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martes, 17 de octubre de 2017

Distinción entre mujer y género 6/17



Tampoco mujer y género son sinónimos aunque muchísimas personas usan el término género en sustitución de la palabra mujer. Esta confusión nace del hecho de que fuimos las mujeres las que empezamos a utilizar el término para referirnos a la situación de discriminación y subordinación que experimentabamos. En efecto, históricamente son los grupos oprimidos quienes identifican las estructuras que los oprimen y es lógico entonces que el término haya sido desarrollado por las feministas para explicar y definir las estructuras que subordinan u oprimen a las mujeres de todas las clases, etnias, edades etc.

En el ámbito de las políticas públicas hay una tendencia creciente a crear políticas de género cuando en la práctica se trata de políticas dirigidas a mujeres que dejan intactas las estructuras y relaciones entre los géneros. Una política de género necesariamente tiene que tener como finalidad la superación de la desigual valoración y el desigual poder entre los géneros. De esta manera las políticas públicas de género no necesariamente deberían referirse exclusivamente a las mujeres, en tanto el sistema de género es un sistema relacional que involucra a los varones. Perfectamente podrían haber políticas penitenciarias, por ejemplo, dirigidas a los hombres privados de libertad que podrían ser políticas de género si su objetivo es transformar la forma como los reos ejercen su masculinidad.  

Es más, la mayoría de las políticas y leyes sobre o para la mujer, hasta hace muy poco, no eran género sensitivas sino que se dirigían a las mujeres como si su condición natural fuera la que social, cultural e históricamente se les ha atribuido. Así, muchos proyectos dirigidos a mujeres tenían como objetivo mejorar su condición económica, pero no tomaban para nada en cuenta su condición de subordinación en relación a los hombres en sus vidas ni los roles que tenían que desempeñar dentro de sus familias o comunidades por ser mujeres. Es más, no tomaban en cuenta la menor valoración que esos roles tienen en nuestras sociedades, el efecto en la auto estima de las mujeres y en la sociedad que tiene esa menor valoración, ni los problemas que la sobrevaloración de los roles masculinos le trae a la familia, la comunidad y la sociedad en general. Género, por lo tanto no es sinónimo de mujer aunque la mayoría de los estudios, políticas y leyes que se
relacionan o que toman en cuenta el género, sean estudios sobre la mujer, políticas hacia la mujer o leyes relacionadas con la problemática de la mujer.

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lunes, 16 de octubre de 2017

Malos entendidos acerca del significado del concepto género: Distinción entre sexo y género 5/17



La distinción entre sexo y género no es tan tajante como se creía en los inicios del desarrollo de las teorías de género.  Ya sabemos que lo que se entiende por sexo es construido socialmente también.  Sin embargo, la mayoría de las personas entienden el sexo como algo biológico, inmutable y por ende corresponde hacer, para facilitar la comprensión, una distinción entre sexo y  género. Sin esta distinción es difícil entender la subvaloración de todo lo femenino o entender que los roles y características que se le atribuyen a cada sexo, aunque se basaran en diferencias biológicas, no son una consecuencia ineludible de esas supuestas diferencias y que, por lo tanto, pueden ser transformadas. Es precisamente esta separación conceptual entre el sexo y el género la que ha permitido entender que ser mujer o ser hombre, más allá de las características anatómicas, hormonales o biológicas, es una construcción social y no una condición natural.

Entender que género no es lo mismo que sexo es fácil pero lo que no es tan fácil es hacer una distinción tajante entre uno y otro concepto porque ambos se significan mutuamente. Sin embargo, estos términos no se deben usar indiscriminadamente o, peor aún, no se debe usar el término género en sustitución de sexo. Debemos tener claro que el sexo es lo que entendemos como más o menos determinado biológicamente mientras que el género es construido social, cultural e históricamente. Sin embargo, muchas personas ahora usan género en vez de sexo porque les parece que es un término más alejado de “lo sexual”. Por ejemplo, en algunas dependencias gubernamentales preguntan el “género” de la persona que hace tal o cual demanda cuando lo correcto es preguntar por su  “sexo”. Tampoco se pueden hacer estadísticas desagregadas por “género” sino que deben ser desagregadas por “sexo”. El género, en definitiva, no es un término que viene a sustituir el sexo, es un término para darle nombre a aquello que es construido socialmente sobre algo que se percibe como dado por la naturaleza.

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domingo, 15 de octubre de 2017

Turquía: 173 mujeres asesinadas en los primeros cinco meses de 2017



173 mujeres fueron asesinadas por hombres en los primeros cinco meses de 2017, según un informe publicado por una organización activista de derechos de la mujer el 5 de junio. 

El informe de la organización de derechos de las mujeres "We Will Stop Femicide" declaró que 39 mujeres fueron asesinadas en mayo , más que cualquier otro mes. 

La organización también declaró que 38 niñas y niños  y 17 mujeres fueron abusados ​​sexualmente en mayo. 

Previamente, 137 mujeres fueron asesinadas por hombres en los primeros cinco meses de 2016, lo que significa que hubo un aumento significativo en los primeros cinco meses de 2017.

En mayo de 2017, seis mujeres fueron asesinadas en la provincia de Estambul, cinco fueron asesinadas en la provincia eEgea de İzmir y tres fueron asesinadas en la provincia de Mármara de Bursa, en la provincia de Gaziantep y en la provincia central de Anatolia de Kayseri, según el informe.  

"Las mujeres son torturadas. Son asesinados frente a sus hijos o con ellos. Los casos de muerte inesperados también están aumentando, mientras que algunas prácticas bárbaras se han utilizado para matar a mujeres, como incluso colocar explosivos en las casas ... Todos estos son síntomas de aumento de la misoginia ", declaró el informe. 

El informe también señaló que las noticias sobre el asesinato de mujeres en los medios turcos estaban disminuyendo a pesar de que el número de tales asesinatos está aumentando.   

Se publicaron alrededor de 4,090 reportajes sobre violencia contra las mujeres en los primeros 100 días de 2016, mientras que se publicaron 2,044 reportajes sobre violencia contra las mujeres en los primeros 100 días de 2017, según el informe. 

"Esta caída en los informes de prensa, incluso cuando la violencia contra las mujeres está aumentando, es otro signo de violencia contra las mujeres. El cierre de una serie de medios y restricciones en la libertad de prensa en Turquía probablemente desempeñó un papel en esta situación ", afirmó el informe. 

También afirmó que los fiscales habían cerrado casos de abuso contra niños incluso antes de que se abrieran. 

"En un caso, un niño de 16 años escribió sobre el abuso de su padre en un proyecto de redacción escolar. Su consejero transmitió el incidente a los fiscales. Pero el Comité de Monitoreo de Niños emitió un informe sobre el tema que afirmaba que el niño era esquizofrénico. Los fiscales cerraron el caso antes de que se abriera ", indicó el informe.
05 de junio de 2017

http://www.hurriyetdailynews.com/173-women-killed-in-turkey-in-first-five-months-of-2017-report.aspx?pageID=238&nID=113936&NewsCatID=509

http://www.hurriyetdailynews.com/35-women-killed-in-september-in-turkey.aspx?PageID=238&NID=104619&NewsCatID=509
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sábado, 14 de octubre de 2017

Marruecos: Retroceso en la protección a la infancia y a la mujer



Corte marroquí anula un juicio que reconoce la paternidad fuera de matrimonio

El Tribunal de Apelación de Tánger anuló un juicio, calificado de "histórico", de una corte de primera instancia que reconocía la paternidad de una niña nacida de una relación extramarital, informaron hoy medios locales.

Este fallo, emitido por la cámara de familia de esa corte, se pone fin la sentencia sin precedentes del Tribunal de Primera Instancia de Tánger que reconoció la paternidad de la niña y obligó al padre a pagar una pensión alimenticia a la madre, que fueron estimados en 10.000 dirhams (unos 900 euros) en concepto de atrasos desde el nacimiento.

Este caso se remonta a finales de 2016, cuando una mujer presentó una denuncia ante la Justicia para pedir que se le obligue al padre biológico de su hija a que pague sus costes de manutención desde su nacimiento.

El juicio del Tribunal de Primera Instancia, que fue alabado por los defensores de derechos humanos en Marruecos por su carácter excepcional, se basó en varios acuerdos internacionales sobre derechos de infancia y que fueron rubricados por el país magrebí.

