, ya que consideramos que la población femenina forma parte de las clases sociales. Las trabajadoras por lo tanto forman parte de la clase explotada y afectada por las relaciones de poder entre hombres y mujeres, el patriarcado. En general este tema es presentado en forma disociada de las relaciones económicas y políticas y focalizadas en las relaciones de varones y mujeres.

Un debate que se ha reiterado durante el siglo XX, y nuevamente recurrimos a la revolucionaria, Alexandra Kollontai,  quien planteó con firmeza en sus conferencias a las jóvenes obreras rusas, sobre la historia de las mujeres:

Hoy, vamos a comprobar que la mujer, en el seno del sistema capitalista, no será nunca capaz de alcanzar una liberación total ni una completa igualdad de derechos, cualquiera que sea su participación –activa o no- en la producción. ¡Muy al contrario! Sigue habiendo  una contradicción insuperable entre su significado económico y su dependencia y su situación sin derechos en la familia, el estado y la sociedad.



Coincidiendo con esta afirmación, que la necesidad y deseo de promover un cambio para enfrentar los obstáculos que traban el desarrollo igualitario de la sociedad exige una reflexión acerca de la liberación de las mujeres  y la emancipación social y como parte de la clase trabajadora tenemos que abordar la relación clase – género.

 Por Ester Kandel

                                                                                    Septiembre de 2013





Bibliografía

Hobsbawm, Eric, La era de la Revolución – 1789 – 1848, Grupo Editorial Planeta, 6ª edición, 2007.

Kollontai, Alexandra, Mujer, historia y sociedad – sobre la liberación de la mujer, Editorial Fontamara, Barcelona, 2ª edición, 1982.

            Marx, Carlos, La llamada acumulación originaria, capítulo XXIV, El Capital, Tomo 1, Editorial Cartago, 1956.




[1] Marx, Carlos, La llamada acumulación originaria, capítulo XXIV, El Capital, Tomo 1, Editorial Cartago, 1956.

[2] Comisaria del Pueblo (Ministra) de Bienestar Social desde octubre de 1917 hasta marzo de 1918 en la naciente Revolución Rusa. Fue la única mujer del gabinete y la primera mujer en la historia en un cargo ejecutivo.

[3] En Francia, por ejemplo, una ley emitida en 1640, prohibió a las mujeres que fabricaran encajes de bolillos cuando se trataba en este caso de un oficio típicamente femenino.

[4] En la baja Edad Media se abrieron refugios para mujeres solas, llamados beguinajes. Eran financiados en general por los donativos de ricos bienhechores que procuraban así obtener el perdón por sus pecados y asegurarse un sitio en el más allá. Los beguinajes eran una especie de comunidades de mujeres trabajadoras, animadas por un espíritu religioso estricto. Las habitantes de esas casas llevaban una vida de abnegación y se comprometían a realizar  todo el trabajo que se le confiaba. Llevaban un traje especial y en sus cabezas un pañuelo blanco o beguín, a guisa de cofia que las distinguía de las demás mujeres de la ciudad. Es por esta razón que se llamaban beguinas. Debían llevar a cabo todas las tareas – visitar enfermos, coser, hilar, etc –que los burgueses exigían de ellas.. Los beguinajes prosperaron entre el siglo  XIII y principios del XVI, luego desaparecieron.

[5] Se emitieron leyes que sancionaban la prostitución, pero sin tener en cuenta las condiciones que incitaban a las mujeres a que ejercieran ese oficio.

[6] El tercer estado triunfó frente a la resistencia unida del rey y de los órdenes privilegiados, porque representaba no sólo los puntos de vista de una minoría educada y militante, sino los de otras fuerzas mucho más poderosas: los trabajadores pobres de las ciudades, especialmente de París, así como el campesinado revolucionario. Pero lo que transformó una limitada agitación reformista en verdadera revolución fue el hecho que la convocatoria de los Estados Generales coincidiera con una profunda crisis económica y social.

[7] Scott, Joan Wallach, Las mujeres y los derechos del hombre – feminismo y sufragio en Francia, 1789-1944, Editorial Siglo XXI, 2012.

