Acerca de nosotras ·

sábado, 7 de marzo de 2026

NotiMujeres: 15 de febrero y 8 de marzo, memoria lucha y resistencia



Cada año, febrero y marzo nos convocan a la memoria, pues contienen fechas  instauradas no para la felicitación superficial sin conciencia, sin responsabilidad y sin compromiso; ni para los trillados cuentos color rosa; sino para recordar que los derechos de las mujeres y las niñas que hoy existen, han sido conquistados con organización, rabia, trabajo, tenacidad, sacrificio, esperanza, y sangre!.

El 15 de febrero se conmemora en México el Día de la Mujer Mexicana, una fecha instituida en 1960 por iniciativa de la escritora Maruxa Vilalta y de otras activistas e intelectuales, con la intención de reconocer la participación histórica de las mujeres en la vida política, social y cultural del país.

Pero más allá de este decreto oficial, la historia de las mujeres mexicanas es mucho más antigua y más revolucionaria, proviene de Sor Juana Inés de la Cruz en el siglo XVI defendiendo el derecho femenino a pensar autónomamente y a estudiar; de Leona Vicario financiando y sosteniendo la lucha por la independencia de México (1810-1821), de Hermila Galindo exigiendo educación sexual y ciudadanía plena para las mujeres a inicios del siglo XX. 

Esta historia es también la historia del derecho al voto femenino conquistado en 1953, tras décadas de movilización por parte de mujeres mexicanas sufragistas. Conmemorar el 15 de febrero es reconocer que cada derecho ha sido disputado en un país atravesado por el patriarcado, el machismo religioso y cultural, la desigualdad, la violencia estructural, la misoginia y los feminicidios.

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, tiene sus raíces en las luchas obreras de finales del siglo XIX y principios del XX. En 1910, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, la revolucionaria alemana Clara Zetkin propuso establecer un día internacional de la mujer trabajadora para impulsar el sufragio femenino y los derechos laborales. En 1917, las huelgas de mujeres trabajadoras en Petrogrado que exigían “pan y paz” detonaron un proceso revolucionario en Rusia. Décadas después, en 1975, la Organización de las Naciones Unidas oficializó el 8 de marzo como fecha conmemorativa global.

El origen del 8M está lejos de los discursos corporativos actuales. Nació de mujeres obreras explotadas laboralmente y abusadas sexualmente, de sindicalistas perseguidas, de socialistas encarceladas, de mujeres asesinadas. Recordarlo es recordarlas y honrarlas. Conmemoremos este día a través también de los símbolos y colores que representan su lucha y la nuestra.

El símbolo de la mujer es un círculo con una cruz abajo, tiene su origen en la antigüedad clásica y se asocia al planeta Venus, a la diosa romana del mismo nombre, a la feminidad y la belleza. En la alquimia representaba el cobre, y en la biología pasó a identificar el sexo femenino.

Con el tiempo este símbolo ha sido resignificado por los movimientos feministas como emblema de identidad y afirmación. Dejó de ser una marca biológica para convertirse en un signo político no sólo de mujer, sino de mujer como sujeto de derechos.

El símbolo feminista por su parte, procede de la segunda ola del feminismo hacia finales de los años sesenta y setenta, cuando el símbolo de Venus se fusionó con el puño cerrado del movimiento obrero y de liberación negra, naciendo así el símbolo feminista actual que es el círculo con cruz y, en su interior, un puño en alto.

El puño representa fuerza colectiva, resistencia y solidaridad entre mujeres, en una afirmación de que los derechos se conquistan juntas, y es una iconografía que condensó la consigna surgida en aquella época: “lo personal es político”.

Esta frase sigue vigente hoy en día, cuando el clima político global muestra un preocupante retroceso en derechos sexuales y reproductivos, cuando discursos antifeministas ganan terreno y se institucionalizan, de ahí que la conmemoración de estás fechas a partir de la memoria individual y colectiva, aportando denunciando y evidenciando desde el movimiento feminista el acontecer mundial en contra de mujeres y niñas, es absolutamente necesario.

En el movimiento de mujeres los colores rojo y negro simbolizan los orígenes socialistas y la lucha obrera de las mujeres, su luto y su protesta. El morado representa la lucha por la igualdad de género, la dignidad, la justicia y la sangre real de las sufragistas, mientras que el verde simboliza la esperanza de un futuro igualitario, la lucha por los derechos reproductivos y la libertad de decidir.  El color blanco es símbolo de pureza y honestidad feminista.

Como ya es bien sabido, en Estados Unidos la revocación del precedente que protegió el derecho al aborto durante casi medio siglo , establecido por Roe v. Wade fue revertido, pero este hecho marcó un punto de inflexión por demás alarmante. Pero esto no es un fenómeno aislado, porque desde Norteamérica y América Latina hasta Europa  y en prácticamente todos los confines de la tierra, crecen fuerzas políticas que buscan restringir derechos de mujeres y niñas, desacreditar estudios de género y criminalizar la protesta feminista.

Frente a esta reacción del sistema dominante, el 15 de febrero y el 8 de marzo son recordatorios que nos dicen que nada está garantizado, que cada avance puede revertirse. Nos recuerdan que el feminismo no es una moda, sino que es una respuesta histórica a sistemas que han normalizado la subordinación y la violencia de género, y lo siguen haciendo.

Conmemorar estas fechas es decirle no al silencio y es sostener la memoria como una poderosa herramienta política, porque en un mundo donde el antifeminismo se organiza con recursos económicos, plataformas y poder institucional, nuestra respuesta no puede ser débil ni condescendiente ni pausada.

La historia nos enseña que los derechos de las mujeres y las niñas se trabajan se sudan y se ganan, pero también, se protegen y se defienden de y en un sistema patriarcal, capitalista, colonial, racista, machista y misógino en el que no podemos dar nada por sentado!!.

Galilea Libertad Fausto.

Créditos de la ilustración a quien corresponda.