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sábado, 31 de enero de 2026

Masculinidad, juventud y consentimiento: La construcción de la masculinidad (1/3)


 Transformar a una persona recién nacida en un niño, no es un proceso ni fácil, ni rápido. Se trata de un proceso lento y de mucha coordinación entre factores personales, familiares, culturales, sociales... que generan una amalgama enorme de expectativas, límites, gustos, comportamientos, pensamientos, actitudes, ideales... que identificamos con lo que hemos decidido nombrar como masculinidad pero que, de entrada, no poseemos ninguna persona al momento de nacer. Sin embargo, pese a lo complejo del proceso, se reproduce de forma tan cotidiana y por tantas personas a la vez que, para la mayoría de la gente, resulta imperceptible. Algo parecido pasa cuando, por primera vez, entendemos todos los detalles implícitos en procesos tan complejos como la circulación sanguínea, la digestión, respirar. Son tantos órganos implicados, realizando tantas tareas específicas y en perfecta coordinación que parece casi imposible que ocurra solo una vez y, sin embargo, ocurre muchas veces al día. Es fundamental incorporar la idea de que, como especie, estamos realizando tareas grupales, asumiendo roles, movilizando estructuras que son más grandes que cada una de las personas de las que dependen; pero, aún más importante es entender cómo lo hacemos, para ser cada vez más capaces de identificar de qué manera podemos transformarlas y con qué objetivo. 

En definitiva, ser más conscientes de los procesos sociales en los que, sin darnos cuenta, nos implicamos. Con esta idea en mente, se propone un análisis que tiene en cuenta tres grandes construcciones sociales que la mayoría de personas en occidente sostenemos y, para hacerlo más sencillo, lo abordaremos desde la imagen de una persona no socializada, es decir, alguien que acaba de nacer o que lo ha hecho hace poco tiempo. Es decir, cualquier persona se ve afectada por los procesos de socialización, independientemente de nuestra edad o procedencia, sin embargo, al analizarlo desde la noción de una persona no socializada, se hace más sencillo entender estos procesos porque no presuponemos otra formación previa. Por lo tanto, los tres ejes que quiero mostrar son: “la masculinidad”, para hacer evidente cómo todas las personas tenemos una idea bastante clara sobre lo que este concepto implica y de qué manera nos define, independientemente de si nos construimos en oposición a ella (como mujeres), si la utilizamos como referente (como hombres) o si nos ubicamos al margen de ella (buscando nuevas formas de construir nuestra identidad). El segundo bloque está relacionado con lo que entendemos por “juventud”, nos consideremos o no parte de este grupo, y el tercer bloque, relacionado con el “consentimiento”, independientemente de si realmente deseamos o no lo que consentimos.

 1. La construcción de la masculinidad 

El proceso de formación que atraviesa un niño es algo tan cotidiano que, la mayoría de las veces —por cotidiano— no lo vemos. Sin embargo, si hacemos un ejercicio de consciencia, podríamos reconocer algunos elementos que pueden ser importantes: para identificarlo, a veces resulta más fácil si pensamos en lo que no hacemos con los niños, es decir, a los niños no les solemos ofrecer muñecas, ni juegos que impliquen contacto físico cariñoso, ni juegos de cuidado. En nuestro desarrollo suelen predominar los juegos de rapidez, de fuerza, de estrategia. Al especializarnos en un tipo de contenidos (y no en otros), vamos conformando nuestra identidad en torno a los contenidos que más ejercitamos, sin darnos cuenta de qué cosas nos vamos dejando por el camino. Por ejemplo, un clásico análisis en torno al tema, evidencia cómo la masculinidad no suele incorporar contenidos de cuidados a otras personas y, aunque esto parezca normal, en realidad no lo es tanto si consideramos que, aunque seamos hombres, no dejamos de formar parte de una especie gregaria y que, como otras especies similares a la nuestra, los cuidados son un eje primordial. Por lo tanto, cuesta entender por qué a una parte de la población no la formamos en estos contenidos. Es cierto que, al menos en  el discurso, cada vez más se enfatiza la importancia de que los hombres participen del proceso de crianza, sin embargo, lo cierto es que apenas les ofrecemos juegos para que ejerciten estas habilidades de pequeños y, en caso de hacerlo, si por ejemplo se les ocurre salir con una muñeca al parque o al cole, se exponen a ser marginados por el resto de personas con las que pretenden socializar. No se trata de criminalizar estas conductas, por ahora se trata simplemente de ser conscientes de cómo estos procesos están ocurriendo a nuestro alrededor de manera cotidiana y, en muchos casos, sin que podamos evitarlas; porque no solo dependen de cada una de las personas que intervenimos en su crianza, sino también de la sociedad como sujeto formativo. Para poder identificar los elementos que forman parte de este proceso que llamamos masculinización, vamos entonces a abordar de manera más detallada qué implicaciones tiene. 

