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lunes, 22 de abril de 2013

Violencia viril



Las reacciones violentas que conducen a muchos hombres a maltratar a las mujeres hasta la muerte no pueden atribuirse simplemente a patologías individuales. Aparecen estrechamente relacionadas con ese modelo de masculinidad valorado socialmente como superior: un arquetipo viril que tradicionalmente se ha inculcado a los niños para hacerlos hombres, con ese sentido fuerte que se asocia con posiciones de poder en los espacios domésticos y en los escenarios públicos, y que hoy también hemos de asumir las mujeres que nos incorporamos a estos escenarios. Este arquetipo forma parte de una memoria histórica patriarcal de larga duración, compartida por todas las culturas que practican la expansión territorial sobre otros pueblos. De ahí que el patriarcado se caracterice por un sistema de valores que considera natural no sólo el dominio del hombre sobre la mujer, como suele plantearse, sino también el dominio sobre otros.


Tenemos indicios para pensar que el ejercicio de este dominio no ha sido ni es tarea fácil, y que hizo necesario construir la que podemos considerar como gran mentira primigenia: la afirmación de que existen unos seres humanos superiores a otros. Esta afirmación falsa, que ha sido cuidadosamente argumentada por las religiones y los padres de la filosofía y la política, desde Platón y Aristóteles hasta nuestros días, sólo puede sustentarse con una negación también falsa: definiendo inferiores a "los otros".


La eficacia de esta primera mentira depende de que se imponga mediante la coerción (como decía Aristóteles, "la guerra es un medio natural y justo para someter a quienes nacidos para ser mandados, se niegan a someterse"). Pero depende, ante todo, de su aceptación como verdad. Para tener credibilidad, ha tenido que ser asumida, primero, por los pueblos que practican la expansión que la han aplicado a sus relaciones internas, generando un sistema en el que se ha definido al hombre superior a las mujeres y las criaturas no adultas. Por eso, el arquetipo viril aceptado tradicionalmente como superior, prepotente con las mujeres y criaturas del propio grupo, y con otros pueblos, está en la base del sistema institucional privado y público que ha atribuido al pater familiae y al Estado el monopolio de la violencia. Y sólo se puede consolidar en la medida en que se inculca a los niños, en el proceso de aprendizaje del comportamiento adulto, a través de la familia, el Ejército, la religión, la escuela, los medios de comunicación..., y lo asumen comolo humano superior hasta encarnarlo.


Creer en la mentira primigenia, pretender que se forma parte de colectivos superiores (por el sexo, la edad, la raza, la religión, la lengua...), puede provocar reacciones violentas, físicas o simbólicas, ante cualquier expresión humana que se identifica con lo inferior, por tanto, que hay que reprimir, en uno mismo y en los demás, individual o colectivamente. De ahí la violencia de los hombres contra las mujeres, pero también otras formas de violencia que reclaman hoy un debate que ya no se puede eludir.


Amparo Moreno Sardà es catedrática de Periodismo de la UAB y concejala del Ayuntamiento de Tortosa. Es autora de El arquetipo viril protagonista de la historia,LaSal, Barcelona, y La otra política de Aristóteles, Icaria, Barcelona.

http://elpais.com/diario/2004/04/18/opinion/1082239209_850215.html

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