[8] El motivo de su arresto fue haber tapizado los muros de París con un cartel que anunciaba su folleto Les trois Urnes, ou La salud de la patria, donde abogaba por el federalismo, posición asociada a los girondinos y sus teorías de la representación.

[9] Olympe de Gouges escribió lo siguiente en su célebre manifiesto: “El fin de toda asamblea legislativa ha de ser proteger los derechos inalienables de ambos sexos: libertad, progreso, seguridad y protección ante la opresión. Todos los ciudadanos y todas las ciudadanas han de poder participar directamente y por mediación de sus propios representantes en la legislación. Todas las ciudadanas han de tener un acceso igual al conjunto de las profesiones de la función pública así como a los honores que las acompañan”.

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sábado, 14 de diciembre de 2013

Estrategias para una educación no sexista .


¿Cuáles son las estrategias que se necesitan en la educación?
• La educación de las niñas necesita ser abordada en un contexto más amplio que reconozca la necesidad de luchar contra el hambre, la pobreza rural y otras barreras a las que se enfrenta la equidad de género.
• Las estrategias necesitan abordar los aspectos de cantidad (matrícula y retención de niñas) y calidad (la enseñanza, el ambiente en el que se hace el aprendizaje, etc.).
• Según los países, se pueden considerar estrategias diferenciadas, con diferentes enfoques de desarrollo, con diferentes capacidades y oportunidades. Para los países donde la matrícula de niñas está por de bajo del 85 por ciento, la educación de ellas tiene que ser la prioridad.
• Donde la matrícula de niños es menos del 50 por ciento, se debe poner mayor atención al incremento de su matrícula y a la retención de manera extensiva.
• En países de ingreso medio donde la matrícula de niños y niñas ya se ha acelerado de manera significativa, se debe poner mayor atención a la calidad y a la reducción de la disparidad.
• Se necesita contar con indicadores cuantitativos y cualitativos como punto de referencia para el seguimiento con relación a los objetivos intermedios que marcan el camino hacia el 2015:
- ¿Cuántas niñas están fuera de la escuela?
- ¿A cuántas niñas les podemos brindar acceso y en cuánto tiempo hasta el 2015?
- ¿Qué dimensiones de los contenidos, procesos, ambientes educativos, se necesitará apoyar y en qué tiempo hasta el 2015, de manera que tanto las niñas como los niños tengan igual acceso a todos los niveles de educación?
• Identificar las brechas anuales y las necesidades de fondos adicionales. Identificar las posibles fuentes de financiamiento nacional e internacional, incluyendo préstamos blandos.
• Se debe incluir al mismo tiempo los demás grupos vulnerables tales como las minorías étnicas en desventaja, las migrantes, las personas discapacitadas, etc.
• Las niñas están frecuentemente en doble desventaja. El convertir en objetivo a las niñas rurales, quienes están entre las más pobres de los pobres, puede requerir de estrategias especiales para poder responder a sus necesidades educacionales.

 Se vincula la educación de las mujeres como el motor que puede impulsar otros aspectos del desarrollo, como la salud en general y la salud reproductiva en particular, el combate al flagelo del VIH/SIDA, el acceso al empleo y en general al proceso de empoderamiento que se requiere para que las mujeres puedan participar en todos los ámbitos de la toma de decisiones y el desarrollo

http://www.eclac.cl/publicaciones/xml/1/26731/Guia%20asistencia.pdf
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viernes, 13 de diciembre de 2013

María Dolores Juliano Corregido


El libro “Presunción de inocencia. Riesgo, delito y pecado en femenino “de la Editorial Gakoa Liburuak plantea como las mujeres, aunque son las más pobres en cada sociedad y las que asumen mayor cantidad de responsabilidades, cometen muy pocos de los delitos asociados a necesidades económicas. Evitan delinquir desarrollando estrategias alternativas que van desde la capacitación mediante el estudio a la construcción de redes de apoyo, en el trabajo sumergido y el trabajo sexual, entre otros.
 La prisión representa para ellas un problema mayor que para los hombres, en la medida que rompe sus vínculos familiares y las aleja de lo que viven como sus deberes de cuidado. Así, las mujeres eligen, dentro de las opciones de que disponen, las soluciones que les parecen mejores, o menos malas. Esta estrategia del mal menor no siempre lleva a buen puerto. A menudo se sale de la sartén para caer en las brasas, pero al menos permite jugar con alguna alternativa. Conocerlas facilita la tarea de darles apoyo y brinda herramientas para intentar evitar que marcos legales no pensados ​​para las mujeres les hagan más duros los problemas. 

