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viernes, 18 de agosto de 2017

La justicia machista y el Estado español


Es verdad que machista es todo el sustrato en el que vivimos con valores androcéntricos, pero frente a esta situación, muchas personas están intentando cambiar sus propios esquemas de vida para conseguir una sociedad más igualitaria y poco a poco hemos ido conformando leyes que nos ayudan a salir de ese atraso.
Son múltiples las asociaciones de hombres por la igualdad y de mujeres que igualmente la buscan.

Para que los cambios sean posibles la formación es vital, y ya desde 2012 veníamos pidiendo una justicia feminista. El informe que elaboró Amnistía Internacional  titulado  ¿Qué justicia especializada ? era claro de cómo se sentían las mujeres frente al sistema judicial e instaba al Estado español a  rendir cuentas sobre el cumplimiento de sus obligaciones internacionales concernientes al acceso y la obtención de justicia y protección para las víctimas de violencia de género, a todas las demás instituciones* , se les pedía  según sus competencias:


• que lleven a cabo un estudio en profundidad sobre la garantía de los derechos de las víctimas ante la justicia en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, y de las cifras que se están dando en estos siete años de funcionamiento.



• que aseguren la especialización real, no sólo nominal, de los órganos judiciales encargados de violencia de género.


• que garanticen la disponibilidad y la calidad de la asistencia letrada a las víctimas de violencia de género, incluida la violencia sexual y la trata de personas desde la interposición de la denuncia y durante todo el proceso judicial. Para ello se debería fijar el número de letrados y letradas adscritos a estos turnos, en función del número de población del territorio correspondiente.

• que mejoren los mecanismos de formación inicial y continua de jueces, fiscales, abogados e intérpretes en materia de derechos humanos y violencia contra las mujeres desde un enfoque de género.


Sabíamos que en los cursos de formación a abogadas y abogados se tenían unos planteamientos machistas de toda la vida, que hicieron a alguna mujer abandonarlos y que algunos-bastantes de los profesores no tenían formación en género.

Hoy en 2017, con el caso de Juana Rivas delante, me hablan de cientos de mujeres que han sufrido los reveses de la justicia patriarcal, de vidas de niñas y niños destrozados tutelados por padres maltratadores, que se sirvieron de distintos síndromes para desacreditar a sus excompañeras madres de sus hijos.
Me dicen de varias mujeres condenadas a prisión por querer proteger a sus pequeñas y pequeños y no quererlos entregar a su progenitor y otras que se salvaron por casualidad. Me hablan en fin de cientos de mujeres víctimas de la justicia machista. Me dicen que el caso de Juana no es el peor.
Me pregunto ¿se ha formado y se está formando al sistema judicial adecuadamente en género?

¿Se están cumpliendo las leyes en cuanto a formación en género e igualdad, incluso desde el instituto, a nuestros hijos e hijas? ¿Quién imparte estos cursos? ¿de cuántas horas hablamos? ¿cómo se controlan sus resultados de esa formación y quien lo hace ?

He visto recientemente una denuncia de unas alumnos de un Instituto en Madrid  sobre la formación que le dieron varios miembros del Cuerpo Nacional de Policía, hablando de denuncias falsas en contra de los  datos de los informes elaborados por la Fiscalia  que indica que son mininas, he oído de otros institutos  en los que se hablaba que los hombres tenían las de perder …y de que la formación estaba asignada a la Policía . Vivimos en un país que para cualquier trabajo se exigen múltiples titulaciones, ¿tendrán esos policías alguna maestría  en género e igualdad ?
Si no formamos a nuestra adolescencia en un tema tan importante ¿que nos encontraremos a futuro? 

Oí el año pasado a un representante del gobierno español hablando de la lacra de la violencia de Genero en Naciones Unidas en Ginebra y casi me da la risa, por no llorar, después de ver lo serio que se venían tomando el problema, reduciendo recursos económicos incluso en el apoyo a víctimas.

Un ímprobo trabajo por parte de mujeres y hombres defensores de la igualdad nos hace avanzar ligeramente y el resultado ha sido por ahora un Pacto de Estado descafeinado pero cambiar los usos y costumbres, conseguir, por ejemplo, que se prohíba el vídeo de Despacito que hoy arrasa y que denigra a la mujer y no que gratuitamente lo anuncie Televisión española en uno de sus telediarios con la excusa de que venía el cantante a España, llevara tiempo y mucho trabajo.
Muchas personas estamos empeñadas en ese esfuerzo y no dejaremos de denunciar la situación acompañando casos como el de Juana, el cada una de las mujeres que este machismo asesina cada semana y las múltiples violencias que un sistema machista nos infringe cada día, en cada espacio en el que vivimos, claras de lo ilegitimo de muchos actos aunque se definan como legales pues están fundado es criterios que minusvaloran y que no apoyan suficientemente a las mujeres.

Recordamos del informe de Amnistía Internacional de  2012  que citaba seis ámbitos de especial preocupación en los que se ponía de manifiesto la grave desprotección y/o falta de diligencia en la protección a las mujeres y niñas víctimas de violencia que han decidido denuncia :

 1.No todas las mujeres son adecuadamente informadas sobre sus derechos. La Ley Integral garantiza el derecho a la información de las víctimas.

2. Déficit en la disponibilidad y la calidad de la asistencia letrada.

3. Falta de diligencia en la investigación judicial.

4.   Sin “marcas físicas”, los obstáculos se multiplican.

5. La contradenuncia como estrategia de impunidad.

6.  Prejuicios y trato irrespetuoso en la obtención del testimonio de las víctimas.
 
Preocupaciones que surgían de esta frase” Me pueden dar un golpe, me pueden llevar un pedazo, pero yo no vuelvo a denunciar”. dicha por una mujer dominicana que vio denegada la orden de protección y archivadas sus dos denuncias por violencia de género en 2012.


¿Cuánto ha cambiado el sistema judicial desde 2012? ¿Alguien cree que este sistema da garantías en 2017  a las mujeres que a él tienen que acudir para protegerse y proteger a sus hijas e hijos?