 La Desconfianza 

Una de las primeras cosas de las que solemos darnos cuenta cuando analizamos la huella que genera el modelo de formación masculinizada es la naturalización de la desconfianza. Parece algo sin importancia pero, al ver el tipo de juegos que les ofrecemos a los niños y jóvenes, se hace evidente la predominancia de la competición (fútbol, baloncesto, tenis, Fórmula 1...). No quedan prácticamente espacios para el juego tranquilo, colaborativo, inclusivo y, sin darnos cuenta, un día tras otro, vamos (como sociedad), afianzando la idea de que de eso se trata “ser niño: de ser los mejores, los más rápidos, los más fuertes, los más listos, es decir, formar parte de una élite, un grupo destacado que es considerado superior al resto, incorporando así la jerarquía como un elemento central en nuestra formación. Sin embargo, esto también afianza la idea de que lo cariñoso, lo afectivo, lo normal, lo cotidiano, las cosas lentas y rutinarias, que implican poner el foco en las otras personas con las que convivimos, en la calidad de los espacios y los momentos... “no son cosas de chicos”. Es decir, no solemos tener referentes hombres cuidando de otros hombres u otras personas de la familia en situaciones cotidianas. Al mismo tiempo ocurre otro proceso paralelo, y es que si lo que nos atrae está relacionado con lo excepcional (ser más rápidos, más fuertes, listos... sin tener en cuenta al resto) es fácil romantizar modelos que nos coloquen por encima del resto, aunque no tengamos en cuenta nuestro entorno espacial, temporal y social. Si analizamos la oferta audiovisual por ejemplo (tanto en series como en películas o videojuegos), veremos cómo se reproduce el mismo patrón: rapidez, superpoderes (elitismo), competición... y descuido de nuestro entorno. 


Las Máquinas 

El mundo tecnológico es algo que se nos suele colocar muy cerca: coches, aviones, naves, ordenadores... El género de ciencia ficción da buena cuenta de ello y es algo que suele aparecer en espacios claramente masculinizados como canales de televisión dirigidos a hombres al estilo de Energy (simplemente como ejemplo). Desde pequeños, este modelo suele hacerse evidente a través del tipo de juegos que les ofrecemos a los niños y solo hay que revisar el catálogo de alguna tienda de juguetes para poder identificarlo. En mis formaciones suelo hacer preguntas retóricas para identificar cómo estos modelos los tenemos completamente internalizados y forman parte de nuestra forma de pensar y, en este punto, suelo preguntar: si pensamos en alguien que viene a arreglar algún aparato (ordenador, coche, caldera...), ¿en quién pensamos? ¿un hombre o una mujer? A día de hoy sabemos perfectamente que cualquier tipo de persona podría entender el funcionamiento de un aparato pero, el hecho de que culturalmente estos contenidos estén más dirigidos a hombres,  también genera una huella en nuestra manera de percibir el mundo y de imaginarlo. El comportamiento de las máquinas es radicalmente diferente al comportamiento de las personas, es decir, las máquinas o están encendidas o están apagadas, en caso de que funcionen de manera defectuosa, se hace evidente. Si no funcionan bien, es debido a algún componente que está o viejo o defectuoso y, según el valor del componente, no compensa arreglarlo y se sustituye el aparato entero, por otro nuevo. Las personas son más complejas, no se les suelen cambiar sus componentes, los componentes aprenden y se amoldan, sus defectos suelen esconderse o hacerse imperceptibles, no se les pueden escanear sus componentes para ver qué versión del sistema operativo tienen instalada... es decir, a las personas se las conoce hablando, conviviendo con ellas. Para mejorarlas no hace falta una versión más reciente, la mayoría de las veces solo hace falta una intención de cambio (por parte de la persona que quiera mejorarse) y eso, muchas veces, se logra hablando y practicando esa nueva y mejorada versión de sí misma, que está aspirando ser. Es decir, mientras las máquinas dependen de una persona experta (externa), que cambie un trozo defectuoso de su maquinaria, las personas son capaces de mejorarse a sí mismas, pero no por otra persona, sino por propia voluntad. Sin embargo, vivir entre máquinas nos hace entender a las personas como tales y eso, como veremos luego, tiene consecuencias. 

El Dinero 

No podemos negar que estamos hablando de un factor determinante en el mundo en el que vivimos, esto no es algo que marque solo la infancia de los niños, las niñas también se ven claramente afectadas. Sin embargo, en un momento dado, en los niños, lo económico pasa a ocupar un lugar preponderante dentro de sus focos de interés, derivando en un rasgo identitario que clásicamente se ha dado conocer como el “rol del proveedor” (Mahony, 1999). En un primer momento, no comienza siendo algo evidente pero llega un punto en el que los tecnicismos: datos, cifras, fuerza, tamaño, cantidad... todos elementos cuantificables y mesurables, encuentran en el dinero un encaje perfecto y es entonces cuando se hace posible medir y ponerle precio a su contexto. Las casas de los amigos, los aparatos que forman parte de su entorno material inmediato (coches, relojes, auriculares, tablets, juguetes), comienzan a relacionarse también con un precio y son ellos mismos los que acaban por ubicarse en una escala jerárquica según la cantidad y el tipo de cosas que tienen. Por lo tanto, la acumulación, la novedad de los objetos y su valor económico terminan afectando el valor social que consideran que tienen y van perfilando —también— su estatus en el grupo y su identidad. Con esto no quiero decir que las niñas o las mujeres no se preocupen por lo económico sino, a muy grandes rasgos, que no lograr los estándares culturales de bienestar económico, no impactan tan directamente en su valor social, mientras que, el hecho de que un hombre no tenga trabajo o no pueda aportar económicamente en su familia, merma su valor frente a la sociedad y da lugar a la creación de arquetipos negativizados como “el blandengue” o “el calzonazos”, que claramente marcan su identidad.