Marruecos no reconoce la paternidad de los niños nacidos fuera del matrimonio y la relación sexual extramatrimonial está criminalizada por ley, que se basa en la "sharía" (ley islámica), considerada como fuente principal de legislación en cuestiones familiares.

http://www.elperiodico.com/es/sociedad/20171012/corte-marroqui-anula-un-juicio-que-reconoce-la-paternidad-fuera-de-matrimonio-6348929
https://dudandys.wordpress.com/2015/11/29/enfants-du-maroc/
http://www.elperiodico.com/es/sociedad/20171012/corte-marroqui-anula-un-juicio-que-reconoce-la-paternidad-fuera-de-matrimonio-6348929

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viernes, 13 de octubre de 2017

Sobre las perspectivas; la androcéntrica y las género sensitivas 4/17

 

Una de las principales características de nuestras culturas y tradiciones intelectuales, es que son androcéntricas, centradas en el hombre, y que han hecho de éste el paradigma de lo humano.  Una cultura androcéntrica es aquella en la que el hombre, sus intereses y sus experiencias son el centro del universo. Algo tan falso como cuando la gente creía que el Sol daba vueltas alrededor de la Tierra.  Falsedad que era percibida y vivida por todos como una verdad incuestionable.  Como hoy sabemos que es la Tierra la que gira alrededor del Sol, nos parece engreido creer lo contrario. Pero ese no es el caso con el androcentrismo.  Este sigue percibiéndose como “la verdad” o, al menos como son las cosas y punto, excepto cuando vemos la realidad desde una perspectiva de género.  Pero si el hombre es percibido como el modelo de ser humano, todas las instituciones creadas socialmente responden principalmente a las necesidades e intereses del varón y, cuando mucho, a las necesidades o intereses que el varón cree tienen las mujeres.  Si el hombre se asume como representante de la humanidad toda, todos los estudios, análisis, investigaciones, narraciones y propuestas se enfocan unicamente desde la perspectiva masculina, la cual no es asumida en su parcialidad, sino como una no perspectiva, como un hecho totalmente objetivo, universal e imparcial. En virtud del androcentrismo, los resultados de las  investigaciones, observaciones y experiencias que tomaron al hombre como central a la experiencia humana, son tomados como válidos para la generalidad de los seres humanos, tanto hombres como mujeres.

Sabemos que en toda explicación de la realidad está presente un punto de vista, un ser desde donde se mira esa realidad, un punto de partida o ángulo desde donde se miran y evalúan la totalidad de  las cosas.  Cuando el hombre es percibido como el centro del universo, su perspectiva es la que mira y evalúa todas las cosas. Más aún, cuando el hombre no sólo es el centro sino que es el paradigma de lo humano, su perspectiva se convierte en una no perspectiva, en una verdad. Es así que cuando leemos doctrina jurídica escrita por un varón, no pensamos que estamos leyendo una doctrina escrita desde el punto de vista de un hombre.  Pensamos que estamos leyendo doctrina jurídica punto. Cuando las cosas se ven desde esa perspectiva, el hombre es visto como lo esencial o central a cualquier actividad y lo masculino es el referente de lo humano. Históricamente han
dominado aquellas perspectivas que parten del punto de vista masculino y que se proyectan como si no partieran desde alguien, como si fueran universales. Sin embargo, estas perspectivas parciales, androcéntricas, que se imponen como totalizadoras de la experiencia humana no han considerado ni los puntos de vista ni las experiencias de las mujeres, lo que ha resultado en la invisibilización de las violaciones cotidianas a sus derechos humanos, así como en la infravaloración de sus necesidades como humanas.

El conocimiento y quehacer humano registrado a lo largo de nuestra historia no ha sido neutral en términos de género puesto que sólo ha incluido la experiencia y la mirada de uno de los géneros: el masculino. Por eso las feministas insistimos en que la perspectiva que pasa por una no perspectiva es androcéntrica en tanto las interpretaciones de la realidad con más reconocimiento intelectual, son aquellas que no han tomado en cuenta las relaciones de poder entre los géneros o las han marginado a tal punto que su visión o explicación de cualquier fenómeno social o cultural se ha visto parcializado, incompleto o tergiversado.  Sin embargo, las perspectivas género sensitivas o perspectivas de género como se les dice más comunmente, no pretenden sustituir la centralidad del hombre por la centralidad de la mujer aunque partan de una mirada que corresponde a la experiencia de un sujeto específico. Pretenden poner las relaciones de poder entre hombres y mujeres en el centro de cualquier análisis e interpretación de la realidad.

Las perspectivas género sensitivas son pues, aquellas que visibilizan los distintos efectos de la construcción social de los géneros.  Ponen al descubierto cómo el hombre y lo masculino son el referente de la mayoría de las explicaciones de la realidad en detrimento de las mujeres y de los valores asociados con lo femenino, y sugieren nuevas formas de construir los géneros que no estén basadas en la discriminación.  Estas perspectivas pueden ser desde el género femenino o desde el masculino.

La perspectiva de género feminista introduce la mirada y experiencia del género femenino; colectivo cuyos deseos, necesidades y experiencias han sido invisibilizadas o subvaloradas y desde allí contribuye al desmantelamiento de todos los mecanismos y formas que asumen los sistemas de dominación.16 El género es multiple y por ende, las perspectivas de género de las mujeres también lo son. Por lo tanto, la perspectiva feminista no es la contraparte de la perspectiva androcéntrica ya que no pretende la centralidad del género femenino en el sentido de construir una mirada que se eriga en una mirada única y aplicable como tal a la totalidad de los colectivos humanos. Es más, al poner en el centro de su análisis las relaciones de poder, y por consiguiente no invisibilizar al género masculino, es mucho más amplia que la perspectiva androcéntrica. Así, las perspectivas feministas parten de la experiencia de subordinación de las mujeres, pero al hacerlo visibilizan las relaciones de poder entre los géneros y el hecho de que en todo discurso hay una perspectiva involucrada.     Por otro lado, una perspectiva de género masculina no androcéntrica también permite visibilizar la experiencia e intereses de los varones como grupo específico contribuyendo a la vez, a una mirada más integral y concreta de los fenómenos sociales. Que los varones sean vistos como un grupo específico en vez de como representantes de la humanidad toda, y que ellos describan y registren sus realidades desde ésta, contribuye a la transformación de una realidad tan mutiladora de nuestras humanidades masculinas y femeninas.

Para poder incorporar una perspectiva de género en el derecho, se requiere primero ver y comprender todas las formas en que la mirada de los varones se ha asumido como humana, y corregirlas.17 Esta tarea no es nada fácil, ya que muchas de las manifestaciones del sexismo son percibidas tanto por hombres como por mujeres como “naturales”. Además, debido a que la mirada de los hombres ha pasado por tantísimos siglos como una mirada “neutral”, es difícil reconocerla para desarticularla. Más aún, en el campo del derecho que se concibe a sí mismo como una disciplina objetiva a pesar de que su instrumento es el lenguaje, posiblemente la más sexista de las instituciones patriarcales.

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miércoles, 11 de octubre de 2017

Género 3/17



El origen del concepto de género y su distinción del de sexo se debe a investigaciones en torno a varios casos de niñas y niños que habían sido asignados al sexo al que no pertenecían genética, anatómica y/u hormonalmente. Uno de los casos más famosos sobre gemelos idénticos fue estudiado por el psiquiatra Robert Stoller. Debido a un accidente en el momento de  realizarles la circuncisión, a uno de ellos le amputaron el órgano sexual. Los médicos y su familia consideraron que, dadas las circunstancias, era preferible socializarlo como niña a que viviera su vida como un varón sin pene.  Fue así como este ser creció con la identidad sexual de una niña mientras su hermano gemelo vivía como niño.  Esto hizo pensar a Stoller que la identidad sexual no siempre es resultado del sexo al que se pertenece y decidió continuar con sus investigaciones.

Es más, la apropriación del término “género” por parte de la teoría feminista, viene directamente de un libro escrito por Stoller entitulado “Sex and Gender” en el cual Stoller dice que el género se refiere a “grandes áreas de la conducta humana,
sentimientos, pensamientos y fantasías que se relacionan con los sexos pero que no tienen una base biológica.”8 Este libro describe cientos de casos de bebes geneticamente femeninas con genitales masculinizados.  Unas fueron socializadas como niños y otras como niñas.  Stoller encontró que estas personas que geneticamente eran femeninas, generalmente  asumieron la identidad sexual asignada, lo cual unas veces correspondía a la identidad biológica pero otras no.

Estos casos y otros muchos hicieron suponer a las y los científicos/as que lo determinante en la identidad sexual no es el sexo biológico sino el hecho de ser socializado/a, desde el nacimiento o antes, como perteneciente a uno u otro sexo. Es más, Stoller concluye en su libro que la asignación del rol casi siempre es más determinante en el establecimiento de la identidad sexual que la carga genética, hormonal o biológica.   A esa identidad que se fundamenta en la asignación del rol con base, generalmente pero no siempre, en el sexo biológico, él la llamó identidad de género para diferenciarla de la determinación sexual basada únicamente en la anatomía.

En 1972, Ann Oakley escribió su famoso tratado “Sexo, Género y Sociedad”9 que es el primero en introducir el término género en el discurso de las ciencias sociales. A partir de entonces, la distinción entre sexo y género fue usada por cientos de feministas como un instrumento válido para explicar la subordinación de las mujeres como algo construido socialmente y no justificado en la biología.  Este fue un paso importantísimo en la lucha contra la subordinación de las mujeres si pensamos que por siglos se insistía en que eramos biológicamente inferiores a los hombres.  Existen volumenes y volumenes de libros sobre la inferioridad mental y física de la mujer desde distintas disciplinas como la filosofía, la historia, la medicina, el derecho, la antropología, etc.  Mientras se mantuvo que las mujeres éramos inferiores debido a nuestra anatomía, ésta era nuestro destino.

Sin embargo no sería correcto atribuirle todo el reconocimiento a Ann Oakley.  Sabemos, por ejemplo, que Aphra Behn10, nacida en 1640, escribió varios ensayos y obras de teatro en las que denunciaba a los hombres por criticar a las mujeres de ignorantes cuando ellos mismos eran quienes les prohibían estudiar latin y griego. En muchas de sus obras Aphra habla de como la sociedad es quien inferioriza a las mujeres y no su anatomía. Y también sabemos que Olympe de Gouges, en 1789, escribió su famosa Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana; y Mary Wollestonecraft11, en 1792, escribió su famoso “Vindication of the Rights of Women”.  En ambos las autoras denuncian como la sociedad, y no la biología, incapacita a las mujeres para el trabajo intelectual y hasta para ciertos trabajos fisicos.  Es posible que otras mujeres en épocas aún más remotas también se hayan dado cuenta de que es la sociedad y no la biología la que dictamina que lasmujeres son de la casa y los hombres de la calle. Sin embargo,  no conocemos la mayor parte de las teorías que explican la subordinación de las mujeres con base en la socialización patriarcal porque éstas han sido borradas de la historia.