*(Parlamento, Ministerio de Justicia, Consejerías de Justicia, Consejo General del Poder Judicial, Fiscalía General y Fiscalías especiales y  los Colegios de abogados)

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Rebeldías y alternativas feministas latinoamericanas


Varias son las dimensiones presentes en las luchas y las rebeldías históricas feministas en Latinoamérica:
Se caracterizan por el pasaje de luchas puntuales, rebeldías y denuncias, a la asunción de propuestas generadas por movimientos feministas de otras partes del mundo, así como a la creación de alternativas locales y regionales a la problemática de las mujeres a partir de indagaciones propias y de conocimientos generados en las vidas personales, los movimientos sociales, civiles y políticos, en la academia y en las instituciones.
Se trata del paso constante, a manera de vaivén, de la rebeldía y la subversión a la construcción práctica de alternativas. Dentro del orden hemos armado un desorden y abierto fisuras que metamorfosean al mundo.
Los feminismos que hoy llamamos latinoamericanos no nacieron con esa identidad. El latinoamericanismo previo era androcéntrico y referido a grandes episodios emblemáticos que se erigían simbólicamente como latinoamericanos.
Latinoamérica era de los hombres. Por primera vez en la historia es un territorio simbólico y político para y de las mujeres gracias a la acción práctica de las feministas y a la voluntad del encuentro.
Los feminismos latinoamericanos son todos sincréticos y más aún, son arrítmicamente sincréticos, como sincréticas somos nosotras al pertenecer a una tajada de mundo que nadie sabe si pertenece a Occidente a no ser por las lenguas dominantes que se hablan en ella (castellano, portugués, ingles, francés) las religiones hegemónicas, y la organización de sociedades y estados conforme a la tradición occidental.

Sin embargo aquí se hablan más de 200 lenguas precolombinas, prevalecen religiosidades, tradiciones, y formas de vida cuyos remotos orígenes son pre occidentales.
Hay quienes nos colocan en el Tercer Mundo, aunque para nosotras sea el primero, porque es el que pretendemos hacer nuestro. Unas latinoamericanas vivimos con los recursos de la modernidad y el desarrollo y la inmensa mayoría anhelan y luchan por su probada de modernidad. Antes, las latinoamericanas vivíamos del Río Bravo hacia el sur, hoy la migración ha llevado a millones hasta Chicago, Los Angeles, Nueva York. Y, algunos canadienses reivindican su latinoamericanidad.
¿Será por nuestra diversidad histórica que tenemos ricas y variadas corrientes ideológicas y políticas?
Los feminismos locales han vivido, sin resolver, una tensión entre lo capitalino, lo urbano, lo provinciano y lo rural. Enmarcados en esas tensiones y ante el asombro del entorno, se han producido oleadas de encuentros de mujeres de países distintos, signados por el descubrimiento, la cooperación, el conocimiento y la solidaridad. Se ha dado también la alianza política representada en los congresos feministas latinoamericanos, en el sin fin de reuniones organizadas por temas y frentes de acción política. En ellos, feministas recién llegadas, anhelantes, se han encontrado con las fundadoras, las caribeñas con las del Sur, las centroamericanas entre ellas mismas. El debate de las prioridades ha suscitado conflictos además con quienes no son feministas y participan. Y, cuando ya creíamos que no habría otro encuentro más, asoma el siguiente en el horizonte.

Las feministas empezamos en pequeños grupos, aisladas, inconexas e ignorantes de las otras y, poco a poco, caminamos enredadas con la creación de vínculos y redes sin los cuales sería impensable el flujo de información, el intercambio y la sintonía en las acciones políticas concretas. Hemos devenido
latinoamericanas por necesidad y por nuestra voluntad.
Sin embargo, surgen preguntas inevitables acerca de si somos una fuerza política latinoamericana. Si esas experiencias han creado un capital político frente a otros poderes y, si tienen señas de identidad comparadas con feminismos de otras latitudes. Si el tamaño de esos poderes es tan grande que podemos constituir un frente e incidir continental, nacional y localmente. Si los feminismos latinoamericanos mantienen un diálogo y acciones conjuntas más allá de cumbres y eventos internacionales.
Feministas de otros lares, admiran en nosotras aspectos que, a su parecer nos definen, como nuestra organización en redes, las acciones conjuntas, una actitud de lucha y fandango, el desarrollo académico, literario y artístico sólido, la multiplicidad de temas de nuestras agendas, las formas variadas de ser feminista y la presencia de mujeres de edades, generaciones, colores, tradiciones y culturas diferentes.
Como antropóloga me pregunto si tenemos marcas de identidad o si los feminismos son universales, indiferenciados más allá de su cronología histórica y pienso en respuestas en ambos sentidos:
A nivel macro, enarbolamos las mismas causas que movimientos de otras latitudes porque el feminismo configura una cultura transnacional, transétnica y secular. Los temas políticos del feminismo se definen prácticamente de manera cada vez más global y la filosofía feminista ha dado unidad a la diversidad.
Al mismo tiempo los feminismos en América Latina están marcados por su liga con la democracia y con el desarrollo y, desde luego, con la diversidad de mundos, lenguajes y puntos de vista.
Marcela Lagarde y de los Ríos 

http://www.cotidianomujer.org.uy/sitio/pdf/ElFeminismoenmiVida.pdf
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jueves, 17 de agosto de 2017

Todas con Juana en Callao (Madrid) 17 de agosto a las 20 horas


#RetiradaGuardaYCustodiaAMaltratadores
#RetiradaRégimenVisitasAMaltratadores
#UnMaltratadorNuncaSeráUnBuenPadre

LA PLATAFORMA 7N LLAMA A ACUDIR A LA CONCENTRACIÓN EN APOYO A #JUANARIVAS MAÑANA, JUEVES 17 DE AGOSTO, A LAS 20 HS EN LA PLAZA DE CALLAO DE MADRID Y EN OTRAS CIUDADES

El TC tenía razones fundadas para aceptar el recurso de amparo.

Madrid, a 16 de agosto de 2017

La Plataforma 7N, tras conocer la decisión del Tribunal Constitucional de rechazar el recurso de amparo solicitado por Juana Rivas, ha llamado a acudir a la concentración en su apoyo que tendrá lugar mañana en Callao.

En opinión de la Plataforma, el Alto Tribunal perfectamente podía haber aceptado el recurso ya que tenía razones fundadas como es la protección de los menores, velar por el interés superior de los hijos.

 Asimismo, considera que no se está aplicando el artículo 31.2 del Convenio de Estambul del Consejo de Europa, ratificado por España, que exige tomar medidas “para que el ejercicio de ningún derecho de visita o custodia ponga en peligro los derechos y la seguridad de la víctima y de los niños”, que también rige en Italia, país al que –por los artículos 63 y 64 del mismo Convenio- España debe transmitir “sin demora” y “sin necesidad de petición previa” toda la información y pedir cooperación, con el fin de asegurarse de que se toman las medidas protección apropiadas para la madre y los hijos.