 La emocionalidad 

Nos vemos regalando máquinas, superhéroes, hablándoles con tonos de voz más graves, alzando la voz, generando juegos de alta movilidad y ocupación del espacio, avergonzándoles si lloran, o lloran muy  alto, jugando a competir, desde un lenguaje técnico: datos, fechas, cifras, pero nada de esto lo hacemos conscientemente, por lo tanto, inconscientemente les estamos formando para que no desarrollen habilidades fundamentales humanas como el sentido kinestésico, al inhibir el contacto físico tierno y cariñoso; la capacidad de autodiagnosticar malestares o depresiones, al reprimir determinadas emociones; limitando su empatía, al ofrecerles sistemáticamente juegos competitivos que les obligan a centrarse en ellos mismos y en el objetivo, minimizando la importancia del resto y del entorno (en lugar de juegos simbólicos, de negociación, de cooperación, de comunicación, de escucha); aumentando las probabilidades de que invadan el espacio vital de otras personas o seres vivos, al valorar y potenciar formas de expresión más eufóricas o iracundas (en un partido de fútbol, por ejemplo). Llega un momento en el que, sin darle mucha importancia, le regalamos una pistola, una escopeta, una espada, elementos que han sido diseñados para matar. En un primer momento este elemento es complicado de entender para un niño porque para poder jugar a matar, antes tiene que invisibilizar el daño que va a causar. Si exponemos a una persona de menos de 1 año a una escena violenta, por ejemplo de alguna película de acción, probablemente comience a llorar por el ruido, la manera de hablar, las expresiones no verbales que esa personita pueda identificar. Esto nos muestra que, al nacer, somos capaces de empatizar con el daño de otras personas y por lo tanto, para jugar a matar tenemos que vencer esta barrera separándonos emocionalmente de la acción que vamos a realizar. Este proceso se conoce como disociación (1) y supone darnos una explicación cognitiva para romantizar el daño que vamos a causar, es decir, invisibilizar el daño de la acción para que no nos genere rechazo. Poco a poco, vamos entendiendo que jugar a matar es solo un juego más y lo ejercitamos con regularidad, pero esto no lo hace menos violento, simplemente evidencia que hemos naturalizado el descuido y el daño como un elemento más de nuestra personalidad. Ya en la adultez, vemos que somos los hombres las personas que más y peor daño ejercemos y lo comprobamos fácilmente con las estadísticas que anualmente registran organismos públicos como el INE (2), o privados como aseguradoras (3), o de la sociedad civil, simplemente viendo los problemas cotidianos que muestran las AMPA (4). Incluso, cuando decimos que a los hombres les cuesta hablar sinceramente con otros hombres, estamos evidenciando los efectos de este modelo formativo, porque nos cuesta ver a otros hombres como personas generadoras de afecto, los vemos como potenciales competidores o peor aún, como potenciales agresores, personas de las que desconfiar. Sin embargo, todo esto no es más que un reflejo de nuestro propio proceso formativo. 

No olvidemos, en este punto, que hay un montón de cosas que tradicionalmente han sido masculinizadas y que generan mucho bienestar tanto a nivel personal como social: la investigación, el estudio, la política, el trabajo, son solo algunos ejemplos. Justamente el movimiento feminista, al cuestionar el rol subordinado que históricamente se le ha otorgado a las mujeres y a lo feminizado, busca en estos modelos espacios donde crecer, reclamando para las mujeres el ejercicio de estas facetas. El problema, por lo tanto, no está en los cuerpos, ni en ser hombres, sino en lo que socialmente estamos valorando como masculino. Ahora nos toca revisar los aspectos que tradicionalmente hemos heredado que, no solo limitan nuestro bienestar sino que, directamente, generan mucho daño, para poder incidir en su transformación y generar referentes más cuidadosos, empáticos, cariñosos y responsables. 


(1) Según Wikipedia: “Experiencias subjetivas que pueden ir desde el distanciamiento con el ambiente, hasta pérdida de la experiencia física y emocional”. 

(2) Según el INE, en 2021, el 75,8 % de los delitos graves cometidos en España fueron cometidos por hombres. 

(3) Según el Informe de Mapfre (2022), los hombres son los responsables del 71,3 % de los accidentes graves. 

(4) Según el VI informe del Servicio de Atención Telefónica de Casos de Malos Tratos y Acoso en el Ámbito de los Centros Docentes del Sistema Educativo Español, del 2023, del total de situaciones de acoso registrados, 44,5 % fueron cometidos por chicos y 20,7 % por chicas.  


