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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Zoila ¿Tenemos menos “Alma” o mayor umbral del dolor?


“El extraimiento…”

Zoila es vendedora ambulante, Tiene 43 años, ha parido normalmente en su casa 8 hijos, pero se ha  embarazado 14 veces, ha tenido 4 abortos espontáneos y dos se los ha provocado ella misma, en realidad, uno se lo provocó su marido golpeándola. Su aspecto es el de una mujer de 60 años muy maltratada.Generalmente sale a vender frutas en el centro de la ciudad. Carga canastos pesados que al comienzo de la jornada le toca llevarlos en bus, pagando algo más hacia el Centro de la ciudad. Siempre va con alguno de sus hijos, cuando eran tiernos los cargaba a ellos más las canastas. Siempre tuvo dificultad en que su marido esté de acuerdo en que ella use métodos anticonceptívos. Ahora está ligada, porque le ayudaron a que se realice esta operación sin que su marido sepa.



…”Yo no quería quedarme embarazada desde que tuve mi tercer hijo. Nos salió un varoncito y le dije a él que me quería ligar. Pero él no me dejó; discutimos feísimo y hasta me pegó, bueno, nos pegamos, pero él me ganó y me hinchó el ojo. En ese embarazo yo no quería tampoco, si todos los otros fueron sin querer, pero me tocaba dar a luz no más, porque ¿qué más me quedaba?
Estoy cansada de tener tantos hijos… yo si he usado pastillas y la T, pero todo callado de mi marido,sino que siempre le han avisado o no se porque sabe que estoy con algo y me reclama que estoy con otro, que soy una puta… y nos peleamos porque yo si le decía que para tanto guagua no se alcanza, yo trabajo más que él porque élsabe pasar mesessin trabajo, tomando y lo que sabía es venir a la casa a pegarnos a todos y a mi primerito.
Él era celosísimo, y tomaba mucho. Todos los viernes trabaje o no trabaje venía chumado y a veces entre semana. Y me ocupaba a la fuerza la mayoría de veces, yo nunca senti placer, para el nomás era todo. Yo por no pelear y que mis hijos no sufran decía que sí, le tenía miedo, mis hijos le querían y cuando estaba sin trago era bien bueno con nosotros.
Yo no sabía qué hacer, yo ya quería no tener más guaguas, pero no se por qué siempre salía embarazada. Esos abortos naturales para mi fueron una bendición de dios….yo le rogaba a la virgencita del Quinche….y cuando me decían que me tenían que internar para hacerme un raspado era una tranquilidad. Yo si les pedía a los doctores que me hagan algo, pero nunca me ayudaron.