 Además, el Tribunal Constitucional no ha interpretado las leyes a la luz del Pacto de Estado contra la Violencia de Género recién aprobado en el Parlamento (Boletín Oficial del Congreso de los Diputados de 08.08.17), cuyo punto 4 llama a “intensificar la asistencia y protección de los menores”, y mucho menos alguna de las comparecencias, como la de la Jueza de Violencia Paloma Marín que propuso “con relación a la mejora de la protección de los menores, dado que el artículo 48.2 del Código Penal prevé la suspensión del régimen de visitas, propone establecerla con carácter imperativo en todos los casos en que el/la menor hubieran presenciado, sufrido o convivido con manifestaciones de violencia”.


 Este caso recuerda al de Ángela González Carreño, ante el que la comunicación 47/2012 el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de Naciones Unidas CEDAW señaló en julio de 2014 que la falta de empatía y diligencia de los Juzgados, después de haber recibido entre diciembre de 1999 y noviembre de 2001 más de 30 denuncias y solicitudes de órdenes de alejamiento para la madre y la niña, incidió en el asesinato de la niña a manos de su padre el 24 de abril de 2003. El Comité señaló que entre 2008 y 2014 fueron 20 los niños asesinados por sus padres en el ejercicio de sus derechos de visita. Y en 2015 “El Comité observa con preocupación la falta de comprensión por el Estado parte (España) de su obligación de diligencia debida y la falta de seguimiento de los dictámenes del Comité sobre la comunicación núm. 47/2012, González Carreño c. España. Observa que las medidas adoptadas por el Estado parte para capacitar a los jueces y los abogados sobre la Convención y su Protocolo Facultativo y para incorporar sus disposiciones en su ordenamiento jurídico son insuficientes. Le preocupa además que las propias mujeres, especialmente las mujeres de las zonas rurales y las mujeres migrantes, no conozcan sus derechos con arreglo a la Convención y, por consiguiente, carezcan de la información necesaria para reivindicarlos”.


 Porque hoy es Juana Rivas, pero también por todas las Juana Rivas que pueda haber en el futuro, es necesario acudir a la Plaza de Callao mañana a las 20hs. a decir fuerte y claro que un maltratador no es un buen padre.




https://plataforma7n.wordpress.com/2017/08/16/la-plataforma-7n-llama-a-acudir-a-la-concentracion-en-apoyo-a-juanarivas-que-tendra-lugar-manana-en-callao/

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Soy más que mis manos. Los diferentes mundos de la mujer en la maquila.


Empezaré reconociendo el aporte metodológico que brindan las historias de vida para reconstruir las trayectorias laborales y cotidianas de las mujeres que participan en buena medida en la economía fronteriza en Tamaulipas con su labor en las maquiladoras, al igual que en aquellos lugares de México en donde se han localizado tales fuentes de empleo. Son estas historias las que permiten acceder a los rincones de la intimidad que muestran los sentimientos, esperanzas, temores y aflicciones de esas mujeres que comparten tantas cosas y que, de alguna forma, influyen en su manera de concebir y desarrollar el trabajo.

Considero que la ciencia social no se hace desde el exterior de quienes actúan o independientemente de ellos. Es necesario rescatar su propia perspectiva: su palabra y vida subjetiva individual. Las y los sujetos individuales y colectivos son sociales y mueven este ámbito, así que lo que existe de social interesa a nuestra mirada. Si penetramos en sus escenarios, pensamientos, ilusiones, deseos y palabras, es para rescatarlos y, si es posible, para hacer transitar lo social hacia una condición más digna. Quien entra a un lugar de la cultura o de la intimidad no debe hacerlo para ultrajarlo, corromperlo, sino para volverlo más humano, mínimamente para entenderlo en sus motivos y motores como lo instaura la perspectiva weberiana.

Las historias que rescatan Cirila Quintero y Javier Dragustinovis, tratan de la vida de cuarenta mujeres; de aquéllas que han invertido buena parte de su tiempo y existencia en un proyecto económico regional vinculado directamente a la economía internacional como es la maquila. Son historias de quienes han dejado la juventud –algunas desde los quince años–, con esperanza de mejorar la calidad de vida y sobre todo la salud. Mujeres que han renunciado a sus sueños de estudiar, de compartir los mejores momentos al lado de hijos y familia, al goce del tiempo libre, a vivir en condiciones diferentes.

Lo que el libro nos muestra es que las manos de las mujeres de la maquila en Tamaulipas fabrican balastras, juguetes, motores, volantes de automóviles, overoles, batas de médicos, partes eléctricas, entre otros productos. Son las mismas manos que limpian la casa, cambian pañales, bañan niños, atienden maridos, lavan ropa, preparan comida y a veces realizan otras labores para obtener un ingreso extra.

Así se mueven las manos de las mujeres que han venido a formar parte de las cifras que hablan del incremento de la participación femenina en la fuerza de trabajo en México, que se aceleró dramáticamente durante los últimos veinte años del siglo pasado en todos los rangos de edad y distintos estados civiles.

A ello se suma que la disminución en la tasa de fecundidad de las mujeres les permite dedicar más tiempo a sus labores extradomésticas, ya que ocupan menos años y menos horas a la crianza de los hijos. Lo mismo sucede con el hecho de que la propensión al aumento de las rupturas conyugales ha convertido a muchas de ellas en jefas de familia y que desafortunadamente por la persistencia en la segregación del empleo por sexo, o a la distribución desigual de los puestos de trabajo entre hombres y mujeres (hay tareas socialmente consideradas como propias de los hombres, mientras otras se suponen adecuadas para las mujeres), ubica a éstas últimas en los puestos de más bajos ingresos en la maquila.

Existe, además, entre las propias trabajadoras de la maquila, la idea generalizada de que sus manos son para trabajos delicados, no como las toscas manos masculinas que no sabrían desarrollar como ellas esa labor cotidiana en la fábrica.

No obstante, alguna de ellas señala que aprendió a pulir, actividad de hombre, labor de fuerza con los brazos, y que lo hizo tan bien que la ascendieron a supervisora de pulido en el área de volantes para automóviles.

Como ya se sabe, este tipo de industria ha sido generadora de empleo para gran cantidad de mujeres, ello no es por casualidad, pues representan la mano de obra más barata y fácilmente reemplazable. Sin embargo, es importante señalar que, pese al incremento de la participación femenina en la economía, esto no representa una mayor autonomía de las mujeres para tomar decisiones, ni la equidad de género. De hecho, tampoco implica la conquista de tiempo libre para las mujeres trabajadoras, ya que por las obligaciones familiares deben desempeñar una doble jornada laboral, dado que no existen las condiciones que hagan compatible el trabajo doméstico con el extradoméstico. Así, de acuerdo a cifras oficiales, en el 2003, 96.1% de las mujeres que participaban en el trabajo extradoméstico, efectuaban también actividad doméstica, y dedicaban en promedio 62.2% de sus horas semanales a ambas labores, de las cuales 24.8% corresponde al trabajo doméstico.