 Texto de David Kaplún Medina 

davidkaplunmedina@gmail.com

REVISTA DE ESTUDIOS DE JUVENTUD ≥Diciembre 2023 | Nº 128 Diálogos entre Educación y Consentimiento Coordinadoras Paula Roldán Gutiérrez e  Irene Zugasti Hervás

 Imagen de pintura de la artista María Jesús Hernández Sánchez 

domingo, 25 de enero de 2026

La vida de una violeta


 ““Violeta, una vez dentro, sacó su biblia y encontró allí una muy buena razón para preferir construir su propia casa con sus propias manos, a vivir en una casa construida para ella por otros”. The Life of Violet: Three Early Stories, Virginia Woolf, 2025.

Existe una genealogía de mujeres violetas, son mujeres de palabra firme y pluma anticipada, de tinta rebelde…revolucionaria. Mujeres que leen, que miran adelante y atrás…adentro y afuera, que observan minuciosamente el mundo femenino y al hacerlo, cuestionan, incomodan y transforman. 

De esta estirpe proviene Adeline Virginia Stephen, la atemporal y enorme Virginia Woolf, una de las más grandes violetas que ha dado la historia, que a 144 años de su nacimiento no sólo no envejece, sino que sigue creciendo y  al leerla, nosotras las que habitamos el siglo 21 también lo hacemos.

Es en este sentido de crecimiento compartido de mujer a mujer, de madre literaria a escritora, y de feminista a feminista, que sigo encontrando la certeza de que las hacedoras de letras rebeldes no estamos solas…de que nunca lo estuvimos porque Virginia escribió antes para que nosotras pudiéramos escribir después.

Como admiradora de su vida…amante de su obra, y como lectora, no puedo estar más emocionada y feliz por celebrar el aniversario de su natalicio este 25 de enero, y por tener ya entre mis libros más amados La vida de Violeta (The life of Violet), la reciente publicación de tres escritos inéditos que vuelve a poner el nombre de Virginia Woolf en las mesas de novedades.

Y es que hay libros que llegan en su tiempo con toda normalidad, y otros como este, que mágicamente regresan de un sueño lejano para seguir alumbrando habitaciones y despertando conciencias. 

La vida de Violeta no sólo es una simple novedad editorial, es la apertura del invaluable archivo femenino y feminista de una Virginia poco más que adolescente, es el asomo a los primeros planos para la futura construcción de Un cuarto propio, esbozados en 1907 y perfeccionados en 1908.

"¿Sabes que me parece, bueno, tú no crees Violeta que sería muy agradable----" "¿Tener una cabaña propia? Sí, mi buena mujer", gritó Violeta. "Con desagües reales, y rosas reales, y un lugar para sentarse, y la propia porcelana, y sin antepasados", continuó Lady R------t. Tal fue el comienzo de la gran revolución que está haciendo de Inglaterra un lugar muy diferente de lo que era. (The Life of Violet: Three Early Stories,Virginia Woolf, 2025).

En estos relatos juveniles con su giganta Violeta entre jardines mágicos, con cerezos de blancas flores que tintinean como campanillas de cristal, con lluvia de almendras confitadas, y con princesas venciendo a enormes monstruos es que está la primera semilla del manifiesto de autonomía femenina que sería a partir de entonces su literatura, ahh está la tierna flor violeta hecha de letras que cuando ya estuvo cultivada, florecida y madura sentó las bases del feminismo moderno en 1929, con el ensayo: Una Habitación Propia.

Su indomesticable deseo de independencia y libertad creativa nace en cierta manera, de ver la vida de su madre y otras mujeres de su familia. Me resulta fascinante la genealogía femenina materna de Virginia porque, sin ser feminista en el sentido político organizado de hoy en día, contiene una línea de mujeres cultas intelectuales y creativas, mujeres violeta tensando los límites de lo permitido en aquella época. 

Su tía segunda Julia Margaret Cameron, fue una fotógrafa pionera del siglo XIX, famosa por retratar a intelectuales y artistas. Maria Jackson, su abuela, era culta, intelectual y muy cosmopolita. Su madre Julia Stephen, era educada, inteligente, enfermera voluntaria, y una modelo bellísima, pero profundamente atrapada en el ideal victoriano de la abnegación y del sacrificio femenino. 

Así, siendo apenas una niña mi tan querida Adeline, conoció las dos caras de la moneda, supo desde temprano la diferencia entre libertad y cautiverio. Con su naturaleza precoz aprendió a leer antes de los 4 años de edad y pronto descubrió, que la historia de la literatura y del mundo había sido escrita desde una habitación cerrada con llave, a la que las mujeres no podían entrar. Desde entonces decidió escribir para cambiar el orden de las cosas, para que el talento de niñas y mujeres no tuviera que consumirse en la oscuridad del sistema patriarcal.

Fue así como en 1891 con sólo nueve años de edad, Virginia Stephen escribió sus primeros artículos para el diario casero Hyde Park Gate News, en él escribía a mano pequeñas crónicas de la vida cotidiana de su familia y amistades, mismas que su hermana Vanessa ilustraba. 

