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miércoles, 5 de octubre de 2022

La falta de corresponsabilidad dentro de la familia y su repercusión en la salud de las mujeres



 …“Todas las cenas están cocinadas, los platos y vasos fregados, los niños enviados a la escuela y al mundo, nada queda de todo eso, todo se ha desvanecido, ninguna biografía ni historia tiene una palabra que decir sobre ello y las novelas sin proponérselo mienten”

De esta manera en 1929 Virginia Woolf evidenciaba a modo de protesta en su ensayo Una habitación propia, la falta de valorización del trabajo de las mujeres dentro del hogar, y 93 años después la situación continúa siendo prácticamente la misma, los quehaceres de limpieza, la preparación de alimentos, la crianza  y la educación  de los hijos, además de la atención de enfermos y ancianos en la familia, siguen siendo consideradas en la gran mayoría de los casos responsabilidades exclusivas de las mujeres, a la vez que toda esta ardua labor femenina prevalece en la invisibilidad y en el no reconocimiento.

Está constante situación de desigualdad ha sido y es un tema recurrente especialmente en las últimas décadas en la agenda de los feminismos contemporáneos, así como también de ONU Mujeres  a partir del 2011 que comenzó a operar, de INMUJERES, en México desde 2001 y de las ONU Mujeres existentes en diferentes países del mundo.

“El diálogo de hoy es muy oportuno.  La economía de los cuidados ocupa un lugar central en un momento en el que la igualdad de género a nivel global está siendo atacada y corre el riesgo de retroceder. La pandemia del COVID-19 ha demostrado la estrecha relación que existe entre los cuidados y la desigualdad”,  pronunció el pasado 27 de septiembre Sima Bahous, Secretaria General de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, en el discurso: Reajustando nuestra conversación global sobre los cuidados y el trabajo doméstico.

Esta feminización de las labores en el hogar, forma parte de la estructura patriarcal y de la cultura machista que nos es introducida a las mujeres sutilmente de manera “inofensiva” desde la infancia, a través de los juegos y juguetes con que nos equipan para entrenarnos en la disciplina de ser esposas, madres, amas de casa y cuidadoras incondicionales, como si serlo fuera un destino ineludible y parte  intrínseca de la naturaleza de las mujeres.

Mucho se está hablando de la enorme carga de trabajo que realizamos diariamente dentro y fuera de la casa,  entre la que para muchas también se encuentra la atención de los enfermos y adultos mayores que haya en la familia, considerando la gran inversión de tiempo y esfuerzo físico que esta labor requiere, pero poco se menciona el cuidado y soporte emocional que las mujeres damos no sólo en los casos de necesidades especiales, sino permanentemente  y a cada miembro de la familia, siendo nosotras el núcleo vital pero invisible e ignorado que la sostiene.

Este trabajo de acompañamiento y cuidado emocional que las mujeres  otorgamos a los y las demás puede llegar a ser muy desgastante aunque sea realizado por amor, y sumado al excesivo trabajo físico  a la larga termina repercutiendo en nuestra propia salud, proyectos y modo de vida, porque:

…”Dar a luz. ¿Puedes dar a luz y después soltar? ¿Puedes cuidar de los demás y seguir cuidando de ti misma? ¿Puedes mostrar a otros el camino sin perder el tuyo propio? ¿Puedes proporcionar seguridad y atreverte a arriesgarte a lo desconocido? ¿Puedes calmar el miedo de los niños y quedarte con el tuyo?”…

El tao de las mujeres (2010)

Si, sería la respuesta ideal para las reflexiones anteriores, sin embargo la realidad es que no es así, de acuerdo con informes recientes de la Organización Mundial de la Salud los problemas de salud mental en las mujeres se han incrementado de forma alarmante en las últimas décadas, y especialmente desde el inicio de la pandemia en 2020,  año en el que además tener un empleo a la vez que ser esposas, madres y responsables de los quehaceres domésticos, se convirtieron también en maestras, enfermeras, psicólogas, chóferes etc. de sus familias, teniendo que permanecer aisladas en sus casas que se transformaron en oficinas y centros de trabajo, para muchas de ellas las secuelas de esta situación de sobrecarga sigue afectando su salud emocional y en consecuencia su salud en general.

En la cultura  latina el atender a nuestros enfermos y ancianos es considerado un deber familiar que debe hacerse por y con amor,  no obstante, organizaciones y grupos pro derechos de la mujer en México y el resto de América Latina, han venido planteando la necesidad de crear políticas, leyes laborales y programas gubernamentales de asistencia social, que consideren (independientemente del sentimiento y parentesco que les una) la labor de cuidados proporcionados a miembros de la familia, como un trabajo por el cual se debe recibir un salario tal y como sucede en Estados Unidos y algunos países de Europa, en mi opinión una cosa no está peleada con la otra.

Una implementación así  sería un gran avance en materia de derechos y beneficiaría la economía de las mujeres, sin embargo, el avance se debe dar también en materia de igualdad con la repartición equilibrada entre hombres y mujeres de las tareas domésticas y de cuidados en el hogar, lo que actualmente llamamos:  corresponsabilidad, de otro modo las mujeres seguiremos teniendo una sobrecarga física, mental y emocional que continuará traduciéndose en problemas de estrés ansiedad y depresión, aumentando con esto el riesgo de padecer también otras graves enfermedades.

Una atención médica y psicológica de calidad especializada en mujeres, que además de ser incluyente cuente con programas gratuitos y de bajo costo, que no esté centralizada en las grandes ciudades sino que sea de fácil acceso desde cualquier lugar, sería el complemento perfecto para los dos avances mencionados anteriormente.

“Si nuestras democracias no cuentan con la participación del 50% de la población, la democracia se erosiona”…palabras de María Noel Vaeza, Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, a las que yo añadiría que si en la familia (que es la base de la sociedad, de cada nación y del mundo) no existe igualdad de género, difícilmente podremos aspirar a tener una democracia real, y tanto la salud como el desarrollo de las mujeres seguirá siendo afectado negativamente.

Galilea Libertad Fausto 


Créditos de la ilustración a quien corresponda.

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