Pero ¿Qué significa ser mujer cuando se es madre y trabajadora en una maquila? De acuerdo al apartado "El hogar", que nos presenta el libro, es ésta la obligación que no perdona.

Quintero y Dragustinovis apuntan que el trabajo en la maquila no ha liberado a la mujer de sus labores domésticas: son ellas las que continúan cuidando a los hijos y encargándose del hogar; y si bien es cierto que hoy alcanzan más participación en las decisiones de la casa, no es porque cuentan con una pareja comprensiva, sino porque ellas han asumido el papel de padre y madre en muchos hogares. Han tenido que equilibrar el papel de trabajadoras y madres, y en este balance el tiempo resulta ser el reto principal a vencer.

La polivalencia requerida en la planta se repite en el hogar: "yo lavo, yo hago la casa, yo cuido bebés". La infinidad de labores hogareñas, donde el cuidado de los hijos resulta central, lleva a que las mujeres vean como una sola jornada laboral las distintas actividades que realizan diariamente. Para algunas, la jornada inicia con el alistamiento para ir a trabajar, para otras con el regreso al hogar después de trabajar toda la noche; no para dormir, sino para cumplir con sus actividades de enviar a los hijos a la escuela; es entonces cuando la noche se convierte en día y el día en noche.

El tiempo para descansar no existe, y el fin de semana es para ponerse al corriente de los quehaceres rezagados durante la semana. A pesar del desarrollo de las actividades, las evidencias muestran una insatisfacción y una culpabilidad de las trabajadoras por no cumplir del todo con sus actividades familiares y hogareñas; existen remordimientos por no ser la madre perfecta, la esposa ideal, ¿Pero, quién puede serlo cuando existen tantos roles por cumplir?

La realidad de las mujeres que laboran en la industria maquiladora es que no cuentan con el tiempo necesario para la recuperación de las energías gastadas durante la jornada asalariada; tal jornada cotidiana les implica levantarse entre las 4:30 y 5:00 de la mañana diariamente –algunas incluso los sábados–, preparar lonche, dejar listo el desayuno de los hijos, entre muchas actividades más, y correr a buscar transporte público que las lleve a la fábrica, pero que a esa hora va lleno y quizá no las levante para que puedan llegar a la maquila a las 6:30 de la mañana. Significa laborar bajo presión para cumplir con ciertos estándares de productividad que son generalmente más elevados de lo humanamente posible, además, realizar un trabajo repetitivo, siempre en la misma posición y que requiere en mucha ocasiones de grandes dosis de concentración para no accidentarse. Esto entraña posturas de trabajo incómodas, jornadas de más de ocho horas de pie, estrés y desgaste físico que a la larga, y a veces no tan a la larga, cobran factura.

Significa también, salir de prisa de la maquila para llegar a la casa a lavar ropa, preparar la comida del día siguiente para los hijos, ayudarlos con la tarea –si es posible–, limpiar la casa y dormirse lo más temprano que se pueda –que la mayoría de las veces no se puede–, para empezar al día siguiente la misma rutina. Eso si no se tiene otro trabajo adicional, como el de algunas de ellas que todavía cosen ropa en casa para obtener otro ingreso.

Esto es lo que sucede si acaso se tiene la suerte de cubrir un turno laboral por la mañana, porque si es el tercer turno las cosas son todavía más difíciles, ya que hay que batallar con un transporte público que las lleve a altas horas de la noche a la maquila, caminar a solas y con temor por calles obscuras donde ya otras mujeres han vivido incidentes de agresiones sexuales, y llegar a las empresas donde las casetas de vigilancia no están instaladas para proteger la seguridad y la integridad de las empleadas, sino para vigilar la seguridad de la producción.

A ello hay que sumar el problema de tener hijos pequeños que requieren mayor atención y necesitan guarderías para casi todo el día, mientras la madre está en la maquila; guarderías que, por cierto, no abundan.

La mujer asume que el varón cuenta con un tiempo privado para sí mismo y ejerce dominio sobre su tiempo libre; en cambio, la mujer lo tiene hipotecado.

Ésta ha asociado siempre lo privado con lo doméstico, es decir, el espacio en su casa cuando no está cumpliendo con una jornada de trabajo, pero en tanto realiza actividades en el hogar, como cuidar de los hijos, hacer la limpieza, organizando.

Pero lo privado no es igual a lo doméstico, pues aquéllos o aquéllas que disfrutan de algún tiempo privado es porque tienen resuelto de alguna forma lo doméstico, ya sea delegándolo a otra persona o resolviendo ellos o ellas mismas la infraestructura doméstica.

Entonces, carecer de vida privada no es sólo un matiz, sino un aspecto que incide en un desigual reparto de oportunidades personales hay consecuencias discriminatorias al efectuar la división entre lo público, lo privado y lo doméstico, ya que al asumir cada espacio, sea una responsabilidad masculina o femenina se está en contra de la igualdad de oportunidades.

En otras palabras, a la jornada pública de trabajo productivo, asalariado, bajo contrato, desempeñada en un espacio destinado para su ejecución, como la fábrica, se suma la jornada privada de trabajo reproductivo que realizan las mujeres en el ámbito doméstico, como una obligación que la sociedad les ha impuesto en función de su sexo; una actividad que se constituye como socialmente no reconocida y por lo tanto no remunerada. Faenas ambas que representan la situación de opresión que vive la mujer en la cultura dominante.

En suma, hablar de la doble jornada laboral de las mujeres de la maquila es muy distinto a vivirlo: significa tiempo, tiempo que corre muy aprisa y rebasa las capacidades de cualquiera para hacer todo lo que se supone que hay que hacer durante las 24 horas. Significa además, como ya se mencionó: culpa, culpa por no dedicarle suficiente tiempo a los hijos, por dejarlos solos, por no educarlos ellas mismas, por ponerlos en manos ajenas; por no ser una buena madre y ama de casa, que se supone que es lo que todas las mujeres debemos ser.

Una de ellas declara: "Las mujeres somos bien responsables, porque las mujeres somos madres, esposas, y tenemos la obligación de lavar la ropa y hacerles la comida... llevarlos a la escuela, hacerle lonche al esposo. Todo eso. Y el hombre nomás se levanta y se va".

Los principales problemas que señalan las trabajadoras de la maquila son: el bajo sueldo que perciben por el esfuerzo realizado, las deficiencias del transporte colectivo y la inseguridad pública cuando tienen que trasladarse de noche o durante las primeras horas del día a trabajar.

