““Violeta, una vez dentro, sacó su biblia y encontró allí una muy buena razón para preferir construir su propia casa con sus propias manos, a vivir en una casa construida para ella por otros”. The Life of Violet: Three Early Stories, Virginia Woolf, 2025.
Existe una genealogía de mujeres violetas, son mujeres de palabra firme y pluma anticipada, de tinta rebelde…revolucionaria. Mujeres que leen, que miran adelante y atrás…adentro y afuera, que observan minuciosamente el mundo femenino y al hacerlo, cuestionan, incomodan y transforman.
De esta estirpe proviene Adeline Virginia Stephen, la atemporal y enorme Virginia Woolf, una de las más grandes violetas que ha dado la historia, que a 144 años de su nacimiento no sólo no envejece, sino que sigue creciendo y al leerla, nosotras las que habitamos el siglo 21 también lo hacemos.
Es en este sentido de crecimiento compartido de mujer a mujer, de madre literaria a escritora, y de feminista a feminista, que sigo encontrando la certeza de que las hacedoras de letras rebeldes no estamos solas…de que nunca lo estuvimos porque Virginia escribió antes para que nosotras pudiéramos escribir después.
Como admiradora de su vida…amante de su obra, y como lectora, no puedo estar más emocionada y feliz por celebrar el aniversario de su natalicio este 25 de enero, y por tener ya entre mis libros más amados La vida de Violeta (The life of Violet), la reciente publicación de tres escritos inéditos que vuelve a poner el nombre de Virginia Woolf en las mesas de novedades.
Y es que hay libros que llegan en su tiempo con toda normalidad, y otros como este, que mágicamente regresan de un sueño lejano para seguir alumbrando habitaciones y despertando conciencias.
La vida de Violeta no sólo es una simple novedad editorial, es la apertura del invaluable archivo femenino y feminista de una Virginia poco más que adolescente, es el asomo a los primeros planos para la futura construcción de Un cuarto propio, esbozados en 1907 y perfeccionados en 1908.
"¿Sabes que me parece, bueno, tú no crees Violeta que sería muy agradable----" "¿Tener una cabaña propia? Sí, mi buena mujer", gritó Violeta. "Con desagües reales, y rosas reales, y un lugar para sentarse, y la propia porcelana, y sin antepasados", continuó Lady R------t. Tal fue el comienzo de la gran revolución que está haciendo de Inglaterra un lugar muy diferente de lo que era. (The Life of Violet: Three Early Stories,Virginia Woolf, 2025).
En estos relatos juveniles con su giganta Violeta entre jardines mágicos, con cerezos de blancas flores que tintinean como campanillas de cristal, con lluvia de almendras confitadas, y con princesas venciendo a enormes monstruos es que está la primera semilla del manifiesto de autonomía femenina que sería a partir de entonces su literatura, ahh está la tierna flor violeta hecha de letras que cuando ya estuvo cultivada, florecida y madura sentó las bases del feminismo moderno en 1929, con el ensayo: Una Habitación Propia.
Su indomesticable deseo de independencia y libertad creativa nace en cierta manera, de ver la vida de su madre y otras mujeres de su familia. Me resulta fascinante la genealogía femenina materna de Virginia porque, sin ser feminista en el sentido político organizado de hoy en día, contiene una línea de mujeres cultas intelectuales y creativas, mujeres violeta tensando los límites de lo permitido en aquella época.
Su tía segunda Julia Margaret Cameron, fue una fotógrafa pionera del siglo XIX, famosa por retratar a intelectuales y artistas. Maria Jackson, su abuela, era culta, intelectual y muy cosmopolita. Su madre Julia Stephen, era educada, inteligente, enfermera voluntaria, y una modelo bellísima, pero profundamente atrapada en el ideal victoriano de la abnegación y del sacrificio femenino.
Así, siendo apenas una niña mi tan querida Adeline, conoció las dos caras de la moneda, supo desde temprano la diferencia entre libertad y cautiverio. Con su naturaleza precoz aprendió a leer antes de los 4 años de edad y pronto descubrió, que la historia de la literatura y del mundo había sido escrita desde una habitación cerrada con llave, a la que las mujeres no podían entrar. Desde entonces decidió escribir para cambiar el orden de las cosas, para que el talento de niñas y mujeres no tuviera que consumirse en la oscuridad del sistema patriarcal.
Fue así como en 1891 con sólo nueve años de edad, Virginia Stephen escribió sus primeros artículos para el diario casero Hyde Park Gate News, en él escribía a mano pequeñas crónicas de la vida cotidiana de su familia y amistades, mismas que su hermana Vanessa ilustraba.
Me conmueve que antes de ser una reconocida intelectual, novelista, cuentista y ensayista…antes de ser Woolf, Virginia fue lectora, pensadora, periodista y crítica literaria autodidacta. Su colaboración en múltiples revistas y suplementos culturales fue temprana, constante, crítica y en clave feminista.
Su primera publicación periodística profesional fue el artículo: "Peregrinaje a Haworth", sobre su visita al pueblo de las hermanas Brontë, publicado en diciembre de 1904 en el periódico The Guardian. Su entrada en este espacio lo obtuvo por medio de su bien relacionada y gran amiga Violet Dickinson, que por cierto, ella es en la que se inspiró para escribir las fantásticas aventuras de su heroína: la giganta Violet, los relatos que más de un siglo después nos llegan en el libro La vida de Violeta.
En todas sus vertientes literarias, desde sus primeras crónicas infantiles en 1891 y su primer artículo periodístico en 1904, hasta Consideraciones sobre la paz en tiempos de guerra, publicado en la revista neoyorquina New Republic el 21 de octubre de 1940. Y desde Fin de viaje que fuera su primer libro publicado en 1915, hasta el último: Tres Guineas en 1938 y Entre actos, su novela póstuma en 1941; está presente el espíritu de emancipación femenina, y el mensaje de que la paz, la igualdad y la libertad no llegan solas …se piensan, se nombran, se reclaman, y se construyen también desde la escritura.
Pero si bien es cierto que a las mujeres Virginia nos habló del derecho a tener una habitación propia, también lo es que nos dijo de la responsabilidad que tenemos de habitarla con el cultivo del intelecto, de llenarla con palabras propias, con pensamientos propios, con dudas y decisiones propias, con una voz genuina y firme que no imite, pero que tampoco pida permiso ni disculpas para pronunciarse fuerte y claro.
Virginia Woolf, mi maestra…mi querida madre literaria me sigue instruyendo, sigue caminando entre las frases de mis escritos, inclinándose sobre mis borradores, preguntándome en voz baja si sigo siendo fiel a mis convicciones y a mi sentipensar, o si me estoy desviando a lo que de mí se espera?.
Entre ella y nosotras, entre su genealogía y la nuestra, hay una herencia violeta llena de luz y libertad, pero también de exigencia y responsabilidad.
Mi aspiración de hoy es que ésta columna de celebración de la vida de una violeta, tenga una larga vida encontrando una comunidad lectora que se inspire a leer o releer a Virginia Woolf como se la debe leer…con tiempo, con atención, con alma, con cuerpo y sobre todo…con cuestionamientos, porque aunque en sus escritos no siempre tenga todas las respuestas, Virginia siempre tendrá la guía que nos enseña a hacernos las preguntas correctas!.
Galilea Libertad Fausto.
Créditos de las fotografías usadas en el collage, a quien correspondan.

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