Afortunadamente, a partir de 1972, se han podido ir desarrollando teorías más sofisticadas para explicar cómo y cuánto participa la sociedad en la construcción de la identidad masculina y femenina. Como el estatus de las mujeres no se debe a un factor único, existen diversas teorías sobre el género que enfatizan distintos aspectos de éste. Sin embargo, se puede afirmar que la mayoría coinciden en que a partir de una importancia exagerada a las diferencias biológicas --y de una invisibilización de las grandes similitudes-- se construyen las diferencias/desigualdades constitutivas de cada sexo: a los bebés con genitales masculinos --o masculinizados-- se les asigna unas características y a las bebés con genitales femeninos --o feminizados-- las características contrarias, de tal manera que mientras que de los primeros en las sociedades latinoamericanas, por ejemplo, se espera un comportamiento agresivo, racional, activo, público, etc. de las segundas se espera el comportamiento contrario: dulces, emocionales, pasivas, hogareñas, etc., características éstas de menor prestigio que las primeras.  Esto no quiere decir que todos los hombres son fuertes, agresivos y racionales, ni que todas las mujeres son débiles, dulces e intuitivas, sino que esas son las características que conforman aún el ideal de lo masculino y femenino en la Latinoamérica del siglo XX.

La cuestión se complica un poco cuando entendemos que esa asignación de características, comportamientos y roles tiene elementos descriptivos y normativos a la vez. Algunas veces se dice que los hombres son racionales, activos, independientes, fuertes, etc. y otras se dice que deberían ser racionales, fuertes, etc. Esto hace que el funcionamiento del sistema por medio del cual se van construyendo las identidades de mujeres y hombres desde su nacimiento o antes, sea más difícil de aprehender.  Ninguna mujer y ningún hombre puede identificarse cien por ciento con todas las atribuciones que su propia cultura asigna a cada sexo. Así, algunas personas se resisten a aceptar que su identidad fue construida desde afuera y se aferran a la idea de que son como son, porque así nacieron. Si bien es cierto que nadie puede identificarse totalmente con su género, también lo es que nadie puede honestamente decir que no ha sido marcada/o por él.

Se complica aún más en tanto, entre más se ha estudiado la construcción de las identidades de género, más se ha comprendido que nos falta mucho por descubrir. Por ejemplo, todavía no se sabe muy bien por qué personas que desde su nacimiento han sido socializadas de acuerdo al género que el sexo asignado requería, no se identifican con el género asignado aunque a veces sí, y a veces no, con el sexo atribuido.  Se ha visto que el género, a pesar de ser impuesto socialmente, es vivido como muy propio y a veces, hasta como algo conquistado. Pero todavía hay una complicación más:  la identidad de género no se construye aislada de otras categorías sociales como la raza/etnia o la clase socioeconómica y es calificada por la edad, la orientación sexual, el grado de capacidad/habilidad, la
nacionalidad, etc.  De manera que la sociedad no construye a todas las mujeres idénticamente subordinadas ni a todos los hombres con los mismos privilegios aunque sí en su universalidad las mujeres son subordinadas por los hombres. Es difícil reconocer que la mujer de clase alta, en edad reproductiva, adinerada, sin discapacidades visibles, blanca, esposa de un banquero, pueda compartir la subordinación de género con una mujer pobre, vieja, discapacitada, lesbiana y negra.  Pero así es.  Ambas comparten el mandato de ser para un hombre, dedicarse centralmente a los hijos y a la casa; ambas son invisibilizadas por el lenguaje, marginadas de la historia, y permanentemente víctimas potenciales del abuso y acoso sexual.  Ambas viven en un mundo que simbólicamente las aniquila y que constantemente les recuerda que ser mujer es no ser persona y sin embargo cada una pertenece a una cultura que representa de distintas maneras esta subordinación.

Por esto, Barrie Thorne, Cheris Kramarae y Nancy Henley han insistido en que “el género no es un hecho unitario ni natural, pero toma forma en relaciones sociales concretas e historicamente cambiantes.”12 Al igual, para Gerda Lerner: “Es la definición cultural del comportamiento asignado como apropiado para cada uno de los sexos en una sociedad determinada. El género es un conjunto de roles culturales. Es un disfraz, una máscara con la que hombres y mujeres bailan su desigual danza”.13

El concepto de género alude, tanto al conjunto de características y comportamientos, como a los roles, funciones y valoraciones impuestas dicotómicamente a cada sexo a través de procesos de socialización, mantenidos y reforzados por la ideología e instituciones patriarcales. Este concepto, sin embargo, no es abstracto ni universal, en tanto se concreta en cada sociedad de acuerdo a contextos espaciales y temporales, a la vez que se redefine constantemente a la luz de otras realidades como la de clase, etnia, edad, nacionalidad, habilidad, etc. De allí que las formas en que se nos revelan los géneros en cada sociedad o grupo humano varía atendiendo a los factores de la realidad que concursan con éste.

La atribución de características, comportamientos y roles dicotómicos a cada uno de los sexos es un problema de discriminación contra las mujeres porque, como ya se dijo, los de las mujeres gozan de menor o ningún valor.  Pero el problema es más serio aún:  las características, comportamientos y roles que cada sociedad atribuye a los hombres, son las mismas que se le asignan al género humano. De esta manera lo masculino se convierte en el modelo de lo humano. Esto dificulta aún más la eliminacion de la discriminación contra las mujeres porque ya no se trata solamente de eliminar estereotipos y cambiar roles sino que es necesario reconceptualizar al ser humano, tarea  que implica reconstruir todo el “saber” que hasta ahora ha partido de una premisa falsa: el hombre como modelo o paradigma de lo humano y la mujer como “lo otro”.

  En síntesis, las teorías de género insisten en la cualidad fundamentalmente social de las distinciones basadas en el sexo. Según estas teorías, el sistema de sexogénero atribuye características, aptitudes y actitudes a cada uno de los dos sexos de manera tal que las atribuidas al masculino gozan de mayor prestigio y se erigen en las características, actitudes y valores paradigmáticas del ser humano.  Al insistir en que éstas son atribuidas a cada sexo desde antes de nacer la persona, estas teorías están esbozando las razones ideológicas y políticas de asignarle a cada sexo características jerarquizadas y diametralmente opuestas.

El problema fue que al desarrollar las teorías sobre el sistema de sexo-género, se obvió el hecho de que lo que se entiende por sexo también es culturalmente construido, como lo es del mismo modo que en la mayoría de nuestras culturas, solo se reconocen dos sexos.  Tal problema produjo muchas críticas, entre las cuales estaba la de que su explicación del estatus subordinado de las mujeres seguía dependiendo de un hecho de la naturaleza: el sexo.  También se le criticó su direccionalidad:  descansa en una matriz que va de lo biológico a lo social, del sexo al género.  Posteriores desarrollos han demostrado que  para explicar la subordinación de las mujeres se debe partir de lo social a lo biológico.  En otras palabras, la cultura no solo atribuye y construye el género, sino que ¡crea e inventa el sexo!

Es obvio, entonces, que el concepto de género no es esencialista, ya que mucho se ha insistido en su carácter histórico y cambiante. El problema radica más bien en la teoría del sistema de sexo-género desarrollada principalmente por Rubin14. De acuerdo a esta teoría, la niña al nacer es solamente un ejemplar de la hembra de la especie humana, convirtiéndose en un ser subordinado a la supremacia masculina gracias a la acción de la sociedad en la cual nació. Es así que, siempre según Rubin, una hembra nace hembra gracias a su sexo; se convierte en mujer gracias al género que le atribuyen y que ella acepta como propio.

Como es fácil comprobar, la teoría de Rubin y otras similares, trascienden las explicaciones biologicistas sobre la subordinación de las mujeres pero se basan en la dicotomización del binomio naturaleza/cultura al colocar el sexo en la esfera de la primera y el género en la de la segunda. De esta manera, si bien el género es explicado como una categoría cambiante e histórica, el sexo permanece estático. Esta dependencia de un concepto inmutable es lo que ha llevado a algunas personas a tildar estas teorías de esencialistas.  Pero, que el sexo haya sido entendido por las creadoras de las teorías del sistema de sexo-género como algo inmutable y ahistórico no es del todo correcto.  Muchas reconocen que la base biológica del género, es decir, el sexo, es siempre culturalmente experimentada.  Esto quiere decir que aunque se ha explicado el sistema de sexo/género echando mano del pensamiento dicotómico prevaleciente en nuestras culturas patriarcales, se ha hecho para facilitar la comprensión de este sistema tan complejo.  Por ello, algunas feministas prefieren hablar de relaciones de género en vez del sistema de sexogénero, haciendo énfasis en el carácter relacional del concepto.