María Dolores Juliano Corregido (Necochea, província de Buenos Aires, Argentina, 1932-26 de noviembre de 2022) és una antropòloga social argentina. Dolores Juliano  se doctoró en la Universidad de Barcelona donde ha sido profesora titular hasta su jubilación. Trabaja desde hace muchos años en temas de género, inmigración y discriminación. Forma parte de diversos equipos de investigación y ha dictado cursos en varias universidades españolas y de América Latina. Ha recibido el premio «Creu de Sant Jordi» en 2010 por su trayectoria académica y científica. Entre sus publicaciones merecen destacarse: Cultura Popular (1986); El juego de las astucias. Mujer y construcción de mensajes sociales alternativos (1992); Educación intercultural. Escuela y minorías étnicas (1993); Las que saben… subculturas de mujeres (1998); La prostitución: El espejo oscuro (2002); Excluidas y marginales. Una aproximación antropológica (2004); Marita y las mujeres en la calle (2004); Les altres dones. La construcció de la exclusió social (2006).

http://ca.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Dolores_Juliano_Corregido
http://grup.copolis.org/es/presentacio-de-lultim-llibre-de-dolores-juliano-%E2%80%9Cpresuncion-de-inocencia-riesgo-delito-y-pecado-en-femenino%E2%80%9D/
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jueves, 12 de diciembre de 2013

¿Cómo se construyeron las desigualdades ?

¿Quién piensa en este ser como la mitad de algo ?


La lectura del texto de Alexandra Martínez Flores “Para los hombres, las heridas son flores. Cuerpo, trabajo y memoria en Pindal del libro Masculinidades en Ecuador, sobre cómo se define lo masculino y lo femenino, nos enseña como parece que las sociedades hubieran estado gestionando seres incompletos para posibilitar la complementariedad y las esferas de comportamiento estuvieran muy definidas.

“..Tales procesos de construcción de la masculinidad y la femineidad, reforzando la polaridad hombre/mujer, tienen, además, la capacidad de consolidar ciertas habilidades de los seres humanos e invalidar otras. Por ejemplo, las mujeres, a fuerza de no trabajar en la agricultura o no negociar con los comerciantes, son concebidas como incapaces de realizar estas tareas. De la misma manera, los hombres, al no utilizar su cuerpo y su creatividad para cocinar, son vistos como torpes y faltos de gusto para las labores de cocina(….) Esto, en términos de Marilyn Strathern, evidenciaría un proceso de construcción de la persona como un ser incompleto, transformado en unidad y, por lo tanto, se volvería en agente de intercambio. “

Estos estudios nos enseñan a que no debemos seguir educando a nuestras hijas e hijos como seres incompletos ,preparados para el mundo privado o publico pues eso será una carga para ellas y ellos en el futuro.
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miércoles, 11 de diciembre de 2013

El analfabetismo de mujeres y hombres es una constatación de la desigualdad de género