En lo que se refiere al espacio de la vida y las identidades laborales, los testimonios de que da cuenta el texto nos señalan que la formación de identidades maquiladora es posible, aun con la inestabilidad que caracteriza a estas empresas. Los autores plantean que ya existen familias donde las hijas están trabajando en la maquila y se consideran familias de obreras.

A diferencia de la identidades laborales tradicionales, como las de los mineros o ferrocarrileros, el orgullo por el oficio no es tan evidente; es decir, se es obrera por necesidad, no por elección. Además, el ser mujer le concede al espacio laboral otra perspectiva; ellas entrelazan cambios en su fábrica con etapas vitales, es decir, la introducción de tecnologías y la elaboración de productos se entremezclan con el nacimiento de los hijos, la celebración de cumpleaños, matrimonios, fiestas y otros eventos. A partir del trabajo, la mujer no sólo se identifica como trabajadora de estas plantas, sino reconstruye su vida y sus proyectos.

Estas mujeres tienen ya una experiencia sindical, algunas son delegadas del sindicato y están comprometidas con el mismo. Muchas de ellas han renunciado a sus estudios porque la necesidad las obligó a migrar y luego a trabajar. Lo que pasa, dice una de ellas, es que la gente se sale a buscar la vida donde haya más vida.

Pero luego viene el problema de la edad, porque en las maquiladoras las quieren de menos de 30, y a la gente de 40 la hacen a un lado, dice Rita. No obstante, reconoce que las maquiladoras han progresado por el trabajo de las mujeres.

"¿Y de casualidad" dice otra de ellas "no las quieren de 90–60–90?, porque para trabajar no se necesita la edad sino que quieras trabajar, el empeño, las ganas que tengas".

"Las expectativas" es el último apartado del texto, y trata sobre los sueños, las insatisfacciones los retos y los sentimientos que albergan los corazones de las mujeres de la maquila. Aquí se percibe su aceptación al trabajo como una necesidad, como una elección; el miedo a envejecer por temor a perder el empleo, los esfuerzos por completar el gasto dado el poco sueldo que reciben, así como la necesidad de ser reconocidas por la empresa gracias al esfuerzo; el deseo de ganar más, y la certeza de que a pesar de ser un empleo intensivo con bajos salarios, las maquiladoras siguen siendo la fuente principal de trabajo para estas mujeres; y seguirán allí hasta que las liquiden o hasta que las maquiladoras se vayan.

Mientras tanto, las manos de las mujeres de la maquila continúan moviéndose en los distintos ámbitos de las labores cotidianas: la fábrica y la casa, para responder a los fuertes requerimientos que una sociedad basada en criterios paternalistas y masculinos les han marcado.

A estas mujeres la sociedad les exige ser trabajadoras excelentes, madres modelo, sindicalistas participativas, ciudadanas responsables, etc. Ellas son evaluadas en función del cumplimiento de tales tareas. De no cumplir con ellas son sancionadas en el trabajo, en su sindicato y, por supuesto, en la sociedad en la que se desenvuelven.

Si bien, como dicen los autores, muchas de estas características podrían ser comunes a la gran mayoría de las trabajadoras mexicanas, la pertenencia a un espacio fronterizo, donde mucha de ellas son migrantes, y el trabajo en empresas vinculadas directamente a la economía internacional les asigna características muy propias a las respuestas que ellas dan a los requerimientos sociales.

Sus testimonios también señalan otro aspecto central: la absorción de la mayor parte del tiempo de las trabajadoras de la maquila en el cumplimiento de estas obligaciones sociales. El tiempo dedicado a las expectativas, a sus sueños, a sus planes, es mínimo. Para ellas todo es obligación, cumplimiento, responsabilidad pero pocas veces los evaluadores de esos comportamientos, y la sociedad en general, les pregunta acerca de sus expectativas y sus sueños.

No obstante, han aprendido a compaginar sus mundos no sólo para responder a exigencias sociales, sino para sentirse satisfechas y felices con ellas mismas, aunque la sociedad y sus empresas no les reconozcan los esfuerzos.

 Reseña de Gabriela García Figueroa sobre el libro cuya imagen se publica
Quintero, Cirila y Javier Dragustinovis (2006). Soy más que mis manos. Los diferentes mundos de la mujer en la maquila, México: Fundación Friedrich Ebert Stiftung, Representación en México y SJOIM (Sindicato de Jornaleros y Obreros de la Industria Maquiladora de Matamoros), 199 pp.




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miércoles, 16 de agosto de 2017

Sexismo y autoidentidad



Y no pensemos que sólo hay sexismo cuando hay violencia sexista o cuando reconocemos esta violencia. No. El sexismo es parte del patriarcalismo de nuestro mundo: inunda las filosofías las teorías científicas y las doctrinas religiosas más apreciadas y el sentido común, se difunde a través de las instituciones y los medios de comunicación, goza de consenso en grados diversos y permea la mayor parte de la vida cotidiana y de nuestras  biografías. Se transmite y se ejerce cuerpo a cuerpo, persona a persona. 

La cultura y la sociedad muestran su eficacia política y simbólica cuando cada persona atenta contra sus derechos humanos y contra la solidaridad social por sexismo. Cuando cada hombre se siente superior sólo por ser varón e inferioriza y abusa de los demás. Cuando cada mujer se cosifica como objeto materno o sexual, se autodiscrimina, devalúa y culpabiliza por no cumplir adecuadamente con sus  deberes de género. 

La eficacia simbólica y política sexista es evidente cuando cada mujer reacciona contra sí misma por ser mujer o por la manera en que lo es y cuando se coloca en posición de ser dominada. La contundencia sexista se manifiesta  cada vez que una persona homosexual se autocensura o descalifica, se avergüenza y culpabiliza,  se daña o limita sus oportunidades sólo  por serlo.

En tanto sustrato cultural, el sexismo es contenido fundamental de la autoidentidad. Por eso, las personas lo aprenden, lo internalizan lo adecuan y recrean: lo convierten en afectos,  pensamientos,  prejuicios y veredictos, en moral y norma de conducta, y en cristal para ver el mundo y a sus habitantes. El sexismo es pilar de la inquisición que cada quien lleva dentro.

