A menudo escucho anomalías, falta de presupuesto y de personal calificado en los diferentes centros educativos de South Bend, y de algunas de sus ciudades vecinas.
Aunque los planteles privados no siempre están exentos de fallas, es sobre todo en las escuelas públicas donde se observan muchas más deficiencias.
Recientemente en Harrison Elementary School, se ha dado un caso de acoso escolar al que he venido siguiendo de cerca, y es alarmante además de inaceptable la forma en la que el plantel ha “manejado” este problema. Por otro lado, hace más de dos semanas que la preocupada madre del niño afectado informó de la situación a la corporación escolar, la cual ha ido tomando cartas en el asunto, pero en honor a la verdad, de una manera demasiado lenta.
“Nuestra misión es nutrir a todo niño proporcionando un entorno dinámico, inclusivo y de apoyo donde los estudiantes estén capacitados para crecer académica, social y emocionalmente. Estamos comprometidos a equipar a los estudiantes con el pensamiento crítico y las habilidades sociales que necesitan para tener éxito como ciudadanos compasivos y responsables”.
Así reza la página de presentación de dicha escuela, sin embargo, entre la teoría y la práctica hay una enorme diferencia.
Resulta incongruente e irónica una declaración de objetivos y calidad educativa así, cuando un niño de ocho años que ha estado siendo víctima de acoso escolar por parte de uno de sus compañeros de clase durante tres meses, y cuando por fin él decide romper el silencio no recibe el apoyo ni la protección de la docente a cargo de su grupo, quien únicamente se limita a decirle: “mira bebé, en la vida existe el bullying, siempre hay alguien acosando, así que es mejor que te acostumbres y aprendas a defenderte tú sólo, aprende a decir alto!”.
Es reprobable la mentalidad y falta de sensibilidad de esta “maestra”, es una clara muestra de incompetencia en el manejo de conflictos escolares y en la forma de dirigirse a un niño, pero igual o más cuestionable es la permisividad, partidismo, desinterés y discriminación que ha mostrado la actual directiva.
No se puede hablar de apoyo inclusión y nutrición académica, social y emocional; cuando en esta escuela primaria el lema de “cero tolerancia al bullying” aplica sólo a una parte del estudiantado, cuando maestra y directora minimizan el acoso escolar a un niño por el solo hecho de ser varón, calificando las constantes agresiones únicamente como “cosa de niños”. No se puede hablar de profesionalismo cuando el personal académico involucrado aparte de no hacer nada, insinúa que la situación y el procedimiento serían muy diferentes, si el acoso lo estuviera sufriendo una niña.
¿Acaso la intolerancia al bullying es una cuestión de género? ¿Acaso el daño mental , emocional y social que el acoso produce es diferente o menor en niños que en niñas, o nulo en el caso de ellos? ¿Desde qué perspectiva opera el criterio con que se está dirigiendo este plantel educativo?.
¿En dónde queda el ofrecimiento escolar de formar un sólido equipo entre escuela estudiantes y padres? Este planteamiento queda fuera de lugar, cuando la propia dirección y parte del personal docente se lavan las manos, es falso cuando estos padres se han visto en la necesidad de sacar definitivamente de Harrison Elementary School, a su hijo víctima de acoso escolar y a su hermano menor estudiante de kinder, por no confiar más en la habilidad de la escuela para mantener seguros a sus hijos.
Esta situación parece estar atravesada no sólo por el género, sino también por la clase (debido al bajo nivel económico de los/las estudiantes, no se invierte un presupuesto que garantice la contratación de verdaderos profesionales, mejores programas educativos y tecnología suficiente), atravesada por la raza (hispana y afroamericana en su gran mayoría), y definitivamente, atravesada por algo que se llama “estigma de vulnerabilidad masculina”.
En este estigma cultural sobre la masculinidad, a los niños se les enseña desde pequeños cosas como: “Los hombres deben ser fuertes, no deben quejarse, deben defenderse solos" .etc. Estas normas hacen que los menores denuncien menos el abuso o acoso porque a temprana edad, entienden que la sociedad minimizará o ignorará su sufrimiento, tal y como le sucedió a este alumno de tercer grado de primaria.
Es muy preocupante que estas y cualesquiera otras personas encargadas de la educación, pasen por alto el impacto emocional que significa para unos niños, ser removidos abruptamente de su escuela y de su entrañable círculo de amigos, ignorando el sentimiento de miedo, desarraigo, inseguridad y hasta posible culpabilidad que una situación así puede generar en una mente en desarrollo.
En la ciudad de South Bend Indiana, en el sistema de educación, y en casos como el ocurrido en Harrison Elementary School, es cuando más se hecha de menos la presencia de Maritza Robles, fallecida en 2017, quien comenzó a trabajar para South Bend Community School Corporation en 1976.
Tuve el placer de conocerla en 2003 ya como Directora de Servicios Bilingües del Distrito, en donde desde 1981 y hasta su jubilación mantuvo abierta la puerta de su oficina, para escuchar y atender con diligencia respeto empatía y profesionalismo, todas las necesidades y preocupaciones de padres/madres de los/las estudiantes sin hacer nunca ningún tipo de discriminación. Maritza siempre estaba dispuesta a ayudar también en situaciones ajenas al terreno educativo, siempre presente en las diferentes adversidades que estuviera atravesando tal o cual familia.
Fue una gran promotora de programas para migrantes, estudiantes de escasos recursos económicos, alumnos y personas en general que no hablaban inglés, y de programas para refugiados. Su noble labor continúa a través del Fondo Carmen Maritza Robles en la Fundación Comunitaria, que ella misma estableció.
En escuelas públicas y privadas, en comunidades, ciudades, países y en el mundo entero, nuestros niños niñas y adolescentes necesitan más Maritzas; necesitan un personal docente bien capacitado para ejercer un modelo de enseñanza que impacte positivamente su formación académica y cívica, que además garantice su seguridad integral dentro de los planteles; y para eso, se requiere de personas que cuenten con un título universitario para ejercer la docencia, y no sólo con un curso de unas cuantas semanas.
Se necesita una pedagogía con perspectiva de género, que promueva desde la igualdad la autoestima y por consiguiente, el bienestar mental y emocional de los y las estudiantes!.
Galilea Libertad Fausto.
Créditos de la ilustración a quien corresponda.

