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lunes, 4 de julio de 2022

Las tres caras del poder como dominio (el poder “sobre”)

  

 Según Lukes (1974), en las ciencias sociales aparecen habitualmente tres interpretaciones diferentes sobre el poder y todas ellas tienen en común entenderlo como un ejercicio de dominio sobre otros. Este poder ejercido sobre otros nos remite tanto a la habilidad de una persona para hacer que otras actúen en contra de sus deseos como a la capacidad que alguien tiene para sacar adelante sus propios intereses en contra de los intereses de otro, mediante la utilización de mecanismos diversos tales como obligar, impedir, prohibir, reprimir, negar o invisibilizar los intereses de aquellos sobre los que se ejerce dominio. 

 A) El poder visible (el poder para producir los cambios) La primera, y más habitual, acepción del poder responde a análisis liberales de los fenómenos sociales y lo aborda como un asunto de toma de decisiones sobre cuestiones en las que hay un conflicto observable definiéndolo como la “capacidad de un actor de afectar el patrón de resultados” (Kabeer 1997). 

Según esta interpretación, el poder es un recurso limitado que se gana y se pierde, que circula en los espacios públicos donde se toman decisiones y que se puede “ver” puesto que los que ganan en las decisiones aparecen como poderosos. El ejercicio de este poder recurre tanto a las formas violentas como a otros tipos de fuerzas y puede implicar quitar recursos, amenazar con hacerlo u ofertar mayores recursos a cambio de algún comportamiento que de otra manera no se daría. Esta manera de entender el poder, asociado con la toma individual de decisiones en el marco de relaciones interpersonales, ha sustentado buena parte de la literatura basada en el enfoque Mujeres en el Desarrollo (MED) que ha entendido el poder como algo que se tiene o no se tiene, y que puede ser incrementado mediante 7 determinadas acciones del desarrollo. Esta interpretación es visible, por ejemplo, en los intentos de medir la frecuencia con que participan las mujeres en la toma de decisiones en el hogar para demostrar que estas fortalecen su poder doméstico cuando acceden a un ingreso. 

 B) El poder oculto (el poder de decidir sobre qué se decide) La segunda acepción del poder puede definirse como la capacidad para evitar la discusión abierta de ciertos conflictos. Es el poder que se ostenta cuando alguien consigue sacar adelante sus propios intereses en contra de los de otra persona impidiendo que esta sea escuchada, excluyendo ciertas cuestiones de la agenda de decisión y restringiendo la adopción de decisiones a cuestiones seguras. Esta noción del poder permite apreciar que los conflictos no siempre son abiertos ni las decisiones visibles, que el poder no se expresa solamente en “quien gana qué” sino también en “cuando, cómo y quién se queda fuera de la toma de decisiones” porque ni siquiera ha sido tomado en consideración. Efectivamente, la persona o el grupo poderoso pueden ganar conflictos no sólo ganándolos cuando son planteados abiertamente sino impidiendo que las voces de los oponentes sean escuchadas y que el conflicto se haga visible en el ámbito de la toma de decisiones. La coerción, la manipulación, la información falsa y otras maneras de influenciar son reconocidas como formas de ejercicio de este poder, puesto que suprimen lo que de otro modo se hubiera constituido en un conflicto abierto.

Quien detenta el poder oculto puede crear reglas de juego que impidan a los grupos con menos poder expresar sus deseos; puede legitimar algunas voces y desacreditar otras, determinando qué asuntos y qué personas han de ser incluidas y cuáles no. Este tipo de poder se sustenta en “los procedimientos implícitamente aceptados e indiscutibles en instituciones que, al demarcar las cuestiones susceptibles de decisión de aquellas que no lo son, benefician sistemática y rutinariamente a ciertos individuos y grupos a costa de otros” (Bachrach y Baratz 1962). Esta manera de ejercer el poder mediante procedimientos que permanecen ocultos al análisis es bastante común en las relaciones entre las mujeres y los hombres. Las feministas han señalado que el poder masculino se ejerce movilizando normas y mecanismos que tienen un sesgo de género a favor de los hombres, como los que operan en la división sexual del trabajo o en la legitimación política de la 8 inviolabilidad de la esfera doméstica. Muchos conflictos que ni se asoman a las agendas públicas de debate versan sobre temas en los que hay asuntos de género involucrados, como por ejemplo considerar que la atención a niñas y niños es una tarea de cuidado “natural” de las mujeres en lugar de un problema social relacionado con el trabajo de las mujeres (Wieringa 1997). Cuando se entiende el poder masculino en clave institucional y no sólo en términos de relaciones interpersonales, pueden apreciarse mejor los prejuicios de género implícitos en las reglas y prácticas de las diferentes instituciones sociales. Kabeer señala que “la franca discriminación o las conspiraciones patriarcales son innecesarias cuando el privilegio masculino se puede garantizar simplemente poniendo en marcha procedimientos institucionales de rutina”. Abundando en este planteamiento Longwe (2000) ha analizado cómo se “evaporan” las políticas de género en las agencias del desarrollo, entidades a las que define como “reductos de dominio masculino… llenas de rasgos masculinos, implícitos en los valores, la ideología, la teoría del desarrollo, los sistemas organizativos y los procedimientos”. El elemento clave para conservar el dominio masculino en estas instituciones es que sus intereses y normas permanezcan invisibles, lo que puede lograrse por ejemplo, utilizando un vocabulario técnico que impide reconocer las contradicciones entre el discurso favorable a la igualdad y las prácticas alejadas del mismo, o abordando las cuestiones de género como una preocupación secundaria relacionada únicamente con la eficiencia de un proyecto, o limitando la mejora de la posición de las mujeres a la satisfacción de sus necesidades básicas. En este sentido, las agencias de desarrollo no son políticamente neutrales dado que desempeñan, mediante el ejercicio del poder oculto, un papel importante en la reproducción social del dominio masculino. 

C) El poder invisible (el poder de negar los intereses ajenos) La tercera forma del poder considerada por Lukes tiene relación con el conflicto no observado, es decir, con las tensiones que se producen cuando se niegan intereses reales de la gente, incluso cuando tales intereses ni siquiera son reconocidos por las personas afectadas. Este tipo de poder implica que alguien consigue sacar adelante sus propios intereses impidiendo que su potencial oponente se de cuenta de que existe un conflicto de intereses. Según León (1997), este es el poder más penetrante porque evita la expresión del conflicto y hace imposible que se conciba una situación diferente. 9 “El más efectivo e insidioso uso del poder es evitar, en primer lugar, que el conflicto surja… al formar las percepciones de la gente, las cogniciones y las preferencias de una manera tal que ellos acepten su rol en el orden de cosas existente porque no pueden ver o imaginar una alternativa, o porque lo ven natural e inmodificable, o porque lo valoran como si contuviera un orden divino y benéfico” (Rowlands 1997). 

El poderoso puede ganar conflictos manipulando la conciencia de los menos poderosos para hacerles incapaces de desear una situación diferente, sea porque no ven el conflicto, porque aceptan la legitimidad del orden establecido, porque están resignados a su suerte o porque no consideran posible transformar su situación. Sen (2000) se ha referido a este poder cuando analiza la naturaleza del “conflicto cooperativo” que caracteriza a los hogares y concluye que las mujeres, particularmente en sociedades tradicionales, tienen dificultades para tomar en cuenta su propio bienestar cuando abordan sus intereses personales en el escenario familiar. En términos más generales, este autor ha planteado que aunque los grupos desposeídos puedan estar acostumbrados a la desigualdad, no tener conciencia de las posibilidades de cambio social ni esperanzas de mejorar sus circunstancias, “las verdaderas privaciones no se evaporan por el mero hecho de que, en el cálculo particular utilitarista del cumplimiento de la felicidad y el deseo, la situación socioeconómica de la persona desposeída pueda no parecer particularmente desventajosa”.