Es evidente que nuestra cultura destila sexismo y que todas y todos somos sexistas en alguna medida. Las sociedades patriarcales han elaborado complejas creencias, mitos, ideologías y filosofías que legitiman las opresiones patriarcales y la expansión del sexismo en la vida cotidiana, en las instituciones, en la dinámica social y en la convivencia. Estas sociedades se aseguran de que difundir el sexismo a través de procesos pedagógicos diversos y permanentes, y exigen a sus miembras y miembros existencias sexistas. El sexismo es generado socialmente porque parte de su organización social, sus mecanismos de funcionamiento, está en las estructuras, y las relaciones sociales recrean formas de dominación basadas en el sexo de las personas y en lo que las personas hacen con su sexualidad.
 Marcela Lagarde

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lunes, 14 de agosto de 2017

CONCENTRACIONES LUNES 14 DE AGOSTO A LAS 11 POR LOS HIJOS DE JUANA RIVAS ante los Juzgados de cada ciudad

La Plataforma contra la Violencia de Género 25 de noviembre de Granada,  convoca una concentración  EL LUNES 14 DE AGOSTO, A LAS 11 HORAS ANTE LOS JUZGADOS DE LA CALETA, en apoyo a los hijos de Juana Rivas, nuestra vecina de Maracena, porque hasta ahora no se les está aplicando el Artículo 10 de la Ley 4/2015 del Estatuto de la Víctima del Delito, que dice que "Los hijos menores y los menores sujetos a tutela, guarda y custodia de las mujeres víctimas de violencia de género tendrán derecho a las medidas de asistencia y protección". Nos unimos a las compañeras de Maracena y a todo le movimiento feminista de Granada y de todo el estado español. 

Estas concentraciones se van a celebrar el lunes 14, a las 11 horas ante los Juzgados de cada ciudad, ya que hemos pedido a la Plataforma 7N que haga extensiva esta propuesta al conjunto de las provincias.
Hasta ahora tenemos constancia de que se unen a Granada las siguientes: A Coruña, Barcelona, Ciudad Real, Córdoba, Jaén, Lanzarote, Madrid, Málaga, Murcia, Pamplona, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla, Valencia.
- A Coruña, Juzgados da Rua Monforte.
- Barcelona, Ciudad de la Justicia.
- Ciudad Real, frente a los Juzgados
- Córdoba, frente a los Juzgados
- Jaén, frente a los Juzgados
- Granada, Juzgados de La Caleta.
- Lanzarote, Juzgados Vía Medular. Arrecife.
- Madrid, Ministerio de Justicia, San Bernardo,45 (metro Noviciado).
- Málaga, Puerta de la Ciudad de la Justicia.
- Murcia, Palacio de Justicia, Ronda de Garay, 5
- Pamplona, Puerta de los Juzgados
- Santa Cruz de Tenerife, Palacio de Justicia, Tres de mayo, 3.
- Sevilla, Juzgados de Violenica de Género, Avda. Buhaira
- Valencia, Juzgados de Valencia, Ciudad de la Justicia, Avd. Prof. lópez Piñero, 14.
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La Soledad y la Desolación, por Marcela Lagarde

Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos. Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes “¿Te vas a quedar solita?”, “¿Por qué tan solitas muchachas?”, hasta cuando vamos muchas mujeres juntas.

La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.

Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.

Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.

La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.
Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona.

Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo.

La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe..

Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.

Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad.
Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar.

Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático. Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.

No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia. El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película “Nostalgia” habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene.

Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres.

El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.
En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente.

La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.

Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.

Tenemos que deshacer el monólogo interior. Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: “le digo, me dice, le hago”. Se trata más bien de pensar “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué” que son preguntas vitales de la existencia.

La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida. Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad.

Mirada como un estado del ser –la soledad ontológica– la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia. Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir.

Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros.

El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres. Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.

Una demanda típicamente femenina es que nos “acompañen” pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.

http://www.rednacionalderefugios.org.mx/la-soledad-y-la-desolacion.html
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sábado, 12 de agosto de 2017

Ecuador asustado de su violencia machista y feminicida



Las cifras cantan y cuentan y en el momento en que en Ecuador se han puesto a contarlas han visto que el numero de feminicidio es mucho mayor de lo que muchos se querían suponer. Queda claro que las autoridades no podrán decir ahora  eso de ¿ quien protegerá a los hombres ? como algún Prefecto dijo, queda clara la necesidad de trabajar desde todos los campos para la igualdad incluyendo a todas las nacionalidades que habitan el país. 
La cifra de 103 mujeres asesinadas en 2017 contabilizadas a 2 de agosto casi duplica los datos que hablaban de 97 feminicidios por año, cifra ya altísima para la población de Ecuador, que no llega a los 17 millones de habitantes. 
Falta empezar a poner en practica todo lo recomendado por la CEDAW  que desde aquí hemos difundido para intentar frenar el terrible problema que asesina mujeres, destruye familias y no deja avanzar a la sociedad.

Todas a una  seguimos gritando : #NiUnaMenos


1:http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2015/06/ecuador-legislacion-sobre-la.html
2:http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2015/06/ecuador-acceso-la-justicia-y-mecanismos.html
3:http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2015/06/ecuador-mecanismo-encargado-del.html
4:http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2015/06/ecuador-estereotipos-y-practicas.html
5:http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2015/06/ecuador-violencia-contra-la-mujer.html
6:http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2015/06/ecuador-trata-de-personas-y-explotacion.html
7:http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2015/06/ecuador-participacion-en-la-vida.html
9: http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2015/06/ecuador-empleoobservaciones-de-la-cedaw.html
10 :http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2015/06/ecuador-salud-observaciones-de-la-cedaw.html
11:http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2015/06/ecuador-empoderamiento-economico-de-la.html
12:http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2015/07/ecuador-las-mujeres-de-las-zonas.html
13:http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2015/07/ecuador-las-mujeres-indigenas.html
14:http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2015/07/ecuador-las-mujeres-migrantes-y.html
15:http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2015/07/ecuador-igualdad-en-el-matrimonio-y-en.html
16:http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2015/07/ecuador-integracion-de-herramientas.html
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El sexismo: machismo, misoginia y homofobia


La conformación de la humanidad por mujeres y hombres se ve obstaculizada por el sexismo que atraviesa al mundo contemporáneo y se expresa en políticas, formas de relación y  comportamiento, en actitudes y acciones entre las personas así como de las instituciones hacia las personas. Nuestra cultura es sexista en contenidos y grados en ocasiones sutiles e imperceptibles pero graves, y en otras es sexista de manera explícita, contundente e innegable.
 Las formas más relevantes de sexismo son el machismo, la misoginia y la homofobia. Y una característica común a todas ellas es que son la expresión de formas  acendradas de dominio masculino patriarcal. Veamos de qué se trata: 
 El sexismo patriarcal se basa en el androcentrismo. La mentalidad androcéntrica permite considerar de manera valorativa y apoyar socialmente  que los hombres y lo masculino son superiores, mejores, más adecuados, más capaces y más útiles que las mujeres. Por ello es legítimo que tengan el monopolio del poder de dominio y de violencia. Así el androcentrismo se expresa en el machismo como magnificación de ciertas características de los hombres,  de su condición masculina, de la masculinidad y, en particular de la virilidad: abigarrada mezcla de agresión, fuerza dañina y depredadora, y dominación sexual. 
 El androcentrismo se entreteje y completa con la misoginia. Tras la sobrevaloración de los hombres y lo masculino se inferioriza y subvalora a las mujeres y a lo femenino. La dominación patriarcal pone en condiciones sociales de subordinación y a las mujeres, y las hace invisibles simbólica e imaginariamente: no obstante la presencia de las mujeres, no son vistas, o no son identificadas ni reconocidas algunas de sus características. 

