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lunes, 2 de marzo de 2020

"Una violencia que no cesa"



Tres mujeres han sido asesinadas en menos de 48 horas, dos en Madrid y una en Sevilla, la pasada semana. Sí, han leído bien: tres mujeres, tres esposas, tres madres, tres hermanas, tres amigas… ¿se imaginan que hubiesen sido tres profesores, tres albañiles, tres médicos o tres políticos? ¿A qué están pensando lo mismo que yo? Seguro que sí. La noticia inundaría todos los informativos, el Gobierno convocaría una rueda de prensa, la sociedad se echaría las manos a la cabeza y en todo el país se repetiría la misma frase “esto no se puede consentir”. Pero no, aquí no ha pasado nada ¿y saben por qué? Pues porque las muertas, como dice alguna gente, las asesinadas, como decimos quienes reconocemos la violencia machista, son mujeres. Ciudadanas cuya desaparición no tiene ni la misma importancia ni el mismo tratamiento que tienen "otras"  muertes.

Sigue pareciéndome mentira que tras 16 años de la puesta en marcha de la Ley Integral y tras la aprobación del Pacto de Estado contra la violencia machista, las mujeres sigan siendo el blanco fácil de maltratadores y asesinos. Porque no nos engañemos, la violencia contra las mujeres tiene un origen distinto al de cualquier otra violencia, por mucho que se empeñen en negarlo desde algunos partidos políticos que, instalados en el negacionismo, no reconocen a las mujeres asesinadas como víctimas a las que sus asesinos han desposeído de todos sus derechos, convirtiéndolas en objetos sobre los que descargar su poder, su ira y sus frustraciones. Detrás de cada asesinato machista hay todo un entramado que facilita al asesino la acción. Al no considerar a la mujer una igual, la relación no puede ser simétrica, él es el hombre (el centro de todas las cosas) y ella es la que soporta todo por amor. Si esa relación se sustenta en el tiempo sin que la mujer intente ocupar el espacio que le corresponde, la relación durará toda la vida. Pero como se atreva a cuestionar su posición y alterar la forma de convivencia que él ha establecido, su seguridad estará en peligro.

Todos los testimonios de las mujeres que han sido víctimas de la violencia, todos, repito, son iguales. Todas sus historias tienen el mismo principio y algunas, desgraciadamente, no tienen el mismo final. Unas consiguen superar el trauma vivido al lado de su agresor y recuperar su vida, otras no se recuperan nunca y algunas pasan a engrosar ese listado maldito de “mujeres asesinadas”.

Han pasado 60 días desde que empezó el 2020 y ya son 13 las víctimas de la violencia machista, una violencia que no cesa y contra la que es necesario actuar con contundencia. Es urgente que las medidas contempladas en el Pacto de Estado se desarrollen en su totalidad, es urgente que la Judicatura crea y apoye, sin fisuras, a las víctimas, es urgente que la sociedad se implique activamente en la lucha contra esta lacra; de no ser así, la mitad de la población – somos el 51% de ella- seguiremos siendo el blanco fácil para maltratadores y asesinos. Y hablando de víctimas, hoy también quiero recordar a las 20 mujeres que tras años de sufrimiento y de silencio, se atrevieron a denunciar por acoso sexual, a Plácido Domingo. Según las conclusiones del informe encargado por el sindicato de músicos de ópera de EEUU, las acusaciones son ciertas, un informe que concluye que el tenor cometió “actividades inapropiadas, desde el coqueteo hasta los avances sexuales, dentro y fuera del lugar de trabajo”. Llama la atención que, al mismo tiempo que ese informe se daba a conocer, el tenor reconocía el acoso, se mostraba arrepentido del daño causado y pedía perdón.

A pesar de estar contenta por el resultado final de esta historia, no puedo evitar recordar a todas esas personas, mujeres en su mayoría, que pusieron en duda la palabra de las víctimas y que defendieron al tenor, afirmando que era un hombre galante y considerado con las mujeres. Esas personas, entre las que se encuentran la Sra diputada Cayetana Alvárez de Toledo, la Pta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la cantante Ainoha Arteta y los políticos Rafael Hernando y Herman Tresch, deberían pedir disculpas; pues no tuvieron reparo alguno en tacharlas de mentirosas y de querer llevarse por delante a una gran persona con acusaciones imposibles de probar.
Imagino la sorpresa que se habrán llevado al conocer el resultado del informe y, sobretodo, al escuchar a su ídolo reconocer que sí, que acosó a esas mujeres. Me pregunto si se atreverán a decir algo, porque es lo que deberían hacer ante el mea culpa que ha entonado el cantante (nunca mejor dicho)

Y termino este artículo con una cita del psicólogo y escritor italiano Walter Riso, que dice así: “la mentira y el engaño tienen fecha de caducidad, al final todo se descubre y, al mismo tiempo, la confianza muere para siempre”


Aurora Valdés

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