Como explica Saffioti15, las personas al nacer son transformadas, a través de las relaciones de género, en mujeres y hombres, de manera tal que cada una de estas categorías-identidades, excluye a la otra. Así, el sexo anatómicamente configurado sugiere, en términos estadísticos, la transformación de ciertos individuos en mujeres y de otros en hombres.  El convertirse en una u otro es por lo tanto obra de las relaciones de género y no de la biología o la anatomía.  Tan es así que bébes de genitales masculinos pueden convertirse en mujeres así como bébes de genitales femeninos, en hombres.  Desde la perspectiva de las relaciones de género, hombres y mujeres son ambos prisioneros del género, pero de maneras altamente diferenciadas aunque interrelacionadas.  Resulta  interesante que aunque el derecho sancione a todas aquellas personas que no se conforman con su género, es más fácil recurrir a procedimientos quirúrgicos para cambiar los genitales y otras características sexuales, que tratar de alterar el género.  Recordemos que  aunque éste es socialmente impuesto a una persona, es percibido por ella como propio o  conquistado y por ende inviolable.

Es así como de una explicación biologicista (sexista) de las diferencias entre hombres y mujeres (en realidad justificaciones de los privilegios masculinos), pasando por teorías que tal vez pecaron de simplistas o esencialistas (las teorías del sistema de sexo-género) se llegó a una (la teoría de las relaciones de género) que devela el esfuerzo de la ideología patriarcal por naturalizar procesos sociales y que demuestra que la creación de seres heterosexuales con una identidad de género aprobada por su sociedad, se debe a un proceso social extremadamente complejo y profundamente no natural; una teoría que concibe el sexo como una relación vivida y mutable, es decir, que insiste en su naturaleza relacional.  De ahí que se entienda que el género es construido no con base en algo inmutable, sino en relación al otro género, tan mutable e histórico como el mismo.

El derecho desempeña un papel importante en estas relaciones de género, como veremos a lo largo del presente libro.  Por ahora, baste decir que para el derecho, sexo y género, en relación a las mujeres, son fusionados en un solo concepto: el sexo femenino, entendido como un hecho natural, ahistórico e inmutable.  En relación a los hombres, en cambio, el tema no tiene importancia porque éste los mira como comprendidos dentro de su “sujeto único”.

Finalmente cabe señalar que ha sido tan importante el aporte de las feministas a través de las teorías de género que la ONU acepta y valida la perspective feminista como categoría descriptiva de la situación de discriminación que viven las mujeres. Más aun, exige a los Estados integrarlo en todas las políticas y programas así como en la legislación. Define la incorporación de la perspectiva de género como una estrategia para hacer que los intereses y experiencias tanto de mujeres como de hombres sean una dimensión integral del diseño, implementación, monitoreo y evaluación de políticas y programas en todas las esferas del quehacer humano, con el objetivo de que todas las personas se beneficien igualmente y para que la desigualdad de lo femenino con respecto a lo masculino no sea perpetuada. El objetivo último de esta estrategia sería pues, lograr la igualdad entre  mujeres y hombres.

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martes, 10 de octubre de 2017

Las mujeres de Paraguay enfrentan fuertes retrocesos en sus derechos




Esta carta que llega del Ministerio de Educación y Ciencias  de Paraguay nos pone de manifiesto la confusión de sus gobernantes .  Se trata de una resolución del Ministro de Educación que manifiesta el retroceso enorme que  las mujeres  y las personas de la diversidad sexo-genérica  están enfrentando

Esto entra en contradicción con la ratificación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW),  que en la Ley N° 1215 de 1986,  determinó que la República del Paraguay asume la obligación de adecuar su legislación y políticas públicas para igualdad y no discriminación de las mujeres, y garantizar el efectivo ejercicio y goce de sus derechos.

Recordamos que La Convención establece la obligación de los Estados a:

- Contar con políticas públicas encaminadas a eliminar la discriminación contra la mujer.
- Establecer protección jurídica de los derechos de la mujer por conducto de tribunales competentes que protejan a las mujeres contra actos discriminatorios.
- Reconocer la igualdad de la mujer con el hombre ante la ley, su plena capacidad jurídica y la igualdad de trato en las cortes de justicia y los tribunales.
 Todas ellas políticas con marcado carácter de género. 

Todo hace sospechar  que tienen una idea errónea de lo que el género supone y al hablar de "ideología de género " nos recuerdan mensajes trasnochados que olvidan los impagables aportes de la mujer paraguaya a su país . 

 Todo nuestro apoyo a las mujeres paraguayas 
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Os invitamos a festejar los 15 años de la Fundación entredós


Pocos lugares hay en el mundo como "entredós" , donde las mujeres podamos encontrarnos y crecer .
Allí conocí a Marcela Lagarde , compartí tertulia  con Rosa Cobo , escuche preciosos conciertos y charlé animadamente con mujeres del mundo a las que con todo orgullo les enseñe el espacio.
Allí puedes encontrar propuestas diversas de crecimiento y empoderamiento, pero sobretodo es un lugar de encuentro para avanzar en el feminismo.

Entredós es un espacio a cuidar, compartir y celebrar . 





Desde aquí nos sumamos a su celebración y le deseamos muchos muchos años de permanencia,  agradeciendo lo mucho que hace por nosotras .





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lunes, 9 de octubre de 2017

Miles de mujeres palestinas e israelíes marchan por la paz en Jerusalén

Ronen Zvulun / Reuters

"No creo en el liderazgo masculino, lo hacen mal, hacen más problemas de los necesarios y ya lo han demostrado a lo largo de los siglos", afirmó Yeilá Raanán, del kibutz Kisufim, a un kilómetro y medio de Gaza. Como Raanán las mujeres de Mujeres Activas por la Paz creen que las mujeres pagan un precio muy alto por las guerras y que por ello tienen mayor interés en acabar con ellas. "Mi marido y mi hermano están en cárceles israelíes, uno de mis hijos ha sido detenido en diferentes ocasiones por tirar piedras y cosas, yo de verdad que no quiero que mis nietos nazcan en un mundo así, por eso estoy aquí", confesó Saida, de Hebrón.


Una marcha pacífica ha unido este domingo (8 de octubre 2017)  a unas 30.000 mujeres palestinas e israelíes en Jerusalén, informa el diario 'Haaretz'. La marcha, organizada por el movimiento pacífico Women Wage Peace, creado tras el conflicto armado en Gaza del 2014, urgió a los Gobiernos de Israel y Palestina a alcanzar la paz.

De esta forma, concluyó ante la residencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, la así llamada 'caminata pacífica', que arrancó este 24 de septiembre en la ciudad de Sederot y que ha durado dos semanas. En todo este tiempo, miles de activistas atravesaron zonas desérticas, pasando por distintas localidades en el territorio de Cisjordania y de Israel.

A la iniciativa se unieron víctimas de la violencia, entre ellos el exparlamentario israelí Shakib Shanan, cuyo hijo, que servía en Policía, perdió la vida en un ataque terrorista contra el Monte del Templo el pasado mes de julio.

El más reciente conflicto armado entre Israel y la Franja de Gaza estalló en julio de 2014 y duró 50 días.
El conflicto se cobró la vida de más de 2.100 palestinos, en su mayoría civiles, y de 73 israelíes, seis de ellos civiles.

http://www.lavanguardia.com/internacional/20171009/431918682238/mujeres-paz-israel-palestina.html
https://actualidad.rt.com/actualidad/252320-miles-mujeres-palestinas-israelies-marcha-jerusalen
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Feminismo 2/17



Conocer el pensamiento feminista no sólo es importante para entender las aspiraciones del movimiento más importante del siglo XX, sino para comprender el rol que ha desempeñado el derecho en la mantención y reproducción de la ideología y estructuras que conforman el Patriarcado. Además, el feminismo es un rico instrumento para llenar de contenidos más democráticos los valores que podríamos querer preservar. Es decir, conociendo el pensamiento feminista, podriamos  mantener —dándoles otro contenido— los principios e instituciones que el mismo derecho nos ha enseñado a valorar para así poder lograr más justicia y armonía en nuestras sociedades.  

El pensamiento feminista es desconocido por la gran mayoría de los y las juristas latinoamericanos, por lo que no es de extrañar que esté ausente en la enseñanza del derecho. Es más, dado que el poder de definir y atribuir significados a los conceptos es una de las prerogativas del poder masculino, no es de extrañar que los diccionarios definan el feminismo restrictivamente, como “una doctrina social que concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que a los hombres.”4 Con esta definición se ignora la variedad de explicaciones que, desde múltiples disciplinas sociales, dan cuenta de la subordinación de las mujeres, el impacto que ésta tiene en todas las estructuras sociales, políticas y económicas y el potencial transformador de las teorías y prácticas feministas.  