El mejoramiento de la cobertura educativa en toda la población y la erradicación de las diferencias de género en el acceso al aprendizaje de la lecto-escritura, significa velar por el derecho básico de mujeres y hombres de contar con las oportunidades de alcanzar algún grado de instrucción o capacitación y un desarrollo humano completo (CEPAL, 1995).
El analfabetismo de mujeres y hombres es, como ya se ha dicho, una constatación de la desigualdad de género, de manera particular entre los adultos.
En la población mayor de 60 años se concentran los mayores contingentes de población analfabeta –especialmente femenina– que contrasta con la población entre 15 y 24 años cuyos niveles de analfabetismo son reducidos y muestran menores diferencias de género. Si se hace una desagregación de las tasas de analfabetismo por grupos de edad, se podrá observar en toda la región un efecto generacional. Conforme se retrocede en el tiempo, se puede apreciar que en el pasado la población tendía a recibir menos educación escolar; una parte importante de la población quedaba fuera del aprendizaje de la lectura y escritura, especialmente si se trataba de mujeres a quienes se les relegaba al ámbito doméstico en forma exclusiva. La reducción de la brecha de género tiende a ser menor en los países con mayores tasas de analfabetismo y mayor población indígena.
Un aspecto fundamental a indagar, a través de estudios a profundidad, son los motivos que impiden el acceso de niñas y niños a la escuela. En este sentido, algunos análisis han encontrado que estos motivos se basan en los temores de las familias sobre la seguridad de las niñas, los costos de los traslados a la escuela, la violencia o las agresiones sexuales que pueden sufrir en camino a la escuela en localidades aisladas o la poca valoración que se le da a la educación de las mujeres, así como su incorporación a edades tempranas a la realización de los quehaceres domésticos en el hogar (INMUJERES, 1999). En el caso de los niños, la razón que más se alude es la necesidad de trabajar para ayudar al sostenimiento familiar o personal.

La matrícula escolar y la asistencia son dos factores del sistema escolar que, por lo general, presentan cada vez menos diferencias entre mujeres y hombres en los niveles elementales del sistema educativo, sin embargo, a medida que se avanza hacia otros niveles, y en consecuencia aumenta la edad de las personas, las diferencias entre hombres y mujeres son mayores. La matrícula presenta sesgos significativos en aquellos niveles donde se ubican las actividades educativas tradicionalmente identificadas con la participación femenina o masculina, como es el caso de la educación en el magisterio, la cual se consideraIndicadores de género según áreas temáticas como una extensión de las responsabilidades de cuidado, o la enfermería donde predominan las mujeres, o las carreras técnicas donde predominan los hombres y en donde se los prepara para una incorporación más rápida al mercado de trabajo. Estos sesgos reflejan la persistencia de valores sociales que siguen marcando las opciones educativas de las mujeres y los hombres.
Los motivos por los que niñas y niños no asisten a la escuela, son muchas veces las causas de la deserción escolar; en algunos estudios realizados en diferentes países de la región se incluyen razones como “el no querer seguir estudiando” sin una razón explícita, el matrimonio temprano, la necesidad de trabajar ya sea en el hogar (principalmente en el caso de las mujeres) o de incorporarse al mercado de trabajo (en mayor proporción para los hombres), el cambio de residencia o la insuficiencia de recursos económicos. Esta última resulta ser la más importante, sobre todo para las mujeres, entre la población que vive en condiciones de pobreza (PROGRESA, 1998).
El porcentaje de repetidores da una idea de la eficiencia y la calidad de los distintos sistemas educativos. Un porcentaje elevado de repetidores pone en evidencia la existencia de niñas y niños que requieren una mayor atención por parte de la institución educacional, además de suponer una mayor presión sobre los gastos de educación. Asimismo, da cuenta de las prácticas pedagógicas prevalecientes. Nótese que en un número importante de países de la región la promoción de grado se asocia a la edad de los estudiantes y no es dependiente de su rendimiento académico, y en otros se han implementado políticas expresas de promoción “automática”, que asumen que la repetición no brinda mayores oportunidades de aprendizaje al estudiante. En cuanto a las diferencias de género, la repetición masculina en la escuela primaria tiende a ser superior en los países de la región. Este fenómeno debe ser leído en conjunto con otros factores, a efecto de determinar si efectivamente se trata de que los niños tienen un menor desempeño que las niñas, o si éstas tienen menores oportunidades de continuar estudiando si es que deben repetir.
La actividad docente ha sido considerada tradicionalmente femenina, particularmente en los niveles de preescolar y primaria, es decir, como una extensión de las tareas del cuidado y la socialización de menores, como fue mencionado. En la región esta actividad es realizada mayoritariamente por mujeres.
Este fenómeno que si bien tiene un aspecto claramente positivo en términos de hacer del espacio escolar algo más favorable al aprendizaje de las niñas, es también resultado de las condiciones laborales docentes (trabajo de medio tiempo con una remuneración poco atractiva) y como éstas se expresan de modo diferenciado para hombres y mujeres.
http://www.eclac.cl/publicaciones/xml/1/26731/Guia%20asistencia.pdf
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