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viernes, 20 de julio de 2018

Ética política es empoderamiento 10/14


La centralidad de la ética tiene un sentido filosófico de género. Es columna vertebral del feminismo encaminado a la emancipación y al bienestar. Sin embargo, por mimetismo, ideologías populistas, comunistas, socialistas, religiosas y revolucionarias de signo diverso impregnaron los movimientos de mujeres y feministas. Prevalecieron prácticas y creencias que anulaban a la persona para favorecer a la causa, tenían como principio y valor la entrega desinteresada. Los estragos producidos por esa expropiación política de la persona, de su vida privada y de su derecho a la felicidad o al bienestar son incontables. Y aún perduran en algunas corrientes políticas en los movimientos de mujeres.
En el feminismo actual coincidimos en impulsar la ética política de preservar la integridad, la seguridad, las condiciones de desarrollo y el patrimonio de cada mujer e incrementarlos. Hacer de la práctica política una experiencia creativa, placentera y benéfica que permita hacer frente de mejor manera a los avatares políticos imponderables. Esta ética implica una diferencia política profunda con tradiciones y experiencias personales y colectivas de movimientos y organizaciones, contrasta con otras épocas e incluso con mujeres recién llegadas a la causa cuyas mentalidades aún tienen fuertes contenidos morales tradicionales.
Tras décadas de autocrítica y de impulsar deseos reprimidos, hoy están en la superficie los deseos de bienestar y de gozar, de no sufrir y de mejorar. Se abre paso cada vez más la dimensión hedonista del feminismo. Este encuadre ético estructura el tipo de empoderamiento que impulsa el feminismo actual, al valorar la participación no desgastante de las mujeres, las actividades que no ponen en riesgo a quienes las realizan, la satisfacción de otros intereses y necesidades y su diversificación, la legitimidad del trabajo visible y retribuido frente al tradicional trabajo voluntario, el reconocimiento y el impulso de la autoridad personal y colectiva, la búsqueda de éxito o avance.
Por primera vez en la modernidad, empiezan a prevalecer en la política feminista valores de avance, ganancia, placer y bienestar concordantes con el estado personal y colectivo para vivir mejor.
En la actualidad ya no es contradictorio realizar acciones políticas para recabar recursos para las mujeres y para conquistar derechos para las mujeres, y realizarlas investidas de derechos o en exigencia de su reconocimiento y hacerlo además con los mejores recursos disponibles. El maltrato, la privación y la carencia ya no son más marca de fidelidad a la causa ni de firmeza política.




Texto de Marcela Lagarde y de los Ríos

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