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miércoles, 30 de julio de 2014

Necesidad de hacer visible la violencia simbólica


La violencia simbólica sobre las mujeres se ejerce negando a su existencia y aportaciones sentido y significado. En este caso, los conceptos claves son invisibilidad y desvalorización. Invisibles como sujeto colectivo y desvalorización como negación de la importancia, para toda la humanidad, de lo realizado por las mujeres a lo largo de los siglos, sobre todo del trabajo de cuidado necesario para el mantenimiento y la reproducción de la vida humana*.
La tendencia a negar la diferencia entre los sexos para evitar que sea convertida en desigualdad, como ha sucedido en la corriente mayoritaria del pensamiento occidental, ha generado este tipo de violencia simbólica. Pero el nudo problemático de la diferencia sexual no se desenreda negándola sino dilucidando en qué es relevante.
Recurramos a las ciencias para poner de manifiesto la importancia que tiene, para algo tan concreto como la salud, el tener en cuenta la diferencia sexual. Historiadoras de la ciencia** han establecido que el programa de investigación que considera la diferencia sexual en medicina y no es androcéntrico tiene superior capacidad de generar progreso científico por unidad de tiempo que el programa alternativo y convencional de la neutralidad sexual, porque:
“1) resuelve un problema simbólico (rechazo a las desigualdades y/o subordinación entre los sexos)
 2) es un programa aplicable en un campo de investigación muy extenso, como es toda la patología médica;
 3) es aplicable en todos los niveles asistenciales y por todos sus actores o agentes sanitarios; 
4) los resultados negativos son tan valiosos como los positivos, dado que la demostración de la ausencia de
diferencias sexuales significativas o de sesgos de género del saber y praxis médica interesa desde el
mismo momento de la sospecha de su existencia***

* Teniendo en cuenta la experiencia de las mujeres, Anna Bosch, Cristina Carrasco y Elena Grau (2005, p. 331) han conceptualizado el trabajo en sentido amplio como “la práctica de creación y recreación de la vida y de las relaciones humanas”, tomando las palabras de VVAA (2000).
** Véanse los trabajos del grupo Genciana, formado por Consuelo Miqueo, María José Barral, Isabel Delgado, Teresa Fernández y Carmen Magallón. Entre otros: M.J. Barral; C. Magallón; C. Miqueo y D. Sánchez (eds.):  Interacciones ciencia y género: discursos y prácticas científicas de mujeres, Barcelona, Icaria-Antrazyt, 1999 y  Miqueo, C.; Barral, Mª J.; Fernández-Turrado, T.; Magallón, C. (Grupo Genciana) “Del análisis crítico a la autoridad femenina en la ciencia”, Feminismo/s, nº 1, Universidad de Alicante, 2003, pp. 195-215.
*** MIQUEO, Consuelo: “Genealogía de los sesgos de género en la ciencia y práctica médica contemporánea”, en J. Martínez Pérez et. al. (coord.) La medicina ante el nuevo milenio: una perspectiva histórica, Cuenca, Universidad de Castilla la Mancha, 2004, pp. 45-66.

http://www.seipaz.org/documentos/1MagallonViolenciaFeminismos.pdf

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