Clara Murguialday Martínez 

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domingo, 3 de julio de 2022

El empoderamiento asunto relacional

 Un tercer tema de consenso entre las feministas del desarrollo es que el empoderamiento de las mujeres es un proceso de cambio que afecta al conjunto de las relaciones sociales, entre ellas las de género, en que están inmersas las mujeres. 

 A diferencia de algunos enfoques que consideran el empoderamiento de las mujeres como algo que ocurre en ellas al margen de las relaciones e instituciones sociales que enmarcan y constriñen sus campos de actuación (una especie de autorrealización ensimismada), la visión feminista considera que las mujeres se empoderan siempre en relación a un otro respecto del cual estaban desempoderadas. Ese otro puede ser el marido, padre o líder comunitario que restringía su capacidad de ser y hacer según su propia voluntad, las normas y pautas culturales que restringían su libertad de movimiento, o las estructuras económicas y políticas que limitaban sus oportunidades de acceso a los recursos. Incluso si atendemos al carácter de proceso del empoderamiento, las mujeres pueden empoderarse, o desempoderarse, en relación a sí mismas en determinados momentos de su pasado. Esta visión relacional del empoderamiento le debe mucho a los planteamientos foucaultianos sobre el poder, entendido como un elemento presente en todas las relaciones sociales, algo que no se posee sino que se ejerce y va siempre acompañado de formas de resistencia, a menudo sutiles, a las identidades y 17 relaciones consideradas como naturales o inmutables. Aunque Foucault nunca analizó la dimensión de género del poder3 , su visión relacional, multidimensional y dinámica del poder ha sido muy relevante para el feminismo: la afirmación de que “lo personal es político” es parte del reconocimiento de que todas las relaciones sociales, incluidas las que se dan en el ámbito privado de la familia, están atravesadas por el poder. 

 Las mujeres, por tanto, se empoderan en el contexto de sus relaciones sociales. Dado que estas están determinadas y/o atravesadas por las relaciones que establecen con los hombres, el empoderamiento de las mujeres incluye el cuestionamiento de las relaciones de poder entre los géneros y su sustitución por un conjunto de arreglos más equitativos que los actualmente existentes. Molyneux (1985) insiste en esta misma idea al referirse a los intereses estratégicos de las mujeres, los cuales incluyen inevitablemente la puesta en marcha de un proceso de empoderamiento que les permita, a partir del análisis de su subordinación, formular modelos alternativos de relaciones entre los géneros y movilizarse para hacerlos realidad. 

Rowlands (1997) plantea que “el empoderamiento de las mujeres es un asunto de género y no simplemente un asunto de mujeres”, porque tiene que ver con la transformación de las relaciones sociales y, en particular, de las relaciones sociales basadas en la diferencia sexual. En sus investigaciones sobre cómo se empoderan las mujeres rurales ha constatado que estas se ven forzadas a confrontar las relaciones de género más cercanas cuando desean participar en proyectos generadores de ingresos o en las organizaciones comunitarias, y expresan que donde su proceso de empoderamiento encuentra más dificultades para avanzar es precisamente en el ámbito doméstico, lo que no es extraño puesto que “la familia es la última frontera de cambio en las relaciones de género... Uno sabe que el empoderamiento ha ocurrido cuando éste ha cruzado el umbral del hogar” (Batliwala 1997). 

 Dado que para salir de sus hogares tienen a menudo que renegociar el orden doméstico establecido, el uso del recurso tiempo en la familia o las pautas de toma de decisiones en la pareja, su empoderamiento involucra cambios en las actitudes y comportamientos de los hombres.

Clara Murguialday Martínez 

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sábado, 2 de julio de 2022

El empoderamiento proceso de cambio


 Un segundo rasgo esencial del empoderamiento es su carácter procesual: se trata de un proceso de cambio que no tiene meta final ya que nadie llega nunca a estar empoderado en un sentido absoluto. Es este sentido de proceso el que hace que “ningún otro concepto exprese tan claramente como el empoderamiento la progresión desde un estado (la desigualdad de género) a otro (la igualdad de género)” (Malhotra 2002).

 Hay consenso entre las feministas del desarrollo en que el empoderamiento de las mujeres es un proceso de largo plazo que va “de adentro hacia fuera” y “de abajo hacia arriba”, que se inicia en el ámbito personal mediante el desarrollo de una autoimagen positiva y confianza en las propias capacidades, continúa en el ámbito de las relaciones cercanas a través de la habilidad para negociar e influenciar las relaciones familiares, y se expande hacia una dimensión colectiva en la que las mujeres construyen estructuras organizativas suficientemente fuertes para lograr cambios sociales y políticos

Se trata, por tanto, de un proceso de auto-empoderamiento, individual y colectivo, que no puede ser otorgado por nadie externo, lo cual no quiere decir que determinados agentes externos no tengan ningún papel que cumplir. Diversas autoras han resaltado la importancia de las agentes de cambio a la hora de facilitar las condiciones que permitan a las mujeres iniciar sus propios procesos de cambio. Kabeer (1997) es una de las que ha señalado el positivo papel de las 13 organizaciones de base innovadoras que, creando espacios para escuchar las voces de las mujeres y utilizando metodologías participativas, ayudan a desafiar los estereotipos convencionales respecto a las necesidades de las mujeres, hacen visibles determinados intereses que permanecían ocultos y promueven estrategias innovadoras para involucrar a las propias mujeres en los procesos de cambio. León (1997) plantea, por su parte, que dado que la subordinación de las mujeres aparece naturalizada en las sociedades con dominio masculino, es poco probable que las propuestas de cambio aparezcan espontáneamente; más bien, estas deben inducidas a través de procesos de concientización que permitan a las mujeres modificar sus auto-imágenes y sus sentimientos de inferioridad, así como sus creencias sobre sus derechos y capacidades. En la inducción de estos procesos de reflexión crítica, las agentes externas, generalmente mujeres feministas profesionales del trabajo de promoción y educación popular, pueden desempeñar un importante rol catalizador ofreciendo a las mujeres elementos de análisis y alternativas prácticas a sus modos de vida. También Rowlands insiste en que las agentes de cambio deben estar entrenadas en el uso de metodologías que ayuden a las mujeres a “percibir las limitaciones que ellas se imponen como resultado de la opresión internalizada que cargan” y garanticen que estas actúan a partir de sus propios análisis y prioridades, y no en base a agendas externas. 

 Ahora bien, este papel de las agentes de cambio nada tiene que ver con lo que James (1999) ha denominado la “transferencia del empoderamiento”, una visión predominante en el pensamiento oficial del desarrollo según la cual el empoderamiento puede ser otorgado por las agencias, mediante la puesta en marcha de proyectos diseñados desde arriba y desde afuera de las destinatarias en los que, supuestamente, la simple participación de las mujeres en actividades específicas garantizaría como resultado final su empoderamiento. 

Un mecanismo de transferencia de poder de este tipo es incompatible con los objetivos del empoderamiento porque este no es un proceso lineal con un inicio y un final definidos de manera igual para todas las mujeres, sino que requiere que éstas libremente analicen y expresen sus propias necesidades y prioridades, sin que estas puedan ser predefinidas o impuestas por los planificadores. Sin duda, esto plantea problemas a las agencias de desarrollo porque la lógica de la planificación se ve afectada cuando no pueden establecerse metas concretas o resultados medibles para las actividades que promueven el empoderamiento; en este caso, los 14 cambios a lograr deben ser vistos como parte de un proceso en marcha más que como una meta prefijada para un distante futuro. 

 En conclusión, entender el empoderamiento como un proceso de abajo arriba implica que los organismos de desarrollo no pueden reclamar que empoderan a las mujeres. Las mujeres deben empoderarse ellas mismas. Sin embargo, el apoyo externo es importante para empujar y sostener los procesos de cambio y las agencias pueden jugar este papel generando condiciones para que las mujeres participen en todos los ámbitos, adquieran habilidades para tomar decisiones y controlar los recursos, y apoyando a las organizaciones de mujeres que trabajan contra la discriminación de género. 

