Acerca de nosotras ·

viernes, 22 de junio de 2012

¿Por qué los hombres no cuidan a l@s niñ@s?






Un artículo de principios de los setenta de la estadounidense Margaret Polatnick se titulaba: "¿Por qué los hombres no cuidan a los niños?". Tras sesudas investigaciones nuestra autora respondía lisa y llanamente: porque no quieren. Toda desigualdad encierra un desequilibrio de poder, y al poder, ya se sabe, no se renuncia así como así. Quien lo detenta posee el privilegio de determinar las preguntas "relevantes" para la ciencia. Polatnik se quejaba de que la pregunta con la que encabezaba su artículo nunca era formulada como un problema a investigar, consagrándose de esta forma el principio de "que los niños son cuidados por las madres, y punto" (Polatnik, 1973: 49-50).

Hemos partido de la existencia de la igualdad formal entre mujeres y varones pero de su desigualdad real. Para ello hemos explorado algunos de los mecanismos mediante los que se mantiene la desigualdad en las organizaciones, el significado de las proporciones numéricas entre mujeres y varones que pertenecen a grupos con diferente estatus y el papel que para paliar estas situaciones pueden jugar las medidas de acción positiva y la paridad. Que las mujeres necesitan una sobrecualificación en todos los órdenes para lograr posiciones similares a las de los varones resulta difícilmente soslayable: al estudio de Mirra Komarovsky, discípula de Parsons, que en 1949 afirmaba que las jóvenes se tenían que hacer las tontas porque, de lo contrario, los chicos no se interesaban por ellas (Komarovsky, 1949), podemos añadir el ya clásico de Philip Goldberg, que mostraba que ante un mismo texto pero firmado alternativamente por una mujer y un varón, el segundo recibía todos los parabienes y la primera era calificada sin pena ni gloria (Goldberg, 1968).

Como hemos señalado en otros trabajos anteriores (Osborne, 1996 y 1997), la acción positiva no se aplica exclusiva, ni tan siquiera centralmente, a las mujeres. Medidas de este tipo fueron arbitradas en primer lugar para la minoría de los negros en los Estados Unidos, tras un período de duros enfrentamientos a comienzos de los sesenta durante el movimiento a favor de las libertades civiles. Cuando fueron planteadas por la Administración Johnson contaban con un amplio respaldo social a la hora de reconocer, por parte de la sociedad estadounidense, la retahíla de agravios que enturbiaban las relaciones entre negros y blancos a lo largo de su tormentosa historia. Pero las mujeres lograron un reconocimiento tardío de similar derecho porque "la carga de la prueba" cayó sobre sus hombros mientras que la discriminación por motivos de raza cayó en descrédito, al menos formalmente hablando.

El techo de cristal, la discriminación indirecta, el déficit democrático, la democracia paritaria etc. no son conceptos gratuitos sino que permiten desvelar los sutiles mecanismos por los que discurre la desigualdad. Desde nuevas posiciones de sujeto han sido creados y convertidos en herramientas para formular las preguntas deseadas: ¿por qué no hay igualdad, más allá de la igualdad formal? La paridad entre mujeres y hombres en los distintos ámbitos de la vida no se consigue por sí sola, porque hablamos de desigualdad de poder y de privilegios. Las mujeres en minoría (las token women, mujeres símbolo) y la minoría de las mujeres en tanto que grupo con menor poder necesitan aliarse mutuamente para conseguir logros en la larga marcha hacia la igualdad. De forma voluntarista, y en minoría, parece imposible cambiar nada –más bien se cambia a las mujeres y de mala manera, como hemos visto en el análisis del “tokenismo”-.

Dicho de otra manera: las mujeres, cuando son pocas, difícilmente pueden cambiar las cosas. Sólo las alianzas entre ellas y el dejar de ser minoría pueden transformar los ámbitos del poder. Para ello las acciones positivas y, sobre todo la paridad, pueden jugar un papel relevante.
Tomado del texto de Raquel Osborne:
http://webs.uvigo.es/pmayobre/textos/varios/politica_y_sociedad_raquel_osborne.pdf

No hay comentarios:

Publicar un comentario