De acuerdo a Castells5 “entenderemos por feminismo lo relativo a todas aquellas personas y grupos, refexiones y actuaciones orientadas a acabar con la subordinación, desigualdad, y opresión de las mujeres y lograr, por tanto, su emancipación y la construcción de una sociedad en que ya no tengan cabida las discriminaciones por razón de sexo y género.” Es una ideología plural y diversa con un solo objetivo político: transformar la situación de subordinación de las mujeres en todo el mundo. La teoría feminista es a su vez,  la producción teórica que se enmarca dentro del contexto feminista y que tiene como característica principal ser comprometida. Es decir, “quiere entender la sociedad con el objeto de desafiarla y cambiarla; su objetivo no es el conocimiento abstracto sino el conocimiento susceptible de ser utilizado como guia y de informar la práctica política feminista”6 

Vemos así que la definición que da el diccionario patriarcal no es correcta. En primer lugar, el feminismo es mucho más que una doctrina social; es un movimiento social y político, es también una ideología y una teoría, que parte de la toma de conciencia de las mujeres como colectivo humano subordinado, discriminado y oprimido por el colectivo de hombres en el patriarcado, para luchar por la liberación de nuestro sexo y nuestro género. El feminismo no se circunscribe a luchar por los derechos de las mujeres sino a cuestionar profundamente y desde una perspectiva nueva, todas las estructuras de poder, incluyendo, pero no reducidas a, las de género. De ahí que, cuando se habla de feminismo, se aluda a profundas transformaciones en la sociedad que afectan necesariamente a hombres y mujeres. Las feministas pensamos que los hombres que pertenecen a colectivos subordinados, oprimidos y discriminados por su raza, etnia, clase, edad, orientación sexual, discapacidad, etc. podrían enriquecer su accionar político a partir de un análisis feminista de sus privilegios de género para entender cómo y cuánto éstos contribuyen a la mantención del poder de unos cuantos hombres sobre la mayoría de los seres humanos.   
En segundo lugar, el feminismo no “concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que a los hombres". Al contrario, partiendo de su diferencia y porque ésta no ha tenido lugar en el mundo, cuestiona profundamente todas las estructuras e ideologías que han mantenido al hombre como central a la experiencia humana. El feminismo lucha precisamente contra esa forma androcéntrica de ver el mundo, que considera que el hombre es el modelo de ser humano y por ende, que la suprema mejora de la mujer es elevarla a la categoría de los hombres (que desde el punto de vista patriarcal es sinónimo de elevarla a la categoría de ser humano). Desde el feminismo la singularización del genérico femenino en “la mujer” y la pluralización de “los hombres” dan cuenta de la estrategia de naturalización y homogenización del sistema de dominación masculina para meter dentro de un mismo saco a todas las mujeres independientemente de sus diferencias. 

En tercer lugar, es difícil hablar de “feminismo” en singular ya que existen distintas corrientes. Es precisamente su pluralidad ideológica y de prácticas la que permite comprender cómo y qué tan profundamente la ideología patriarcal permea todas las cosmovisiones, el conocimiento y hasta nuestros sentimientos más íntimos. En el marco de esta diversidad hay consensos y disensos al igual que en cualquier otra corriente de pensamiento. Entre los elementos o principios comunes que compartimos todas las feministas destacamos los siguientes:       

a) La creencia de que todas las personas --mujeres y hombres--  valemos en tanto seres humanos igualmente diferentes e igualmente semejantes, tanto dentro de cada uno de estos dos grandes colectivos humanos, como entre el colectivo de hombres y el de mujeres. Es decir, si bien somos todos seres humanos, a la vez somos diferentes en términos de individualidades y en términos de colectivos. Sin embargo estas diferencias no deben significar una mayor valoración de un grupo en desmedro de otro, menos aún cuando se trata de diferencias que no dependen de adscripciones sino que de condiciones del ser. Subvalorar por razones de sexo, etnia, raza, etc. es rechazar la totalidad humana de una persona y el feminismo es, por sobre todas las cosas, humanista. 

Así, el embarazo, el parto, la menstruación, el climaterio, etc. no son los causantes de "problemas jurídicos" como generalmente se nos ha dicho. Son realidades que dan cuenta de las diferencias actuales entre mujeres y hombres. El derecho, sin embargo, los ha convertido en "problemas" al calificarlos de situaciones especiales o fuera de lo común, !a pesar de que son vividos por más de la mitad del género humano! El derecho parte del punto de vista masculino, los intereses y necesidades de las mujeres que nacen de esas diferencias, son vistos como extraordinarios o particulares a un sector de la población. Es decir, como cuestiones a las cuales el derecho debe dar un trato “especial” por no ser necesidades del género humano. Más aun, el derecho da respuesta exclusivamente a los intereses de los hombres y trata dichas necesidades como universales al ser humano y no como propias de una mitad de los sujetos del derecho. Si el derecho fuese realmente neutral, tendría que tratar las necesidades exclusivas de cualesquiera de los sexos
como situaciones que requieren de un trato especial.  Mientras las de los hombres se equiparen a las necesidades humanas y las de las mujeres sean tratadas como “específicas”, el derecho seguirá siendo androcéntrico, que es lo mismo que decir no objetivo, no neutral y definitivamente parcial al sexo masculino. 

Tomemos un ejemplo para clarificar lo anterior. El derecho reconoce y proteje la necesidad que tienen los hombres de tener certeza sobre la paternidad biológica. Para ello, es necesario activar mecanismos de control sobre la sexualidad y capacidad reproductiva femenina, y por extensión controlar la reproducción humana.  Esto último a pesar de que es en el cuerpo de las mujeres que se realiza esta importante función. Así, el derecho pretende pasar por universal una necesidad que es de los varones y que además repercute en la restricción del ejercicio de autonomía sexual y reproductiva de las mujeres. Es el caso de la prohibición del aborto o de la diferencia que existía entre el adulterio de un hombre (amancebamiento) y el de una mujer. 

La impotencia de los hombres en relación a la reproducción humana es la que está en la base de la legislación y doctrina familiar. Por ejemplo, todavía existen artículos en muchos códigos civiles o de familia que prohiben a las mujeres divorciadas volver a contraer nupcias hasta no parir o hasta que hayan pasado trescientos y tantos días que verifican la paternidad ante un eventual embarazo. Es obvio que ésta no es una necesidad de las mujeres y, sin embargo, esta situación es regulada por el derecho como si fuera una necesidad de la humanidad toda. Peor aún, es regulada en detrimento de la libertad de las mujeres de contraer o no nuevas nupcias. Los legisladores no consideran más relevante, por ejemplo, que esa certeza se dirija a darle un padre y una madre a la niña o niño y que la sociedad asuma su responsabilidad en la crianza y desarrollo de ellos. Un derecho con estas características podría contribuir a llenar una necesidad social que involucra a las mujeres y de paso promovería el ejercicio de una paternidad responsable más alla de factores biológicos.   

Esta calificación de “especiales” a las necesidades de las mujeres generalmente se traduce en derechos de menor valor o cuya eficacia merece dudas. Es el caso de las pensiones alimenticias o de los fueros maternales y de sus consecuencias para que las mujeres consigan empleos. 

b) El segundo principio es que todas las formas de discriminación y opresión son igualmente oprobiosas; descansan las unas en las otras y se nutren mutuamente. Por eso, la mayoría de las corrientes feministas no exige simplemente más derechos para las mujeres sino que cuestiona cómo se van a ejercer esos derechos y a quiénes van a beneficiar. Cierto es que a veces la estrategia del feminismo es apoyar ciertas reformas legislativas que, al principio, probablemente sólo beneficiarán a las mujeres de clase media alta, pero se apoyan estas iniciativas con la esperanza de que transformen las relaciones de poder, y no porque se crea que con darles derechos a 
las mujeres de clase media se logra la eliminación de la subordinación de todas las mujeres. 

Desafortunadamente, el derecho no hace las conexiones necesarias entre las distintas discriminaciones que prohibe sino que las trata como si fueran fenómenos aislados.  Peor aún, en muchos casos trata la discriminación basada en  el sexo o el género como algo natural al cual el derecho no debe dar solución y más bien debe reforzar. Así por ejemplo, hasta mediados de este siglo, nuestros códigos civiles reservaban a la mujer la calidad de "relativamente" incapaz juridicamente en razón de su natural incapacidad para actuar en la vida jurídica, homologándola a los menores adultos. También se autorizaba al marido a corregir moderadamente el actuar de sus subordinados en el núcleo familiar ya que se le debía obediencia a cambio de la protección y provisión que éste brindaba.   

c) El tercer principio tiene relación con el sentido de la existencia humana. Las teorías feministas parten de que la armonía y la felicidad son más importantes que la acumulación de riqueza a través de la producción, el poder y la propiedad. Las personas somos parte de una red humana interdependiente en la que lo que afecta a una también afecta a la otra. Así como la oprimida es deshumanizada, el opresor también pierde su pertenencia a la humanidad en cuanto oprime otra vida. El feminismo se opone al poder sobre las personas y propone a cambio el poder de las personas.  

Desde el derecho, sin embargo, se han reproducido históricamente relaciones de poder sobre otros, y en particular sobre todas las mujeres. El deber de obediencia de la mujer a su marido, la obligación de seguirlo a su lugar de residencia, la pérdida de apellido cuando se casaba, la no criminalización de la violencia sexual en el matrimonio, etc. son algunos ejemplos de cómo ha operado el derecho y en beneficio de quién. Es reciente el cambio en nuestros códigos civiles por estatutos más igualitarios y aún presentan deficiencias. En efecto, cuando se trata de cambiar una concepción sobre las relaciones entre hombres y mujeres, debe abordarse el problema integralmente y debe buscarse en todo el tramado jurídico normativo las expresiones de dicha desigualdad. No siempre se ha operado así en las reformas realizadas y por ejemplo subsisten normas penales discriminatorias con normas civiles igualitarias o viceversa. 

d) Lo personal es político. Esta afirmación es precisamente lo que amplía el análisis sobre el poder y el control social a aquellos espacios tradicionalmente excluidos de este tipo de análisis. En efecto, el patriarcado distingue dos esferas de acción y producción simbólica totalmente separadas e independientes entre sí. Una, la pública, es reservada a los varones para el ejercicio del poder político, social, del saber, económico, etc.; y la otra es para las mujeres quienes asumen subordinadamente el rol esposas y madres. Por supuesto esta distinción sólo es aplicable a las mujeres, puesto que los hombres transitan y en definitiva gobiernan ambas esferas.   