Me conmueve que antes de ser una reconocida intelectual, novelista, cuentista y ensayista…antes de ser Woolf, Virginia fue lectora, pensadora, periodista y crítica literaria autodidacta. Su colaboración en múltiples revistas y suplementos culturales fue temprana, constante, crítica y en clave feminista.

 Su primera publicación periodística profesional fue el artículo:  "Peregrinaje a Haworth", sobre su visita al pueblo de las hermanas Brontë, publicado en diciembre de 1904  en el periódico The Guardian. Su entrada en este espacio lo obtuvo por medio de su bien relacionada y gran amiga Violet Dickinson, que por cierto, ella es en la que se inspiró para escribir las fantásticas aventuras de su heroína: la giganta Violet, los relatos que más de un siglo después nos llegan en el libro La vida de Violeta.

En todas sus vertientes literarias, desde sus primeras crónicas infantiles en 1891 y su primer artículo periodístico en 1904, hasta Consideraciones sobre la paz en tiempos de guerra, publicado en la revista neoyorquina New Republic el 21 de octubre de 1940. Y desde Fin de viaje que fuera su primer libro publicado en 1915, hasta el último: Tres Guineas en 1938 y Entre actos, su novela póstuma en 1941; está presente el espíritu de emancipación femenina, y el mensaje de que la paz, la igualdad y la libertad no llegan solas …se piensan, se nombran, se reclaman,  y se construyen también desde la escritura.

Pero si bien es cierto que a las mujeres Virginia nos habló del derecho a tener una habitación propia, también lo es que nos dijo de la responsabilidad que tenemos de habitarla con el cultivo del intelecto, de llenarla con palabras propias, con pensamientos propios, con dudas y decisiones propias, con una voz genuina y firme que no imite, pero que tampoco pida permiso ni disculpas para pronunciarse fuerte y claro.

Virginia Woolf, mi maestra…mi querida madre literaria me sigue instruyendo, sigue caminando entre las frases de mis escritos, inclinándose sobre mis borradores, preguntándome en voz baja si sigo siendo fiel a mis convicciones y a mi sentipensar, o si me estoy desviando a lo que de mí se espera?. 

Entre ella y nosotras, entre su genealogía y la nuestra, hay una herencia violeta llena de luz y libertad, pero también de exigencia y responsabilidad.

Mi aspiración de hoy es que ésta columna de celebración de la vida de una violeta, tenga una larga vida encontrando una comunidad lectora que se inspire a leer o releer a Virginia Woolf como se la debe leer…con tiempo, con atención, con alma, con cuerpo y sobre todo…con cuestionamientos, porque aunque en sus escritos no siempre tenga todas las respuestas, Virginia siempre tendrá la guía que nos enseña a hacernos las preguntas correctas!.

Galilea Libertad Fausto.

Créditos de las fotografías usadas en el collage, a quien correspondan.

viernes, 23 de enero de 2026

Situación de la mujer en el mercado laboral


 Las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en el mercado laboral. En 2021, el 67,7 % de las mujeres trabajaban, mientras que el 78,5 % de los hombres ocupaban puestos de trabajo. En otras palabras, persiste una brecha de género en el empleo de 10,8 puntos porcentuales, que solo ha disminuido ligeramente en los últimos 10 años (-1,9 puntos porcentuales).

Aunque más mujeres participan en el mercado laboral, la carga de las responsabilidades privadas y de cuidado, el trabajo no remunerado, sigue recayendo en gran medida sobre ellas. El aumento de la jornada laboral femenina no suele traducirse en un reparto más equilibrado del trabajo doméstico y de cuidado entre mujeres y hombres. Como resultado, al sumar el tiempo dedicado al trabajo no remunerado (tareas domésticas diarias, incluyendo el cuidado), en general, las mujeres trabajan más.

Las mujeres están cada vez más cualificadas: más mujeres que hombres se gradúan en las universidades europeas. Sin embargo, debido a las responsabilidades de cuidado, muchas mujeres no se sienten tan libres en la elección de trabajo o no tienen las mismas oportunidades laborales que los hombres. Por la misma razón, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de trabajar a tiempo parcial.

El trabajo es la mejor manera de empoderar económicamente a las mujeres. Por lo tanto, es necesario aumentar su participación en el mercado laboral.

La pérdida económica causada por la brecha de género en el empleo asciende a 370 000 millones de euros al año. Actuar es un imperativo tanto social como económico. Mejorar la igualdad de género podría generar un aumento del PIB de hasta 3,15 billones de euros para 2050.

En general, las mujeres ganan, de media, menos que los hombres por hora. Esta brecha salarial de género se situó en el 13,0 % en la UE-27 en 2020 y solo ha disminuido 2,8 puntos porcentuales desde 2010. Diversos factores contribuyen a esta brecha: los diferentes patrones de trabajo de las mujeres, a menudo relacionados con interrupciones en su carrera profesional o cambios en su patrón laboral para cuidar de un hijo u otros familiares; segregación de género en sectores mal pagados, empleo a tiempo parcial… Algunas mujeres incluso cobran menos que los hombres por el mismo trabajo.


https://commission.europa.eu/strategy-and-policy/policies/justice-and-fundamental-rights/gender-equality/women-labour-market-work-life-balance/womens-situation-labour-market_en#work-life-balance

miércoles, 21 de enero de 2026

NotiMujeres 1/2026

 


Recuento global del último trimestre respecto a negativos y positivos en los derechos de las mujeres y las niñas.