Clara Murguialday Martínez 

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jueves, 30 de junio de 2022

Revisando el significado del poder

 


Históricamente, los movimientos feministas siempre han rechazado estas tres expresiones del poder “sobre” por considerarlas manifestaciones de un poder controlador que impide a quienes lo sufren identificar sus propios intereses, expresarlos abiertamente o aspirar a su realización. Y porque además, todas ellas son deudoras de una metodología de resolución de conflictos basada en la lógica de “suma cero”, según la cual si una persona gana poder es porque otra lo ha perdido en la misma proporción, ajena a la experiencia vital de las mujeres en sus relaciones familiares y más específicamente, en el ejercicio de la maternidad. Esta visión del poder como algo intrínsecamente malo y rechazable fue hegemónica en los movimientos feministas del Sur hasta mediados de los años ochenta, como quedó reflejado en las memorias de los tres primeros encuentros feministas de América Latina y el Caribe (1981-1985). Sin embargo, en el cuarto encuentro 10 celebrado en México en 1987, se hizo patente que las feministas comenzaban a replantear su idea de poder. La argumentación presentada para combatir el mito de que “a las feministas no nos interesa el poder” no deja lugar a dudas: “Si partimos de reconocer que el poder es fundamental para transformar la realidad, no es posible que no nos interese. Nosotras hemos visto a lo largo de nuestra militancia que a las feministas sí nos interesa el poder pero que, por no admitirlo abiertamente, no avanzamos en la construcción de un poder democrático y, de hecho, lo ejercemos de una manera arbitraria reproduciendo, además, el manejo del poder que hacemos en el ámbito doméstico: victimización y manipulación. Sí, queremos poder. Poder para transformar las relaciones sociales, para crear una sociedad democrática y participativa” (Vargas 1989). 

 Al asumir que el poder condiciona la experiencia de las mujeres en un doble sentido pues “es tanto la fuente de opresión en su abuso como la fuente de emancipación en su uso” (Rowlands 1997), las feministas pudieron ver a las mujeres no solo como individuas sometidas al poder masculino sino también como personas capaces de oponer resistencia, activa o pasiva, a las fuentes de poder. Considerar el poder como un recurso que las mujeres pueden utilizar para transformar su situación, y a estas como individuas dispuestas a ejercerlo colectivamente, les permitió reivindicar para las mujeres el ejercicio visible del poder para hacer avanzar sus reivindicaciones frente a otros actores sociales e institucionales. Así, desde mediados de los años ochenta, al tiempo que desarrollaban experiencias concretas de poder e influencia a nivel local, fue abriéndose paso en los movimientos de mujeres y feministas una visión del poder entendido más como capacidad de ser y hacer, que como dominio sobre otros; como algo que ocurre no sólo en las instituciones sino también en las vidas cotidianas (“lo personal es político”); como conocimiento-poder que opera a través de los discursos que enmarcan lo que es pensable y factible; como relaciones institucionalizadas que al convertirse en las reglas del juego, determinan el acceso de las personas y los grupos a los recursos vitales. 

Desde estas nuevas perspectivas, las feministas que trabajan en el campo del desarrollo han reivindicado abiertamente el poder para las mujeres. Así, por ejemplo, Batliwala (1997) ha definido el poder como “control sobre los bienes materiales (físicos, humanos o financieros), los recursos intelectuales  (conocimientos, información, ideas) y la ideología (habilidad para generar e institucionalizar creencias y valores que determinan cómo las personas perciben y funcionan en un entorno dado)” y ha sostenido que el empoderamiento de las mujeres debe medirse en términos de “cuánta influencia tienen estas sobre las acciones externas que afectan a su bienestar”. 

 También han realizado críticas interesantes a las concepciones hegemónicas sobre el poder. Hayward (1998) ha señalado que la pregunta central de los debates sobre el poder (¿Qué quiere decir que A tiene poder sobre B?) se basa en el supuesto de que es posible diferenciar los actos libres de los actos determinados por el poder de los otros, pero este supuesto es erróneo ya que ignora que la dimensión del poder está presente en todas las relaciones sociales, llegando incluso a conformar la propia identidad de las personas. Según esta autora, en lugar de pensar el poder en términos de los instrumentos que agentes poderosos usan para impedir que los no poderosos actúen libremente, sería más útil pensarlo como “las fronteras sociales que definen los campos de acción para todos los actores y facilitan u obstaculizan lo que es considerado posible”. 

 Estas fronteras sociales están constituidas por las leyes, normas, costumbres e identidades sociales que enmarcan y restringen las actuaciones de las personas. Al definir el poder como “la red de límites sociales que define los campos de acción”, Hayward reformula la pregunta sobre el poder: la cuestión no es ya cómo este se distribuye o cómo hace A para tener poder sobre B, sino más bien “cómo los mecanismos del poder definen lo (im)posible, lo (im)probable, lo natural, lo normal, lo que cuenta como problema”. 


Por tanto, más que buscar cómo las acciones de unas personas son limitadas por otras, habría que analizar las diferencias significativas que existen en las titularidades sociales y en las restricciones, y ver qué tan fijas e inmutables son estas diferencias. El empoderamiento de una persona empieza cuando esta analiza cómo los límites sociales restringen su capacidad para definir cómo quiere vivir y para llegar a disfrutar de las condiciones para vivir como desea, y avanza mediante la identificación crítica de cómo funcionan estas restricciones a su libertad, hasta llegar a definir estrategias para cambiarlas.

 Mosedale (2003) se ha basado en estos planteamientos para construir una definición de poder que tiene importantes consecuencias en el análisis de los procesos de empoderamiento de las mujeres. Si tomamos en cuenta que el hecho  de pertenecer a un grupo social (por ejemplo, el colectivo genérico femenino) establece unos ciertos límites a la libertad de las personas y que tales fronteras son socialmente construidas y modificables, el empoderamiento que esta autora reclama para las mujeres es el que tiene como objetivo cambiar radicalmente las relaciones opresivas de género, en tanto estas constituyen las fronteras sociales que restringen su libertad de elección.

 El poder que interesa, dice Mosedale, es el que permite a las mujeres construir su propia capacidad para cambiar los límites sociales que definen lo que es posible para ellas. Y la pregunta que importa es si las intervenciones de desarrollo que buscan que las mujeres se empoderen, logran efectivamente ayudarles a cambiar tales límites.

Clara Murguialday Martínez


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miércoles, 29 de junio de 2022

El empoderamiento de las mujeres. Marco de igualdad

Longwe y Clarke Asociados (1997) han elaborado un marco de análisis sobre el empoderamiento de las mujeres que desarrolla de manera muy consistente sus características de proceso. Consideran que el desarrollo es ante todo un proceso que permite obtener y mantener mayor acceso a recursos y bienestar y que requiere el involucramiento de los grupos objetivo en la tarea de reconocer y superar sus propios problemas. En cuanto al empoderamiento, estos autores lo definen como un proceso de desarrollo de las mujeres que se logra mediante la superación de las desigualdades existentes entre los hombres y las mujeres. Se trata de un proceso que no es lineal sino circular, y que discurre a lo largo de cinco niveles de igualdad que ascienden progresivamente hacia cuotas superiores de empoderamiento y desarrollo: 

Nivel uno: el bienestar, en áreas como la salud, el acceso a alimentos o los ingresos. La brecha de género en este nivel se mide por las disparidades en las tasas de mortalidad o de desnutrición, y se deriva directamente de la desigualdad en el acceso a los recursos. Las acciones que buscan mejorar el bienestar de las mujeres deberán llevarles a un mayor acceso a los recursos. 