La invisibilización de las mujeres  es producto de un fenómeno cultural masivo: la negación y la anulación de aquello que la cultura patriarcal no incluye como atributo de las mujeres o de lo femenino, a pesar de que ellas  lo posean y que los hechos negados ocurran. La subjetividad de cada persona está estructurada para ver y no mirar, para oír sin escuchar lo inaceptable, para presenciar y no entender, incluso para tomar los bienes de las mujeres, aprovecharse de sus acciones o beneficiarse de su dominio, y no registrar que así ha ocurrido.

 La misoginia se produce cuando se cree que la inferioridad de las mujeres en comparación con los hombres y por sí misma es natural, cuando de antemano se sostiene que las mujeres son impotentes por incapacidad propia y, de manera central, cuando se hostiliza, se agrede y se somete a las mujeres haciendo uso de la legitimidad patriarcal. La misoginia es certera cuando ni siquiera nos preguntamos si la dominación genérica a las mujeres es injusta, dañina y éticamente reprobable. La misoginia está presente cuando se piensa y se actúa como si fuese natural que se dañe, se margine, se maltrate y se promuevan acciones y formas de comportamiento hostiles, agresivas y machistas hacia las mujeres y sus obras y hacia lo femenino. 
La misoginia es política porque  sólo por ser mujer la persona es discriminada, inferiorizada, denigrada y abusada, porque es marginada, sometida, confiscada, excluida o incluida a priori,  y desde luego, porque por ser mujer,  está expuesta al daño y ha sido previamente incapacitada para hacerle frente. En síntesis, la misoginia es un recurso consensual de poder  que hace a las mujeres ser oprimidas antes de actuar o manifestarse, aún antes de existir, sólo por su condición genérica.

La opresión femenina reúne la  articulación entre machismo y misoginia, los cuales, al interactuar se potencian mutuamente.

 El sexismo se realiza también en la homofobia, cuando se considera que la heterosexualidad es natural, superior y positiva, y por antagonismo, se supone que la homosexualidad es inferior y es negativa. La homofobia concentra actitudes y acciones hostiles hacia las personas homosexuales. Y, como en las otras formas de sexismo, la violencia hacia la homosexualidad se considera legítima, incuestionable, justificada. 

El sexismo es uno de los pilares más sólidos de la cultura patriarcal y de nuestras mentalidades. Casi todas las personas en el mundo hemos sido educadas de manera sexista y además pensamos, sentimos y nos comportamos sexistamente sin  incomodarnos o sintiendo que es preciso hacerlo, que es un deber o que así ha sido siempre. Como si el sexismo fuese ineludible.  

Las mujeres actuamos con sexismo al subordinarnos de antemano a los hombres, cuando en lugar de apreciarlos o amarlos, los adoramos y, en lugar de admirarlos, los reverenciamos, cuando en vez de colaborar con ellos, les servimos. Somos sexistas cada vez que justificamos su dominio y les tememos como si fuesen seres extraordinarios o sobrenaturales, y cuando nos derrotamos y desvalorizamos frente a ellos.

Los hombres son machistas cuando se posicionan como seres superiores y magníficos, como los únicos humanos frente a las mujeres vitalmente deshumanizadas, y cuando sin conmoverse, usan a las mujeres, se apoyan en ellas y se apropian de su trabajo, su capacidad creadora y su imaginación. Son machistas los hombres cuando marginan, segregan, discriminan y cosifican, pero también cuando sobreprotegen a las mujeres, y lo son desde luego, cuando las hostilizan, maltratan, atemorizan, acosan y violentan. Es decir, cuando son misóginos aunque lo sean con buenos y galantes modales. El machismo de los hombres se extiende a su propio género, cuando actúan contra otros hombres para ejercer su dominio genérico sobre ellos y así empoderarse. 

Pero no creamos que la misoginia  sólo es masculina. La misoginia existe entre las mujeres cuando entre nosotras nos mandatamos para ocupar posiciones jerárquicas inferiores y para desempeñar papeles y funciones encajonadas como femeninas (de apoyo, de servicio, de voluntariado, invisibles, desvalorizadas, de sujeción a poderes) y lo hacemos con la argucia de que hacerlo, es un deber de género. 

 Hay misoginia en las relaciones entre las mujeres cuando nos descalificamos y enjuiciamos con la vara de medir de la sexualidad o de cualquier deber, como buenas o malas, y cuando calificamos a quienes no comprendemos como enfermas, inadecuadas, o locas. Somos misóginas cuando nos sometemos a dominio unas a otras y aprovechamos la opresión a la que estamos sometidas para usar, abusar, explotar, someter o excluir a otra mujer, y lo somos igualmente cuando usamos esos recursos para lograr el beneplácito de los hombres o de quienes detentan poderes.  La misoginia está presente entre nosotras al obtener valor de la desvalorización de otras mujeres y al adquirir poderes apoyadas en su discriminación, su sometimiento  o su eliminación. 

 Las mujeres  somos misóginas cuando anulamos, desconocemos, desvalorizamos, hostilizamos, descalificamos, agredimos, discriminamos, explotamos y dañamos a otras mujeres, y además, creemos ganar en la competencia dañina y que somos superiores a otras, y ni siquiera nos damos cuenta que todas somos inferiorizadas y que incrementamos la opresión de todas al ganar  entre nosotras poderío patriarcal. Pero la misoginia es extrema si es tumultuaria o se realiza en espacios totales donde no hay defensa posible para quien es victimizada. Y la misoginia alcanza su radicalidad, si las cuando las mujeres establecemos alianzas misóginas  con los hombres y creemos que son alianzas, cuando en realidad sólo son formas de servidumbre voluntaria.