Yo no sabía cómo hacer. Por una parte tenía que trabajar, lavar, planchar, cocinar, salir a vender. Cuando hubo guardería en el barrio, que era del gobierno, pude descansar un poco porque allí me cuidaban a los guaguas y les daban de comer. Pero, ¿y los más grandes?
Nunca tenía tiempo, yo decía: ¬Ahora sí que me voy al subcentro a que me den algo, y no llegaba el día¬. Algunas veces fui para eso mismo y el subcentro ya estaba cerrado, otra no estaba el médico o la obstetriz,siempre había algo. O yo llegaba tardísimo. Una vez fui a pagarle a un médico en su consultorio, y nome sirvió de nada, porque peor,me dio una receta carísima para que compre y no pude, pues… Creo que fue que ahí me quedé del Jorgito, que ya tiene 12 años…
En el último embarazo yo me hice un “extraimiento”, creo que es lo mismo que un aborto, no se, creo que si, eso creo que era. Luego de esto me quede tranquila, me fui a trabajar y creí que ya no estaba encinta. Pero me sentía mal, me dolía y sangraba. Estaba como débil, pero seguía haciendo las cosas, hasta que ya no pude más. Aguanté como dos semanas así.
Una doctorita amiga mía me examinó y me dijo que seguía con todo adentro, porque sangraba mucho y me dolía. Ahí me llevo, ella mismo, a la Maternidad y me sacaron todito lo que estaba todavía adentro. Y ahí, de una vez, habló para que me hagan la ligadura, sino más guaguas hubiera tenido. La doctorita se quedo afuera no más, porque no le dejaron entrar, después me fue a ver. Ella me ayudo, en todo. Hasta para la ligadura estuvo ella ahí, hablando con las señoritas para que me hagan sin la firma de él, porque había sido de pedir permiso. Si ella no me hubiera ayudado capaz que hubiera muerto, o no se qué hubiera hecho.
En mi casa, si se habían preocupado porque cuando salí yo no dije que me iban a atajar en la Maternidad. Una vecina que tenía teléfono avisó a mis hijos y mi marido, porque yo le llame y le rogué que de avisando. Ya cuando llegué mi marido estaba buenito y mis hijos llorando habían estado pensando que me morí. De ahí si dije que no, y me puse bien brava y no me aguanté que mi marido me pegue más, ya estaba ligada, de esa parte ya no me preocupaba.
Mi marido siguió portándose mal. A mi me tocaba hacer de todo para mantener a mis hijos, el no daba plata. Luego de eso yo le denuncié a la comisaría de la mujer porque despuesito de eso volvió a ser lo mismo, a querer pegarme y ocuparme así no mas, cuando supo que estaba ligada más bien decía que ya no voy a quedar embarazada y que tenga no más relaciones con él. Y de ahí nos separamos. Otra mujer también había tenido. Ahora estoy sola, gracias a dios y estoy bien. Ya pasado el tiempo pienso y estoy segura que haría otra vez eso. Si…con 8 hijos no me hubiera quedado otro camino. No sufro señorita, tengo mis otros hijos, y yo se que mi diosito y la virgen saben que no podía tener más guaguas, para que sufran más,si ya mis otros hijos sufrían por la pobreza, yo vendiendo, lavando en casas a veces, ellos solitos se quedaban, con hambre hasta que llegue, a veces las vecinas me ayudaban y mi marido borracho durmiendo por ahí. El aborto debería ser legal, sobre todo cuando somos mujeres pobres, con muchos hijos, y con maridos que no sirven para nada.
A otras mujeres como yo, quisiera decirles que se cuiden, que pidan remedios para no tener hijos, pastíllas, la T o que se liguen. Y que no aguanten a lostmaridos borrachos, que denuncien, que se separen. Si una mujer me pidiera ayuda porque está en el mismo problema por lo que yo pase, la mandaría donde la doctorita o le diría que vaya a la maternidad.