 Nivel dos: el acceso a los recursos para la producción (tierra, créditos, servicios), a la educación, el empleo remunerado y la capacitación. La brecha de género en este nivel se refiere tanto a los recursos como a las oportunidades. Las acciones que buscan mejorar el acceso de las mujeres acarrearán su toma de conciencia sobre la situación diferencial existente y su acción para reclamar la parte justa y equitativa de los diversos recursos disponibles en el hogar y en los servicios públicos. 

Nivel tres: la toma de conciencia sobre la desigualdad de género. En este nivel se sitúan las creencias sobre el carácter natural de la posición inferior de la mujer y la división genérica del trabajo. Empoderamiento significa cuestionamiento de tales creencias y reconocimiento de que la subordinación de las mujeres no es parte del orden natural de las cosas sino impuesto por un sistema de discriminación socialmente construido y que puede ser cambiado. En este nivel el desarrollo es visto también como superación de las desigualdades estructurales y la igualdad entre mujeres y hombres se plantea como una meta del desarrollo. La conciencia de género es considerada el elemento central del proceso de empoderamiento y alimenta la movilización respecto a los asuntos de desigualdad. 


Nivel cuatro: la participación en el proceso de desarrollo. La brecha de género en la participación es visible y fácilmente cuantificable, y se expresa en términos de desigual participación en la toma de decisiones. Las acciones que buscan igualdad en este nivel propiciarán que las mujeres participen activamente en la identificación de las necesidades comunitarias, la planificación y evaluación de las intervenciones. Si se requieren movilizaciones de las mujeres para lograr su mayor presencia en tales espacios, estas serán tanto un resultado del poder adquirido como una contribución hacia un mayor empoderamiento. 

Nivel cinco: el control sobre los factores de producción para asegurar acceso igualitario a los recursos y a la distribución de los beneficios. Es la mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones la que conduce a una situación de igualdad en el control, caracterizada por un equilibrio de poder entre mujeres y hombres, de modo que ninguna parte se coloca en una posición de dominación. Para que las mujeres avancen en su empoderamiento han de superarse las inequidades en cada uno de estos niveles. El avance se da precisamente en el paso de un nivel al otro: las mujeres adquieren poder cuando las dificultades en el acceso a los recursos les motivan a una mayor concientización, cuando ésta da el impulso para una mayor participación en la toma de decisiones, cuando un mayor control sobre los recursos del desarrollo sienta las bases para más bienestar material, etc. 

Aunque cada nivel de igualdad puede ser una puerta de acceso al proceso de empoderamiento, Longwe y Clarke resaltan que la toma de conciencia  sobre el sistema de desigualdades entre hombres y mujeres es la clave para el cambio. Este esquema, conocido como el “Marco de igualdad y empoderamiento de las mujeres”, se inscribe en los enfoques “de abajo hacia arriba” del desarrollo pues son las propias mujeres las que han de reconocer sus intereses estratégicos y movilizarse por ellos, en lugar de esperar a que investigadores/as y agencias de desarrollo identifiquen sus problemas y realicen acciones para resolverlos. Ha sido usado por UNICEF como una herramienta para incorporar la perspectiva del empoderamiento en sus procesos de programación, y sustenta el Paquete de Capacitación que este organismo utiliza para formar a su personal en asuntos de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres.

Clara Murguialday Martínez


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domingo, 26 de junio de 2022

Las mujeres en la guerra, las mujeres en la construcción de la paz

 




Recientemente Hortencia Hernández, feminista, pacifista, activista, editora, escritora y amiga, republicó el basto artículo que Carmen Magallón publicara en 2014, sobre la labor que realizaron en 1915 un grupo de mujeres pacifistas en contra de la Primera Guerra Mundial, y que hoy se hace tan necesario leer o releer como un recordatorio de la importancia de sumarnos a la acción por el desarme y la paz.

La guerra siempre ha sido y es un monstruo devorador que en su aplastante destrucción no hace distinción ni de sexo ni de nada, sin embargo, no podemos negar que el padecimiento es en muchos aspectos más terrible para las mujeres que para los hombres, por lo tanto en mi opinión, no podemos hablar de historia bélica sin hablar del sufrimiento en la historia de la vida de las mujeres acrecentado con mayúsculas en tiempos de guerra, tampoco podemos hablar de lograr la paz mundial sin hablar primero de lograr la igualdad real y la eliminación de la violencia de género.

Las mujeres desde finales del siglo diecinueve y principios del veinte estaban muy conscientes de que la falta de presencia femenina en los puestos del poder político (lo que hoy llamamos falta de paridad), no abonaba a la formación de organizaciones internacionales anti guerra, a este respecto y sobre cómo a partir de entonces las mujeres se han ido organizando para promover la paz, fue que en 2020 Carmen Magallón y Sandra Blasco publicaron un libro valioso y necesario, lectura simplemente imprescindible para las feministas pacifistas de hoy: Feministas por la paz La Liga Internacional de Mujeres por la paz y la libertad en América Latina y España.

De un modo o de otro el sexo femenino siempre resulta mayormente afectado a causa de la guerra, de acuerdo con información de La Organización de las Naciones Unidas (ONU), en zonas de conflicto armado las niñas tienen un 90% menos probabilidades de asistir a la escuela que los niños.

Esta desventaja educativa me lleva a pensar no sólo en las consecuencias negativas en el desarrollo intelectual, social y económico de niñas y mujeres, sino también en la dificultad que esta implica en la construcción de la igualdad, la libertad y la paz.

Virginia Woolf en su ensayo Tres Guineas publicado en 1937, respondió a la pregunta que cierto hombre le había formulado acerca de que podría hacerse a fin de evitar la guerra?, para Virginia la solución estaba precisamente en que hombres y mujeres tuvieran igualdad en su formación académica y en el ámbito profesional, la cual permitiría a mediano y largo plazo el desarrollo de una sociedad capaz de resolver los conflictos pacíficamente sin recurrir a las armas.

En el sistema patriarcal las acciones por la paz siempre han ido de la mano de la guerra, no así para el feminismo pacificador. La naturaleza, la experiencia y el conocimiento que tenemos las mujeres pueden ser altamente aprovechados para un futuro sin armas… “las mujeres naturalmente amamos la paz como condición de la vida humana sin más, no como ausencia de guerra”…

Históricamente la guerra ha sido de los hombres, pero las mujeres aún sin buscarlo y sin quererlo siempre hemos estado ahí de muchas maneras, aunque en la invisibilidad o el desprestigio a la hora de hacer el recuento de los daños, otorgar créditos y recibir medallas, esta realidad fue plasmada desde la guerra más famosa de la literatura universal (la de Troya), pasando por conquista de Tenochtitlán y de todo el nuevo mundo, la revolución mexicana, las dos guerras mundiales, la guerra civil en España, las guerrillas en Latinoamérica y muchas otras, llegando hasta la guerra actual entre Rusia y Ucrania.

«Las que restañaron la sangre de las heridas y embalsamaron a los muertos, las que dentro y fuera de los muros proveyeron de vestido y alimento a los combatientes, las mismas que fueron presa, botín y moneda de cambio, todas a quienes opacó el vacuo fulgor de los héroes y silenció la ciega y salvaje masculinidad de la batalla... La guerra de Troya fue siempre la guerra de las mujeres.»…nos dice la escritora británica Pat Barker en su maravilloso libro: El silencio de las mujeres.

En todos los tiempos y en todas las guerras las mujeres han sido y son tan protagonistas como los hombres, sólo que sin derecho de aparecer en las grandes y heroicas marquesinas, sin embargo, antes y ahora están presentes como hijas, esposas, madres, cuidadoras, proveedoras, trabajadoras, enfermeras, pero también, y hay que decirlo como combatientes al frente de batalla.