RETROCESOS GLOBALES EN DERECHOS:


Persisten desigualdades estructurales y brechas profundas, un reporte reciente de la ONU sobre igualdad de género señala que aún ninguno de los objetivos de igualdad está en camino de cumplirse antes de 2030. Millones de mujeres y niñas siguen atrapadas en pobreza extrema, con altos niveles de violencia y discriminación estructural, y una representación política insuficiente.


  • En Perú, una nueva ley que elimina el enfoque de género de la legislación ha sido criticada por la ONU como un retroceso grave, ya que debilita la lucha contra la discriminación y pone en riesgo derechos sexuales y reproductivos. 
  • En Arabia Saudita pese a mejoras simbólicas como permitirles conducir, los derechos de las mujeres aún están severamente restringidos por leyes y prácticas discriminatorias bajo tutela masculina y con altas tasas de ejecuciones y represión de activismo. 
  • La guerra en Gaza ha provocado un desplome de nacimientos y una crisis de salud materna que ha sido descrita como una forma de violencia reproductiva, con miles de muertes maternas, complicaciones y destrucción de infraestructura sanitaria.
  • En Irán se reporta una ola de detenciones y abusos sexuales contra manifestantes, incluida una menor de 16 años, en medio de protestas nacionales, subrayando cómo las crisis políticas afectan de forma desproporcionada a las mujeres y niñas.
  • No existen cifras globales completas y oficialmente consolidadas aún para todo 2025. Sin embargo, según los datos más actuales de organizaciones internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y ONU Mujeres; 83,000 mujeres y niñas fueron asesinadas intencionalmente en todo el mundo durante 2024.
  • Organizaciones como Equality Now advierten sobre ataques coordinados contra derechos ya conquistados, incluyendo leyes regresivas, retiro de compromisos internacionales y desinformación que alimenta la misoginia institucionalizada.


AVANCES Y RESISTENCIAS POSITIVAS:


Progresos acumulados reconocidos por la ONU señalan que, aunque el ritmo es desigual, desde 1995 se han registrado más de 1,500 reformas legales para promover la igualdad de género, la mortalidad materna ha disminuido significativamente y la representación política de las mujeres se ha más que duplicado en muchos parlamentos.

  • La comunidad internacional ha lanzado iniciativas como la Agenda de Acción Beijing+30, que busca acelerar el progreso en áreas clave como participación política, acceso a tecnología, educación y protección frente a violencia.
  • Tribunales internacionales han dictado decisiones históricas exigiendo que países como Ecuador y Nicaragua garanticen que ninguna niña sea obligada a ser madre, marcando un precedente en derechos reproductivos infantiles.
  • Los movimientos feministas llaman a poner en el centro de las políticas públicas la eliminación de la violencia de género, acceso universal a educación sexual integral y ampliación de derechos económicos y sociales para mujeres y niñas.


Cabe mencionar, que recientemente ha habido noticias sobre Irán suspendiendo la aplicación de la ley que obligaba a las mujeres a usar el hiyab (velo islámico), esto tras una intensa presión social y protestas masivas en el país, lo que en la práctica significa que las mujeres ya no están obligadas por ley a usar el velo como antes; pero aunque la aplicación de la ley se ha suspendido, no hay confirmación de que haya sido oficialmente derogada o abolida por completo, y el debate sobre su estatus legal continúa.

Este cruce de retrocesos y avances es un llamado urgente no sólo a recordar lo conquistado, sino a no bajar la guardia, y a continuar defendiendo activamente el futuro de las mujeres y las niñas en todo el mundo, porque el patriarcado, la misoginia, el fanatismo religioso y el machismo no están disminuyendo, sólo operan bajo otros nombres y con otras formas.

El último trimestre nos confirmó una vez más que cuando el mundo entra en crisis, los derechos de las mujeres y las niñas son siempre los primeros en ponerse sobre la mesa de negociación. Mientras tanto, los organismos internacionales repiten diagnósticos que ya conocemos de memoria, que ningún país avanza al ritmo necesario para alcanzar la igualdad real por más que afirmen todo lo contrario. Y no es falta de datos, ni de evidencia, ni de advertencias…¡es falta de voluntad política!.

Información recopilada de las fuentes mencionadas en el texto, y de: The Guardian.

Comentarios: Galilea Libertad Fausto.

Créditos de la ilustración a quien corresponda.

viernes, 16 de enero de 2026

Episodios de una vida interminable

 


Desde mil novecientos noventa y nueve Almudena Grandes nunca dejó de llegar puntualmente a la cita periodística quincenal y semanal, que tenía con las lectoras y lectores de sus columnas.