Clara Merino Serrano
Luna Creciente

“Desde este adentro y estas entrañas, me resulta difícil hacer un comentario, a este, precisamente a este testimonio. Tal vez porque ya he pasado los cincuenta y no he tenido marido borracho ni golpeador. Tengo tres hijos porque los he querido y todos tienen sus nombres propios. Y desde muchos años atrás intento que nosotras, las mujeres de este territorio, podamos decir en voz alta, con voz propia, las decisiones en nuestros cuerpos, en nuestras vidas.
El testimonio de Zoila se me aparece como un corte en el cotidiano actual de las mujeres de mis pueblos o como un retrato en corto de las dolorosas vidas nuestras en este país del sumak kausay. Porque como Zoila, las mayorías sólo sobrevivimos ¿tenemos menos “alma” o “mayor umbral de dolor”? ¿desde imposiciones milenarias tenemos alcances sólo para sueños de “menor categoría”? ¿Con estas brechas, inmensas brechas que se acrecientan podemos encontrarnos? ¿Hay sentido en “hacer puentes” desde estas mayorías de mujeres empobrecidas y, “las otras”, con pertenencias y accesos a sistematizar las sabidurías?
El sólo hecho de que una mujer de la edad de Zoila pueda decir “como si nada” que de sus 14 hijos –no menciona hijas- son 8 los que todavía viven, nos provoca rebeldías, pues es testimonio de quienes precisamente no podemos decidir sobre nuestros propios cuerpos, de quienes tenemos todavía que buscar refugios en las “doctoritas” que nos ayuden. Nos dice de la imposibilidad de ser personas con autonomía, sin la necesidad angustiosa de que alguien nos tienda la mano. Nos obliga a preguntarnos ¿este vivir bien para qué vidas?
A Zoila tal vez los abortos no le dejen secuelas, pero tiene heridas abiertas: parir y ver morir hijos e hijas que aparecen como cifras, como sumas y restas, no como personas de esta historia de vida.
Convivir sin amar, hacer el amor sin placer ni alegría. Nacer, crecer, ligar, parir, criar, morir, sin atisbos de plenitud, sin sueños de felicidad, sin rebeldía ante los dolores infligidos por el otro en lo
físico y síquico, sin plantearse cambios ni trascendencia.
Comentar “el caso” me asusta, me conmociona, me genera un maldito miedo a tener que admitirque esas son nuestras vidas y una inmensa bronca para seguir peleando contra las estructuras de poder que nos obligan a aceptar que es normal trabajar sin gusto ni descanso, que es normal hacerlo cada vez más cansadas, más enfermas, más pobres. Resignadas a no tener tiempo ni ganas para mirarnos, para recrearnos, para cuidar nuestros propios cuerpos y nuestras capacidades intelectuales, artísticas, creativas y espirituales. Me asusta que pueda vivir “sin secuelas” las muertes de sus hijos, las golpizas del marido, los múltiples abortos inseguros. Me asusta que Zoila no sienta rebeldía ni bronca, que no se pueda plantear que otra vida es posible.
Zoila, como María, Carmen, Beatriz o Rebeca, nos grita en la cara nuestra imposibilidad para cambiar injusticias y desigualdades. Es el espejo de las mayorías de mujeres del país que, día a día, estamos permitiendo la violación de nuestros derechos básicos a todos los niveles, al derecho a vivir con dignidad, con trabajo justamente remunerado, sin violencia, con salud, con decisión sobre nuestros cuerpos. Es decir, es un espejo de nuestra resignación de nuestro derecho a la autonomía y a la felicidad.
La dominación de los cuerpos no se da solamente hacia las mujeres, ni desde los hombres hacia las mujeres. La dominación de los cuerpos es una estrategia del sistema capitalista y la estructura patriarcal dominante que implica la subvaloración de las personas, sus cuerpos y sus decisiones,es decir,sus vidas. Las personas, hombres y mujeres, “valen” en cuanto produzcan riquezas (bienes y productos) que sustenten al sistema.
La dominación de ricos a pobres, de patrones a obreros, de blancos a indios o negros, de hombres a mujeres, de adultos a niños está enmarcada en la capacidad de decisión.
Este dominio de los cuerpos se manifiesta de muchas formas, la dependencia económica es una de ellas. Las mujeres, en general, hemos estado subyugadas por siglos a roles y estereotipos sociales, privados y públicos, que han marcado este control sobre nuestras vidas y han creado una metódica e instaurada forma de replicarlos nosotras mismas. Así, una madre se queja de su vida, de su mansedumbre, de la “suerte” que le tocó; pero enseña (¡y obliga!) a su hija a vivir de la misma manera. ¿Cuántas veces hemos oído frases como: “así quiso Dios”, “para eso nacimos”, “marido manda”, etc.?
Encontramos, entonces, muchos casos reales como el de Zoila: la mujer (aparentemente migrante), de edad madura, maltratada por su pareja, sin o con mínima educación formal… etc. Pero, si los ponemos como bandera podemos estar minimizando nuestras luchas. Comentar “el caso” me afirma convicciones feministas, no podemos detener nuestras batallas contra los sistemas y los grupos que provocan y sustentan vidas como las de Zoila. Nos queda un camino por hacer hasta que no exista una sola “Zoila” en nuestro país, en nuestro continente, en nuestro mundo.
Si bien en nuestro país tenemos solo dos causales que permiten el aborto, la lucha feminista y por los derechos y salud sexual y derechos y salud reproductiva, implica la “soberanía de los cuerpos”: el derecho a que cada cual piense, sienta y actúe como decida (sin vulnerar a las y los demás, claro). El querer aumentar causales legales, el acrecentar los alcances de programas, etc., son estrategias para caminar en pos del objetivo mayor: la “soberanía de los cuerpos”
Zoila, como muchas mujeres, no está feliz, no decide sobre su cuerpo, no siente placer sexual al tener relaciones, tiene hijos (¿hijas?) sin querer tenerlos, acepta los abortos inseguros como escapes a sus embarazos no deseados… la sociedad no le garantiza condiciones para defender su derecho a decidir sobre sí misma, como persona, como mujer.
Los abortos inseguros, más aún en condiciones de pobreza y violencia, son una causa importante para el deterioro, la enfermedad y muchas veces la muerte de las mujeres. Los abortos inseguros son una de las formas más extendidas de feminicidio. Silenciar el tema es complicidad con los asesinatos de nuestras hermanas y compañeras, de nuestras madres y de nuestras hijas. No pelear por la despenalización del aborto es ser cómplices del feminicidio.
¿Quiénes somos, compañeras, para romper estos sistemas de injusticias y desigualdades crónicas, a veces en crisis? Si somos consecuentes la palabra de Zoila es la nuestra. Su cuerpo es el nuestro. Su vida es la nuestra. Su voz debería resonarnos en cada cotidiano, en cada tarea, en cada propuesta. Debería acrecentar nuestras rebeldías”.



http://www.fundaciondesafio-ec.org/pdf/Libro%20decisiones%20cotidianas%20ARTS.pdf

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