La periodista y escritora bielorrusa Svetlana Aleksievich en su investigación para su libro: La guerra no tiene rostro de mujer (1985); constata la participación armada de cerca de dos millones de mujeres en la Segunda Guerra Mundial, y comienza diciendo que ya desde la antigua Atenas y Esparta hay evidencia de la participación femenina en las guerras griegas.

El mérito ha sido siempre otorgado a los hombres por obra de ellos mismos que han sido los que han escrito la historia, no obstante, las cosas están empezando a mostrarse al mundo de otra forma: Olena Zelenska, actual primera dama de Ucrania afirmó recientemente …” la actual resistencia y futura victoria ante Rusia tiene también un rostro particularmente femenino”…

Cada quien tiene su propia ideología y su propia manera de tratar de evitar la guerra, para muchas el camino es por la vía pacífica mediante el diálogo, mientras que para otras la solución está en la lucha armada.

Sin embargo y a pesar de lo admirable y heroico que es la fuerza, la valentía y la determinación de las mujeres que deciden tomar las armas y combatir, la realidad es que no creo que ninguna de nosotras quisiéramos por gusto vernos ni ver a nuestras madres, hijas, hermanas,amigas etc. sufriendo los horrores de la guerra, siendo separadas de nuestras familias, capturadas, encarceladas, violadas, vendidas, explotadas sexualmente, torturadas y asesinadas.

La paz a costa del sufrimiento, el sometimiento y la vida de millones de hombres y mujeres no es paz, es tan sólo la perpetuidad del sistema de dominación en el orden mundial.


Las feministas pacifistas en la actualidad nos unimos al pensamiento de mujeres como Jane Adams (1860-1935) Emily Greene (1867-1961) Rosa Luxemburgo (1871-1919) Clara Zetkin (1857-1933) Helen Keller (1880-1968) Virginia Woolf (1882-1941) Teresa de Calcuta (1910-1997) Rigoberta Menchú (1959) Concepción Picciotto (1936-2016) Marcela Lagarde (1948) entre muchas otras.

Apoyamos y aportamos cada una y en colectivo, la creación de nuevas economías que erradiquen la desigualdad y la pobreza a nivel mundial, renovados sistemas de salud integral e incluyente, eficientes programas sociales, educación con perspectiva de género, respeto político internacional a la autonomía de pueblos y naciones, el control de armas y la eliminación de armamento nuclear, y todo lo que sea necesario hacer para evitar la guerra.


“No hay caminos para la paz, la paz es el camino”

Mahatma Gandhi


Galilea Libertad Fausto

Foto: portada del libro de Carmen Magallón y Sandra Blasco
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sábado, 25 de junio de 2022

“ EL NORTE DE LA VIDA”

   La sabiduría es como un río que corre a través de la historia ,enriqueciéndose con las aportaciones de los distintos pueblos y culturas a lo largo de todos los tiempos. En la búsqueda de esa sabiduría han tenido mucho que ver las mujeres.Mujeres que han sabido conciliar,integrar,armonizar, generar lo que actualmente se llama, cultura de paz.Mujeres que por distintos motivos he conocido y de las que tanto he aprendido y continúo aprendiendo.Mujeres que sin preparación académica y habiendo vivido en esa época oscura de la posguerra, han sido capaces de ver, para nosotr@s ,hijos e hijas, que el horizonte tendría más luz,si estudiábamos y  alcanzábamos la tan ansiada y determinante independencia económica.

Estas mujeres,promovieron que seamos la generación de hombres y mujeres profesionalmente más preparadas de la historia deste país.Somos la generación del cambio a la democracia, de la mayor participación y responsabilidad en los distintos estamentos de la actual vida civil.Para esas mujeres tan decisivas ,infinito agradecimiento,mucha atención,mucho cariño,mi cariño.

La mujer que hoy me cuenta aspectos de su vida,la tengo escuchado mucho y no me canso de escucharla.Está al día en todo.Es una mujer que siempre está,siempre la encuentras y” dispone” dese tiempo que no” mide” tanto para escuchar como para acompañarte.Cuando te acompaña, tanto se adapta a tu gente ,como te presenta la que ella conoce .Tiene amplia capacidad de relación,muy querida por familia y amig@s.Es hospitalaria,su casa siempre fue de puertas abiertas ,hizo suya la expresión : “de puertas adentro todas son camas” .Democrática, ha favorecido reuniones, anima a la participación cívica, sabe ir con los tiempos. Se adapta a múltiplas circunstancias ,tanto va de compras como al teatro,a una exposición o compra una tela y hace su traje. Podría haber sido arquitecta, ha dirigido varios proyectos y planes de rehabilitación de casas.Todos los días sigue los informativos, lee y es una fiel seguidora de Informe Semanal.

Carmen Martínez Piñeiro, tiene una vida intensa que trascurre  desde que nace en Sisán (Ribadumia 1927 ) en donde empieza su etapa escolar,que continuará en Barrantes, ya que sus padres se trasladan  a vivir a San Martín  (Meis).Conoce la escuela de la República ,el dolor de la época de la guerra a la que obligatoriamente va su padre, a quien tanto quería.Vive la escased de la posguerra,aunque reconoce que su condición era favorable.Dice: había escasez de todo,nosotros nunca pasamos hambre,podíamos comprar tela para hacer la ropa,venía la modista a casa ,me fijaba como cosia y así di mis primeros pasos cosiendo a máquina,también a ganchillar y a calcetar que lo hacía con clavos e hilo de saco.Los zapatos ,teníamos un par para el año,que solo se ponían los domingos y días de fiestas.Mi padre era ganadero,cuando vino de la guerra yo tenía 12 años.Tenían que llevar los bueyes a Caldas,quise ir y para no ir descalza,hice mis zapatillas y  a partir de ahí ya dejé de ir a la escuela.No iba a estudiar,siendo hija única,pensaban mis padres! Así fue como empecé a ir con mi padre alas ferias : a Mosteiro, a Pontevedra, a Padrón ..eso me gustaba.Teníamos fincas,también aprendí a trabajar en el campo y a cuidar de los animales..a cocinar.Los domingos ,íbamos al cine,al baile..A comprar íbamos a Cambados, a Pontevedra,a Villagarcía..

Con 22 años ,se casa con Pepito,que es patrón de pesca  y se traslada a vivir a Cambados.Es así como inicia su “propia” vida y en común con su marido.Sigue contando: Pepito , iba a la mar, yo en la tienda ,he comprado,vendido ,un poco de todo..Además le pagaba alos marineros, a las atadoras,iba a la lonja  y controlaba las ventas de nuestros barcos..La vida del mar es dura e incierta, no sé como me iba acostumbrando..De llevar la casa,hablar con los profesor@s …me ocupaba yo ,pero Pepito estaba al corriente de todo y para los estudios de los hij@s, nunca puso pegas.Hablábamos y acordábamos  todo entre los dos y cuando los hij@s se fueron haciendo mayores también contamos con ellos  y así aprendimos unos de los otros .Trabajamos mucho..pero yo hasta ahora me siento bien.

CUATRO HIJ@S,MUCHAS EXPERIENCIAS..

Carmen, es una mujer entusiasta,vitalista ,que alumbra con luz propia,una persona que  infunde seguridad ,transmite confianza y firmeza.Un privilegio conocerla y disfrutarla .Yo la tengo de norte ,incluso en mi trabajo.Cuando le pregunto de que aspecto de su vida está más contenta, contesta rápido :” Estoy contenta de todo lo que hice en cada época de mi vida,todas son bonitas ..ya vas haciendo en la medida que puedes..Ahora no puedo hacer lo mismo que cuando tenía 30 ó 40 años ,pero no importa, ya lo tengo hecho..De lo que más satisfecha me siento ,es de haber hecho todo lo posible para que mis hijas e hijo estudiaran y lo que les gustaba  y saber que ahora están a gusto ,trabajando en lo que han elegido y para lo que se han preparado. Me agrada que sean buenos profesionales ,pensando siempre en hacer el bien y que nunca se olviden de sus raíces.