A cuatro años de su partida sigue llegando como si nunca se hubiera ido, y es que escritoras así de rebeldes de revolucionarias, de rojas, así de auténticas…así de humanas,  nunca se van del todo. Viven en el corazón, la memoria y la conciencia de un país…de su país, pero también de los y las que de España o no, con sus palabras aprendimos y seguimos aprendiendo a mirar, pensar y escribir el mundo de otro modo.

Este Año Nuevo, lo inicié leyéndola en la faceta más reveladora de su propia esencia, y de la que yo, como tejedora de letras más aprendo…la de articulista. Leer Escalera interior fue como abrir una ventana al corazón y la mirada de Almudena.

Esta recopilación de columnas que por más de dos décadas escribió para el diario El País, y que fue publicada en 2025 como libro, es un regalo póstumo que me permitió volver a escuchar su voz tan viva, cálida y agradecida por su cotidianidad en familia y en su comunidad, su valiente voz en aquel artículo del 9 de octubre de 2021 tan quebrada pero tan fuerte, tan esperanzada y firme plantándose con determinación frente al cáncer que la amenazaba.

Escalera interior me recordó lo esencial de las pequeñas historias que nos conectan a todos…a todas. Este libro fue el inspirado motor de arranque para está, mi primera columna de 2026. Igual que lo fuera otra de sus obras para mi columna de estreno aquí en Mujer del Mediterráneo, aquel 16 de enero del 2022 y que comencé diciendo así:

“Hace unos cuantos días terminé de leer La Madre de Frankenstein de Almudena Grandes, uno de esos libros que por su temática y la sensibilidad de su narrativa han logrado tocarme el corazón y volverse entrañables….Cada quien tiene sus propios temas que por algún motivo o sin él les resultan apasionantes, para mí, es cada aspecto de la historia de la vida de las mujeres tocándome de manera especial su salud mental”.

Fueron mis primeras letras en este gran espacio feminista para reivindicar, dignificar, y desmitificar la locura femenina.

Y es que cada una de sus novelas, de sus cuentos y de sus artículos respiran humanidad, cercanía..empatía. De ahí que sus escritos sean inspiración y pauta para contar nuestras propias historias.

Con su Mercado de Barceló, Almudena agitó el recuerdo de los mercados y tianguis a los que en días ya muy lejanos, las mujeres de mi familia y yo íbamos a hacer la plaza como se decía a las compras en aquellos viejos tiempos mexicanos.

La memoria de la lectura de ese libro, quedó plasmada en el 2023 en mi artículo: Hablando de mercados, cocinas, chefs y equidad de género. En él, de la mano de las vibrantes y coloridas vendimias, van las talentosas mujeres que se están abriendo paso en el masculino mundo de la gastronomía, y el hecho de que en la alta cocina internacional exitosos hombres Chefs como Rafael G. Macedo Fausto, dirijan su cocina desde y con una perspectiva de género.

A Almudena la he leído mucho, me ha conmovido mucho, pero también me ha enseñado mucho del arte de escribir sabiendo que la escritura, también es una forma de hacerse cargo, de sostener, y de hermanarse con los otros…con las otras.

La novela Los besos en el pan, habla de su familia…de su barrio, de su España, pero a mí, me habla de mi familia…de la clase media alta venida a menos allá en el México de los setentas. Me habla en principio, de la austeridad, los valores y la dignidad de mis abuelos y abuelas. Mientras que la triste historia materno filial contada en La buena hija, está simbolizado el infortunio de tantas hijas, como el de la vecina que vivía al lado de la primera casa propia que tuvieron mis padres. Esta novela y este cuento inspiraron algunos de mis poemas más íntimos dedicados a las mujeres de mi familia.

Por su parte, en La herida perpetua, encontré a una Almudena que se muestra en todo su esplendor político desde el primer artículo, diciendo…”Ahí estaba yo…mujer, republicana, de izquierdas, española, anticlerical, plebeya, peleona y partidaria de la felicidad”.

Su calidad literaria y su legado son enormes porque van más allá de la técnica y estilo narrativo, su literatura fue siempre un compromiso empático con las historias de las personas reales que la habitaban.

Como novelista y cuentista supo en todo momento escuchar las voces que la historia oficial había dejado al margen, les dió visibilidad y un lugar digno. Como articulista, cada columna suya era un encuentro cercano con su comunidad lectora, una expresión cívica…una manera de decir…esto me pasa, esto nos pasa, esto importa.

Y como feminista ni que decir, la obra de Almudena Grandes es profundamente pro mujer en su conjunto, sin embargo, es en Las edades de Lulú, Malena es un nombre de tango, y Modelos de mujer, donde más se marca la esencia de su visión feminista al presentarnos a mujeres que no se resignan, sino que luchan por su vida y su libertad.

Junto a la escritora estuvo siempre la mujer de familia, la amiga, la vecina, la feminista, la política…,ofreciendo sus escritos como herramienta para defender la memoria, la igualdad y la alegría de vivir y convivir con los demás.

Su palabra crítica sigue vigente y su ejemplo literariamente humano, continúa recordándome que escribir como vivir es tomar partido…porque no mirar, o mirar y no hacer nada no es una opción.