 Los valores democráticos deben vivirse tanto en la esfera pública como en la privada:  

De esta manera, el feminismo critica la tendencia a ofrecer una serie de valores que deben guiar las interacciones en lo personal o lo privado, y otra serie de valores que deben guiar las interacciones en el mundo público de la política y el poder. La empatía, la compasión y los valores orientados hacia la persona, son los que deben ser valorados y afirmados no sólo en la familia y el hogar sino también en el diseño de políticas, en la diplomacia y en la forma en que se practica la política.7 

Que lo personal es político también se refiere a que las discriminaciones, opresiones y violencia que sufrimos las mujeres no son un problema individual, que sólo concierne a las personas involucradas, sino que la expresión individual de esa violencia en la intimidad es parte de una estructural que por tanto responde a un sistema y a las estructuras de poder. Se trata entonces de un problema social y político que requiere de soluciones en ese nivel. Así, el silencio de las mujeres frente a la violencia es parte de la conducta esperada de parte del patriarcado; es la respuesta para la cual todo el aparato estatal y la sociedad en su conjunto, está preparada, mientras que la denuncia da cuenta de la incapacidad de dichas estructuras para asegurar el ejercicio de los derechos humanos tan universalmente planteados. 

En el derecho la distinción público/privado cruza todo el entramado normativo y responde a los parámetros que definen ambas esferas en las sociedades patriarcales. En efecto, las mujeres son tratadas explícitamente a propósito de la familia o de la sexualidad, es decir en relación a ámbitos propios de lo privado, a la par que son excluidas del ámbito público como lo demuestra su reciente conquista (menos de 100 años en Europa y menos de 50 años en muchos países latinoamericanos) del voto. Por otra parte, si bien se castiga la violencia sexual ejercida por extraños, no se penalizaban tradicionalmente conductas como la violación o el maltrato del marido a la mujer. Se trataba de una esfera gobernada por el jefe del hogar en la que el derecho actuaba como consagrador y legitimador de dicho poder.  

Una tercera y última dimensión de "lo personal es político" dice relación con la necesaria integración del discurso y la práctica y viceversa.  

e) Un quinto elemento, común o de consenso entre las feministas es que la subordinación de las mujeres tiene como uno de su objetivos el disciplinamiento y control de nuestros cuerpos. Toda forma de dominación se expresa en los cuerpos ya que son éstos en última instancia los que nos dan singularidad en el mundo. En el caso de las mujeres, el disciplinamiento ha sido ejercido por los hombres y las instituciones que ellos han creado, la medicina, el derecho, la religion, con el fin de controlar la sexualidad y la capacidad reproductiva de las mujeres, expresión de la diferencia sexual. 

En el derecho, son muchas las manifestaciones de este control. Por una parte, la heterosexualidad impuesta como requisito de la esencia para constituir familia a través del matrimonio. Por otra, el que dentro de la institución matrimonial patriarcal sea el marido el que tiene la autoridad, reflejada hasta hace poco por el deber de obediencia de la mujer y por su incapacidad para actuar por sí misma en el ámbito público jurídico, es expresión de este control. Más aún, el que durante más de un siglo se tolerara la violación conyugal y la violencia física dentro del ámbito familiar también da cuenta de hasta dónde el derecho ha legitimado al varón en el uso de la fuerza sobre nuestros cuerpos para dominarnos.   

f) El género es una categoría social como lo es la raza, la clase, la edad, etc. que atraviesa y es atravesada por todas las otras categorías sociales. Tiene su base material en un fenómeno natural, de nacimiento que es el sexo, cuya desaparición no depende de la desaparición de las diferencias sexuales así como la desaparición del racismo no depende de la eliminación de las distintas etnias. La perspectiva de género (feminista) por su parte, permite visibilizar la realidad que viven las mujeres así como los procesos culturales de socialización que internalizan y refuerzan los mecanismos de subordinación de las mujeres. En este sentido, la perspectiva de género no sólo analiza la relación de subordinación entre las mujeres y los varones sino que también las relaciones entre mujeres y la funcionalidad de sus prácticas con el sistema patriarcal. No entraremos a profundizar en este punto pues es el que se desarrolla a continuación.

http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:mDqWVk3zE_MJ:centreantigona.uab.es/docs/articulos/Feminismo,%2520g%25C3%25A9nero%2520y%2520patriarcado.%2520Alda%2520Facio.pdf+&cd=3&hl=es-419&ct=clnk&gl=es


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domingo, 8 de octubre de 2017

En Rebeldía. Narraciones femeninas en el mundo árabe en el IVAM

Leila Alaoui | Place Jemaa El Fnaa #3, Marrakech, serie Les Marocains, 2011


Hemos criticado en muchas ocasiones el abandono del arte de las mujeres en el Instituto Valenciano de Arte Moderno por lo que en este caso debemos agradecer esta exposición y alegrarnos por haber hecho  un lugar para este grupo de mujeres más abandonadas aún. 


En Rebeldía. Narraciones femeninas en el mundo árabe
FECHA DE INAUGURACIÓN
14 Septiembre 2017
FECHA DE CLAUSURA
28 Enero 2018

Esta exposición indaga en las realidades del mundo árabe desde la década de los noventa, vistas a través de las distintas perspectivas de artistas mujeres. También se incluyen algunas obras que reflexionan sobre la construcción de la feminidad realizadas por hombres.




Mediante el uso de dispositivos como la fotografía y el vídeo, queda de manifiesto la capacidad política de transformación de las mujeres en tanto que agentes sociales.
Randa Maddah | Light horizon, 2012 |

Cuatro son los ejes conceptuales de este proyecto: Espacios privados, ámbitos personales; el cuerpo, el deseo, la sexualidad; lugares y símbolos de lo público, y finalmente, la historia, sus pliegues y conflictos. Entre las artistas participantes hay obras de Nadia Benchallal, Mona Hatoum, Ghada Amer, Nermine Hammam, Zohra Bensemra, Diana El Jeiroudi, Farida Hamak, Amal Kenawy, Tamara Abdul Hadi, Zineb Sedira, Raeda Saadeh, Ahlam Shibli, Mohammed Soueid, Akram Zaatari, Leila Alaoui, Rana El Nemr, Rula Halawani, Randa Maddah y Nidaa Badwan. Imágenes de archivo de la Arab Image Foundation y de la American University in Cairo.

Raeda Saadeh | Who will make me real?, 2003 |

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sábado, 7 de octubre de 2017

FEMINISMO, GENERO Y PATRIARCADO por ALDA FACIO MONTEJO 1/17


Conceptualmente, las diferencias entre los sexos no implican desigualdad legal. Es posible concebir a mujeres y hombres como legalmente iguales  en su diferencia mutua.  Pero ese no ha sido el caso, al menos en los últimos 5 o 6 mil años. Desde el punto de vista histórico, las diferencias entre los sexos y la desigualdad legal están estrechamente ligadas. ¿Por qué?  Porque la diferencia mutua entre hombres y mujeres se concibió como la diferencia de las mujeres con respecto a los hombres cuando los primeros tomaron el poder y se erigieron en el modelo de lo humano. Desde entonces, la diferencia sexual ha significado desigualdad legal en perjuicio de las mujeres.  Esta desigualdad podría haberse dado en contra del sexo masculino si el parámetro de lo humano hubiese sido a la inversa. Pero, está empíricamente probado que la jerarquización se hizo y se hace a favor de los varones. Es más en todas partes y en la mayoría abrumadora de las culturas conocidas, las mujeres somos consideradas de alguna manera o en algún grado, inferiores a los hombres. Cada cultura hace esta evaluación a su manera y en sus propios términos, a la vez que genera los mecanismos y las justificaciones necesarias para su mantenimiento y reproducción.  

Sin embargo, a pesar de que en cada cultura el grado de inferioridad de las mujeres con respecto a los hombres y los argumentos para justiciarla pueden ser distintos, todas las culturas conocidas tienen algunos rasgos comunes. Janet Saltzman ha identificado tres de éstos: 1) una ideología y su expresión en el lenguaje que explícitamente devalúa a las mujeres dándoles a ellas, a sus roles, sus labores, sus productos y su entorno social, menos prestigio y/o poder que el que se le da a los de los hombres;
2) significados negativos atribuidos a las mujeres y sus actividades a través de hechos simbólicos o mitos (que no siempre se expresan de forma explícita); y 3) estructuras que excluyen a las mujeres de la participación en, o el contacto con los espacios de los más altos poderes, o donde se cree que están los espacios de mayor poder tanto en lo económico y lo político como en lo cultural. Nosotras agregaríamos una cuarta característica: 4) el pensamiento dicotómico, jerarquizado y sexualizado, que lo divide todo en cosas o hechos de la naturaleza o de la cultura, y que al situar al hombre y lo masculino bajo la segunda categoría, y a la mujer y lo femenino bajo la primera, erige al hombre en parámetro o paradigma de lo humano, al tiempo que justifica la subordinación de las mujeres en función de sus pretendidos “roles naturales.  

