Las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en el mercado laboral. En 2021, el 67,7 % de las mujeres trabajaban, mientras que el 78,5 % de los hombres ocupaban puestos de trabajo. En otras palabras, persiste una brecha de género en el empleo de 10,8 puntos porcentuales, que solo ha disminuido ligeramente en los últimos 10 años (-1,9 puntos porcentuales).
Aunque más mujeres participan en el mercado laboral, la carga de las responsabilidades privadas y de cuidado, el trabajo no remunerado, sigue recayendo en gran medida sobre ellas. El aumento de la jornada laboral femenina no suele traducirse en un reparto más equilibrado del trabajo doméstico y de cuidado entre mujeres y hombres. Como resultado, al sumar el tiempo dedicado al trabajo no remunerado (tareas domésticas diarias, incluyendo el cuidado), en general, las mujeres trabajan más.
Las mujeres están cada vez más cualificadas: más mujeres que hombres se gradúan en las universidades europeas. Sin embargo, debido a las responsabilidades de cuidado, muchas mujeres no se sienten tan libres en la elección de trabajo o no tienen las mismas oportunidades laborales que los hombres. Por la misma razón, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de trabajar a tiempo parcial.
El trabajo es la mejor manera de empoderar económicamente a las mujeres. Por lo tanto, es necesario aumentar su participación en el mercado laboral.
La pérdida económica causada por la brecha de género en el empleo asciende a 370 000 millones de euros al año. Actuar es un imperativo tanto social como económico. Mejorar la igualdad de género podría generar un aumento del PIB de hasta 3,15 billones de euros para 2050.
En general, las mujeres ganan, de media, menos que los hombres por hora. Esta brecha salarial de género se situó en el 13,0 % en la UE-27 en 2020 y solo ha disminuido 2,8 puntos porcentuales desde 2010. Diversos factores contribuyen a esta brecha: los diferentes patrones de trabajo de las mujeres, a menudo relacionados con interrupciones en su carrera profesional o cambios en su patrón laboral para cuidar de un hijo u otros familiares; segregación de género en sectores mal pagados, empleo a tiempo parcial… Algunas mujeres incluso cobran menos que los hombres por el mismo trabajo.
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