Carmen, tiene cuatro hijos ,tres mujeres y un hombre. Todos hicieron carrera y tienen trabajo.Carmen ,sabe y opina de los trabajos y de los problemas y alegrías que dan los hijos…

Le pregunto:

1- Si le ha compensado..cuatro hij@s ,tanto trabajo..

Contesta de inmediato: SI, si .a mi si.He tenido los hijos convencida.

2- Continúo, ahora ,harías lo mismo?

Son otros tiempos,entiendo a las mujeres actuales,preparadas,independientes.Son más libres para decidir como enfocar su vida así como tener o no hij@s.La felicidad no está en casarse,tener o no hij@s-Si, está en saber lo que quieres ,cumplir con tus obligaciones e intentar hacerlo bien…Ahora que si tienes hijos ,tienes que atenderlos ,dedicarle tiempo,hablarles,escucharles..Deben saber lo que hay y no darle más de lo que se puede ,más bien menos.Es mejor que sientan la necesidad de algo y no que les sobre.Es muy importante que estudien ,que colaboren y sepan compartir y que aprendan a responsabilizarse de sus obligaciones.Deben ir aprendiendolol desde pequeños.

Toda una filosofía ,una lección aprendida en los libros de la vida.Carmen es una mujer sencilla,austera, ha aportado sabiduría a nuestra historia a mi vida .GRACIAS MAMÁ, por tanta generosidad, dedicación y cariño.Mil GRACIAS POR TODO.


 HISTORIAS EN FEMENINO 4 / Voz de Galicia 24-6-2010:

 POR : M Carmen Durán Martínez


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lunes, 13 de junio de 2022

«Sepa por qué usted es machista» por María Elena Walsh


Nuestra querida y admirada Maria Elena Walsh escribió este texto hace años pero su inteligencia se adelanto en el tiempo y aunque habla para Argentina, tomamos su mensaje con la idea de conseguir justamente "Que  ni usted ni nadie sea  machista" 


«Sepa por qué usted es machista»

1. Porque le falta el principal de los sentidos: el del humor.

2. Porque se siente Dios, aunque no sea Ministro.

3. Porque cree todo lo que le dicen los medios (o miedos) de difusión de la Argentina actual, y ya tiene el cerebro más lavado que mate cebado por un polaco.

4. Porque su mamá es una santa, por lo tanto las demás mujeres son unas brujas

5. Porque su mamá es una bruja, por lo tanto las demás mujeres también.

6. Porque no tiene mamá y no consigue quien lo mime.

7. Porque en realidad le gustan más los hombres, aunque no ejerza.

8. Porque quiere hacer mérito ante los centros de poder, exclusivamente masculinos: empresariado, Fuerzas Armadas, animadores de TV, deporte, sindicatos, clero, pompas fúnebres, etcétera.

9. Porque todo ese asunto de la gestación y el parto le da miedo y asquete, como la educación sexual al Ministro de Educación.

10. Porque usted tiene los mismos atributos de Woody Allen pero no le dan el mismo resultado.

11. Porque no soporta la idea de un rechazo sexual hacia usted o hacia otro, y cree que la bella siempre debe estar a disposición de la bestia.

12. Porque usted no vive en el presente (y para eso lo ayudan mucho) sino en la prehistoria mental, y se da manija con tangos del 40.

13. Porque usted es burro y en lugar de corregirlo con tiempo y esfuerzo lo disimula con agresividad.

14. Porque usted es culto pero culturiza fuera de la maceta, y leyó a Julián Marías y no a Simone de Beauvoir.

15. Porque en el fondo es antisemita, antinegro, antiobrero, antijoven, pero como eso ya no corre se desquita con la misoginia, que aquí y ahora viene con premio (pero no se descuide: por poco tiempo más).

16. Porque usted ama el orden por sobre todo, y cada cosa en su lugar las mujeres en la cocina (o en cueros en tapas de revistas), y Pinochet, Castro y García Meza en el poder.

17. Porque cree que la inepcia es cuestión de sexo, que es como creer en la cigueña o en elecciones inminentes.

18. Porque teme que las mujeres hagamos rancho aparte, y no piensa que son los hombres quienes lo inventaron y perpetúan. (Ver punto 8.)

19. Porque supone que la mujer quiere imitar al varón, y no sabe que antes muerta que imitar a semejante fabricante de desastres, desde la guerra atómica hasta el IVA.

20. Porque le gusta que al mundo lo manejen los colectiveros.

21. Porque tiene mucha paciencia para dejarse pisar la cabeza por cualquier matón y muy poca para comprender errores de mujeres, que al fin y al cabo son, históricamente, debutantes en la mayoría de las profesiones.

22. Porque teme que las mujeres “pierdan la femineidad”, cosa imposible de perder, salvo que usted llame así a cosméticos y pilchas.

23. Porque usted teme que le roben algo y no sabe bien qué, a pesar de que a diario lo saqueen y basureen, y no precisamente las mujeres.

24. Porque es sincero, y vale más machista recuperable que “feminista” patrocinante como un papito que a las pretensiones femeninas dice que sí PERO…

Ahora ya sabe. Con estos 24 puntos usted ahorra años y fortunas en psicoanálisis. Usted puede ser hombre o mujer, el machismo tampoco es cuestión de genes: poca gente más machista que algunas mujeres, sólo que ellas lo son por instinto de conservación, por despiste, por imitar a los hombres, por comodidad o porque así las dejan hablar por TV. Usted también lo es por todas estas razones pero además porque se cree superiorcito: hace unos 10.000 años que le pasan el aviso y claro, usted sigue comprando un producto inexistente. Ahora puede seguir siendo machista, pero con apoyo logístico. No se trata tampoco de ejercer la represión desde estas páginas. Es posible que la perseverancia le acarree aplausos y sensación de deber cumplido, amén de las palmadas de la patota. Pero ojo que no hay premio mayor que saberse persona inteligente y civilizada. Si no opta por eso, estará contribuyendo a la contaminación mental, que es la que nos mata. Y no la humedad. Estará inflando la maquinaria del prejuicio y la prepotencia y al fin se va a quedar solo como un ciempiés, de luto, convertido en drácula de utilería y en hazmerreír de las criaturas primaverales.


Fuente: Cosecha Roja 



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viernes, 3 de junio de 2022

Condenamos los 129 feminicidios en Francia desde el ultimo Festival de Cine de Cannes


Un  grupo de mujeres  manifestantes irrumpieron en la alfombra roja del Festival de Cine de Cannes  el 22 de mayo protestando contra la violencia machista  desplegando  una pancarta y lanzando dispositivos de humo negro y levantando los puños.

La pancarta presentaba una lista  con el nombre de  las 129 víctimas de los  feminicidios desde el último festival de Cannes', 



Las manifestantes feministas llamaron la atención de los medios de todo el mundo sobre la situación de vulnerabilidad de la mujer en Francia, cuestionando las medidas que se toman en busca de la igualdad entre los sexos, que no evitan ese elevado numero de mujeres asesinadas, para verguenza de las autoridadeds francesas y tristeza de todas las personas comprometidas con la igualdad.



https://www.dailymail.co.uk/news/article-10842821/Protesters-storm-red-carpet-Cannes-Film-Festival-unfurl-banner-condemning-129-femicides.html

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miércoles, 1 de junio de 2022

Las mujeres pacifistas y la I guerra mundial 3/3

 

Reflexiones sobre la guerra y el Congreso de La Haya de mujeres españolas

La Gran Guerra estaba muy presente en la sociedad española, dividida entre francófilos y germanófilos, dando lugar a polémicas encendidas, que podían darse por ser España un país neutral, al decir de un escrito de la época:  “Nuestra neutralidad ha sido política en el orden internacional. En cambio, literariamente, la lucha de ideales o de intereses no ha cesado en los periódicos, en las revistas y en los libros… Unos hablan del derecho y otros de la fuerza. Como no nos cohíbe la censura ni la misma neutralidad, España es donde más sinceramente se ha escrito acerca de la guerra europea.[13]

Mientras se está celebrando el Congreso de Mujeres de La Haya, el periódico ABC[14] se hace eco de él en una amplia noticia, donde dice que España está entre los países representados en el mismo. En realidad, la única asistente de aquí fue “Madame J.M. Gay”[15], de Barcelona, que lo hizo a título individual.

