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lunes, 3 de agosto de 2015

El fenómeno del feminicidio


El feminicidio, por lo general, se define como el acto de matar a una mujer por el solo hecho de ser mujer. Pero consideramos que este acto va más allá de la privación de la vida de una persona, pues amenaza, lesiona y destruye los derechos humanos, civiles,sexuales, de salud, políticos, económicos y culturales de todas las mujeres. En este sentido el feminicidio más que un asunto criminológico debe entenderse como un asunto ético y político. El feminicidio no sólo implica una agresión contra el género femenino, sino que yuxtapone diversos rasgos de identidad como clase, raza, etnia y edad. El exterminio de las mujeres se ubica desde estas intersecciones en una dimensión más amplia de exterminio de lo humano, puesto que este acto amenaza el sistema de valores morales, éticos, legales y políticos de una sociedad, por lo que el feminicidio debe considerarse como un atentado contra la ciudadanía y por lo tanto contra la vida humana. El feminicidio, en suma, no es solamente un acto de violencia sexual sino de extinción de las garantías de vida, de libertad, de seguridad y de justicia. Como se reconoce en un informe elaborado por el Instituto Iberoamericano de Derechos Humanos, el femicidio constituye una violación a los derechos humanos de las mujeres, como el derecho a la vida, a la integridad personal (física, psíquica y moral), el derecho a la libertad personal, el derecho a una vida libre de violencia, el derecho a la igualdad ante la ley y la no discriminación, el derecho a las garantías judiciales y a la protección judicial y el derecho a la información.15
La violencia sexual, como las otras violencias (a saber, la emocional, la física, la patrimonial y la económica)16, también se reproduce con sus particularidades en poblaciones diversas, no sólo en las femeninas, sino en otras comunidades como las gayslesbianas, transexuales y bisexuales, entre otros , lo que deriva en violencia de género, pues no sólo se produce violencia contra las mujeres sino contra todo lo femenino.
Esto resignifica el carácter feminicida de esta violencia contra grupos de la diversidad sexual, tal como ocurrió en mayo del año pasado (2007) en Ciudad Juárez, cuando policías municipales agredieron a mujeres transgénero que trabajan ofreciendo sus servicios sexuales en el centro de la ciudad, por estar vestidas como mujeres (Lozoya, A. y B. Lozoya, 2007). Este tipo de violencia, así como los crímenes de odio y la homofobia, la estamos documentando, como parte de la violencia de género. Sin embargo, en términos sociales y culturales, el rasgo que sobresale en cualquier época y región es el que las mujeres son las más afectadas y expuestas, debido al carácter patriarcal que históricamente estructura a la sociedad.
La violencia, según Fromm (2003), adquiere diferentes formas de acuerdo con el grado de manifestación patológica que presenta, siendo, desde nuestro punto de vista, la perpetrada contra la vida, libertad e integridad humana y sexual de las mujeres una forma de violencia que evidencia, entre otras cosas, el odio misógino que la cultura patriarcal se ha encargado de inculcar. Fromm habla desde el psicoanálisis de la violencia reactiva: “cuando la gente se siente amenazada esta dispuesta a matar y destruir”. Igual responde así ante la frustración, incluida la envidia y los celos, lo que provoca en los individuos un deseo medio primitivo de venganza (2003: 20-25).
Pero creemos que esta violencia reactiva se puede convertir en violencia de género y violencia feminicida cuando estos elementos se mezclan con otros elementos de la cultura y poder patriarcales, a nivel estructural, es decir, cuando los aparatos de procuración e impartición de justicia no cambian sus conductas misóginas y la moralidad con la cual son juzgadas y discriminadas las mujeres y otros grupos sexo/genéricos, ante la ley; cuando la injusticia, discriminación y exclusión, aparecen en general, en las instancias de gobierno responsables de proporcionar seguridad y las mismas oportunidades de desarrollo humano a toda la ciudadanía; cuando los aparatos policiacos y en general los aparatos del Estado encubren, protegen o se coluden con redes de crimen organizado, o entre ellos mismos están los jefes de las mafias y los perpetradores de la violencia; cuando no se plantean políticas de estado que incluyan el feminicidio y la violencia de género como asunto prioritario y no se impulsen programas de desarrollo social y humano. Al no cumplir con esto, el gobierno está dando lugar a la impunidad más cínica y burda que se ha registrado en la historia de la justicia en México. Pues, como dice Rita Segato (2004), la impunidad no es sólo la causa, sino el resultado de estos crímenes, y los crímenes son un modo de producción y reproducción de la impunidad


