Hace años me enteré de que César Chávez el líder del movimiento migrante campesino surgido en California, se había apropiado durante largo tiempo de la frase de Dolores Huerta: “Sí se puede”, hoy supe que también se adueñó de su cuerpo, lo primero me enojó, lo segundo me llenó de una grandísima indignación y rabia…pero no me sorprendió.
Crecí admirando a los hombres líderes de guerras, independencias y revoluciones, creyendo la historia que ellos mismos inventaron. Con el tiempo aprendí que todos eran falsos ídolos de barro y como tales… uno a uno me fueron decepcionando, César Chávez no fue la excepción.
Durante décadas, el nombre de César Chávez fue sinónimo de lucha y dignidad campesina, ese relato hoy no es más que un indignante mito que silenció la verdad de lo que ocurría en los fértiles campos estadunidenses en los años sesenta y setenta del siglo pasado.
Las denuncias recientes de violación sexual a niñas y mujeres incluida Dolores Huerta, histórica activista por los derechos de campesinos, migrantes y mujeres, echan por tierra la figura idealizada de este hombre, y dejan al descubierto la estructura que permitió tales abusos.
Dolores Huerta, cofundadora del Sindicato de Trabajadores Agrícolas, ha acusado a Chávez de abuso sexual en los años sesenta, incluyendo episodios de coerción y violación que resultaron en dos embarazos y nacimientos mantenidos en secreto por más de medio siglo. Lamentablemente esto no fue un caso aislado, una investigación periodística reciente documenta abusos hacia mujeres y niñas dentro del entorno del movimiento, muchas de ellas en condiciones de pobreza y vulnerabilidad extrema.
La reacción institucional y ciudadana no se ha hecho esperar, se están dando cancelaciones de los homenajes a César Chávez programados para el próximo 31 de marzo, distanciamiento de organizaciones, una revisión urgente del legado, y cubrimiento de las estatuas del caído ídolo.
El movimiento que César Chávez ayudó a construir fue la United Farm Workers, y emergió en los años sesenta como respuesta a la explotación brutal de trabajadores agrícolas en su mayoría mexicanos pobres y migrantes. Junto a Dolores Huerta, organizó huelgas históricas y boicots que insertaron la lucha campesina en el corazón de los derechos civiles en EE.UU..
Pero este también fue un espacio atravesado por el machismo. Las propias palabras de Dolores años atrás, daban cuenta de que el acoso a mujeres en los campos era una norma no escrita, ligada al poder masculino y a la vulnerabilidad de las trabajadoras.
Desde una perspectiva de feminista, el caso de Chávez es la vergonzosa caída de un icono, y es también, la exposición de un patrón repetitivo en los movimientos progresistas que por un lado luchaban contra la opresión estructural, mientras que por el otro reproducían violencias de género en su interior.
El silencio de Dolores Huerta durante seis décadas no nos habla de debilidad personal, sino de la creencia de que denunciarlo, podía significar destruir la causa colectiva.
Revisar los viles actos de Chávez, no es negar la historia y el valor del movimiento campesino, pero sí es afirmar, que ningún liderazgo por más emblemático y carismático que sea, puede estar por encima de la dignidad y el cuerpo de las mujeres que lo sostuvieron y ayudaron a construirlo, ni del de ningunas otras!.
Si la justicia laboral obtenida entonces y celebrada hasta nuestros días, fue de la mano de la violación de mujeres y niñas, entonces la historia que nos contaron estaba incompleta y en gran parte equivocada, faltaba oír la otra parte del relato…faltaba escuchar la voz de las mujeres!!.
Galilea Libertad Fausto.
Créditos de la ilustración a quien corresponda.
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