La Condesa Pardo Bazán no creía que los acuerdos del Congreso de La Haya fueran a alcanzar un resultado práctico; compartía el contenido de las resoluciones y la crítica a la locura de la guerra pero terminaba afirmando que la guerra iba a traer beneficios a las mujeres, porque están ejerciendo oficios que antes no hacían y “… porque la guerra es, ante todo, dinámica y para la mujer, lo peor es la estática[16]Sabemos que este argumento no acaba de sostenerse, que el supuesto avance de las mujeres en las guerras, su entrada en nuevas profesiones, por ejemplo, no siempre se consolidó tras la guerra, más bien cuando volvieron los hombres del frente las mujeres fueron empujadas de nuevo hacia las tareas domésticas.

A lo largo del XIX y principios del XX, distintas mujeres escribieron sobre la guerra en España. Josemi Lorenzo Arribas ha identificado algunas de ellas[17], destacando a Carmen de Burgos y María Lejárraga que, dice, aportaron “las reflexiones más sistematizadas sobre el tema”, la primera en Guerra a la guerra y la segunda en Feminismo, feminidad, españolismo y Cartas a las mujeres de España.[18]  En una de las publicaciones mencionadas, María Lejárraga[19] incluye varias crónicas del Congreso de La Haya, con fragmentos de los discursos que se dieron en él y de las lecciones aprendidas por las mujeres. A saber:

Los hombres tienen casi toda la culpa de la guerra; pero las mujeres tampoco estamos exentas de responsabilidad; hemos faltado a nuestro deber de dos maneras: Primera: Consintiendo que se eduque a nuestros hijos en una falsa idea del heroísmo y de deber patrio. Hasta ahora mismo se ha glorificado en las escuelas el valor militar, las hazañas de sangre, la injusticia de la conquista, el egoísmo colectivo; se ha hecho de la bandera un símbolo, no de patriotismo, sino de imperialismo… Segunda: Por temor al ridículo, hemos dejado de poner en nuestras reivindicaciones todo el empeño necesario. El día en que las mujeres intervengan en la gobernación de los pueblos en número igual al de los hombres, la guerra habrá concluido de una vez para siempre; esto lo sabemos y lo sentimos”.[20]

Para Lejárraga, el que llama Congreso de las mujeres pacifistas en La Haya, tal vez haya tenido poco impacto práctico pero

“Su significación moral es, sin embargo, interesante, porque afirma una vez más el decidido propósito de las mujeres de no consentir que sigan arreglándose los asuntos de interés general para la vida de los pueblos sin intervención suya, como representantes que son de más de la mitad del género humano. Una vez más las mujeres levantan la voz para pedir la paz…”.[21]

Carmen de Burgos y Sofía Pérez Casanova, nuestras primeras reporteras de guerra, que veían lo que sucedía en los frentes y en la retaguardia, el sufrimiento de la población civil, fueron abiertamente anti-guerra.[22]

Virginia Woolf plasmó sus reflexiones sobre la guerra desde las vidas de las mujeres en el imprescindible Tres Guineas. Sobre su pensamiento, escribió Elena Grau:

 “Virginia habla muy poco de la experiencia, de las consecuencias y del horror de la guerra porque parte de una idea, nunca la guerra, y no necesita argumentarla. Yo diría que ella pone la guerra como medida de todas las acciones humanas. Su esfuerzo es medir la acción humana, de mujeres y hombres, en presencia de este horizonte. Y al poner la guerra como medida, o como horizonte de nuestra acción, trasciende la idea de guerra como hecho bélico y se interesa por todo aquello que en nuestro hacer apunta en última instancia a sostener unas relaciones, una cultura y un mundo simbólico que albergan la violencia y conducen a la guerra”.[23]  

De modo diferente, escribe Josemi Lorenzo, que cita también el análisis de Elena Grau, las escritoras españolas pusieron el acento en el sufrimiento y el dolor que provocan las guerras.  Con todas las distancias, concluye, por la singularidad y brillantez de la inglesa, esto puede ser debido a que, en las distintas guerras que vivió España –con sus consiguientes levas y muertes de jóvenes varones- las españolas, a diferencia de la Woolf, la sufrieron en carne propia: “Las continuas sangrías humanas que supusieron las guerras a las que se aferraba el estamento militar y político, el injusto sistema de recluta, el dolor multiplicado en familiares y amistades de los soldados ... no podían dejar indiferentes a estas mujeres intelectuales…”.[24]

Núcleos del feminismo pacifista en España: su relación con WILPF

Los tres núcleos de mujeres organizadas que hemos podido identificar en relación con las mujeres del Congreso de La Haya y WILPF, se configuraron en Valencia, Barcelona y Madrid.

En Valencia, en el núcleo feminista pacifista destacaron las hermanas Ana y Amalia Carvia Bernal. Formaban parte de la Asociación General Femenina (AGF), que abogaba por un feminismo laicista y librepensador, defendía la importancia de la instrucción de las mujeres a todos los niveles y estaba al tanto de cómo se organizaban las feministas ‘en los países europeos más avanzados’.[25] En 1915, las hermanas Carvia fundaron la Asociación Concepción Arenal y la revista Redención que defendía el sufragio, la laicidad y el librepensamiento, presentándose como pacifista y feminista.  En el informe del Congreso de WILPF celebrado en Viena en 1921, en la sección de saludos recibidos se incluye uno de la Asociación Concepción Arenal en el que esta asociación muestra su adhesión a los acuerdos del congreso anterior, celebrado en Zurich, en 1919.[26]

En Barcelona, Carme Karr Alfonsetti (1865-1943), escritora, reformadora social y feminista, integrante del Comité Internacional de la Liga de los Países Neutrales, en octubre de 1915,  fundó el Comité Femení Pacifista de Catalunya (CFPC) que recibió la adhesión de personalidades y entidades y se propagó a otras ciudades de Catalunya. La idea había sido de la pintora Antonia Ferreras y su presentación se hizo en el Ateneo de Barcelona. El CFPC se proponía “recullir un a un aquells sentiments qui sens dubte bateguen en el cor de les dònes d’Espanya, sentiments de germanor per el dolor d’aquelles dònes espartanes (voluntaries ó nó) qui veuen desertes y enrunades les llars familials, morts ó matant, els esposos, els fills, ells germans… (uniéndose al anhelo de paz de) aquelles nombroses agrupacions femenines pacifistes de l’extranger, qui escampen pel món llurs manifests, y alhora a les dònes d’Espanya, ens demanem amargament el per què nostra veu no s’ha alçat ja demanant el fi de la tragedia, com si no existís en tota Espanya una sola dòna amant de la Pau…”.[27]

Entre las iniciativas que lanzó el CFPC destacó la campaña de la Postal de la Pau, una postal ilustrada por el dibujo que resultara premiado por un jurado, simbolizando los horrores de la guerra y conteniendo un pensamiento en los idiomas de los países beligerantes. La postal era para enviarla a los jefes de Estado y a personas que pudieran influir en poner fin a la guerra.[28] La revista Feminal (1907-1917) que dirigía Karr difundió esta y otras iniciativas y dio cabida a las polémicas que se fueron dando en relación con la paz.

