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lunes, 8 de enero de 2018

Marcela Lagarde: Los poderes vitales y el poderío de las mujeres


El poder de ser humanas y de que los hombres sean humanos paritarios requiere  un orden genérico democrático, la democracia genérica, que regule relaciones basadas en la equidad con justicia en el reparto paritario de los poderes del mundo, en la transformación de los poderes que hoy son  para el dominio, en poderes constructivos. Y esto es posible si los poderes dejan de ser exclusivos y excluyentes y se convierten en derechos universales por ejemplo, el poder  universal y equitativo de acceder a los recursos  del mundo, o el de vivir para realizar las capacidades individuales y colectivas.

 Cada vez más mujeres queremos el poder vital de intervenir con acciones positivas para enfrentar todas las formas de opresión, la injusticia, la antidemocracia, la pobreza y la ignominia en el mundo, en especial, las referidas a las mujeres.

Las mujeres precisamos el poder vital legitimado y apoyado socialmente de  autoconstrucción de cada persona. Deseamos tener el poder vital de decidir sobre las políticas sociales, sobre el sentido del desarrollo, del trabajo, de las actividades humanas, así como el poder de concentrar todos los esfuerzos locales, nacionales, regionales y personales para deconstruir el orden patriarcal y los otros órdenes en que se apoyan las variadas formas de enajenación humana. Por todo eso, las mujeres requerimos el poder vital de orientar la vida desde una ética de la equiparación humana que enfrente y desmonte al sexismo en todas sus modalidades: Frente a la dominación basada en la asimetría, la equidad entre los géneros como parámetro y la solidaridad, y como norma de relación entre mujeres y hombres.

Frente al machismo, las mujeres necesitamos el poder vital para desarrollar una representación simbólica que nos incluya  como humanas y a los hombres como equivalentes de las mujeres. Frente a la dominación machista, el poder vital de  desmontar el poderío patriarcal de los hombres y de la sobrevaloración fantástica de su virilidad, de su cuerpo, de sus capacidades. Es preciso tener el poder de desmontar la violencia masculina, deslegitimarla y desarrollar en los hombres experiencias derivadas de la ética del cuidado (hoy, fundamentalmente femenina) y no de los principios  patriarcales del poder de la depredación, el exterminio y la aniquilación (hoy fundamentalmente masculinos).

Frente a la misoginia,  la experiencia ha mostrado que los procesos que permiten desactivarla y eliminarla son los que conducen a  la humanización de las mujeres a través de su visibilización, de su historización y de la valoración positiva de sus hechos. También se precisa la valoración económica y social del trabajo, las funciones y las actividades de las mujeres, de tal manera que sean equivalentes e intercambiables por otras y que les permitan  cambiar sus creaciones por riqueza material y simbólica y por poderío social para acceder a al bienvivir. Es preciso construir la integridad de las mujeres, de sus cuerpos, de su subjetividad, de sus vidas, de sus bienes.

Por eso, un poder vital fundamental está en hacer intocables a las mujeres, erradicar su uso como cosas. Hacerlas respetables en sus límites de seres humanas.

 Frente a la homofobia es preciso construir la integridad humana de las personas mujeres y hombres homosexuales. Ampliar en la cultura, en los mitos, en las fantasías y en los valores, la gama positiva, posible y experimentable de opciones de la sexualidad humana, y considerarlas  válidas, ni superiores ni inferiores, ni sanas ni enfermas, normales o anormales. Para ello requerimos además de lograr el respeto a las personas homosexuales, hacer que nuestra percepción del orden de géneros incluya una ampliación de los límites estrechos y binarios de la heterosexualidad. La ética sexual debería atender al respeto de la integridad de las personas y al desecho de las formas de dominación sexual y eso posibilitaría la construcción de sexualidades eróticas, amorosas y amistosas positivas y creativas para las personas y para la sociedad. Se trata del poder vital de la diversidad sexual y erótica.

http://www.cotidianomujer.org.uy/sitio/pdf/ElFeminismoenmiVida.pdf

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