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miércoles, 16 de agosto de 2017

Sexismo y autoidentidad



Y no pensemos que sólo hay sexismo cuando hay violencia sexista o cuando reconocemos esta violencia. No. El sexismo es parte del patriarcalismo de nuestro mundo: inunda las filosofías las teorías científicas y las doctrinas religiosas más apreciadas y el sentido común, se difunde a través de las instituciones y los medios de comunicación, goza de consenso en grados diversos y permea la mayor parte de la vida cotidiana y de nuestras  biografías. Se transmite y se ejerce cuerpo a cuerpo, persona a persona. 

La cultura y la sociedad muestran su eficacia política y simbólica cuando cada persona atenta contra sus derechos humanos y contra la solidaridad social por sexismo. Cuando cada hombre se siente superior sólo por ser varón e inferioriza y abusa de los demás. Cuando cada mujer se cosifica como objeto materno o sexual, se autodiscrimina, devalúa y culpabiliza por no cumplir adecuadamente con sus  deberes de género. 

La eficacia simbólica y política sexista es evidente cuando cada mujer reacciona contra sí misma por ser mujer o por la manera en que lo es y cuando se coloca en posición de ser dominada. La contundencia sexista se manifiesta  cada vez que una persona homosexual se autocensura o descalifica, se avergüenza y culpabiliza,  se daña o limita sus oportunidades sólo  por serlo.

En tanto sustrato cultural, el sexismo es contenido fundamental de la autoidentidad. Por eso, las personas lo aprenden, lo internalizan lo adecuan y recrean: lo convierten en afectos,  pensamientos,  prejuicios y veredictos, en moral y norma de conducta, y en cristal para ver el mundo y a sus habitantes. El sexismo es pilar de la inquisición que cada quien lleva dentro.

Es evidente que nuestra cultura destila sexismo y que todas y todos somos sexistas en alguna medida. Las sociedades patriarcales han elaborado complejas creencias, mitos, ideologías y filosofías que legitiman las opresiones patriarcales y la expansión del sexismo en la vida cotidiana, en las instituciones, en la dinámica social y en la convivencia. Estas sociedades se aseguran de que difundir el sexismo a través de procesos pedagógicos diversos y permanentes, y exigen a sus miembras y miembros existencias sexistas. El sexismo es generado socialmente porque parte de su organización social, sus mecanismos de funcionamiento, está en las estructuras, y las relaciones sociales recrean formas de dominación basadas en el sexo de las personas y en lo que las personas hacen con su sexualidad.
 Marcela Lagarde

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