En 1929, en Madrid, mujeres del Lyceum Club fundaron la Liga Femenina Española por la Paz,[29] que mantuvo lazos y colaboración con WILPF. Su presidenta, Isabel Oyarzábal, así como Clara Campoamor,   conocía a las mujeres de WILPF a través de su pertenencia común a la Alianza por el Sufragio. También a través de la Federación Internacional de Mujeres Universitarias y de las reuniones de la Liga de las Naciones. 

En 1930, en Barcelona, se fundó la Lliga catalana per la pau i la llibertat. Presidida por Montserrat Graner, la Lliga fue una organización vinculada a WILPF, con la que colaboró de manera destacada en la campaña por el desarme de 1932. Su revista Evolució, en el corto periodo de su existencia, apenas un año, proclamó esa vinculación y difundió los objetivos de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.  

 Epílogo

 

Las mujeres que se reunieron en el Congreso de La Haya constituyeron una voz disidente con voluntad de incidir en la política internacional. Fueron pioneras en muchos aspectos, también en su desempeño académico y profesional. Eran mujeres ideológicamente dispares, unidas por su rechazo a la guerra y la reclamación del voto. En la encrucijada de la guerra, eligieron seguir organizadas por la paz y la libertad, opción que dividió al movimiento sufragista. La división de las sufragistas ante la I Guerra Mundial puso de manifiesto, una vez más, que no todas las mujeres son pacifistas, que optar por la paz no es algo ‘natural’ en ellas. Como tampoco lo es la guerra o la violencia en los hombres. Tanto para mujeres como para hombres, optar por la paz es una opción libre.

Como movimiento de mujeres, el feminismo fue y es una fuerza importante contra la guerra y contra la violencia pero tampoco todos los feminismos son pacifistas. Existe consenso en el rechazo de la violencia contra las mujeres, pero el debate sobre la legitimidad o no del recurso a la fuerza sigue dentro del movimiento. Tampoco todos los feminismos se han expresado como defensa de intereses exclusivos de las mujeres como grupo excluido. El feminismo internacionalista pacifista del Congreso de La Haya es una expresión de que la política de las mujeres, como escribió Alexandra Bochetti, es la política.

Erosionar la idea de que es glorioso morir por la patria, que tan a menudo ha supuesto en la práctica morir para defender los intereses de las élites dominantes, costó muchas décadas. Pero aún hay culturas en las que los hombres se ven impulsados a inmolarse en defensa de algún paraíso prometido. En la nuestra, ya no es así. Es posible que morir por la patria se haya sustituido por vivir para consumir, pero el desapego del pedestal de la muerte es una resistencia que está afirmando que la muerte, ‘morir por’, ya no es un valor. Crece la convicción de que es mejor ‘vivir por’. La vida es lo que tenemos. Las mujeres conscientes, el feminismo pacifista, siempre han puesto la vida y su sostenibilidad, no la muerte ni bienes de otro rango, en el centro de los valores. La corriente feminista pacifista que nació en La Haya sigue empujando en esa dirección. En abril de 2015, en los mismos días que hace cien años, el mismo número de mujeres de todo el mundo, 1136, nos reuniremos de nuevo en un Congreso en La Haya: todavía no hemos logrado erradicar la guerra, en sus múltiples rostros.   

Carmen Magallón (2014) “Una voz disidente en la I Guerra Mundial: el Congreso de La Haya y WILPF”, Mientras tanto, Nº. 122-123, pp. 57-71.

13] Álvaro Alcalá Galeano (1916) España ante el conflicto europeo, 1914-19, Madrid, 1916, 4ª ed., pp. 212-213.

[14] “Por la Paz. El Congreso Internacional feminista”, ABC, 1º de mayo de 1915, p. 8.

[15] No conocemos datos de ella, sólo que vivía en Claris, 102 de Barcelona, dato recogido en el Informe del Congreso: http://www.ub.gu.se/kvinn/portaler/fred/samarbete/pdf/congores_varouwen.pdf, p. 11.

[16] La Condesa de Pardo Bazán (1915) “La vida contemporánea”, La Ilustración Artística, nº 1764, 18 de noviembre de 1915, p. 686.

[17]“Emilia Serrano, baronesa de Wilson; Concepción Arenal; Doñeva de Campos;…Carmen de Burgos, Colombine; Teresa de Escoriaza; María Lejárraga; Blanca de los Ríos y Sofía Pérez Casanova. Además de estos nombres propios,… aparecen mujeres puntuales anónimas, ya en prensa firmando artículos, ya participando en acciones de calle. Mujeres del pueblo, que nos aportan el contrapunto necesario para no confundir el sentir de las mujeres burguesas, que tienen acceso a los medios escritos, con el del común de sus congéneres que no tenían tal privilegio”. Cfr.: Lorenzo Arribas, Josemi (2007) “Tensiones militarismo/ antimilitarismo” en Asunción Bernárdez Rodal (Dir.) Escritoras y periodistas en Madrid (1876-1926), Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 125- 162, p. 135.

[18] Ibídem, p. 136.

[19] María Lejárraga firmaba casi siempre con el apellido del marido, Martínez Sierra, y a menudo también con su nombre, Gregorio.

[20]G. Martínez Sierra (1917) “Lecciones de la guerra. Opiniones de algunas de las feministas que han concurrido al Congreso de La Haya en favor de la paz” en la publicación de la misma autora Feminismo, feminidad y españolismo, Madrid, Renacimiento, 181-192, p. 182. La cursiva está en el original.

[21] G. Martínez Sierra (1917 “El Congreso de las mujeres pacifistas en La Haya”, en la publicación de la misma autora Feminismo, feminidad y españolismo, Madrid, Renacimiento, 231-240, p. 233-234.

[22] Carmen de Burgos ya cubrió la guerra de Marruecos y en ese tiempo, entre otros escritos, escribió la novela En la guerra (1909). Sobre Casanova, véase: Bernárdez Rodal, Asunción (2013) “Sofía Casanova en la I Guerra Mundial: una reportera en busca de la paz de la guerra”, Historia y Comunicación Social, Vol. 18 (2013), 207-221.

[23] Elena Grau (2000) “Sentada en mi lado del abismo. Sobre Tres Guineas de Virginia Woolf”, En pie de paz, nº 52, 40-47, p. 43. Cita incluida en Carmen Magallón (2006) Mujeres en pie de paz, Madrid, Siglo XXI, pp. 215-216.

[24] Josemi Lorenzo Arribas, Op. Cit., p. 158.

[25] Luz Sanfeliu (2011) “Instrucción y militancia femenina en el republicanismo blasquista (1896-1933)”, en Ana M. Aguado, Teresa María Ortega López (coords.) Feminismos y antifeminismos: culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX, Valencia, PUV, 45-70, p. 64.

[26] “The Society "Arenal", Barcelona (sic), wrote accepting with enthusiasm the resolutions adopted by the Congress (at Zurich) which expressed their aspirations as well as those of the whole feminist movement. In Valencia, Barcelona and Madrid, which are the centres of Spanish feminism, the society is zealously working to reform the laws that depress the condition of the women of Spain, and to obtain the vote. In working for universal peace they wish to give an example of the civic virtues, to promote the welfare of the Women's International League and to secure universal disarmament.” WILPF, Vienna Congress Report, 1921, pp. 155-156.
 

[27] “La dona y la pau. El Comité Femení Pacifista de Catalunya”, Feminal, 103, 31 octubre 1915, pp. XVI-XVII.

[28] Colombine (1915) “Femeninas. Cosas de actualidad”, 29 noviembre 1915, p. 1.

[29] Sobre la Liga Femenina Española por la Paz y el feminismo pacifista: Carmen Magallón (2012) Contar en el mundo. Una mirada sobre las Relaciones Internacionales desde las vidas de las mujeres, Madrid, horas y Horas.

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