El feminicidio como construcción social
Coincidimos con Marcela Lagarde cuando incorpora el elemento de la impunidad al entendimiento del feminicidio, pues se resignifica como construcción social y no sólo como un acto criminal
De la misma manera insistimos en que no es el asesinato contra las mujeres y una serie de actos violentos reiterados contra ellas, como la privación de la libertad, la violación y el ataque sexual, entre otros, lo único que define el feminicidio, sino también la manera como son sometidas las mujeres por hombres perpetradores de violencia, que ejercen su dominio a través del uso de la fuerza, la crueldad y el odio patriarcal. Dominio que es reforzado por la normatividad social que legitima y naturaliza estos actos feminicidas. Por ello es importante incluir modelos de intervención para hombres emisores de violencia, como lo ha hecho Juan Vargas, un integrante del equipo de investigación en Ciudad Juárez, para trabajar las emociones y experiencias masculinas en espacios terapeúticos y e iniciar procesos de reeducación para que aprendan otra manera no violenta de relacionarse con las mujeres y de resolver sus conflictos. Proponemos recategorizar el feminicidio en dos sentidos: como una categoría analítica y como una construcción social, tratando de superar las posturas referidas que obstaculizan el reconocimiento del fenómeno y las que propician la pérdida de su especificidad y significado político, ya que contribuyen al reforzamiento de la construcción de víctimas y victimarios, de nuevo desde posiciones binarias, porque se mira el fenómeno únicamente como una consecuencia más del patriarcado, sin problematizar más allá. Por ello, debemos reformular categorialmente el fenómeno, ampliar el horizonte, abrir otros ángulos de esta realidad e incorporar los cruces con otras formas de opresión social relacionadas no sólo con el género, sino con la clase, la condición etárea, la étnica migrante, así como el racismo y la xenofobia. Si bien los contextos del feminicidio pueden ser compartidos por todas las mujeres y grupos de la diversidad sexual, estas otras formas de opresión y las condiciones socioculturales y económicas en las que se reproducen tienen que particularizarse.
Ya para concluir es preciso considerar otros elementos que redimensionan el feminicidio como construcción social y que tenemos que incorporar en este ejercicio de entendimiento. Tales elementos son los que forman parte del contexto social en el que se produce el feminicidio y que caracterizan a esta frontera, como los procesos de migración, el desarrollo de la industria maquiladora de exportación, el poder alcanzado por el narcotráfico, el crimen organizado, el tráfico de indocumentados, de armas; la trata de personas, la prostitución forzada, la pornografía sádica y una violencia cotidiana que en general produce poder y muerte.
 Tomado del texto El fenómeno del feminicido Una propuesta de recategorización de  Patricia Ravelo Blancas ,  Profesora-investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y profesora visitante de la Universidad de Texas en El Paso.

15 Véase el informe del Instituto Interamericano de Derechos humanos “Femicidio: más allá del derecho a la vida. Análisis de los derechos violados y las responsabilidades estatales en los casos de femicidio en Juárez,  2008 <
16 Véase Ley General de Acceso de la Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2006). 
17 Cano, Luis Carlos “ONG: sin castigo, 75% de crímenes contra mujeres. Exigen garantizar seguridad del sector femenino e indagar a fondo los casos” El Universal, lunes 26 de noviembre de 2007. 
18 Comunicación, diálogo y observación directa durante las gestiones de marzo del 2001 a agosto del 2002, Véase también a Carlos Coria “Plantón de madres de niñas desaparecidas en Chihuahua” El Universal. México, D.F., jueves 10 de mayo de 2001, pág. B10; Rodrígo Ramírez “Exigen resultados familiares de desaparecidas. Toman mujeres congreso”, Norte de Ciudad Juárez, miércoles 17 de abril de 2002: Véase la serie de reportajes de Rosa Isela Pérez del 6 al 10 de noviembre de 2002 que aparecieron en Norte de Ciudad Juárez, en particular “Ignoran llamadas por justicia“, Norte de Ciudad Juárez, sábado 9 de noviembre de 2002, pág. 3A)
19 Rosales Anna Karina Intento de feminicidio, septiembre 18 de 2007. http://www.informarn.nl/especiales/especialfeminicidiojuarez/070918_intentofeminicidio consulta 29 de noviembre de 2007

http://lanic.utexas.edu/project/etext/llilas/vrp/blancas.pdf

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