La universalidad de la subordinación femenina, el hecho de que exista y que involucre los ámbitos de la sexualidad, la afectividad, la economia y la política en todas las sociedades, independientemente de sus grados de complejidad, da cuenta de que estamos ante algo muy profundo, e historicamente muy enraizado, algo que no podremos erradicar con un simple reacomodo de algunos roles en lo sexual o social, ni siquiera con reorganizar por completo las estructuras económicas y políticas. Instituciones como la familia, el Estado, la educación, las religiones, las ciencias y el derecho han servido para mantener y reproducir  el estatus inferior de las mujeres.   En particular y por ser el derecho, en definitiva, la materia que nos ocupa en esta publicación, cabe señalar la importancia que éste tiene en el mantenimiento y reproducción de un sistema que trivializa la vida y experiencias de la mitad de la humanidad. La función social del derecho es regular la convivencia de hombres y mujeres en una sociedad determinada con el fin de promover la realización personal y colectiva de quienes hacen parte de una comunidad, en paz y armonía.  Si ésto es cierto, cabe decir que el derecho no ha cumplido con esta finalidad. Leyes que esclavizan a las mujeres, que  restringen de diferentes modos de acuerdo a su clase, etnia, raza, edad, habilidad, etc.,  sus posibilidades de ser y actuar en el mundo, que otorgan más poder económico, político y sexual a los hombres, sólo pueden profundizar una convivencia basada en la violencia y en el temor.  

Por ello, repensar el derecho y su función social, es un desafío que va más alla de contar con “buenas leyes” o con “buenas resoluciones judiciales” para las mujeres. Significa hacer de esta disciplina un instrumento transformador que desplace los actuales modelos sexuales, sociales, económicos y políticos hacia una convivencia humana basada en la aceptación de la otra persona como una legítima otra y en la colaboración como resultante de dicho respeto a la diversidad.        

El concepto, teorías y perspectivas de género, así como el moderno entendimiento de lo que conforma el patriarcado o el sistema de dominación patriarcal son  producto de las teorías feministas, es decir, de un conjunto de saberes, valores y prácticas explicativas de las causas, formas, mecanismos, justificaciones y expresiones de la subordinación de las mujeres que buscan transformarla. El género y el concepto de patriarcado, se enriquecen dinámicamente, en el marco del desarrollo de opciones políticas de transformación de las relaciones entre los sexos en nuestras sociedades, que plantean los diversos feminismos.  Así, el interés por la “problemática” de género es más que académico. Involucra un deseo de cambio y la emergencia de un orden social y cultural en el cual el desarrollo de las potencialidades humanas esté abierto tanto a las mujeres como a los hombres. Se trata, en definitiva, del cambio de una forma de vida y de la ideología que la ha sustentado por miles de anos.  Una ideología es un sistema coherente de creencias que orientan a las personas hacia una manera concreta de entender y valorar el mundo; proporciona una base para la evaluación de conductas y otros fenómenos sociales; y sugiere respuestas de comportamiento adecuadas. Una ideología “sexual” sería, entonces, un sistema de creencias que no sólo explica las relaciones y diferencias entre hombres y mujeres, sino que toma a uno de los sexos como parámetro de lo humano.  Basándose en este parámetro, el sistema especifica derechos y responsabilidades, así como restricciones y recompensas, diferentes e inevitablemente desiguales en perjuicio del sexo que es entendido como diferente a....el modelo.  Además, el sistema justifica las reacciones negativas ante quienes no se conforman, asegurándose así el mantenimiento del estatus quo .

Es éste el caso de las ideologías patriarcales que no sólo construyen las diferencias entre hombres y mujeres, sino que las construyen de manera que la inferioridad de éstas es entendida como biológicamente inherente o natural. Aunque las diversas ideologías patriarcales construyen las diferencias entre los sexos de manera distinta, en realidad este tipo de ideologías sólo varían en el grado en que legitiman la desventaja femenina y en el número de personas que comparten un consenso sobre ellas.

Las ideologías patriarcales no sólo afectan a las mujeres al ubicarlas en un plano de inferioridad en la mayoría de los ámbitos de la vida, sino que restringen y limitan también a los hombres, a pesar de su estatus de privilegio. En efecto, al asignar a las mujeres un conjunto de características, comportamientos y roles “propios de su sexo”, los hombres quedan obligados a prescindir de estos roles, comportamientos y características y  a tensar al máximo sus diferencias con ellas. Como dice Marcela Lagarde, de seguir por esta senda ideológica: la dominación patriarcal se agudizará y se ampliará la brecha entre mujeres y hombres, aumentarán la feminización de la pobreza, la marginación de las mujeres, el femicidio (individual o tumultuario).  Aumentará también la disputa patriarcal entre los hombres, crecerá la expropiación de millones de ellos realizada por cada vez menos hombres y sus poderosos mecanismos e instituciones, y con el neoliberalismo se agudizarán el machismo y la violencia de unos hombres contra otros.

 Si no enfrentamos con eficacia y efectividad el sentido patriarcal de la vida, cada año y cada día que pasen, en lugar de aminorar, los sexismos se sumarán a otras formas de dominación nacional, de clase, etnocida.  Los sexismos, como hasta ahora, serán atizados y usados como combustible para los neofacismos, la fobia a los extranjeros, a las personas de otras opciones políticas, de otras creencias y prácticas religiosas o mágicas, sexuales, estéticas. La fobia a los otros, a las otras, se reproduce por el fomento de la desidentificación entre personas diferentes. Esta creencia dogmática, refuerza la tesis de que sólo pueden identificarse positivamente, entre sí, las personas y grupos semejantes. La fobia al otro, como sustrato cultural y de la autoidentidad llega al extremo cuando el horror, el rechazo y el daño se legitiman y abarcan a cualquiera.3

En otras palabras, la ideología patriarcal no sólo explica y construye las diferencias entre mujeres y hombres como biológicamente inherentes y naturales, sino que mantiene y agudiza otras (todas) formas de dominación. Fue gracias a la distinción entre sexo y género que hicieron varias cientistas sociales, que las feministas logramos develar la falsedad de las ideologías patriarcales. Realizada esta tarea, el feminismo se abocó a develar el sexismo presente en todas, o casi todas, las estructuras o instituciones sociales. Las teorías y perspectivas de género y la elaboración posterior de la teorías sobre el sistema de sexo-género son parte del legado teórico del feminismo. Es más, estas teorías han logrado un nivel tal de aceptación política e intelectual, que no es posible desconocerlas en el mundo de la producción de saberes, incluido el derecho.  

En las secciones que siguen, procuraremos dar cuenta de la riqueza teórica del feminismo y de sus aportes al mundo del derecho. En primer lugar, presentaremos sintéticamente un conjunto de elementos o principios que compartimos la gran mayoría de las feministas latinoamericanas, luego desarrollaremos algunos conceptos fundamentales sobre las que se basa la teoría feminista, las principales instituciones de reproducción y mantención de la subordinación de las mujeres, entre ellas, el derecho.

En definitiva, las y los invitamos a reflexionar en lo que han sido nuestras actuales formas de convivencia, sus resultados, y a imaginar otras que permitan el pleno desarrollo de todas las potencialidades humanas para hombres y para mujeres, así como para todas las criaturas vivas que habitan este planeta en conjunto con nosotras/os. Para construir una convivencia humana basada en el respeto a la diversidad tenemos que conocer mejor y más profundamente cómo y qué efectos tiene en nuestras vidas y en nuestra manera de entender el mundo, la construcción social de los géneros y la forma cómo ésto nos hace ver y sentir la realidad.

http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:mDqWVk3zE_MJ:centreantigona.uab.es/docs/articulos/Feminismo,%2520g%25C3%25A9nero%2520y%2520patriarcado.%2520Alda%2520Facio.pdf+&cd=3&hl=es-419&ct=clnk&gl=es
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viernes, 6 de octubre de 2017

Como mujer marroquí, nada deseo más…



Nada deseo más que ningún marido, padre, hermano o imán imponga a ninguna mujer el velo.

Nada deseo más que muchos imanes dejen de engañar a los hombres diciéndoles que son malos musulmanes, si las mujeres “a su cargo” no llevan el velo. Es falso. Ellos NO son malos musulmanes si nosotras no llevamos velo.

Nada deseo más que muchos imanes dejen de decirle a la mujer que llevar velo es de buena musulmana. Mujer, puedes ser buena musulmana y no llevar velo. Hay miles de buenas musulmanas que no llevan velo. El velo no es señal de ser buena musulmana.

Nada deseo más que el musulmán que quiera diferenciarse visualmente del no musulmán se ponga lo que quiera, en vez de forzar a la mujer a llevar velo como seña de identidad musulmana.

Nada deseo más que el hombre no se interponga entre la mujer creyente y Allah. El Corán habla directamente a la mujer. El hombre no pinta nada ahí. Que se calle. Que se quite. Que se vaya.

Nada deseo más que los hombres musulmanes sean hombres de verdad. Un hombre de verdad no restringe la libertad de su mujer, sino que se la da a manos llenas por amor. Mujer, que no te engañen.

Nada deseo más que musulmanes y musulmanas dejen de criticar, despreciar e insultar a las que no llevan velo, llegando a llamarlas prostitutas. Las prostitutas no tienen nada que ver con el velo. Ni el velo con las prostitutas.

Nada deseo más que los musulmanes sean hombres de verdad, que sean caballeros con las damas. No dueños. No posesores. No usuarios. ¿Quién les da derecho? ¿El Corán? ¿Un imán? ¡Mentira!

Nada deseo más que muchos musulmanes dejen de convertirse en lobos en cuanto ven a una mujer sin velo. Lobos, sí, lobos.