Cuatro años después sus libros siguen abiertos, sus novelas, cuentos y artículos son narraciones propias, episodios de una vida interminable…la vida de ella en cada página, su vida por escrito…su vida que es interminable porque renace cada vez que es leída!!

Galilea Libertad Fausto.

Créditos de la fotografía a quien corresponda.

viernes, 2 de enero de 2026

Violencia machista en Francia


En 2024 hubo un aumento del 11 % en los feminicidios en Francia, con 107 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, comparado con 2023. 

Grupos feministas y estadísticas oficiales estiman que en 2025 se han contabilizado al menos 145 femicidios desde enero, impulsando protestas y exigencias de acción urgente. 

Las manifestaciones en París y otras ciudades reflejan la preocupación social por el aumento de la violencia de género. 

Un informe del Observatorio Nacional de Violencia contra las Mujeres revela un récord de casos de violencia sexual en el transporte público, con miles de víctimas en 2024 y tendencias preocupantes en 2025. 

Activistas alertan sobre el crecimiento de violencia digital y humillaciones públicas dirigidas a mujeres jóvenes en redes sociales. 

 Problemas sistémicos en la respuesta institucional :  Un estudio reciente señala que, históricamente, solo cerca de 1 de cada 10 denuncias por violencia machista termina en condena. 

El Consejo de Europa ha criticado a Francia por insuficiente protección a víctimas y ha instado a mejoras en la justicia y apoyo a mujeres violentadas. 


 Aunque las medidas tomadas son insuficientes  en  2025 el Senado francés aprobó una reforma que define legalmente la violación en función del consentimiento, un paso importante para reforzar la protección legal contra agresiones sexuales.  El gobierno ha incrementado refugios y servicios de emergencia para mujeres víctimas de violencia doméstica en diversas regiones del país y también Francia ha promovido compromisos internacionales y colaboración con ONU-Mujeres para fortalecer esfuerzos contra la violencia de género, incluso en contextos de conflicto y digital. 


En 2025, Francia se ha constatado  una situación preocupante en términos de violencia contra las mujeres:

✔️ Hay un aumento de femicidios y violencia en espacios públicos,

✔️ La respuesta judicial y policial se percibe insuficiente,

✔️ Las autoridades implementan reformas legales y apoyo institucional,

✔️ Y la sociedad civil se moviliza para reclamar cambios estructurales.



Recordamos situaciones de violencia machista extrema que se han dado en Francia:

El caso Pelicot  fue uno de los crímenes sexuales más estremecedores y mediáticos de la historia reciente de Francia. 

Gisèle Pelicot, fue drogada repetidamente por su esposo, Dominique Pelicot.  Entre 2011 y 2020 Dominique la drogaba mientras estaba inconsciente y luego invitaba a decenas de hombres a su casa para violarla, a menudo grabando los abusos. 

 En total 51 hombres, incluidos Dominique y otros reclutados por internet, fueron juzgados por violación agravada, intento de violación o agresión sexual. 

Dominique fue condenado a 20 años de prisión, la pena máxima por estos delitos. Los otros hombres recibieron sentencias entre 3 y 15 años. En 2025 un tribunal de apelación aumentó a 10 años la condena de uno de los acusados que había recurrido su pena.

Este juicio sacudió a Francia y al mundo, no solo por la brutalidad de los hechos, sino porque Gisèle pidió que el proceso fuera público, rompiendo el anonimato habitual en casos de violación para visibilizar la violencia sexual y animar a otras víctimas a denunciar. 

Además, el caso impulsó debates políticos y reformas: el Parlamento francés votó incluir la ausencia de consentimiento explícito en la definición legal de violación, siguiendo la presión generada tras este juicio. 

Aunque ninguno ha sido exactamente como Pelicot, hay otros casos de gran impacto que también han marcado la agenda pública o judicial sobre violencia sexual:


 Joël Le Scouarnec (2025) : Un excirujano francés fue condenado en 2025 por la violación y agresión sexual de 299 víctimas, en su mayoría niños y adolescentes, durante años en hospitales y clínicas. 

Este caso es considerado uno de los peores escándalos de abuso infantil en Francia, y ha reabierto el debate sobre la protección de menores y fallos institucionales en casos de agresores con posiciones de poder. 

 Casos de violencia sexual de alto perfil en 2025 : La justicia francesa y los medios también han estado pendientes de otros casos de abusos o agresiones sexuales, como suspensiones masivas de personal de programas infantiles en París tras denuncias de tocamientos a menores, reflejando una mayor vigilancia social y judicial. 

El actor francés Gérard Depardieu fue declarado culpable de agresión sexual en 2025 por hechos ocurridos en 2021 durante un rodaje. 

Aunque de escala distinta a Pelicot, este caso también ha sido mediático por implicar a una figura pública y por discusiones sobre poder y abuso en el medio del espectáculo

https://www.rfi.fr/en/france/20251120-violence-against-women-on-the-rise-in-france-as-new-data-reveals-scale-of-abuse

https://www.euronews.com/2025/11/26/paris-protesters-demand-action-as-france-faces-surge-in-gender-based-violence