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martes, 31 de mayo de 2011

De la necesidad de elegir adecuadamente quien nos represente



Las barreras  de las mujeres para acceder al poder 

Para alcanzar y ejercer el poder real, las mujeres deben vencer múltiples barreras. 
Primero, muchas mujeres siguen teniendo la completa responsabilidad de las tareas domésticas y la crianza de niños. En una encuesta realizada a 187 mujeres políticas de 65 países, el 67% de las encuestadas declararon que sus intentos de balancear el tiempo dedicado a compromisos familiares y a las actividades políticas constituían la dificultad principal que debían sobrellevar cuando postulaban su candidatura al Congreso (IPU,2000). Hasta tanto los hogares adopten una distribución más equitativa de las responsabilidades domésticas y más gobiernos instituyan políticas a favor de la familia, los costos de seguir una carrera política y simultáneamente cumplir con las responsabilidades familiares pueden resultar muy elevados para muchas mujeres. Resulta claro que las mujeres más pobres van a tener aún mayores dificultades para participar en la vida política si su principal preocupación es cubrir sus necesidades básicas.
Segundo, a menos que se adapten o  cambien el “modelo  masculino” de vida política, las mujeres pueden encontrarse excluidas del dominio real de poder. Debido a que los hombres siempre han dominado la escena política, muchas instituciones han sido diseñadas para ajustarse a los estándares masculinos, a sus estilos de vida y actitudes políticas (Shvedova, 2002). Al ingresar en la escena política, muchas mujeres no tienen acceso a las “tradicionales redes masculinas”, lo cual limita su habilidad para obtener fondos para sus campañas políticas, participar en las negociaciones y en el cabildeo informal que tiene lugar detrás de puertas cerradas (BID, 2000b)

Tercero, para poder influenciar el desarrollo económico, político y social de su país las mujeres tendrán que continuar luchando para ganar acceso a comités poderosos y ministerios relacionados con la política exterior, la economía y las finanzas. Aunque esta situación está cambiando rápidamente, las mujeres siguen siendo relegadas a temas tradicionales, como salud, medio ambiente, familia, género y educación. Además, es posible que los avances logrados por las mujeres durante un gobierno no puedan mantenerse después de que éste cambie. En muchos casos la alta participación de la mujer en posicionesministeriales se vincula a la administración en curso, y un cambio en el gobierno puede producir una drástica disminución de la presencia de  la  mujer.

 
Cuarto, algunas mujeres deben superar barreras ideológicas y psicológicas tales como roles sociales predeterminados asignados a mujeres y hombres, sus propias percepciones de la política como un “juego sucio”, sus bajos niveles de autoestima y la poca publicidad que los medios de comunicación le dan a la contribución de la mujer y su potencial o los estereotipos que transmiten (Shvedova, 2002; BID, 2000b). Además, el público continúa manteniendo una visión estereotípica de la mujer. En la encuesta de Gallup, la mayoría opinaba que las mujeres tienden a perturbarse más que los hombres ante situaciones difíciles en el trabajo. Los hombres (56%) sostienen esta opinión más frecuentemente que las mujeres (46%) (Gallup, 2001).

Quinto, según algunos argumentos, los estereotipos con respecto a la eficiencia, honestidad y capacidad de la mujer pueden actuar como una arma de doble filo. Como resultado, muchas veces se tienen expectativas más elevadas con respecto a las mujeres que los hombres. Si se espera más de ellas, las mujeres pueden encontrarse con mayores dificultades para probar sus aptitudes y ser electas.  
Finalmente, el proceso de reclutamiento, las prácticas de nominación, las reglas y estructuras de los partidos políticos también pueden obstaculizar el ingreso de la mujer a la política. El éxito de las mujeres en cuanto al reclutamiento y la nominación parece estar influenciado por el tipo de sistema electoral y partidario vigente, pero también por las reglas y normas partidarias. Entre estas se incluyen el grado de participación y centralización/descentralización del proceso de nominación, la fortaleza del movimiento  de la mujer y si el sistema es burocrático u orientado al patronazgo (Matland, 1998). En muchos casos, una vez que una mujer aspira a un cargo, quienes verdaderamente tienen la decisión con respecto al cargo elegido tal vez sean los partidos políticos y no los votantes.   




http://idbdocs.iadb.org/wsdocs/getdocument.aspx?docnum=1481597

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