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jueves, 9 de febrero de 2012

Los derechos de la mujer, la otra reforma en Marruecos







Al caminar por las calles de cualquiera de las principales ciudades marroquíes se respira inequívocamente la tradición musulmana, pero con una apertura occidental que la hace diferente.

La importancia de las elecciones celebradas el pasado viernes en este país del norte de África se centró en los cambios políticos que se van a poner en práctica luego de la reforma constitucional aprobada el 1 de julio, pero un aspecto distintivo será la profundización de los derechos de la mujer que comenzaron a darse seis años atrás.

En 1999, poco antes de la muerte del rey Hassan II, comenzó a discutirse la modificación del Código de Familia o Mudawana. Tras años de debate, donde no faltaron multitudinarias manifestaciones de liberales que marchaban en Rabat contra conservadores que se hacían escuchar en Casablanca, finalmente fue aprobada en el año 2002.

Ese nuevo Código de Familia, para no alterar a los sectores más conservadores, fue introduciendo reformas progresivas como la igualdad de acceso de la mujer a los ámbitos políticos, económicos, sociales y educativos, entre otros.

“Esa reforma fue muy importante porque ahora tiene el modelo más liberal en el mundo árabe-musulmán. Sin embargo, entiendo que en muchos aspectos se quedó en la teoría, ya que todo lo que tiene que acompañar a esa ley en el ámbito de la educación no se hizo”, sostiene Amsa Lamrabet, médica, escritora y militante feminista.

Lamrabet, autora de libros que proponen una lectura feminista de los textos musulmanes, explica en diálogo con este enviado que con la reforma de la Constitución “en teoría hay libertad e igualdad entre hombres y mujeres, pero cuando hablamos en concreto hay reservas que se manifiestan en nombre de la tradición islámica”.

Sin embargo, para Naima Benwakrim, militante por los derechos de la mujer y actual consejera del Gobierno en el Consejo de Derechos Humanos de Marruecos, en esta última década se está viviendo la “primavera de las mujeres marroquíes”.

“La reforma de la Mudawana fue revolucionaria porque permitió poner de relieve la posición de la mujer en la familia que estaba bajo tutela del hombre, tanto cuando era niña como de grande también. Es decir que la responsabilidad de la familia ahora es común a ambos sexos”, afirmó Benwakrim a Télam.

Antes de la reforma, la fuente jurídica del Código de Familia era la Ley Islámica o la Sharia. En la actualidad existe una doble fuente: una lectura abierta de la jurisprudencia islámica y la referencia internacional de los derechos humanos que fue consagrada en la nueva Constitución.

El resultado, sobre todo en las grandes urbes, es que las mujeres con sus tradicionales atuendos caminan junto con otras vestidas a la usanza occidental con pantalones o polleras. Muchas veces usan la cabeza cubierta para esconder el cabello como marca el Islam, pero en un ambiente tan amplio como aceptado.

Y cuando de los avances en los derechos de la mujer se trata, hay que referirse a cuestiones tal vez menores, como que fumen en las calles, algo impensado en sociedades islámicas más tradicionales, y a otras más profundas, como que formen parte activa de la vida política y laboral marroquí.

Naima Benwakrim utiliza una definición particular: la discriminación positiva. “Son medidas que tomamos a favor de las mujeres para garantizar una tasa de representación”, explica.

Es que la reforma del Código Civil generó otras reformas de los derechos de la mujer en lo que a la administración política se refiere. Así, desde 2007 se fue incrementando la participación femenina en el Parlamento del 0,5% al 10%.

Y hasta ocupan cargos ejecutivos, como por ejemplo las alcaldías de Essaouira y de Marraquech, que están en manos de Asmaa Chaabi y de Fátima Zahra Mansuri, respectivamente.

“En todas las sociedades siempre hay sectores más vanguardistas y otros más conservadores que consideran que se le están otorgando demasiados derechos a la mujer, pero los marroquíes acabarán por comprender y aceptar este Mudawana”, reflexiona Mansuri, quien gobierna una ciudad con más de un millón y medio de habitantes.

Un aspecto en el que también se avanzó, pero sigue existiendo una importante deuda, es el de casamiento de mujeres menores. Las últimas estadísticas del Ministerio de Justicia indican que de las 38.710 solicitudes recibidas en el 2007 para casar a adolescentes de entre 14 y 17 años, 33.596 fueron aceptadas, casi un 87%.

Ese porcentaje contrasta con la voluntad de cambio del nuevo Código de Familia que elevó la edad mínima para casarse de 16 a 18 años.

Aunque la presidenta de la Organización Marroquí de Derechos Humanos (OMDH), Amina Buayach, reconoció los aspectos positivos de la Mudawana, aceptó que "existe un desfasaje entre el texto y su aplicación concreta".


“Hay regiones donde existen muchos obstáculos para la buena aplicación de la ley, los jueces no tratan de manera igual a los hombres y a las mujeres, siguen con una mentalidad sexista”, afirma Buayach.


Y Asma Lamrabet aporta lo suyo: “Los cambios constitucionales que prohíben el matrimonio de chicas menores y legalizan el divorcio igualitario, entre otras cosas, son para una elite más educada que es consciente de sus derechos. En las zonas rurales sigue ocurriendo porque la mentalidad es muy conservadora”.

La apertura en los derechos de la mujer, lejos de haber finalizado, está en plena discusión en la sociedad marroquí.

Algunos aspectos pueden parecer elementales para Occidente, pero significan un cambio importante si se los mira desde los siglos de cultura machista que dominaron esas poblaciones.
Horacio Raña, enviado especial  ,28 de Noviembre 2011


http://www.telam.com.ar/nota/8648/

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