Los hombres son machistas cuando se posicionan como seres superiores y magníficos, como los únicos humanos frente a las mujeres vitalmente deshumanizadas, y cuando sin conmoverse, usan a las mujeres, se apoyan en ellas y se apropian de su trabajo, su capacidad creadora y su imaginación. Son machistas los hombres cuando marginan, segregan, discriminan y cosifican, pero también cuando sobreprotegen a las mujeres, y lo son desde luego, cuando las hostilizan, maltratan, atemorizan, acosan y violentan. Es decir, cuando son misóginos aunque lo sean con buenos y galantes modales. 

El machismo de los hombres se extiende a su propio género, cuando actúan contra otros hombres para ejercer su dominio genérico sobre ellos y así empoderarse.  Pero no creamos que la misoginia  sólo es masculina. La misoginia existe entre las mujeres cuando entre nosotras nos mandatamos para ocupar posiciones jerárquicas inferiores y para desempeñar papeles y funciones encajonadas como femeninas (de apoyo, de servicio, de voluntariado, invisibles, desvalorizadas, de sujeción a poderes) y lo hacemos con la argucia de que hacerlo, es un deber de género. 

Hay misoginia en las relaciones entre las mujeres cuando nos descalificamos y enjuiciamos con la vara de medir de la sexualidad o de cualquier deber, como buenas o malas, y cuando calificamos a quienes no comprendemos como enfermas, inadecuadas, o locas. Somos misóginas cuando nos sometemos a dominio unas a otras y aprovechamos la opresión a la que estamos sometidas para usar, abusar, explotar, someter o excluir a otra mujer, y lo somos igualmente cuando usamos esos recursos para lograr el beneplácito de los hombres o de quienes detentan poderes.  La misoginia está presente entre nosotras al obtener valor de la desvalorización de otras mujeres y al adquirir poderes apoyadas en su discriminación, su sometimiento  o su eliminación. 

 Las mujeres  somos misóginas cuando anulamos, desconocemos, desvalorizamos, hostilizamos, descalificamos, agredimos, discriminamos, explotamos y dañamos a otras mujeres, y además, creemos ganar en la competencia dañina y que somos superiores a otras, y ni siquiera nos damos cuenta que todas somos inferiorizadas y que incrementamos la opresión de todas al ganar entre nosotras poderío patriarcal. Pero la misoginia es extrema si es tumultuaria o se realiza en espacios totales donde no hay defensa posible para quien es victimizada. Y la misoginia alcanza su radicalidad, si las cuando las mujeres establecemos alianzas misóginas  con los hombres y creemos que son alianzas, cuando en realidad sólo son formas de servidumbre voluntaria.

La homofobia encuentra su expresión clarísima cuando nos horroriza la homosexualidad y creemos que es enfermedad o perversión y por ello descalificamos, sometemos al ridículo y a la vergüenza a las personas, las discriminamos y las agredimos. Somos personas homófobas hasta cuando hacemos chistes inocentes y nos burlamos de manera estereotipada de las personas y de su condición. Somos sexistas homófobas o lesbófobas sobretodo, cuando nos erigimos en inquisidores sexuales y castigamos hostilizamos y dañamos a las personas por su homosexualidad. 
Pero nuestro sexismo alcanza su perfección si cada persona es sexista consigo misma: cuando es machista con los hombres,  y es misógina y lesbófoba consigo misma. 
Marcela Lagarde y de los Ríos 

http://www.cotidianomujer.org.uy/sitio/pdf/ElFeminismoenmiVida.pdf
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jueves, 10 de agosto de 2017

¿Será que la construcción cultural que ha venido educando al “hombre modelo” lo hace violento?









Google despide al empleado machista que afirmó que las mujeres "no están capacitadas para hacer lo mismo que los hombres"

La publicación de un texto machista del empleado de Google pone de manifiesto una problemática que no es malo revisar porque el  manifiesto con ser machista es contestable mucho más fácilmente que los inmensos mensajes que los medios y la publicidad nos envían sobre la mujer que quieren y la que hay que desechar. 
De paso contarle a Google como su traductor, por ejemplo de ingles a español, nos olvida  casi completamente a las mujeres, lo que también es machista. 

 Como sabrán la teoría filosófica feminista  que se ha posicionado en “el feminismo de la igualdad”  y que se afirma en la igualdad de derechos de todos y cada uno de los seres humanos, ha pasado antes de implantarse como corriente mayoritaria  por “el feminismo de la diferencia” que atribuía a cada sexo unas características diferentes que el documento del que hablamos plantea y que para estas feministas colocaba en mejor posición a las mujeres que a los hombres.
Por otra parte, para salir de corsé en el que el patriarcado nos ha metido a todos los seres, las feministas hemos asumido la idea de las construcciones culturales sobre las que hemos sido educadas y educados lo que influye en infinitos aspectos de nuestra vida como preferencias sexuales, o formas de manifestarse públicamente, buscando un camino liberador de las identidades estereotipadas que a las mujeres  y a otros colectivos se nos venían exigiendo 
Cuanto de construcción cultural o de respuesta biológica encierra nuestro comportamiento es imposible de cuantificar. Cuanto instinto tengo al cuidar a mis hijas e hijos o cuanto ha influido en mí el modelo de mujer que me han vendido no lo sé.
 Pero si es claro que uno de los problemas sociales que ha hecho a las mujeres cuestionar a la sociedad entera es la violencia contra ellas, por parte de los hombres, en todas las relaciones, pero sobre todo en las de los más íntimos afectos generando por parte de muchas corrientes de hombres un neo machismo que está claramente expuesto por el extrabajador de Google.

Afirmándome como feminista de la igualdad quería constatar unos terribles datos que nos deben poner a trabajar a todas y a todos y son las diferencias cuantificables en cuanto a actos penados por la ley que cometen los hombres y las mujeres. Tomo datos de España también de presos y presas extranjeros en nuestras cárceles  y en todos el problema persiste situando a los hombres como sujetos ejecutores  de más del 92% de los delitos . 

Otra cuestión para otro día son los tipos de delitos en los que ellos salen igualmente muy mal parados en cuanto a su violencia. 

¿Será que la construcción cultural que ha venido educando al hombre modelo lo hace violento? ¿será que las películas violentas, de sexo ó la pornografía potencian características que por el bien de todas y todos hay que frenar? ¿ será que los hombres tampoco están capacitados para hacer lo mismo que las mujeres? 
¿ Será que no seamos capaces (o no queramos serlo) de ver el desigual orden social y de género sobre el que estamos viviendo aún ?
Como madre de una hija y un hijo quiero que a ninguno se le cierren puertas en su desarrollo ni profesional ni humano y quiero nietitas y nietitos felices y no violentos. 

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