Nada deseo más que deje de decirse que hay que llevar velo para no excitar al hombre, sobre todo en los países no musulmanes, donde una mujer sin velo no excita a nadie. ¿Lo oís, mujeres? No excitáis a nadie si no lleváis velo. Y si los musulmanes se excitan al veros sin velo, entonces sabed que el problema no es el velo sino de los hombres que se excitan.

Nada deseo más que no volver a ver ninguna niña pequeña ya con el velo puesto. Dan pena. Ya como en la cárcel. Ya sin niñez.

Nada deseo más que el mundo entero se dé cuenta de que el velo no es un problema tanto femenino, como masculino.

Nada deseo más que muchos musulmanes resuelvan SU problema con el velo y que dejen de pagar su incapacidad para resolverlo con la mujer a la que obligan a llevarlo. Así no lo solucionan. Lo agravan.

Nada deseo más que las mujeres no se pongan velo porque les resulta más fácil encontrar trabajo en ciertas empresas o cargos y sueldo en ciertas asociaciones, organizaciones y partidos políticos. Deseo que encuentren trabajo, pero no que tengan que ponerse velo para ello.

Nada deseo más que la comunidad musulmana deje de ningunear a toda mujer sin velo ante cualquier situación. Si una mujer con velo es acosada o discriminada, es una gran ofensa, pero si no llevaba velo, se lo merecía, lo iba buscando, da igual.

Nada deseo más que las mujeres comprendan no es posible ser musulmana y feminista, que la mujer que se diga “feminista musulmana” o no sabe bien qué es el feminismo o no sabe bien qué es ser musulmana o miente descaradamente.
Zubaida Boughaba Maalem
http://www.correodiplomatico.com/2017/09/05/como-mujer-marroqui-nada-deseo-mas/
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jueves, 5 de octubre de 2017

LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN EN APOYO A LAS MUJERES DE HONDURAS DEFENSORAS DE LOS DERECHOS HUMANOS





CARTA PÚBLICA / Se agrava situación de represión y criminalización contra movimientos sociales, organizaciones y mujeres defensoras de derechos humanos en Honduras

FORMULARIO DE ADHESIÓN ABIERTO A ORGANIZACIONES INTERESADAS EN SUSCRIBIR LA CARTA PÚBLICA (FECHA LÍMITE: 3 DE OCTUBRE)

Mesoamérica, 2017 – A poco más de 18 meses del todavía impune asesinato de nuestra compañera Berta Cáceres la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras), integrada por más de 800 defensoras de derechos humanos de El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua, la Red Nacional de Defensoras de DDHH en Honduras y demás organizaciones firmantes expresamos nuestra preocupación ante el cada vez más grave contexto de represión y criminalización que enfrentan movimientos sociales, organizaciones de derechos humanos y, particularmente, las mujeres defensoras de derechos humanos.

Consideramos que el pasado viernes 8 de septiembre la situación llegó a su límite cuando las fuerzas de seguridad del Estado hondureño, tras reprimir con lujo de violencia y detener arbitrariamente a dieciséis integrantes del Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) que mantenían una manifestación pacífica en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras-CU, interceptaron, zarandearon con una grúa y tiraron gases lacrimógenos al interior del bus facilitado por el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) para que defensores y defensoras de derechos humanos acudieran a observar y documentar la situación. En el bus se encontraban Hedme Castro, directora de la Asociación por una Ciudadania Participativa (Aci-Participa) y Tommy Morales, comunicadora y parte de la Asociación por la Democracia y los Derechos Humanos de Honduras, ASOPODEHU y la Red Nacional de Defensoras de DDHH en Honduras. Ambas defensoras tuvieron que ser hospitalizadas por los efectos en su salud de los gases lacrimógenos y Tommy Morales quedó sujeta a un proceso de judicialización.

El ataque directo contra quienes llevan a cabo la labor de acompañar y vigilar el cumplimiento de las obligaciones del Estado en materia de derechos humanos es una expresión del cierre del espacio cívico, la regresión autoritaria y el incumplimiento flagrante de los tratados internacionales de derechos humanos suscritos por el Estado de Honduras. Agresiones como esta tienen el objetivo de inhibir la protesta social y la labor de defensa de derechos humanos y allanar el camino para nuevos y más graves actos de represión.

Este ataque no es un hecho aislado, sino solo una expresión más de una progresiva escalada de violencia y represión contra defensoras de derechos humanos en Honduras que deja a la ciudadanía en una situación de extrema vulnerabilidad. En tan sólo 3 meses, desde junio de 2017, desde la IM-Defensoras hemos emitido catorce Alertas Urgentes por agresiones sufridas por mujeres defensoras, sus organizaciones y comunidades:


Movimiento estudiantil de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH):
-Agresión, detención arbitraria y criminalización contra las defensoras Hedme Castro y Tommy Morales durante desalojo UNAH (12/09/2017)
-Detención arbitraria con uso excesivo de fuerza contra estudiantes de UNAH (08/09/2017)
-Desalojo policial con violencia al campamento de estudiantes de UNAH en huelga de hambre (16/08/2017)
-Agresión, detención y criminalización a estudiantes de la UNAH-CU durante toma pacífica (17/06/2017)


Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH):
-Criminalización de Miriam Miranda, coordinadora general de OFRANEH (06/09/2017)
-Criminalización de defensoras garífunas del territorio integrantes de OFRANEH (06/08/2017)
-Amenazan con clausurar la Radio Comunitaria Garífuna Waruguma en Trujillo (27/08/2017)


Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ):
-Detenciones arbitrarias de defensoras del derecho al agua en Pajuiles (15/08/2017)
-Detención arbitraria de Angélica Recinos e integrantes del campamento Digno por el Agua y por la Vida en Pajuiles (10/08/2017)


Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH):
-Atentado contra Bertha Zuniga, hija de Bertha Cáceres y actual coordinadora del COPINH (02/07/2017)
-Criminalización a integrantes de comunidad “La Jarcia”, miembra de COPINH (19/06/2017)


Otras defensoras del territorio:
-Criminalización, difamación y estigmatización contra Dinia Yasmin Sarmiento Suárez y Suany Ibeth Sánchez Argueta de la Empresa Asociativa Campesina Palos Verdes (07/08/2017)
-Detención, trato cruel e inhumano y criminalización contra Cristian Marisol Hernández, defensora en Villa de San Francisco (30/08/2017)
-Amenazas, criminalización y represión contra defensoras del derecho a la salud y el territorio de Villa San Francisco (28/08/2017)


La mayoría de estas agresiones han sido perpetradas por agentes del Estado, concretamente por fuerzas de seguridad, y casi todas incluyen uso excesivo de la fuerza, detención arbitraria y/o judicialización. En los casos en los que los agresores no fueron agentes estatales, las autoridades correspondientes no hicieron nada para asegurar la seguridad y acceso a la justicia de las defensoras afectadas, ni aplicaron la Ley de Protección para las y los Defensores de Derechos Humanos, Periodistas, Comunicadores Sociales y Operadores de Justicia.

Especialmente preocupantes son las agresiones que han sido dirigidas contra defensoras que anteriormente han sido objeto reiterado de ataques, como en los casos de Miriam Miranda, coordinadora de la OFRANEH, o Madeline Martina David, integrante de la misma organización. Cabe recordar que el asesinato de Berta Cáceres vino precedido de una serie de agresiones con un perfil y un patrón no muy diferentes al de Miriam Miranda, quien pese a su reconocimiento internacional sigue siendo objeto de persecución y judicialización como una forma de coartar su ejercicio como defensora.

Todo ello configura un panorama muy preocupante, en el que vemos como pese a los reiterados llamados de la comunidad internacional para que se respeten los derechos humanos en Honduras, persiste y se afianza la política activada a partir del Golpe de Estado de 2009 de persecución y represión sistemática contra los movimientos sociales y contra quienes defienden derechos humanos, poniendo muchas veces a las instituciones públicas de seguridad y justicia al servicio de terratenientes o empresas privadas, nacionales o trasnacionales, con el fin de proteger sus intereses económicos en detrimento de los derechos colectivos e individuales de los y las hondureñas.

Para las mujeres defensoras de derechos humanos el panorama es aún más preocupante, pues la discriminación y la violencia de género generan riesgos adicionales para las mujeres activistas, quienes juegan un papel cada vez más preponderante y visible al frente de los diversos movimientos sociales o en la primera línea de las luchas por el territorio. Las mujeres defensoras realizan su trabajo en un contexto de misoginia plasmada en los intolerables índices de femicidio y violencia contra las mujeres, o en las políticas públicas que restringen el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y su sexualidad. Entre 2012 y 2016 la IM-Defensoras ha documentado 1,128 agresiones y 13 asesinatos de defensoras de derechos humanos en el país.

Ante ello, desde la IM-Defensoras y la Red Nacional de Defensoras de DDHH en Honduras hacemos un llamado a la opinión pública y a las organizaciones e instancias internacionales de derechos humanos para que mantengan su atención en la situación de Honduras y se unan a la exigencia de que el Estado cumpla con su obligación de garantizar el derecho a defender derechos y la seguridad e integridad de quienes lo ejercen.

A tal fin es indispensable que el Estado hondureño ponga fin a la impunidad en la que siguen los asesinatos de mujeres defensoras y asegure el acceso a la justicia de las que han sido víctimas de agresiones; que se abstenga de difamar y criminalizar a las mujeres defensoras y asegure las condiciones necesaria para fortalecer la participación política de las mujeres y su imprescindible contribución a la justicia y la igualdad.


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