Desde mil novecientos noventa y nueve Almudena Grandes nunca dejó de llegar puntualmente a la cita periodística quincenal y semanal, que tenía con las lectoras y lectores de sus columnas.
A cuatro años de su partida sigue llegando como si nunca se hubiera ido, y es que escritoras así de rebeldes de revolucionarias, de rojas, así de auténticas…así de humanas, nunca se van del todo. Viven en el corazón, la memoria y la conciencia de un país…de su país, pero también de los y las que de España o no, con sus palabras aprendimos y seguimos aprendiendo a mirar, pensar y escribir el mundo de otro modo.
Este Año Nuevo, lo inicié leyéndola en la faceta más reveladora de su propia esencia, y de la que yo, como tejedora de letras más aprendo…la de articulista. Leer Escalera interior fue como abrir una ventana al corazón y la mirada de Almudena.
Esta recopilación de columnas que por más de dos décadas escribió para el diario El País, y que fue publicada en 2025 como libro, es un regalo póstumo que me permitió volver a escuchar su voz tan viva, cálida y agradecida por su cotidianidad en familia y en su comunidad, su valiente voz en aquel artículo del 9 de octubre de 2021 tan quebrada pero tan fuerte, tan esperanzada y firme plantándose con determinación frente al cáncer que la amenazaba.
Escalera interior me recordó lo esencial de las pequeñas historias que nos conectan a todos…a todas. Este libro fue el inspirado motor de arranque para está, mi primera columna de 2026. Igual que lo fuera otra de sus obras para mi columna de estreno aquí en Mujer del Mediterráneo, aquel 16 de enero del 2022 y que comencé diciendo así:
“Hace unos cuantos días terminé de leer La Madre de Frankenstein de Almudena Grandes, uno de esos libros que por su temática y la sensibilidad de su narrativa han logrado tocarme el corazón y volverse entrañables….Cada quien tiene sus propios temas que por algún motivo o sin él les resultan apasionantes, para mí, es cada aspecto de la historia de la vida de las mujeres tocándome de manera especial su salud mental”.
Fueron mis primeras letras en este gran espacio feminista para reivindicar, dignificar, y desmitificar la locura femenina.
Y es que cada una de sus novelas, de sus cuentos y de sus artículos respiran humanidad, cercanía..empatía. De ahí que sus escritos sean inspiración y pauta para contar nuestras propias historias.
Con su Mercado de Barceló, Almudena agitó el recuerdo de los mercados y tianguis a los que en días ya muy lejanos, las mujeres de mi familia y yo íbamos a hacer la plaza como se decía a las compras en aquellos viejos tiempos mexicanos.
La memoria de la lectura de ese libro, quedó plasmada en el 2023 en mi artículo: Hablando de mercados, cocinas, chefs y equidad de género. En él, de la mano de las vibrantes y coloridas vendimias, van las talentosas mujeres que se están abriendo paso en el masculino mundo de la gastronomía, y el hecho de que en la alta cocina internacional exitosos hombres Chefs como Rafael G. Macedo Fausto, dirijan su cocina desde y con una perspectiva de género.
A Almudena la he leído mucho, me ha conmovido mucho, pero también me ha enseñado mucho del arte de escribir sabiendo que la escritura, también es una forma de hacerse cargo, de sostener, y de hermanarse con los otros…con las otras.
La novela Los besos en el pan, habla de su familia…de su barrio, de su España, pero a mí, me habla de mi familia…de la clase media alta venida a menos allá en el México de los setentas. Me habla en principio, de la austeridad, los valores y la dignidad de mis abuelos y abuelas. Mientras que la triste historia materno filial contada en La buena hija, está simbolizado el infortunio de tantas hijas, como el de la vecina que vivía al lado de la primera casa propia que tuvieron mis padres. Esta novela y este cuento inspiraron algunos de mis poemas más íntimos dedicados a las mujeres de mi familia.
Por su parte, en La herida perpetua, encontré a una Almudena que se muestra en todo su esplendor político desde el primer artículo, diciendo…”Ahí estaba yo…mujer, republicana, de izquierdas, española, anticlerical, plebeya, peleona y partidaria de la felicidad”.
Su calidad literaria y su legado son enormes porque van más allá de la técnica y estilo narrativo, su literatura fue siempre un compromiso empático con las historias de las personas reales que la habitaban.
Como novelista y cuentista supo en todo momento escuchar las voces que la historia oficial había dejado al margen, les dió visibilidad y un lugar digno. Como articulista, cada columna suya era un encuentro cercano con su comunidad lectora, una expresión cívica…una manera de decir…esto me pasa, esto nos pasa, esto importa.
Y como feminista ni que decir, la obra de Almudena Grandes es profundamente pro mujer en su conjunto, sin embargo, es en Las edades de Lulú, Malena es un nombre de tango, y Modelos de mujer, donde más se marca la esencia de su visión feminista al presentarnos a mujeres que no se resignan, sino que luchan por su vida y su libertad.
Junto a la escritora estuvo siempre la mujer de familia, la amiga, la vecina, la feminista, la política…,ofreciendo sus escritos como herramienta para defender la memoria, la igualdad y la alegría de vivir y convivir con los demás.
Su palabra crítica sigue vigente y su ejemplo literariamente humano, continúa recordándome que escribir como vivir es tomar partido…porque no mirar, o mirar y no hacer nada no es una opción.
Cuatro años después sus libros siguen abiertos, sus novelas, cuentos y artículos son narraciones propias, episodios de una vida interminable…la vida de ella en cada página, su vida por escrito…su vida que es interminable porque renace cada vez que es leída!!
Galilea Libertad Fausto.
Créditos de la fotografía a quien corresponda.

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